Vistas a la página totales

miércoles, 20 de agosto de 2025

Del siglo VIII Octavio Paz y el budismo de Wang Wei. Hector Berenguer. / GALERÍA DE ORFEO: MÚSICA DE LA DINASTÍA TANG

  © lacl 


Es una imperdonable injusticia de mi parte que este texto que me ha enviado el querido Héctor Berenguer hace cosa de 3 años (si mal no recuerdo, entre septiembre y octubre de 2022) se haya quedado en el tintero de los asuntos pendientes. La memoria suele jugarnos esas malas pasadas al vestirse de desmemoria. A lo largo de los años se me han acumulado algunos borradores en el blog, textos que tengo que sacar a flote.
El texto de Héctor sobre el ars vivendi de Wang Wei es tan rico, que no amerita de ninguna otra palabra de antelación. Lo dejo acá para todo inopinado o impensado lector. Es un texto que no tiene desperdicio.

Salud, lacl 
20 de agosto de 2025

Nota bene: esta entrada va a contar con dos publicaciones desde ahora, aquella de octubre de 2022 que acabo de publicar y ésta, que es una copia fiel de aquel borrador que acabo de sacar del desván de la desmemoria...

*******

Del siglo VIII. Octavio Paz y el budismo de Wang Wei. Hector Berenguer. 

Entre los letrados de la Dinastía Tang (618-907) la posibilidad de usar el esquema de los tonos en la composición poética se derivó de la intención de traducir versos religiosos budistas y elaborar metros cuantitativos del sánscrito durante las Dinastías del Sur (420-589), inmediatamente anteriores al período Tang. Con estos nuevos elementos de la métrica, los poemas Tang pudieron dividirse en dos tipos: los del nuevo estilo y los del viejo estilo. En el nuevo estilo, los poemas requerían un equilibrio en los tonos, el uso de dísticos paralelos excepto en el primero y el último de los dísticos, y un dístico pareado de un tono del mismo nivel (ping sheng). En los poemas del viejo estilo no había el equilibrio de los tonos ni dísticos pareados; con toda libertad los versos podían rimar en un tono diferente.

Acaso por esta métrica abundan las alusiones al budismo en la poesía de Wang Wei (c. 699-751). Octavio Paz confirma esta perspectiva a través de varias fuentes: “Poesía de la naturaleza pero poesía budista de la naturaleza: ¿el cuarteto no reflejaba, más allá del esteticismo naturalista tradicional en ese tipo de composiciones, una expresión espiritual? Un poco más tarde, Burton Watson me envió su Chinese Lyricism. Ahí encontré una confirmación de mi sospecha: para Wang Wei la luz del sol poniente poseía una significación muy precisa. Alusión al Buda Amida: al caer la tarde el adepto medita y, como el musgo del bosque, recibe la iluminación. Poesía perfectamente objetiva, impersonal, muy lejos del misticismo de un San Juan de la Cruz, pero no menos auténtica y profunda que la del poeta español. Transformación del hombre y la naturaleza ante la luz divina, aunque en sentido inverso al de la tradición occidental. En lugar de humanizar al mundo que nos rodea, el espíritu oriental se impregna de la objetividad, pasividad e impersonalidad de los árboles, las yerbas y las peñas, para así, impersonalmente, recibir la luz imparcial de una revelación también impersonal. Sin perder su realidad de árboles, piedras y tierra, el monte y el bosque de Wang Wei son emblemas de la vacuidad. Imitando la reticencia de Wang Wei, me limité a cambiar ligeramente las últimas dos líneas:

No se ve gente en este monte.

Sólo se oyen, lejos, voces.

La luz poniente entre las ramas.

El musgo la devuelve, verde.”

Un buen número de traductores y estudiosos contemporáneos, dentro y fuera de China, coinciden por lo menos en este aspecto de Wang Wei: su credo budista determinó su creación poética y su pintura. “El estado de ánimo típico de Wang Wei es el de la soledad, la quietud, el retiro en la naturaleza y el budismo. Uno asocia con él los arroyos, la noche y el atardecer, el bambú, la ausencia de la voz de las personas. La palabra ‘vacío' casi parece su sello personal”, dice V. Seth.

David Hinton, uno de los traductores más importantes de Wang Wei al inglés, observa respecto al poema tanto tiempo trabajado por Paz: “‘El Parque de los Venados' es el poema más famoso de Wang Wei porque constituye la más pura expresión del budismo Zen que se encuentra en el núcleo de toda la poesía de Wang Wei.” En la práctica del Zen se teje la poesía de Wang Wei; en sus poemas, la imagen más simple resuena de significados que apuntan al budismo Zen. En Wang Wei, el paisaje todo sería la emoción, el pensamiento y el temperamento del poeta, “pues en la miríada de cosas que se ven a ese nivel es donde cada uno de nosotros conoce que su verdadero yo aún no ha nacido”, acota David Hinton.

Al leer el “Parque de los Venados” se tiene la impresión de que no hay sujeto, sino que el poeta se disuelve en el paisaje, aunque siempre hay alguien presente: quien oye los ecos y percibe el reflejo de la luz.

