En una sociedad sabia, una sociedad de contempladores que nada tuvieran en contra de chinchorros y hamacas tendidos de cara a una montaña y en un pasaje o pasillo donde la brisa acaricie a quienes, de vez en cuando, se dan a la tarea de estudiar la inmortalidad del cangrejo, en una sociedad tal, repito, no habría necesidad alguna de inventarse un día para festejar al ocio. Y menos, mucho menos, para festejar a esa estigmatizada y esclavizada figura que mientan "trabajador"...
Lo dice un contemplador que, en el día del trabajador, no pudo solazarse con su hamaca.
lacl, 1ro de mayo, 2014
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Sobre el origen de la palabra trabajo, lacl
- Un mínimo alegato de agradecimiento en favor de Joan Corominas.
Para una de las pocas cosas que utilizaría yo la IA (o AI, por sus siglas en inglés), sería para labores como, por ejemplo, capturar y compartir la minuciosa entrada que sobre la palabra TRABAJAR nos legara Don Joan Corominas (*). Y lo haría sobre todo para confrontar las opiniones de otros filólogos modernos que he leído en alguna página web, y que rechazan la etimología, pero sin argumentos concluyentes para rebatir o contradecir ninguno de los datos minuciosamente proporcionados por Corominas en su extraordinario diccionario
(*) Con la colaboración José A. Pascual) en el DICCIONARIO CRÍTICO ETIMOLÓGICO CASTELLANO E HISPÁNICO, Volumen V ( RI-X ), publicado por Editorial Gredos, Madrid.
Dejaré a continuación sólo el primer párrafo de la entrada:
TRABAJAR, del lat. vg. *TRĪPALIARE 'torturar', derivado de TRĪPALĪUM, 'especie de cepo o instrumento de tortura', compuesto de TRES y PALUS por los tres maderos que formaban dicho instrumento; en castellano antiguo y aún hoy en día 'trabajo' todavía conserva el sentido de 'sufrimiento, dolor, pena': de la idea de 'sufrir' se pasó a 'esforzarse' y 'laborar'. 1.a doc: Berceo.
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