martes, 30 de junio de 2009

Alabando al silencio en un templo sin altares…

 

Alabando al silencio en un templo sin altares…

Muy a mi pesar, he estado de ánimo huidizo ante estas páginas virtuales. Tanto, como esquivo ha estado el tono de mi tribu para con su propia esencia. He alabado al silencio en un templo sin altares. Pasiva acción de gracias para el conjuro de una encrucijada de incertidumbres. Estamos perdidos. No hay país, ni pueblo, ni vecindad. En el peor de los casos, vivimos como hordas y, en el mejor, como perseguidos. No hay escape. Hemos perdido la noche, y de nada ha valido que ella nos visite a cada noche.

No es culto al derrotismo o a la desesperanza. Es sentido de realidad, a ella la distingo y la elijo -a su padecimiento- como a una hermosa dama, antes que a cualquier vano espejismo de nuestros anhelos.

A lo dicho se ha aunado la afluencia de mayo, tarde lo confieso. Con mayo siempre llegan cambios, auspiciosos y protervos. Pero hay quienes los padecen de manera, si se quiere, más sensible que otros. Yo (lamento tener que confesarlo) me encuentro entre quienes padecen tales movimientos de metamorfosis de modo más ostensible y silenciosamente estentóreo. No siempre es incómoda la relación con el advenimiento de esa marea de las estaciones y las gestaciones. Pero, en ocasiones, trae silencios, mudanza, como un desandar caminos, recogimiento, hartura, náusea. Si a mayo, mes de vida renovada y de consagración a las inhumaciones propias de nuestros lastres, sumamos los desatinos del anónimo ser humano, entonces es harto probable que nos descubramos ante una encrucijada o un laberinto que sólo nosotros, intimidad asumida, podremos conjurar. También está la opción del perderse (o del perdernos) en el laberinto o la de tomar un derrotero de no marcha atrás en tal encrucijada. Y nadie podrá tomar ese sendero por nosotros, sólo esa intimidad asumida con las venas. Por qué escribo esto, no lo sé. Acaso porque es lo único que puedo escribir ahora, hoy, último día del mes de junio, acaso lo único que puedo ofrecer como dicción y por dejar un rastro…

Y ahora voy a añadir algunas líneas escritas recientemente, tanto en mi pequeña bitácora acuariana, como en otros papeles y cuadernos. Por cierto, alguna de ellas de tono menos sombrío que lo que hasta aquí llevo delineado y otras, de inflexión algo más solemne o grave, como para hacerle juego a esta tierra de sombras y fantasmas. Lo iré haciendo paulatinamente, en el transcurso de la noche.

Y para finalizar, si el reloj de arena me da su venia, agregaré una nueva colecta en nuestra Guarida de los poetas.

Salud!
lacl.

Empecemos con tono algo jocoso...