Xu Yuanzhong, eminente profesor de la Universidad de Beijing, refuerza esta filiación religiosa: “Wang Wei [...] Fue un budista devoto, un hecho que influyó en gran medida su visión y su lugar en el mundo […] No se desveló por encontrar los elementos pintorescos en el paisaje natural, sino que registró los paisajes según los veía. Por eso no sorprende que se haya dicho de él que ‘en su poesía hay pintura y pintura en su poesía.'”

Guillermo Dañino (1929), el sinólogo peruano, en su introducción al monumental volumen de sus traducciones de la poesía de Wang Wei al español, también asiente: “El pensamiento budista impregna toda su obra de manera sutil y convincente.”

En contraste, desde el siglo XVII hasta ahora ha habido críticos para quienes los elementos espirituales del poema de Wang Wei no mantienen una relación directa con los símbolos budistas digna de mención. François Cheng, por ejemplo, interpreta esa luz del sol poniente de donde parte la iluminación del Buda Amida como un tropo que se refiere tan sólo a la luz del ocaso.

Un crítico chino de la Dinastía Qing, Ye Xie (1627-1703), autor del célebre Orígenes de la poesía (1686)1, sin tocar en momento alguno la inspiración budista del poema “En la ermita del Parque de los Venados”, se refiere al arte de Wang Wei en estos términos: “Hace mucho alguien aseguró que en la poesía de Wang Wei hay pintura. Cualquier poema que ‘entra en una pintura', como dicen, prueba que ese poeta es un maestro.” Y en una alusión personalísima advierte: “El rostro de Wang Wei puede verse en su poesía de versos de cinco caracteres, pero no en su poesía con versos de siete caracteres.” Estos comentarios de Ye Xie podrían prestarse a suponer que los poemas de la serie Wang chuan ji se inscriben en la poesía del paisaje. Y el no referirse a la inspiración budista del texto indicaría que los letrados de la Dinastía Qing conocían demasiado bien la devoción budista de Wang Wei como para insistir en ello, o bien que el marco teórico empleado por Ye Xie ponía el énfasis en otros elementos de la poesía Tang. Ahora, si el poema de Wang Wei se considera en sus propios méritos, la imagen de un remanso de tranquilidad, donde se retira del tráfago cotidiano, de las intrigas cortesanas, para cumplir un período de duelo o para dedicarse a cultivar su espíritu –un mundo casi ideal que aparece a menudo en las imágenes poéticas de la China clásica–, el texto no demerita un ápice. Mantiene su fuerza alusiva y subraya la tranquilidad y la paz que buscaban los letrados de la China imperial, imbuidos no sólo del budismo, sino del taoísmo y, sobre todo, de los valores confucianos.

Pero ahí no se agotan las pistas: durante al menos dos momentos de los siglos de esplendor Tang, además de la poesía en estricto sentido budista de los monjes-poetas, había al menos una escuela poética de inspiración budista que se movía en la tradición secular y que alcanzó un mérito literario relativo. Los poetas de esa escuela, monjes también, ofrecían la visión de la “montaña helada” (han shan) como un estado de ánimo y una búsqueda del Tao. Estos poemas evitaban referencias directas a los sutras o a la prédica de los maestros budistas: sus autores preferían insinuar su vinculación al credo budista a través de ciertas imágenes. “La poesía han shan a veces ha sido identificada con el Budismo Zen (Chan en su pronunciación original en chino), pero pocos versos sugieren una relación específica con esa tradición. Pese a todo, muchos de esos versos revelan en términos generales el sentido budista de trascendencia del mundo y de la conciencia del vacío.” afirma la editora Deborah Sommer. Ejemplo de un poema han shan:

Ahora la gente busca el Tao entre las nubes,

Un camino misterioso y sin señales:

Cumbres peligrosas y escarpadas,

Delante y detrás de ti, riscos verdinegros,

Nubes blancas al Este y al Oeste.

¿Deseas saber dónde se halla ese camino?

Se encuentra en la vacuidad y el vacío.

Visto el ejemplo han shan, viene a propósito recordar otro texto de Wang Wei sobre el tema de la montaña vacía. Se trata de un poema de ocho versos (lu shi), no incluido en la serie de Wang chuan ji, titulado “Tarde de otoño en mi residencia de la montaña”, y sus cuatro primeros versos podrían entenderse de la siguiente manera:

Recién escampa en la montaña vacía,

En la noche fresca el otoño se respira.

La luna resplandece entre los pinos,

El manantial corre junto a las peñas.

Suena el bambú al retornar las lavanderas,

Las flores de loto se hunden al paso de los botes.

Brotan en profusión los perfumes primaverales.

Aquí se planta este hijo de la nobleza.

