domingo, 15 de julio de 2012

GUARIDA DE LOS POETAS - Morir de sed junto a la fuente



GUARIDA DE LOS POETAS 
Morir de sed junto a la fuente

Siempre he sido un tanto indócil para con los poemas amorosos, al menos, en lo que a su escritura se refiere… Indocilidad no originada por un descreimiento hacia el amor, sino porque, al transitar regaladamente los caminos amorosos se está tan endeble, tan al borde del cielo y del abismo, que resulta espinoso, si no inadmisible, el mantener cierta cuota de sindéresis de corazón haciendo juego con los efluvios de iluminación que, creo, convoca todo poema al ser rescatado en un papel o al ser enunciado en rumorosos pensamientos, gracia de esa esquiva y misteriosa voz que, desde la noche, viene a dictarlos. Cuando no hay matrimonio entre el corazón y la misteriosa voz, suelen cometerse excesos de melosidad. 

 Acaso con los poemas amorosos ocurra que sean más fehacientes y fieles al espíritu de la poesía, cuando se les ha dejado en el reposo de la memoria, esa casa de rehabilitación que siempre está con las puertas abiertas y dispuesta a servirnos de hospitalaria redención. No hay amor que no conlleve sus dosis de locura, y sin locura es amor vivido a medias. 

  Cuando escuché por vez primera el Soneto (Letra de Nicolás Guillén, música de Amaury Pérez), recuerdo que mi pecho portaba un corazón impedido. Perdí esa canción por un rosario de lustros, entre otras pérdidas, pero nunca olvidé los ecos que en mi alma dejaron: saber, sentir o padecer lo que es morir de sed junto a la fuente. 

 ¿Quién es el ser humano que no haya conocido las derrotas y, entre ellas, las derrotas amorosas? Toda vida personal está signada por infinitud de fracasos y me parece que sin ellos jamás llegaríamos a puerto soleado y portando -por así decir, en el caso de los hombres- pantalones largos, pero sin cantar victoria. 

 Cuando, hace unas semanas, ese poema-canción volviera a resonar en mi oído interior, gracia que le debo al amigo Roberto Arizmendi, poeta mexicano, lo hizo para confirmarme lo antedicho. Pasé años preguntando a muchos amigos y conocidos (sobre todo a los de extenso archivo musical y amantes de la trova cubana) por el paradero de esa canción, les hablaba del estribillo que rememora a Francois Villon, que era canción de Amaury Pérez, pero como nadie la recordaba, ni creía tenerla en sus archivos me dije siempre: no es el momento de volver a escucharla. 

 Quizás hubiera sido fácil recuperarla antes, si me lo hubiera impuesto como tarea, pero siempre estuvo en mi sentir que no debía volver a escucharla por obra de una ardorosa voluntad, sino de una inopinada esperanza, de un brindis de la vida. Y debemos aprender a esperar. A mí me parecía imposible, inusitado, que nadie pudiera recordar esa frase que evoca a Villon como sabedor de eso, lo que es morir de sed junto a la fuente…

  Bien. Aquí la expurgo del memorioso silencio al que me subordiné, para regalarla a quien quiera hacer las veces del escucha. Y no pretenderé agregar yo nada sobre letra o melodía, tan elocuentes como son. 

Salud!

lacl




http://www.youtube.com/watch?v=by2nXx5MoCU

martes, 10 de julio de 2012

Escrito en el aire, vuelo 694

 

Escrito en el aire, vuelo 694


La glosa de abajo fue escrita entre el 22 y el 23 de Junio pasado, pero no había podido subirla hasta tanto no pudiera yo armar un álbum con parte de las fotos tomadas en Zamora, así como con algunas otras en el viaje de ida y vuelta y de estancia en el centro de Ciudad de México y el apacible Coyoacán, de la mano hospitalaria del poeta Roberto Arizmendi. Es una mínima parte de mi archivo memorioso (amén del de la cámara), pero es súmmun de lo que alojado se vino en mi corazón. Y como a mí me gusta recordar, agreguemos que el corazón viene de suyo alojado en el ombligo de esa palabra, re-cor-dar…

* * * * *

Al fin he vuelto a casa, cargado de la gracia de los días compartidos con los poetas convocados a Zamora y con el gentilicio y abrigo de los mexicanos, en especial de los zamoranos, tantas veces confirmado en cada esquina. Llegué directo a dormir, debido a los escasos momentos de siesta.