Confesiones de un camaleón…

Noche luenga
y sin reposo.
Muy pocas horas
de sueño.
La casa, como de
costumbre, se lleva
por delante planes
y agendas.
¡Cuidado con pretender
mínimamente organizar
algo de tu vida!
Yo no duermo.
O no lo hago, al menos,
como lo hace el común
de los mortales.
La casa está plagada
de hormigas, pájaros y
silencios. También de los
rumores propios de
una vieja osamenta que
se despereza.
Si me dispusiera a dormir
desde las seis de la tarde, con
ello no lograría torcerle
el cuello a la frase
que reza que no por mucho
que madrugues,
amanece más temprano.
Mi casa es aliada del
tiempo y, por tanto,
enemiga de los hombres.
Aclaro: es enemiga de
la locura de los
hombres. Enemiga de
lo que contradice
el rumor de lo apacible,
rumor de la tierra,
que aunque flota
en un lago de oscura y
reluciente noche,
confiere tacto,
pulso y sensación de
cercanía a nuestros
pasos.
Mi casa es aliada de
la tierra y, por
extensión, lo es del
cielo. Y con tan
fabulosos aliados
no intentaré yo ser
belígero.
A mí me vencen las
hormigas de la casa.
Así pues, si me
levanto, como un
zombie a la tres
de la mañana,
con el exclusivo
mandato de ir
temprano
a trabajar, llegaré
a las doce del día.
Si me levanto
a las cuatro a.m.
llegaré a las once a.m. y
con mucho, muchísimo
trabajo.
Si lo hago a las seis
llego a las diez,
por obra
y gracia de la
providencia.
Pero si salgo más
tarde es cuando llego
más temprano. Kafka
era un genio, un
alquimista, un
prestidigitador del
infinito que nosotros
pretendemos
cuadricular.
Hoy, por ejemplo,
asomó su cabeza
por la más inusitada
de las ventanas.
Llegué a las nueve y treinta.
¡MILAGRO!
(Quisiera saber
cómo lo hice,
para no repetirlo)
Me tomo, pues,
media hora para
el desayuno.
En lo que mis pasos
son escuchados en
esa sala de espera
que es toda oficina,
XX me interpela:
-¡SS tiene toda la
mañana buscándote!
-Yo estaba aquí, contesto,
bajé a desayunar. Además,
ya hablé con él,
¿por qué tanto
alboroto? – Bueno,
él me dijo que no
entendía por qué
nunca se puede hablar
contigo en horas de
oficina, como todo el
mundo. Que por qué
nunca se sabe algo
de ti antes de las
doce del mediodía.
Y bla, bla, bla...
Yo le dije que tú
te enfocas en resultados
y no en horarios. -¿¿Pero
no podría intentar,
al menos, llegar a
las diez?? alcanzó
a gemirme.
Y armándome no
sé si de humor o de valor
tuve que confesarle: -SS,
el drama de Luisito es que
es un hijo de Drácula. Él
vive de noche. Cuando todos
comenzamos a parpadear
con el clarear del
día, Luis está entrando
en su sarcófago. Hay
que ver lo que es eso.
Según palabras de XX,
SS rió a mandíbula
batiente, como creo
que jamás yo lograré
escucharle. Y luego
refiere XX que SS le
dijo: -Al menos, pídanle
que trate de llegar
a las diez.
Mi querido y reverenciado
K: definitivamente
tengo que cantar que
eres un genio, un
alquimista, un
expurgador de
insensateces. Y
perdona que te lo diga,
también un sabio.
Había que quemar
hasta el último rastro
del más tímido asomo
de verdad, si no del
más tímido asomo
de vida; que nunca
se apoyan ellas
sobre rígidos
cimientos. La falsedad
se enjuaga la boca
con la sencilla
claridad del día.
Fuiste traicionado,
para fortuna nuestra
(la de unos pocos)
y para infortunio
tuyo.
Y quédete en consuelo,
si es que cabe,
que en mi casa,
como acaso acaeciera
en la soledad de la tuya,
aún mandan las hormigas,
los pájaros, las abejas,
el rumor del viento,
el del silencio y hasta el
de sus propios huesos,
incluso a expensas
de los mandatos de
mi amada.

De mi cuadernito Cor e arte. Junio 16 de 2009.



Con el favor de Selene y el recuerdo de Séneca…

Mi ciudad se está resquebrajando,
el país se está rompiendo a pedazos,
el mundo se desvanece,
cielos y mariposas caen descuartizados
y sus brillos yacen temblando,
como un murciélago que,
en medio de la noche,
desfallece abatido por una honda.

Todos,
hombres y mujeres,
elevan loas a la desgracia,
mientras encienden velas
a bienaventuradas hecatombes.

El suelo se rasga
y ya no quedan columnas
bajo piso alguno.
Un sulfuroso averno
se lleva a rastras
a desesperados
e iracundos.

Los pocos que se
conservan serenos,
aguardan estoicamente
por el mazo de gracia.

Nada detiene ya
el desmoronamiento
de esta piadosa Babel,
que tan orgullosamente
levantáramos para la
concelebración de homilías
signadas por la altísima
aureola del suplicio.

Somos hijos de dios padre
y, a modo de obedientes retoños,
nos impusimos impartir
hostias exánimes
entre azotes y estocadas
de agonizante martirio.

Entre tanto,
ha llegado la noche
y me sumerjo en mi tina,
mas no para cercenar
las venas de mis muñecas.

La luna,
esa puerta de plata,
puntualmente sediciosa
y seducente,
con su canto sigiloso,
elocuente y lenguaraz,
hechiza los despropósitos
de mi corazón.

Agua y luna.

Noche y recogimiento.

Viento, dicción
y entrañable libación.

En la médula de esta
soledad iluminada,
entre las crestas y volutas
que se forman en el agua
al casarse con mi cuerpo,
con la luna
y con los vientos,
aguardo por la siega
de la hora final.

Toda muerte
carga una colecta,
todo desenlace
esconde una cosecha.

Junio 23, 2009 - Luis Alejandro Contreras - En una hoja suelta…
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EL SISTEMA ESTA LENTISIMO. LUEGO SIGO SUBIENDO LOS TEXTOS, ALGUNAS FOTOS Y LA GUARIDA DE LOS POETAS


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