El poema, dominado por la gran fuerza de las imágenes, vuelve a corresponderse con una pintura intemporal de la más pura tradición clásica china, e incluso con una sutil música esta vez, y el ambiente de tranquilidad y meditación propio de un letrado. Se trata de un poema, como dicen los críticos de literatura china clásica, que you sheng hua, es decir, que tiene la música del verso y la imagen de la pintura. Se sabe que en el caso de la serie Wang chuan ji, los veinte textos se refieren a la propiedad adquirida por Wang Wei en la hoy Provincia de Shaanxi, a unos cincuenta kilómetros al sur de Chang'an. Son de llamar la atención los paralelismos entre “Tarde de otoño en mi residencia de la montaña” y “En la ermita del Parque de los Venados.” En los dos hay percepciones diversas del testigo anónimo: en una los rastros de las voces, en otra una recomposición del paisaje después de la lluvia: elementos del yin y el yang. La referencia a la montaña evoca imágenes de tranquilidad, de una extrema delicadeza en la contemplación de un armonioso conjunto de elementos naturales que el autor nos entrega en una obra que reúne poesía, pintura y música. En “Tarde de otoño en mi residencia de la montaña” no hay alusiones a la iluminación espiritual ni al mensaje divino, aunque la escena sobrecoge, pues parece vaciarse de sí misma en sus cuatro primeros versos.

Si se trata de paisajes capturados entre versos, este poema escapa sin duda a lo pintoresco. Wang Wei no se inclinaba por el arte “realista”. La concepción de la pintura china de Tang, como se sabe, parte de bases diferentes a las de la pintura occidental; también su poesía. “La tradición celebra a Wang Wei no como pintor de paisajes realistas, sino como el primero en pintar la experiencia interna del paisaje” afirma D. Hinton . Y más aún: en la época de Wang Wei, los poetas y pintores practicaban “la pintura Zen, la caligrafía Zen y la poesía Zen.” Práctica, por cierto, en la que estaban presentes poderosos elementos taoístas.

Pero hay otro poema de Wang Wei donde su filiación al budismo Zen no deja lugar a dudas cuando se trata de poemas del paisaje tan propicios para la meditación. Se trata del poema de ocho versos titulado “Retiro en Wang chuan”, es decir, el mismo lugar que da título a la colección de veinte poemas donde se incluye “La ermita del Parque de los Venados.” El poema podría entenderse así, aunque para este comentario sobresalen los cuatro primeros versos:

Mi retiro de Wang chuan

A Peiti

La montaña helada se torna jade,

Mansas fluyen las aguas del otoño.

Apoyado en la verja miro los alrededores,

Dentro del viento del ocaso se oye la cigarra.

El sol se hunde más allá del río,

Del villorrio se eleva el humo, solitario.

Vuelves a ser como el borracho Jieyu:

Cantas enloquecido entre los sauces.

Este poema tiene una doble alusión al budismo que se aprecia mejor en el original en chino. La primera de éstas se refiere a la mención de la montaña helada, elemento difícil de separar de la escuela poética de ciertos monjes budistas de la Dinastía Tang. Pero sobre todo es el segundo verso, con la pareja de caracteres chan yuan, donde la alusión al budismo Zen es evidente: este fluir manso pronuncia su primera sílaba en chino como chan y lleva el segundo tono, el ascendente, es decir, se pronuncia exactamente igual que el carácter Chan, que en japonés se lee Zen, la pronunciación más popularizada en Occidente para aludir a esta rama del budismo. En la poesía china no hay casualidades ni erratas mágicas, como en la literatura occidental. No hay cabellos grises metamorfoseados caballos grises por la participación inadvertida del tipógrafo. Aquí la mención directa al budismo Zen confirma con claridad meridiana los barruntos de Paz sobre el arte de Wang Wei.

Para Octavio Paz, las señas que ofrece Wang Wei saltan a la vista: “La luz del sol poniente alude al punto del horizonte regido por el Buda Amida. Sin tratar de precisar demasiado el juego flotante de las analogías, puede decirse que el sol poniente está por la luz espiritual del paraíso del Oeste, el punto cardinal del Buda Amida; la soledad del monte y el bosque están por este mundo, en el que no hay nadie realmente aunque se oigan ecos de voces; el claro del bosque iluminado por el rayo silencioso está por aquel que medita y contempla.”

En su comentario sobre la versión hecha por el poeta mexicano, Weinberger hurga en los versos adaptados al español: “Paz quita vacía del primer verso; en el segundo como Margouliès y Rexroth, coloca las voces lejos. El tercer verso, aunque no del todo literal, acaso sea el más bello de todas las versiones: reemplaza el abstracto la luz entra al bosque con el concreto y dramático por los ramajes la luz rompe: la luz casi se vuelve la iluminación súbita, satori , del budismo Zen.”

Hector Berenguer.







MÚSICA DE LA DINASTÍA TANG


© [Luis Alejandro Contreras Loynaz/LetrasContraLetras - contracorrientes]. Todos los derechos reservados. Fecha de creación del blog: 2007. ©

lunes, 18 de agosto de 2025

La exaltación o el arrebato y otras observaciones, lacl / Guarida de los músicos. Speak Low

 © lacl 


lacl, cierta tarde al salir a la calle


Continúo recobrando algunas prosas de una carpeta de escritos pendientes, libros en revisión, cartas, notas  y borradores, carpeta que abrí en el 2017... 