Quise soñar despierto, en la medida en que ello me fue posible y dejar que los sueños se recreen, ahora en casa y con la venia del recuerdo alojado en los sentidos. Aún estoy algo embotado tras el vuelo de regreso, cruzando el cielo en horas en que el alma acostumbra adocenarse con los sueños.

Pero es tan grande el archivo de imágenes sensuales que me traje en la memoria, que contados fueron los momentos en que el desfallecimiento logró vencer a la vigilia de quien viene recreándose entre fantasías de despabilado.

En el viaje de ida, cuando ya estábamos a más de medio camino en el aire para llegar a México, vino a mi mente la figura de Sor Juana y, de inmediato, surgieron unas líneas, tres dodecasílabos y tres endecasílabos, sin rima (no suelo escribir con rima o métrica).

La última línea la perdí en medio de un espejismo. Espero que venga de nuevo en mi rescate, una vez que vuelva al regalado sueño. Acá las dejo, a modo de ofrenda.

Un abrazo mundial y provecto, como el que pregonara Vallejo.

LA


P. S. El 26 de Junio, en la madrugada, a la hora del pulmón, vino la voz a despertarme y remendar la página con el dodecasílabo perdido y que va al final del breve texto.


(Escrito en el aire, vuelo 694, 13/06/12)

A Sor Juana Inés de la Cruz


¿Es tránsito la vida, con principio y fin?
¿Haz de luces infiltrándose en las sombras?
¿Moridero precoz, dardo insolente?
Las uñas en la piel, arco dorado,
destrenzan la razón, tejen milagro,
sumiéndose en la noche, verbo encantado...

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El sistema del blog para subir fotos no es muy práctico comparado, por ejemplo, con el de Facebook. Acá se demora uno un siglo tratando de subir cuatro fotos... Luego trato de agregar más.


Foto grupal de los poetas asistentes al Encuentro.


Leyendo en la Casona Pardo, con Maya Lima e Ignacio Díaz.


En el camino a Zamora, desde Ciudad de México.


Los Robertos (Reséndiz y Arizmendi)




Netzahualcoyotl
(Mural de Diego Rivera, D.F.)

Toda la redondez de la tierra es un sepulcro: no hay cosa que sustente, que con título de piedad no la esconda y la entierre.

Esta foto fue tomada por el poeta Roberto Arizmendi, Leticia Luna y Graciela Salazar Reyna, un servidor al fondo...



domingo, 8 de julio de 2012

LETRAS CONTRA LETRAS La danza de las voces.


La danza de las voces. 

(Unas palabras en torno al Encuentro Internacional de Poetas de Zamora, Junio -2012)

             A Roberto Reséndiz Carmona



“…Lo importante no es lo que de nosotros hicieron,
sino
lo que nosotros hicimos con lo que de nosotros hicieron…”

                                                Miguel de Cervantes.



Desde niño he sido un crédulo de la incredulidad, en lo que respecta a las obras de los hombres. Nací con eso. Podría, incluso, agregar que, en muchos pasajes de mi vida de infante, hasta llegué a poner en duda el sentido de la danza esplendente del caos de luz y sombra que trasciende lo humano.

Pero, tras largas noches de enamorada vigilia y de suspendido pensamiento, ante el absurdo de contemplar la desanimada relación de los hombres con el cielo, mis cuitas con el cosmos fueron cobrando intimidad, arrellanándose en poltronas de una sala sin techo, con el enigma -siempre de por medio- jugando con la batuta del diálogo.

No puedo decir que haya sucedido exactamente lo mismo, no con el hombre, sino con las actuaciones de los hombres. Y mi incredulidad me llevó, no pocas veces, a mantenerme al margen de un socializar en esferas que no fueran las rigurosamente impulsadas por el amor o la amistad.

Me refiero a aquellas esferas cuyos actos y gestos obedecen, en gran medida, a impulsos volitivos o de conciencia y que, a despecho de mostrar un código de premisas de loable intención, andan siempre en divorcio con el soterrado discurso del corazón.

Espacios en los que, desde el momento en que se sanciona el organizado trabajo de los hombres, comienza a perder sentido y organicidad el “leit motiv” que en un principio les uniera. Su norte, entonces, se institucionaliza, su palabra se hace oficial, la junta de voluntades se torna en díscolo aparato y la misión originaria se estatiza.


¿A qué vienen estas palabras cuando lo que me propongo es hablar de un encuentro internacional de poetas que, en Junio pasado, ha cumplido su XVI edición?

