viernes, 2 de enero de 2015

Ante el humano escamoteo del tiempo...



No encuentro mejor manera para despedir un año e iniciar el otro que lanzando al aire algunas viejas pinceladas. Propias y ajenas, que son como propias. 

¿Por qué? Porque es una manera de protestar ante el humano escamoteo del tiempo. Porque los sueños hacen mutis cuando el hombre olvida el cielo o se ve forzado a hacerlo. Porque la voz te abandona cuando se da cuenta de que tus oídos oyen y no escuchan. 

No es que uno lo haga en forma adrede, es el atosigamiento de los días con que uno tontamente comienza a investirse, a sabiendas de que le están succionando el alma. Y no encuentra palabra ni fuete para echar a los fariseos del templo. 

Y, entonces, se hace cargo de que algo no anda sobre rieles. Algo no sale a flote. Algo impide que los vellos crezcan a la par de los crisantemos. Y se da cuenta de que se ha instalado la hora de callar. Y que el silencio puede tenderse, como un puente de polvo estelar, hacia la eternidad. Y que eso poca importancia tiene, en realidad. Porque esa voz es hija del silencio. 

Y, una noche soledosa o una muda mañana, alzas la vista a los cielos y la voz vuelve a dirigirte la palabra: "...calla y mira, te dice, calla y escucha. Que tus ojos, tu boca, tus oídos, tus manos, tu pecho y tu vientre hablan cuando se detienen a reparar en los alados e incorpóreos tonos de este cantado silencio…"

(lacl, 5,00 pm, 31 de Diciembre de 2014)
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En virtud de lo expuesto dejo, de entrada, algunas hojas de un cuaderno un tanto olvidado, mi Cuaderno Elefante, en el que vinieron a juntarse algunas pesadas sutilezas. Los siguientes trazos, anotaciones al vuelo, versan libremente sobre nuestro trato con el cosmos y las disquisiciones que surgen de ese misterioso maridaje. Y, de seguidas, una colecta de imágenes... Los créditos de cada imagen los sigo agregando esta noche...

Y a pesar de que el tiempo se sigue filtrando, imperturbable, en la arena cósmica, cantemos con los hombres: ¡Feliz año!


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*****
No podrá el amor
seguir haciendo de las suyas,
infundiendo de locura
nuestras cuitas y desvelos
o incitando caídas vertiginosas
en el estómago de la nostalgia,
la desesperación o el desengaño.

No podrá, siquiera, propiciar
encuentros de -breve o duradera-
mas, por siempre,
acompasada felicidad.

El hombre ha logrado bloquear
los caminos entre alma y corazón,
entre corazón y estómago,
entre estómago y respiración.

El hombre ha triunfado.

Entretanto,
la piel de la serpiente
sigue deslizándose
entre mosaicos bizantinos;
reptando,
sigilosamente,
como una sombra tras el reflejo
de las pupilas de hombres inadvertidos;
insinuándose y desinsinuándose
en el vaivén de la amorfa multitud.

(Marzo 21, 2006)


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Me topé muy tempranamente con la desmesura del cosmos. Pasaba noches enteras contemplando las estrellas a través del techo y las paredes de mi cuarto. Tenía cinco años y mis padres no sabían muy bien cómo lidiar con eso. Por las mañanas trataba, por todos los medios de que un niño puede disponer, que mi madre desistiera de su diario propósito de llevarme a la escuela preparatoria. ¿Para qué hay que ir a la escuela, le decía, si al final todos vamos a morir? En mis pensamientos infantiles no había lugar para tal pérdida de tiempo…

(Sept. 18, 2005)

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La inexorable caducidad de la vida y la presencia desmesurada del cosmos, de algún modo,  consumaron un matrimonio que hizo su morada a lo largo del sueño del niño, del púber, del adolescente.  Y hasta el día de hoy ha sido matrimonio indisoluble.
Sueño o pesadilla,
o angustia o felicidad prefiguradas
eran los motivos de todos mis movimientos;
fueron algo así como fugas y estudios
de un recurrente tema de fondo.

(Sept. 19, 2005)

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Uno no es uno
solo siempre.

(Dic. 05, 2005)

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Siempre he tenido
la presunción
de que lo que primero
pierde un ser humano,
en su camino a la
adultez es la lozanía
de corazón…

(Dic. 20, 2005)

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Alguien dijo una vez que la música es la más elevada forma del pensamiento. Provocaría decir que es la más alada. Es tan incontestable esa frase, que no requiere de confirmación. Hay una dicción del intelecto, hay una dicción de los sentidos y hay una dicción del alma.

Sólo la tercera puede llevarnos y traernos hacia y desde los confines del cosmos, como la música.

(Sept. 19, 2005)




























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