(lacl, 18 / 08 / 2025)

--- /---


La exaltación o el arrebato suelen aparecer con forma de dios o diosa; aunque, a veces, también lo hacen veladamente, en el gesto de aquello que se nos oculta; pero, también, entre las sombras o las iluminaciones que nos regala la circundante e inopinada realidad, el regalo que se nos ofrece como una copa colmada de abismos.

 

Nota del 17 de Abril de 2017.

Enmendada el día de los inocentes, 28 de diciembre de 2017.


*** * ***

Los aconteceres que se registran con el pecho quedan tallados en la memoria.


lacl, anotaciones android, 25/09/2017


*** * ***

Mucha es la estupidez que ha nacido del matrimonio de doña arrogancia con don desprecio.


lacl, anotaciones android, 26/09/2017.


*** * ***

Guarida de los músicos. Speak Low, escrita e interpretada por Kurt Weill  -  Sammy Davis Jr  -  Tony Bennett


© [Luis Alejandro Contreras Loynaz/LetrasContraLetras - contracorrientes]. Todos los derechos reservados. Fecha de creación del blog: 2007. ©

domingo, 17 de agosto de 2025

Guarida de los poetas Fernando Pessoa. Un rosario de adagios, lacl / Nevoeiro, Fernando Pessoa (Album: Mensagem)

© lacl 



Un poema es, en sumas ocasiones, un rosario de adagios. Acaso esto suceda porque la poesía es una experiencia alquímica de naturaleza adagista. Esto es, un hilván de dichos que se juntan para crear un corpus. Sí me atrevo a aventurar una definición tal, acaso sea porque el adagio es palabra hermana del prodigio y del presagio. 

Vayamos a los confines de la memoria. La infancia. Cuando era un niño las leyendas infantiles o cuentos que nos daban a leer o escuchar a los infantes venían envueltos en un mágico papel y sobre una mágica alfombra, por alguna razón relacionados a la palabra adagio. Los cuentos eran adagios. Porque los cuentos eran como dichos en el aire, como venidos de una voz superior, un dictado del cielo que bajaba a tierra, nos tomaba en sus brazos y nos llevaba en vuelo. 

Toda palabra es imaginación, pero es imaginación dicha en el aire. Y acaso no haya de ser casual el hecho de que algunos  lingüistas y filólogos relacionen el aire como elemento originario del vocablo adagio. 

Apartando la hermosa definición de la palabra que nos viene del italiano y que ha sido acuñada para indicar algunos 'tempos' de la música, definición que ha recreado el vocablo para ampliarlo, al adagio, en su acepción original, podríamos conceptuarle o, incluso, imaginarle como una  clave mágica que ha sido dicha.

Este pequeño introito viene a cuento porque un magnífico poeta, como Fernando Pessoa, al parecer, no tuvo la costumbre de escribir adagios, aforismos, sentencias o apotegmas. Pero la primera impresión que tuve de su magnífica poesía y prosa, es que muchas de sus frases pueden tomarse como adagios al extraerlas del contexto. 

Hace varios años me topé con un libro de aforismos extraídos de los escritos de Fernando Pessoa y sus heterónimos. 

Al ver la carátula del libro y leer FERNANDO PESSOA - AFORISMOS, lo primero que pensé fue: ¡Vaya! Pessoa sí escribió adagios y aforismos y, seguramente, han salido a flote de sus cofres de textos inéditos. Pero al leer me di cuenta de que el antologista, de alguna manera se sintió tocado por la misma impresión que este servidor

José Luis García Martín ha sido el responsable de la selección, la traducción y el prólogo. Los datos del libro los dejo al final de la selección que incluimos en esta breve edición. 

Como nota curiosa, algo que no ha de ser tan casual, comencé a releer el libro, esta vez, en forma inversa. Y el último texto de la antología viene de aquellas palabras que por primera vez me secuestraron, cuando tomé conciencia de la existencia de un señor llamado Fernando Pessoa y su legión de heterónimos. Lo leía por primera vez en el libro de traducciones de Octavio Paz  intitulado Di-versiones, publicado por Joaquín Mortiz en una edición, si mal no recuerdo, de 1974. Álvaro de Campos me movió el piso. 

Cilto aquellos versos, hoy extraídos del poema, y puestos en el aire vestidos de adagio:

"...No soy nada. Nunca seré nada. No puedo querer ser nada. Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo..."

A continuación, dejo acá la breve selección que he hecho. 

Salud, lacl.



No soy nada. Nunca seré nada. No puedo querer ser nada. Aparte de eso tengo en mi todos los sueños del mundo.

  *

El sindicalismo revolucionario, lo mismo que el comunismo, es un fenómeno reaccionario y religioso. 

  *

Toda revolución es una enfermedad 

  *

Dónde la ciencia comienza, el sentimiento acaba.

  *

Dios es una metáfora, como el universo.

 *

La muerte es una curva del camino. Morir es sólo no ser visto. 

 *

La vida es cuanto se perdió.

