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sábado, 30 de marzo de 2013

Una glosa doméstica. Hybris en pleno.



Una glosa doméstica.

(10 de marzo, 2013)

Un pariente que es furibundo militante del ismo que hoy se señorea en lo que, a juicio de este servidor, es un fingimiento de nación, me ha escrito que tendremos nuevo Rey por seis años. Esto como respuesta a un comentario mío recordando la mítica sentencia: A Rey muerto, Rey puesto.

Al parecer, a mi pariente le interesa, mucho menos que a mí, el hecho de que se le tuerzan los deseos al finado Presidente, persona a la que siempre mi pariente defendiera como si se tratara de su padre, confesor, mentor y guía espiritual.

Muchos recordarán la noche en que, cual sombra patriarcal, el finado presidente expresó, dos días antes de entrar a un túnel del que ya no volvería a salir, que ante una posible ausencia absoluta de su persona, el pueblo no dudara que, ipso facto, se activarían los mecanismos dictados por la constitución para generar la figura de relevo presidencial. Eso sí, lo hizo pidiéndole a los componentes de su secta que votaran por el candidato seleccionado por él para sucederlo. No recuerdo la hora. No era muy temprano. Y nos disponíamos a ver quizás un film cuando el finado Presidente apareció ante las cámaras, para responsablemente informar que había regresado de Cuba a fin de comunicar la noticia de una nueva intervención quirúrgica, de pronósticos reservados, ante el recrudecimiento de la lesión que finalmente cobró su vida.

Quise escucharlo. A pesar de que nunca comulgué con sus maneras de proceder, ni con su visión autocrática y jerarquizada de la sociedad ni, menos aún, con la impía manera de tratar a quienes expresaron su desacuerdo con esa visión y sus métodos de instrumentación, me pareció que fue gallarda su posición, al menos en lo que respecta a la responsabilidad que se infería de una cuasi definitiva ausencia suya.

Fue una despedida. Allá quienes no lo hayan querido ver, entender y sentir así. De sus palabras, pero sobre todo de su tono, de los acentos de aquella noche, nos quedó el sabor del desesperanzado adiós. Esperanzas ha de haber tenido. ¿Quién podría ser culpable por albergar las suyas? Pero las esperanzas, esperanzas son. Y no siempre logran su añorado sueño.

Franklin Brito, recuerdo, albergó las suyas ante una instancia humana, pero fue desoído. El finado Presidente fue desoído ante una instancia superior. Pero ese es un asunto que trasciende los motivos de esta glosa. No estamos en capacidad de juzgar nada de lo que pulsa más allá de este suspiro que conocemos como vida.

El motivo de mi glosa es manifestar mi absoluta perplejidad ante el reiterado y recrudecido padecimiento que ha prendido en tantas almas. Los griegos tenían una expresión para el pecado de orgullo, aclarando que la noción de pecado no tenía para ellos los visos que tiene en la religión cristiana. Pero digamos que era algo así como una mácula en la esencia de un ser humano. Y crearon la palabra Hybris para delimitar a tales lunares de la ética. Bien. Hoy cuando veo, tanto a los más allegados como a quienes jamás le conocieron de entre sus adeptos, paladinamente desoír los últimos deseos del finado Presidente (pues ni siquiera se le quiere respetar su añoranza de ser enterrado en su suelo natal), conjeturo que un colectivizado pecado de orgullo ha prendido en sus humanidades. Hybris en pleno.

No es necesario recalcar que todo lo que hicieron sus allegados más cercanos fue una ópera del dislate, violentando la constitución que el finado presidente pidió fuera respetada por encima de todo. Qué es lo que les haya motivado a montar ese sainete de improvisado guión, no alcanzamos a saberlo a ciencia cierta, sobre todo si, analizando en frío, tendrían todas las de ganar en unas elecciones, independientemente de que hubieran sido convocadas el día de los Santos Inocentes de 2012 o el día de Reyes de 2013.

Cabe presumir que toda esa suma de dislates que se generó en el seno de gobierno, tras la operación del finado Presidente, obedeció a una diferencia de pareceres. Acaso habrán pensado que necesitaban algo de tiempo para diseñar un guión que, sin dejar de rezar los mismos credos que han rezado desde sus inicios, introdujera algunos cambios para, con ellos, intentar colmar el vacío que deja la figura del finado Presidente, un vacío que muy difícilmente puede colmar ninguno de sus seguidores ni de sus opositores.

