martes, 29 de julio de 2014

El hombre es esperma del tiempo...



Hace una semana, más o menos, he dado con un cuaderno extraviado desde hace algunos años. Se llama Michelangelo. Aunque, cuando digo extraviado, debe entenderse que el extravío no era de aquellos que uno piensa que son definitivos, pues  sabía que el referido caballero andaría por allí, por algún rincón de la casa. Y supongo yo que el susodicho advertía mis pasos, cada vez que rozaba su paradero. Quién sabe si habiéndonos cruzado en el camino, habremos hecho de pronto vista gorda, como cuando dos seres se dicen, a sottovoce, que no es el momento para ese reencuentro. Hasta que llega el día de un no planificado redescubrimiento y el regocijo se tiende como un hilo natural de faz a faz. 

No pretendo hacer culto de animismo entre cuaderno y persona, pero la verdad es que todas las cosas, por inertes que nos parezcan tienen su vida propia. Por algo las llamamos enseres, porque son cosas en estado de ser. Ese fue un pensamiento que acompañó obsesivamente mis presunciones de infante. Todo lo silente que circundaba mi vida cobraba voz y acento para tender un pensamiento de vuelta a mis incertidumbres. Acaso tales claves y señales venían cargadas de mayores cuotas de incertidumbre, pero eso no era óbice para que la charla se tendiera en el silencio de la solitaria y desarropada noche.  

Al abrir el cuaderno y al hacer repaso de nuestra relación, me encuentro que acaso no haya sido mucho lo que habíamos conversado, pero me sorprende encontrar olvidos, amén de los esperados recuerdos. De allí recojo este olvido, que no exalto, pero me sorprende.

Y entre sus páginas me encuentro con un dibujo de mi hijo Sebastián, acompañado de un par de citas de Ezra Pound.

Salud!
P. D. Dejamos debajo una hermosa melodía de Pat Metheny, propia para caminantes...

 
(madrugada del 08 de septiembre de 2007)

El hombre es esperma del tiempo

Gota de cera aguardando
por su final crepitación

Flama, candor y pulso
bullen, como roca ígnea,
en los lechos cavernosos
de su alma.

Pues lo telúrico
toma su parte en el alma,
como lo celeste
toma su parte en el cuerpo.

Pero el hombre se empeña,
se esfuerza, se empecina,
y labra cetros y tronos,
erige templos a un esquivo
dios de la fuerza
y manda a otros a que pasen
sus vidas bruñendo un fulgor
de caudales que no pueden
más que brindar opacidad.

El látigo al cinto,
el sudor en la frente,
en los brazos y axilas,
así como en ulceradas espaldas,
acompañan al sol de cada jornada.

El celador y el esclavo,
el desprevenido cortesano,
el poeta panegirista,
el sátrapa y el ministro,
el bufón y el lisonjero, 
el tahúr y el demagogo,
el lacayo y el mendicante,
el predicador y el prestamista,
el proxeneta y su circo,
el honorable pater famili
que martiriza a mujer e hijos,
¿ante cual santo notario
fueron a legitimar sus títulos?
¿qué misterioso poder
les incita a perpetuar su legado?

¿Es que jamás advirtieron que ese sol
que doraba la savia en las hojas
y marchitaba los solitarios pétalos
es el mismo que ahora curte
la piel de los niños esclavos?

.





Are You Going With Me ? ... Pat Metheny

https://www.youtube.com/watch?v=RU6jvtmL4po

sábado, 26 de julio de 2014

Yo vivo de Conde a Principal, aunque por allí no pase…





















Hubo una época en que solía verme con mi padre en la esquina de Principal, pues tenía él arrendada una oficina allí. Cada vez que tenía yo que hacer labores por el centro, nada había más placentero que visitarlo y salir a almorzar juntos, aunque nuestros almuerzos eran un tanto pantagruélicos. Pero eran ingestas de voz, mayormente, aunque siempre sazonadas de viandas y elíxires.

Con él descubrí el amor por la conversa y, sobre todo, por la morosa y amorosa conversa. Del edificio Ambos Mundos caminábamos al legendario restaurante Álvarez o al Hotel El Conde, en la homónima esquina... 