 *

Todo lo que vemos es otra cosa. 

 *

Para mí ser es admirarse de estar siendo. 

 *

Siempre que pienso una cosa la traiciono. Miro, y las cosas existen. Pienso y solo existo yo. 

 * 

Sentir es estar distraído. 

 *

A veces oigo pasar el viento y me parece que solo para oír pasar el viento vale la pena haber nacido. 

 *

Basta existir para sentirse completo. 

 *

La asombrosa realidad de las cosas es mi descubrimiento de cada día. 

 *

No sé qué es la naturaleza: la canto. 

 *

Qué difícil no ver sino lo visible. 


Fernando Pessoa, 

Aforismos. 

A la mínima, Renacimiento, Sevilla, 2012.



Nevoeiro, Fernando Pessoa  (Album: Mensagem)








© [Luis Alejandro Contreras Loynaz/LetrasContraLetras - contracorrientes]. Todos los derechos reservados. Fecha de creación del blog: 2007. ©

sábado, 16 de agosto de 2025

Pasado mediato, colectando memorias, lacl / Guarida de Orfeo: Wolf eyes.

©lacl 

Ayer me ha dado por realizar un ejercicio que hace mucho tiempo que no emprendía: el de revisar algunos de mis añejos archivos escriturales. Realmente revisé uno solo, el cual atesora textos del 2017 o de fecha anterior pero recogidos a manera de siega y cosecha de ese año. Uno de los textos es un escrito que presumo yo, data unos 5 años antes, quizás de fines de 2012 o 2013. Fue, acaso, una nota publicada en mi página personal de Facebook, a modo de reflexión de fin de año... Rescato y estampo acá esas palabras pues, visto en retrospectiva, me parece que intentaba aludir a un estamento global que no ha cambiado un ápice en lo que concierne a la humanidad. De manera tácita se hace alusión al joven Siddharta que luego llamaríamos Buda o a aquel niño del pesebre que luego llamaríamos Jesús. Es un texto que no tiene, quizás, otra intención que la testimonial y sensible de un servidor. 

Salud, lacl

*** * ***

Este diciembre ha sido azaroso y menesteroso, como lo ha sido todo el año y -digámoslo palmariamente- como lo han sido los tres o cinco o diez últimos lustros, para un enorme segmento de la población. La única diferencia, aunque es diferencia radical con respecto a años anteriores, es la aceleración y agudeza del tono que ha copado todos los compases de una partitura devastadora que se ha enseñoreado en nuestro fingimiento de nación. Pero en los últimos meses, el “agitato” y el “in crescendo” de esta bufa tragicomedia han marcado las marchas y contramarchas de un clan de sátrapas, cada vez más especializados en perjudicar a todo un colectivo. A pesar de ello, y por encima de las malas artes que el hombre obra en desmedro de sus hermanos, en el aire priva una armonía que jamás lograrán percibir quienes antepusieron la medranza a la dádiva. Seres así, jamás lograrán paladear el sosiego que donan las leyendas de hermandad entre los hombres; mirarán la estrella de Belén como quien mira una farola de luz fría; mirarán a Orión o a la Osa Mayor como quien se topa con un desalmado aviso de neón. Para seres así, toda virgen, como toda diosa, serán las pamplinas inventadas por seres ignorantes que no tenían nada valioso en qué ocupar su tiempo. Serán incapaces de pensar con el sentimiento que alienta en los cielos y que es parte de todo corazón. Porque andan con sus corazones yertos. Cuando, desde el fondo de los tiempos, nos llegan las leyendas de un ser que decidió abandonar todo el fasto y riqueza de su reino para vivir entre los mortales y percatarse de nuestra breve y humana indefensión, quien nos habla es el corazón del hombre que habita en todo hombre. Lo mismo sucede cuando, desde aquellas lejanías, nos llegan leyendas como la de una humilde familia que huye de alguna intolerancia para salvaguardar la vida de su hijo. ¿Qué cantan nuestras arcaicas canciones, creadas en el inicio de los tiempos? Cantan a las tres o cuatro raíces desde las que se levanta el árbol de la humanidad… Cantan a la creación, que siempre, en toda hora y lugar, nace como lo que es: una amorosa obra espontanea.

*** * ***








© [Luis Alejandro Contreras Loynaz/LetrasContraLetras - contracorrientes]. Todos los derechos reservados. Fecha de creación del blog: 2007. ©

jueves, 14 de agosto de 2025

FRANZ KAFKA, maestro de la brevedad. / Una anotación de Cuadernos en octavo, Franz Kafka / Pau Casals: La canción de los pájaros.

© lacl 

Otra de esas pequeñas obras maestras que son sus relatos cortos. Forma parte del primer libro que leí de Franz Kafka, en el que aquella sorprendente narración de LA METAMORFOSIS es el relato principal y el más extenso del volumen editado por Editorial Lozada. Una confusión cotidiana es un buen relato para iniciarse una lectura de Kafka. En tan breve relato están sintetizadas las claves de su escritura. Si algún ser en la vida me ha animado a mí a perder el pudor ante la página en blanco, ese ser ha sido Franz Kafka. En realidad, me animó no tanto a perder el pudor ante la página en blanco, sino a perder el pudor ante esa doble vertiente que en la vida se nos presenta como una encrucijada con dos vías: una para callar, la otra para expresar; opté por lo último, aunque no siempre comparta lo expresado...