Pues, a mi deseo de destacar el hecho de que -a lo largo y ancho del orbe- hay personas que, desoyendo los engañosos cantos de sirena de un frígido “Estado”, se propusieron tender lazos de humanismo entre los hombres.

Tal es el caso del Encuentro Internacional de Poetas que año tras año edita, tesonera y desinteresadamente, un poeta de la ciudad de Zamora, en el Estado de Michoacán, en la bella república de México.

A Roberto Reséndiz, que así se llama el padre de esta idea bien fraguada en cuerpo, le conocí en Caracas, el año pasado, cuando a instancias de una amiga colombiana, la también poeta Lilia Gutiérrez, fui a verle en una biblioteca donde, se suponía, realizaría una lectura de sus textos.

De esa mañana no valdría la pena hablar, dado el sentimiento de vergüenza que me hicieron sentir mis conterráneos, por la irrespetuosa manera (por decir lo menos) en que trataron al poeta mexicano esa mañana. Al salir de lo que (al menos, para mí) fue una bufa pesadilla, le convidé a una arepera en la que traté de resarcir, en lo posible, nuestro pretéritamente afamado buen humor y hospitalidad.

Una larga conversa con Roberto me dejó el convencimiento pleno de que se trata de un hombre que hace las cosas que hace, por mera necesidad y auténtica convicción. Su labor al frente del Encuentro Internacional de Poetas de Zamora busca, entre otras cosas, develar, difundir y apuntalar, especialmente entre los jóvenes de Zamora, los sempiternamente acallados valores de la poesía, amén de servir de espacio para que los poetas se escuchen, conversen, confronten y (¿por qué no?) celebren la disimilitud de voces que hablan de un hombre común que poco repara en las sencilleces que, de suyo, constituyen la esencialidad del vivir.

Aparte del intercambio de libros y la conversa sobre todo tipo de tópicos, Roberto comenzó a narrarme el historial del Encuentro de poetas que año tras año organiza. Había venido a Caracas con el interés de ganar apoyo asociativo para cubrir los pasajes aéreos de diez poetas venezolanos, pues pensaba dedicarle el Encuentro de este año a nuestro país. Tocó puertas a diestras y siniestras. Le abrieron, le escucharon y, tal como vino, le dejaron ir.

Su lacónica respuesta, al final de nuestra conversa, fue tajante: “Ni modo, olvidemos eso, no quiero tener nada que ver con las diabluras de la burocracia.”
Meses después, me llegó una invitación al referido encuentro, a mí, al inveterado crédulo de la incredulidad en lo que toca a “las actuaciones de los hombres”. Por varias razones, estuve al borde de no ir. Pero lo que acicateó mi deseo de comparecer fue el hecho de que en su programación se contemplaran lecturas de todos los poetas en colegios y ante estudiantes de distintas edades. Eso tiene mucha más importancia de lo que tantos tecnócratas creen.

Lejos de las marquesinas de vodeville que, en ocasiones, lucen algunos eventos oficiales auspiciados con motivo de homenajear a unas cenicientas mejor conocidas como artes y cultura, el Encuentro Internacional de Poetas de Zamora cumplió, a carta cabal, con las premisas de espíritu que deberían siempre alentar a eventos como ese. Esto es, la de auspiciar el acto de la escucha y propiciar, así, un auténtico espíritu de comunión y entrega, amén de difundir una palabra que ilumina la realeza del mundo para quienes intuyen que les han robado la cartilla de colores.

Y que al lado de poetas de aquilatadas voces y decantada trayectoria, leyeran novísimos poetas, es también prueba de aquello a lo que verdaderamente aspira el Encuentro de Poeta de Zamora: a servir de estímulo y hacer las veces de piedra de toque a “los poetas que vendrán”. *

Luis Alejandro Contreras.

Julio 01, 2012.

* (La frase final es eco de un enunciado de Walt Whitman)


























Las dos primeras imágenes corresponden a los espacios de lecturas compartidas, en la Casona Pardo de Zamora. La tercera y la quinta a una lectura en el instituto educativo Gabriela Mistral, grato recuerdo compartido con la poeta Maya Lima (de hecho, esa foto me la cede ella). En la cuarta, por supuesto, le cedemos la palabra a Frida Kahlo: "...Pies  para qué los quiero si tengo alas pa´ volar..." Y en la sexta dejamos una puesta del sol  de Zamora, Michoacán, México.
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