Pero, más de peso para este servidor, con él descubrí que todos, hombres y mujeres, somos hijos del error. Me habría encantado que todos, a su alrededor también lo descubrieran.

Yo vivo de Conde a Principal, aunque por allí no pase…


(13 de Julio, 2014)





https://www.youtube.com/watch?v=kdshmNtK6ng
https://www.youtube.com/watch?v=etC8f4Ale9o

viernes, 25 de julio de 2014

Señor Pekín o el viejo arte de conversar.




            Para Carlos Morales del Coso y su familia...

Hace un par de días pudimos, mi hijo y yo, darnos a uno de esos gustos que antaño eran cosa cantada y hoy por hoy, grosso modo, ha caído en general desuso. Me refiero al gusto de conversar. No tuvimos todo el tiempo que hubiéramos deseado, pero sí el suficiente para explayarnos, intercambiar pareceres y sentires y navegar, incluso, sin rumbo fijo sobre las aguas de la palabra que se llevan los aires, una parte a los molinos del alma, otra, al soplo mismo que todos compartimos al respirar. La palabra conversada, aquella que brota del alma como las aguas que manan de una gruta, aquella que busca el oído del prójimo para dar un abrazo sutil, pero sin privanzas, es verbo que lava corazones. Lava el propio como lava el ajeno. 

Principiamos la conversa con una palabra de alerta sobre ese vivir afuera que, en un mundo sumido en la negación de todo tránsito hacia regiones del alma, hoy se practica como un encabalgamiento. Ese vivir afuera que niega todo contacto de nuestro fuero interior con las regalías naturales que el mundo nos ofrece sin prisas. Un vivir afuera, pero sin lazos auténticos con ese espejo sin fin que se perfila más allá de la orilla del cuerpo. 

No puedo negarme el, en ocasiones, odioso papel de padre y mi comentario inicial venía al caso por el anhelo de que un ser querido no extravíe nunca el camino o porque, en el caso de que algún día se le extraviara, trajera al recuerdo algunas posibles veredas para el regreso. Pero este comentario dio pie a la sabrosa conversa. Fuimos hacia adelante y hacia atrás, como lo hace un poema, pero casi siempre en torno al asunto de lo arduo, cuando no imposible, que es vivir plenamente el afuera, sin un cultivo de las tierras que se despliegan al margen de ese río que camina plácida y lentamente en el lecho del humano espíritu.   

También conversamos sobre el apretado tesoro que se encuentra en la breve poesía china, como en las de otras regiones del mundo antiguo. Salió a flote un libro de cabecera: "Los dos nacimientos de Dionisio", de Robert Graves, que le he recomendado leer en algún momento de su devenir. Le ayuda a uno a aclarar su propio panorama. Luego de la alforja la bella edicion de El Caminante, de Hermann Hesse.

Él me leyó varios pasajes, pues también venía al caso, de un libro cuyo título es Does it matter?, de Alan Watts, colección de ensayos traducidos al castellano bajo el título de uno de los ensayos que componen tal antología: El gran Mandala. ¡Y vaya si viene al caso! Es un libro de lectura obligada en un siglo de tan iluminado oscurantismo.  Entre tanto, yo apelé a mis Cantos a Shiva, que llevaba en el bolsillo, nos regodeamos leyendo esa colecta de poetas vacana, cuyos versos datan de entre ochocientos y mil años, de la lengua Kannada, lengua dravídica que se habla en el sur de la India.

Un libro en el que ya estaba haciendo un ejercicio de cábala: abrirlo al azar, leer y marcar la página, para luego transcribir lo leído y enviarlo de regalo a un amigo que padece un momento de trance y reveses emotivos. Y al hablar de un momento (acaso pueda pensarse en un corte en el tiempo vivido) no queremos decir que no advirtamos que tal "momento" o "instante" en el que nos enfrentamos a un inevitable sacudón emotivo o estado de trance de nuestra sensibilidad, no sea, en realidad, otra cosa que un crisol de eternidad. He querido juntar esta colecta porque me mueve el afecto y porque la palabra de estos poetas que han cultivado la poesía vacana es palabra que tonifica al escucha.

La conversa se vio interrumpida alternativamente por algunas llamadas telefónicas, momento en el que aproveché para seguir jugando a la cábala. Y, momento que aprovechó Sebastián para estampar en una servilleta el boceto del señor Pekín que antecede a estas palabras.  