Salud, lacl


*** * ***


UNA CONFUSIÓN COTIDIANA -

FRANZ KAFKA


Un incidente cotidiano, del que resulta una confusión cotidiana. A tiene que cerrar un negocio con B en H. Se traslada a H para una entrevista preliminar, pone diez minutos en ir y diez en volver, y se jacta en su casa de esa velocidad. Al otro día vuelve a H, esta vez para cerrar el negocio. Como probablemente eso le exigirá muchas horas, A sale muy temprano. Aunque las circunstancias (al menos en opinión de A) son precisamente las de la víspera, tarda diez horas esta vez en llegar a H. Llega al atardecer, rendido. Le comunican que B, inquieto por su demora, ha partido hace poco para el pueblo de A y que deben haberse cruzado en el camino. Le aconsejan que espere. A, sin embargo, impaciente por el negocio, se va inmediatamente y vuelve a su casa.

Esta vez, sin poner mayor atención, hace el viaje en un momento. En su casa le dicen que B llegó muy temprano, inmediatamente después de la salida de A, y que hasta se cruzó con A en el umbral y quiso recordarle el negocio, pero que A le respondió que no tenía tiempo y que debía salir en seguida.

A pesar de esa incomprensible conducta, B entró en la casa a esperar su vuelta. Y ya había preguntado muchas veces si no había regresado aún, pero seguía esperándolo siempre en el cuarto de A. Feliz de hablar con B y de explicarle todo lo sucedido, A corre escaleras arriba. Casi al llegar tropieza, se tuerce un tendón y a punto de perder el sentido, incapaz de gritar, gimiendo en la oscuridad, oye a B -tal vez muy lejos ya, tal vez a su lado- que baja la escalera furioso y que se pierde para siempre.





Una anotación de Cuadernos en octavo, Franz Kafka.

Vivir quiere decir: estar en el centro de la vida; ver la vida con la mirada en la que yo la he creado.

Franz Kafka. Cuadernos en octavo, Biblioteca Kafka. Alianza editorial. Madrid.  



Pau Casals: La canción de los pájaros.



© [Luis Alejandro Contreras Loynaz/LetrasContraLetras - contracorrientes]. Todos los derechos reservados. Fecha de creación del blog: 2007. ©

martes, 12 de agosto de 2025

Ese día qué feliz... Una nota personal, lacl / El 19, Alberto Beltrán.

© lacl 


Mercedes en uno de sus cumpleaños que le celebramos en casa. La acompañan Yineska, María Gabriela y mi madre...


A Mercedes Donis

El cuerpo clama,
la materia gime. 
Mas, 
cuando la sangre bulle,
cuando llora nuestra
encarnada humanidad, 
el alma no deja de cantar 
en el seno del espíritu,
cielo de nuestro ser y estar.

lacl, 13 08 2025

*** * ***

Muchos días en causa de fuerza mayor, unplugged (desconectado para el afuera, pero cableado para el adentro). Silencioso en lo posible, un estado difícil de cumplir para un servidor que gusta de la locuacidad. Mi pana suegra, Meche Mercedes, la de "lo nuestro es para siempre", complicóse como suelen complicarse todas las contingencias que a nosotros los humanos nos acaecen: un simple avatar, pequeño resbalón del azar, puesto allí siempre a la vuelta de cada esquina en este par de golpes de abanico que llamamos vida. 

Una vez nos dijo, hace ya muchos años: "...ustedes tardaron en encontrarse pero una vez que se encontraron... (y el resto de la frase completado fue por una faz que todo lo decía) ... Tanto le agradecí ese gesto porque decía sin palabras lo que sólo sin palabras puede decirse. Siempre bromeamos y siempre le canté porque si algo le gustó a Mercedes en la vida fue la música y el canto, amén del baile. Un espíritu hecho para la armonía, una condición que no debería olvidarse nunca en toda vida. 

En otra ocasión, más avanzado el tiempo, me lanzó aquella frase concluyente: "...yo no sé si lo de ustedes es algo para siempre, pero lo tuyo y lo mío es para siempre..." 

Por el golpe de dados de un albur, el número 18 surgió como una clave en los días previos a su desencarnación, aunque no viene al caso alegar el cómo y el porqué. Pero hago relación porque ayer, cuando entramos a casa, Yineska me pidió que le pusiéramos algo de la música que tanto le gustaba. Me pidió aquella producción que estuvimos escuchando con Mercedes hace poco tiempo y con sumo gusto: algunas de las interpretaciones de Alberto Beltrán con La Sonora Matancera. Me pareció sumamente significativo que lo primero que escucháramos fue Aquel 19, cuya letra era (y es) una respuesta muy directa al albur numérico que refiero. Una vez que uno lee y, sobre todo, escucha la letra del ritmo puede interpretar que no podría ser una respuesta más redonda a la solicitud de un corazón que parte para un largo viaje. La letra adquiere otra connotación, un significado mucho más vasto, sin horizontes, si la tomamos como una agradecida despedida al regalo de vivir.  