Machacar al colectivo con el dardo incansable de la propaganda ha sido una de sus conclusiones. No se trata de que simplemente “Chávez somos todos”, como reza uno de los slogans de la propaganda oficial, sino que “todos los que le seguimos vamos a actuar como Chávez”, eso es lo que verdaderamente subyace tras una campaña ante la que hay que estrujarse los ojos para no creer que fuera ideada por Dale Carnegie. Y la impiedad es la base de su credo. Impiedad para con quienes no se arrodillen junto a ellos. Impiedad para con quienes se atrevan a dudar de que “a ellos les asiste una verdad suprema”. Impiedad para con quienes no entiendan que deben entrar por el aro que “ellos, los ungidos de verdad última, han decidido que deben entrar”.

Y, desafortunadamente, una vez más, tendré que manifestar sus yerros, al señalarles que esta pócima fundamentalista que pretenden hacer beber a todos, no es más que la plena y patente manifestación de una oligarquía, en todas sus letras. Porque como bien señalara Russell en un añejo pasaje, “…una oligarquía es cualquier sistema en el cual la soberanía está confinada a una sección de la comunidad: a los ricos, con exclusión de los pobres, a los protestantes, con exclusión de los católicos; a los aristócratas, con exclusión de los plebeyos; a los blancos, con exclusión de los hombres de color; a los varones, con exclusión de las mujeres; o a los miembros de un partido político, con exclusión de los restantes…”

Quienes han tomado la antorcha de la exacerbación ideológica (o pseudo ideológica, mis disculpas, no puedo evitar llamarla así), no están en capacidad de discernir éticamente sobre las consecuencias de sus acciones. Creen estar asistidos por una razón ulterior y suprema cuando sojuzgan a una parte de su propia sociedad, no importa cuán minoritaria sea, lo que por cierto no es el caso de Venezuela, donde un gran segmento de la población ha manifestado su desacuerdo con la mayoría que ha hecho filas en el movimiento encabezado por el finado Presidente. Pero eso importa poco cuando la mayoría relativa se cree ungida por una verdad y razón absolutas.

Así, quien no comulgue con su credo, ha de ser bautizado como “escuálido”, no importa si es o no militante activo de una línea opositora en lo político. “Escuálido” cobra aquí un rasgo semántico similar al que comportó “judío” para una enloquecida sociedad alemana de los años 30 y 40 del siglo pasado.

Por eso es que me ha llamado tanto la atención el comentario soez y ligero que mi pariente me ha lanzado con no otra intención que la de zaherir. Yo he dicho: “A rey muerto, rey puesto”, para señalar la falta de respeto para el finado Presidente por parte de sus propios allegados partidistas. Y mi pariente simplemente ha respondido, con una soberbia que raya en la majadería, que tendremos nuevo rey por seis años. Por lo visto, mi pariente sí que ha comprado al contado el slogan de que “Chávez soy yo”. Por lo tanto, ¿por cuál razón habría que salvaguardar los deseos de quien hasta, no más ayer, fuera su padre, confesor, mentor y guía espiritual?

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Post Scriptum. Ex profeso no agrego foto alguna que pueda hacer referencia a nuestra historia actual. Pues no se trata de banalizar el asunto de fondo. Creo que basta con lo señalado en la glosa. Me contentaré con agregar imágenes de aquí o allá que, pienso, deberían incitarnos a todos el cultivo de una más serena reflexión.

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La primera imagen es un fotograma del film Anrei Rublev, de Andrei Tarkovsky.
La segunda, un expresivo Buster Keaton.
La tercera, un fotograma del film Anrei Rublev, de Andrei Tarkovsky.
La cuarta, el Dr Caligari, fotograma. Cuando el sanador es el enfermo mayor...
La quinta, caricatura de los generales Guzmán Blanco y Falcón bailan el minuet del poder soberano. Siglo XIX. Venezuela..






Guarida de los poetas. Ortus, de Ezra Pound / Y una lectura de Ezra Pound del canto XLV, (With usura - Con usura)



Ortus, Ezra Pound











¿Cómo he trabajado?
Cómo no he obrado
Para hacer nacer su alma,
Para dar a estos elementos un nombre y un centro!

Ella es hermosa como la luz del sol, y tan fluida.
Ella no tiene nombre, y ningún lugar.
Cómo me he esforzado por llevar su alma a la separación;
Por darle a ella un nombre y un ser!

Seguramente tú estás atada y entrelazada,
Tú estás unida con los elementos no nacidos;
Yo he amado un arroyo y una sombra.

Yo te suplico que entres en tu vida.
Te suplico que aprendas a decir "yo",
Cuando yo te pregunte:
Porque tú no eres parte, sino un todo;
Ni porción, sino un ser.