No consigo el ejemplar de Does it matter? o El gran Mandala, en castellano, para dejar algún fragmento de ese prólogo que tiene seducido a Sebastián. Pero, acá dejamos, por los momentos y en ofrenda, lo transcrito de los Cantos a Shiva. Luego, si es posible, agregaremos alguna palabra sobre los libros mencionados de Watts y de Hesse… Agregamos, por falta de tiempo para transcribir, pero también por amor al libro, las primeras palabras de El Caminante, en versión pasada por scan. Para leer a Hesse cómodamente, basta con hacer click con el botón de la derecha sobre las imágenes (sobre "view image") y luego ampliarlas con el zoom (+)...

A su salud, hipotético lector!

 
* * * * *

En el vientre de su madre
el niño no conoce el rostro de su madre

ni tampoco su madre el rostro de él.

El hombre, en el mundo ilusorio,
no conoce al señor ni el señor a él,

Ramanatha.

(Devara Dasymaya)

* * * * *

Haz de mi cuerpo un laúd,
de mi cabeza la caja de resonancia,
de mis nervios las cuerdas,
de mis dedos las clavijas.

Aférrame estrechamente y  ejecuta tus treinta y dos cantos.
¡Oh, Señor de los ríos encontrados!

(Basavanna)

* * * * *

Con cuerpo,
se tiene hambre.

Con cuerpo,
se miente.

Oh, tú, no me esclavices,
no me tortures
otra vez
por tener un cuerpo:

corporízate Tú por una vez
como yo y observa
qué pasa,

Oh, Ramanatha.

(Devara Dasymaya)

* * * * *

Suponte que cortas en dos
una alta caña de bambú:
haz una mujer con la parte de abajo,
un hombre con la de arriba;
frótalos hasta
que se inflamen:
                   ahora dime,
¿el fuego que ha nacido
Es macho o hembra,
Oh, Ramanatha?  

(Devara Dasymaya)

* * * * *

Oh enjambre de abejas
oh árbol del mango
oh luz de la luna
oh pájaros
A todos les suplico
un favor:

          Si en alguna parte ven a mi señor,
          a mi señor blanco como el jazmín,

llámenme
y muéstrenmelo.

(Mahadevikayya)

* * * * *

La sinuosidad de la serpiente
es lo suficientemente recta para su madriguera.

La sinuosidad del río
es lo suficientemente recta para el mar.

Y la sinuosidad de los hombres
es lo suficientemente recta para nuestro señor.

(Basavanna)

* * * * *

¿Si este es mi cuerpo,
por qué no obedece a mi voluntad?

¿Si este es tu cuerpo,
por qué no obedece a tu voluntad?

Es claro,
no es tu cuerpo
ni mi cuerpo:

                     es el voluble cuerpo
del ardiente mundo que tú has hecho,

Ramanatha.

(Devara Dasymaya)

* * * * *

¿Por qué debo
empuñar la daga,
Oh señor?

¿Qué podría apuñalar,
de dónde la desclavaría,

si todo el mundo eres tú,

Ramanatha?

(Devara Dasymaya)

* * * * *

¿Pueden las juntas, en sesión,
dar limosnas a los hombres?

Todo aquél que va a la guerra,
va sólo a morir.

Sólo uno en cien,
uno en mil, tal vez,

logra alancear al enemigo.

Oh Ramanatha,
¿cómo puede dar fruto
cada flor de tamarindo?

(Devara Dasymaya)


* * * * *

Un río que fluye
es todo piernas.

Un fuego que arde
es todo bocas.

Una brisa que sopla
es toda manos.

Así, señor de las Cuevas,
para tus hombres,
cada miembro es un símbolo.

(Allama Prabhu)


* * * * *

A pesar de toda su búsqueda,
ni siquiera pueden ver
su imagen en el espejo.

Resplandece en el círculo
que hay entre los ojos.
El que lo sepa
tiene ya al señor.

(Allama Prabhu)

* * * * *

Devara Desimayya,
Poeta Vacana, India (Circa S. X) 
Cantos a Siva (o Shiva)
ADIAX S.A., Barcelona, 1981