[Abro cita de la letra]

EL 19 (AQUEL 19)


Oye lo que quiero decirte, 

Fechas hay en la vida que nunca podemos jamás olvidar...

Ésa, lo sabes alma mía, 

la llevaré prendida en mi ser, como ayer ...


Aquel 19 será 

el recuerdo que en mí vivirá, 

ese día qué feliz, tan feliz

Ésa, lo sabes alma mía, 

la llevaré prendida en mi ser, como ayer ...


Oye lo que quiero decirte, 

Fechas hay en la vida que nunca podemos jamás olvidar...

Ésa, lo sabes alma mía, 

la llevaré prendida en mi ser, como ayer ...


Aquel 19 será 

el recuerdo que en mí vivirá, 

ese día qué feliz, tan feliz

Ésa, lo sabes alma mía, 

la llevaré prendida en mi ser, como ayer ...

[Cierro cita]


Salve, Meche

..cantando quiero decirte lo que me gusta de ti...

lacl, domingo. 10 08 2025.

*** * ***

NOTA BENE: Acá agrego el enlace de la versión de la Sonora Matancera con Alberto Beltrán al micrófono. Lo dejo en una fuente aumentada para que sea fácil de copiar y pegar y disfrutarlo en YouTube...

https://youtu.be/PkmV7FXFFD8?si=AST6utiHv39WyQ-_





© [Luis Alejandro Contreras Loynaz/LetrasContraLetras - contracorrientes]. Todos los derechos reservados. Fecha de creación del blog: 2007. ©

martes, 5 de agosto de 2025

Guarida de los poetas. Fernando Paz Castillo, breve selección / PENTAGRAMA: Jordi - Alexis y C4 - Billie - Johann Sebastian.

© lacl 



Hay ciertas
sincronicidades que
se yerguen, 
porque sí, 
en las reminiscencias
del verbo. 

Al menos, eso es lo que, sospecho, me sucede con cierta regularidad en mi relación con la palabra y los libros. Unas noches atrás, al entrar en mi pequeña Babel, seleccioné varios libros al azar, entre ellos dos que fueron tomados de los anaqueles como por dictado de un magneto cósmico. Dos poetas de disímil canto: C. P. Cavafy y Fernando Paz Castillo. Dos selecciones antológicas de sus obras, editadas, en fechas cercanas, por la editorial Monte Ávila de las décadas del 70 y 80. 

Primero me enfoqué en la lectura-relectura de la antología de Cavafy, de la cual hicimos una breve selección a fines de Julio pasado. También me puse a leer, entre otros volúmenes, el libro antológico de la poesía de Paz Castillo. Llamó mi atención que, jugando entre las lecturas, hizo eclosión la sincronicidad referida. 

Satrapía es una palabra que podemos considerar de poco uso en el habla cotidiana. Pero allí estaba, resplandeciente, en un contundente poema de Cavafy (incluido en la selección del mes pasado, previamente referida) y en el magnífico ensayo introductorio de Eugenio Montejo, escrito como prólogo para la antología de Fernando Paz Castillo. Son claves de lector. Cuando tales cosas suceden, sospecho o intuyo que algo se me quiere decir, y entonces dejo guardada una marca de agua en el almacén de la memoria, puesto que sabemos que estará pendiente el profundizar en el porqué. 

Creo que valdrá la pena citar parte de lo escrito por Eugenio Montejo en el referido ensayo introductorio sobre vida y poética de Paz Castillo:

"... El modo exhaustivo como han sido estudiados los méritos y peculiaridades de la generación del 18 en Venezuela, sus aportes individuales o de conjunto, sus contribuciones teóricas y creadoras, dispensan la brevedad en un tópico donde el consenso es casi unánime. Oscar Sambrano Urdaneta, en un relevante ensayo sobre Paz Castillo, pleno de lucidez y perspicacia, (*) ha destacado entre otros rasgos el carácter esencialmente idealista; la ascendencia francesa y, en especial, el pensamiento de Bergson, la resignación ante la satrapía política que los lleva a elegir, como una forma de exilio interno, la altivez solitaria; la superación de la bohemia en la que se extraviaba cierto deslucido romanticismo criollo, a la cual se contrapone una ética artística de preocupaciones universales; la introducción, en fin, de un contacto más íntimo entre poesía y pintura, esto último gracias a la creación del Círculo de Bellas Artes..."

Es un texto es exhaustivo y decantado el de Montejo, necesario incluso, para quien desee profundizar no sólamente en el ámbito de la poética de Paz Castillo, sino del entorno general. 

La poesía de Paz Castillo ha sido ajustadamente calificada por Montejo como una poesía metafísica, antes que religiosa. Estaba en su tono esa búsqueda desde los primeros cantos, que fueron depurándose en el decurso de su larga y fructífera vida.