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Publicado Por Ezra Pound en la Revista de Poesía en 1913 y en la colección Lustra de 1916

© Traducción: lacl


* * * * *


Ortus, Ezra Pound

How have I labored?
How have I not labored
To bring her soul to birth,
To give these elements a name and a centre!

She is beautiful as the sunlight, and as fluid.
She has no name, and no place.
How have I labored to bring her soul into separation;
To give her a name and her being!

Surely you are bound and entwined,
You are mingled with the elements unborn;
I have loved a stream and a shadow.

I beseech you enter your life.
I beseech you learn to say “I”
When I question you:
For you are no part, but a whole;
No portion, but a being.

=====

Ortus, en latín, salida del sol

Orto. (Del lat. ortus). Salida o aparición del Sol o de otro astro por el horizonte.


Pound visto por Cartier-Bresson


GUARIDA DE LOS POETAS 

Ezra Pound lee el Canto XLV de sus Cantares, como quiso que se llamaran, mejor conocidos como Pisan Cantos... 

https://www.youtube.com/watch?v=xn6r2Nm0ZMo





“El mundo sigue igual, a un loco vendaval” - Carta de Jorge Luis Borges a Alfonso Reyes / Guarida musical: Roberto Goyeneche - Rolando LaSerie






Los ciclos de la historia. Un pastel de cielos sureños que se asemeja a la torta de nuestra hora tropical, de sedición de cuartelazo, predicante de un estólido catecismo henchido de infructífera soberbia.

lacl




Carta de Jorge Luis Borges a Alfonso Reyes

[1930, sin fecha exacta]
     
     ¡Salve! Quiero, en primer término, agradecer la invitación de Monterrey, a quien remitiré unos borradores, apenas los desdibuje un poco. No me tengo confianza; ya sabe usted que el borrador —como el anacronismo, el anatropismo y la errata— es también un género literario.

     Quiere usted mi versión sobre los sucesos gloriosos. Juro que desde aquella tarde victoriana, no he vuelto a ver a la señora Saint, y sólo en contadísimas ocasiones, a la resplandeciente Haydée Lange. En cuanto a la Eliminación del Doctor, puedo asegurarle que, descontada su necesidad, su bondad final, su justicia, nos vale ahora un desagradabilísimo ambiente. La revolución (o cuartelazo con apoyo del público) es una victoria del buen sentido sobre la inepcia, la frecuente deshonestidad y la ofuscación, pero esas malas cosas vencidas correspondían a una mitología, a un cariño, a una felicidad —a la imagen estrafalaria del Doctor, conspirador y tácito en la misma Casa Rosada. Buenos Aires, ahora, ha tenido que repudiar su mitología casera, y frangollar motivos de entusiasmo con heroísmos en los que nadie cree y con el tema —insignificante para el espíritu— de que estos militares no roban. 

     Sacrificar el Mito a la lucidez, ¿qué le parece? Shaw, indudablemente, lo aprobaría. No sé si escribo con precisión; antes (repito) poseíamos idiotez, pero con barulleros diarios opositores, con sus vivas y mueras, con una idolatría cómoda que florecía en las paredes, en las milongas y en las letras de tango; ahora, tenemos independencia con ley marcial, una prensa adulona, la tuñonada con escarapela perpetua y la ficción de que el régimen tilingo anterior era cruel y tiránico.

     Espectáculos, pocos. Un tiroteo no letal de rifles en la Plaza Once, una ametralladora a media cuadra en la calle Junín, dos armerías saqueadas por un malevaje inseguro en la calle Rivadavia: esas visiones debo a la revolución, y se las agradezco.

     Carriego, dentro de unos diez días, lo irá a ver.

    De aquí muchísimos afectos. Suyo, en la espera,

      -- Jorge Luis Borges

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Galería musical

Agregamos este bolero de letra insólita, La canción del dinero, interpretado por Rolando La Serie, para acompañar a esta carta de Borges, tan acuciosa y mordaz, tan personal y acrisolada en el estilo. Y agregamos otras extraordinarias piezas más del repertorio musical latinoamericano, con sus letras…





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Balada para un LocoTango - Roberto Goyeneche

Música: Astor Piazzolla
Letra: Horacio Ferrer
Intérprete: Roberto Goyeneche

Las tardecitas de Buenos Aires tienen ese qué sé yo, ¿viste? Salís de tu casa, por Arenales. Lo de siempre: en la calle y en vos. . . Cuando, de repente, de atrás de un árbol, me aparezco yo. Mezcla rara de penúltimo linyera y de primer polizón en el viaje a Venus: medio melón en la cabeza, las rayas de la camisa pintadas en la piel, dos medias suelas clavadas en los pies, y una banderita de taxi libre levantada en cada mano. ¡Te reís!... Pero sólo vos me ves: porque los maniquíes me guiñan; los semáforos me dan tres luces celestes, y las naranjas del frutero de la esquina me tiran azahares. ¡Vení!, que así, medio bailando y medio volando, me saco el melón para saludarte, te regalo una banderita, y te digo...

(Cantado)

Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao...
No ves que va la luna rodando por Callao;
que un corso de astronautas y niños, con un vals,
me baila alrededor... ¡Bailá! ¡Vení! ¡Volá!

Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao...
Yo miro a Buenos Aires del nido de un gorrión;
y a vos te vi tan triste... ¡Vení! ¡Volá! ¡Sentí!...
el loco berretín que tengo para vos:

¡Loco! ¡Loco! ¡Loco!
Cuando anochezca en tu porteña soledad,
por la ribera de tu sábana vendré
con un poema y un trombón
a desvelarte el corazón.

¡Loco! ¡Loco! ¡Loco!
Como un acróbata demente saltaré,
sobre el abismo de tu escote hasta sentir
que enloquecí tu corazón de libertad...
¡Ya vas a ver!

(Recitado)

Salgamos a volar, querida mía;
subite a mi ilusión super-sport,
y vamos a correr por las cornisas
¡con una golondrina en el motor!

De Vieytes nos aplauden: "¡Viva! ¡Viva!",
los locos que inventaron el Amor;
y un ángel y un soldado y una niña
nos dan un valsecito bailador.

Nos sale a saludar la gente linda...
Y loco, pero tuyo, ¡qué sé yo!:
provoco campanarios con la risa,
y al fin, te miro, y canto a media voz:

(Cantado)

Quereme así, piantao, piantao, piantao...
Trepate a esta ternura de locos que hay en mí,
ponete esta peluca de alondras, ¡y volá!
¡Volá conmigo ya! ¡Vení, volá, vení!

Quereme así, piantao, piantao, piantao...
Abrite los amores que vamos a intentar
la mágica locura total de revivir...
¡Vení, volá, vení! ¡Trai-lai-la-larará!

(Gritado)

¡Viva! ¡Viva! ¡Viva!
Loca ella y loco yo...
¡Locos! ¡Locos! ¡Locos!
¡Loca ella y loco yo
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LAS CUARENTA (LETRA)
Rolando Laserie


Con el pucho de la vida
apretao entre los labios,
la mirada turbia y fría, un poco lento el andar,
dobló la esquina del barrio , curda ya de recuerdos,
como volcando un veneno, esto se le oyó cantar:

Vieja calle de mi barrio donde he dado el primer paso,
vuelvo a vos cansado el mazo en inútil barajar,
con una daga en el pecho, con mi sueño hecho pedazos,
que se rompió en un abrazo que me diera la verdad.

Aprendí todo lo bueno,
aprendí todo lo malo,
sé del beso que se compra,
sé del beso que se da;
del amigo que es amigo
siempre y cuando le convenga,
y sé que con mucha plata
uno vale mucho más.

Aprendí que en esta vida
hay que llorar si otros lloran,
y si la murga se ríe, ji uno se debe reír;
no pensar, ni equivocado, para qué?,
si igual se vive,
y además corres el riesgo que te bauticen Gil.

La vez que quise ser bueno, en la cara se me rieron.
Cuando grité una injusticia, la fuerza me hizo callar.
La esperanza fue mi amante, el desengaño mi amigo.
cada carta tiene contra y cada contra se da.

Hoy no creo ni en mí mismo, todo es truco, todo es falso,
y aquel que está más alto es igual a los demás.
Por eso no ha de extrañarte si alguna noche borracho
me viera pasar de brazo con quien no debo pasar.

Aprendí todo lo bueno,
aprendí todo lo malo,
sé del beso que se compra,
sé del beso que se da;
del amigo que es amigo
siempre y cuando le convenga,
y sé que con mucha plata
uno vale mucho más.

Aprendí, aprendí que en esta vida
hay que llorar si otros lloran,
y si la murga se ríe, ji uno se debe reír;
no pensar, ni equivocado, para qué?,
si igual se vive,
y además corres el riesgo de que te bauticen Gil.
 

https://www.youtube.com/watch?v=On47sIUCOvE


Hermosa versión sinfónica de Los mareados...




Y otra belleza! Afiches...