Las satrapías fueron cambiando de cara y proceder, al igual que los sátrapas y sus jefes, los amos del poder, aunque quizás más cabría conceptuar a estos últimos como unos incansables usurpadores.

Pero la función de la poesía continuó su curso, como un impasible río subterráneo.

Dejamos acá la breve selección, me gustaría añadir unos dos o tres textos más que son un tanto algo extensos. Lo intentaré. 

Salud, lacl. 

(*) Oscar Sambrano Urdaneta. F. P. C. y su obra poética, prólogo a POESÍAS, Editorial Arte, Caracas, 1966.

*** * ***


LOS GALLOS


Un gallo canta, otro le responde
y otro y otro, y la canción se aleja
hasta perderse en el silencio inmenso 
de la noche negra. 
La cadena es tan larga. . . Se diría
que cantan con los gallos las estrellas. 

Fernando Paz Castillo,
La voz de los cuatro vientos. 

***

PALABRAS 

Una palabra bella, sólo la intacta intimidad de una palabra bella,
me bastaría para la vida. 

Si pudiéramos guardar las palabras
-las que has dicho hoy-, pero las palabras se mueren como el papel de los libros. 

Se mueren sonriendo, sin perder la inocencia 
como los niños.

Si pudiéramos guardar las palabras
-las que has dicho hoy-,
pero las palabras se apagan como las lámparas. 

La lámpara que en la fría alcoba,
sobre el mármol pulcro del velador,
ilumina la cruz del libro de oraciones.

Si pudiéramos guardar las palabras -las que tú has dicho hoy-, 
pero las palabras se secan como las hojas.

¡Qué triste es el otoño de las palabras bellas! 

Si pudiéramos guardar las palabras,
como hacen los niños con las mariposas,
pero las palabras se mueren en los labios de los malos poetas.
¡Cuánta palabra hermosa se ha perdido!

Si pudiéramos guardar las palabras
-las que tú has dicho hoy, 
las que hasta hoy eran tan viejas. 

Si pudiéramos conservar en nuestra vida
-como un íntimo tesoro-
la inocencia total de una palabra bella. 

Fernando Paz Castillo,
La voz de los cuatro vientos.

***

DIGO MI CANTO 


Ahora, como ayer
digo mi canto,
 y el eco de mi antigua canción 
hoy se renueva,
claro de soledad
o ignoto de silencios
humildes,
como un rumor de agua
entre las hojas.

II

Digo mi canto 
con las mismas palabras,
usadas por mí.
Y siento sin embargo
refrescarse,
y refrescarme todo,
interiormente,
la presencia constante
de un recuerdo: 
raíz dulce o amarga,
hilo de sombra o luz
que une mi vida
con lo grande y lo pequeño
que he tenido:
con la hierba 
y su aroma,
con la hormiga y su noche,
con la brisa y su ruido,
con la tarde y su ausencia,
con el alma y su angustia,
y con el silencio
que de mí nace
y en mí muere
para volver a surgir calladamente.

III

Un día
ya no diré mi canto, pero voces claras como el tiempo 
y con el tiempo volverán a decir 
lo que yo dije,
como lo hago yo 
con otros cantos. 

IV

Y la palabra
que encadenó mi alma al infinito,
resonará fecunda
en la esperanza
o en la angustia
de unos labios que rezan,
de unos labios que aman,
de unos labios que temen,
de unos labios que esperan,
de unos labios que llaman. 

V

Sorprenderé 
voces tiernas, 
como espigas, 
que llenarán mi hora
con su gracia
y el minuto con su pena
y el tiempo
con su infinita soledad. 

VI

Voces que me dirán: apártate,
no temas,
que ya todo está hecho;
o prosigue, solícito,
que te falta aún camino:
el mismo que te trajo,
y que te impulsa,
y que todavía ignoras
cómo fue 
y que nunca sabrás cómo será. 

VII

Pero yo
sin embargo,
en soledad
y de la soledad acompañado
por entre próximas lejanías, sigo 
fiel a mi canto, como es 
o como ha sido. 

Mi canto humilde,
mi canto orgulloso,
mi canto que es el canto 
de muchos,
muy cercanos
y que seguirá siendo de otros,
muy distantes, 
con mis palabras,
o con sus palabras,
eternamente. 

Fernando Paz Castillo, 
El otro lado del tiempo. 

**"

POESÍA 

La calma, 
lejana, íntima
que tiene el ímpetu audaz
del monte altivo.
El resplandor dormido,
más rojo que el rojo
y menos rojo que el rojo,
sobre la inquieta llama
o en la llama agonizante.
El punto
indefinido
de donde regresa la mirada
insegura,
de conquistar la nada de su origen. 
La palabra buena,
la palabra mansa
que al fin de muchas luchas,
y triunfos y derrotas
encuentra
que solo sabe comprender, callada.

Fernando Paz Castillo,
Persistencias.


PENTAGRAMA











© [Luis Alejandro Contreras Loynaz/LetrasContraLetras - contracorrientes]. Todos los derechos reservados. Fecha de creación del blog: 2007. ©