sábado, 25 de agosto de 2007

Enola Gay

 
Enola Gay

El conato poético que puede verse más abajo fue perpetrado hace unos doce años aproximadamente, no lo recuerdo exactamente. Tuvo su origen en un añejo y lamentable documento fílmico cuyo tema central no era otro que el ensalzamiento de las virtudes tecnológicas y científicas que llevaron al descubrimiento de la fisión nuclear y el increíble desarrollo de fuerzas tan monstruosamente destructivas como jamás hubiera podido imaginar el más osado de los novelistas de ficción. A lo largo de tal documento fílmico circulan, entre otros, el capitán de la fortaleza aérea que cumplió la misión de “probar” las virtudes de la fisión nuclear sobre la ciudad de Hiroshima, Coronel Paul Tibbets; el inefable caballero Harry Truman (a quien no le tembló jamás el pulso para deshojar margaritas) y un refinado científico francés que se quejaba del poco respeto que muestra la humanidad, hoy en día, a los avances de una enceguecida ciencia que jamás tuvo en cuenta si sus inventos podían servir para aniquilar o embrutecer al ser humano o si eran capaces de generar algún bien común.

En fin, al cumplirse los 50 años de la hecatombe de Hiroshima, el quincenario Letras dedicó algunos números a tal acontecimiento y un amigo de esa casa me preguntó si no quería yo colaborar con algo al propósito. Como estaba yo en plenas correrías con la intentona poética que lleva por título el desdichado nombre de quien fuera madre del capitán de la misión antes aludida, opté por enviar ese texto al quincenario, que lo publicó en el siguiente número. Forma parte de un conjunto de textos que se agrupan bajo el nombre de Toma luz, toda la noche, y que con la aquiescencia de dioses, astros, flores, avatares y vaivenes acaso logre publicar algún día.

Como anécdota no quiero dejar de agregar la sorpresa que me llevé ante la multiplicidad y disparidad de comentarios que generó tal ensayo en algunos lectores. Hubo quienes pergeñaran las más extrañas hipótesis acerca de quién fue Enola Gay, una de ellas aseguraba que era una artista de cine, error atribuible quizás a que uno de los íconos que portaba un avión de pruebas nucleares en Islas Bikini, como blasón, correspondía a una de las más apetecidas divas del cine de esos años, hecho que, por cierto, fue denostado por la actriz. El más creativo de todos los comentarios fue el que alguien esbozó sobre lo que sería una supuesta declaratoria de homosexualidad de mi parte (claro, el título del intento poético desnudaba las honduras de mi ser), tesis que no dejó de disparar mis más soberanas carcajadas. Pobre Enola Gay, ¿acaso no bastaba ya con que hubieras dado a luz a un aberrado inadvertido para quien el acto de exterminar niños inocentes era cosa tan natural como el de tomarse unas cervezas con los compañeros de misión?

Tales tesis y comentarios me llevaron a re-escribir, días después, la parte final de Enola Gay, un tanto quizás por enfermizo culto a lo explícito, pero otro tanto, también, porque me resultó imposible (como me resulta ahora) desligar el hecho de que dos matrices tan disímiles, pero en el fondo tan inocentes, los úteros de Enola Gay-madre y de Enola Gay-pájaro plateado, pudieran haber acunado en su seno a engendros tan descabellada e inadvertidamente homicidas.

lacl

Enola Gay

¿ Cómo se habrá sentido en su piel el mandadero,
después que borró la ciudad ?

¿ Habrá sentido un hormigueo en la mano
después de haber pulsado el botón
que forjó un desierto de fuego allí,
donde antes cohabitaban
el canto, llanto y travesuras de los niños
con los jadeos de las cópulas,
los malos pensamientos, los desvelos de los altruistas,
la medranza de los usureros,
los recuerdos felices de los enamorados ?

¿ Cuál habrá sido su gesto al tomar el cuchillo
para seccionar el desayuno
a la mañana siguiente ?

¿ Y qué pensamientos tendría mientras volaba,
con ojos de cordero, camino a su misión ?

¿ Habrá recordado, acaso, la apaciguante belleza
de la sonrisa de aquella que había dejado atrás,
entre el dolor y las promesas ?

¿ Le habrán quedado chispas para forjar hijos luego ?

Y si los tuvo, ¿ cómo habrán crecido ?

¿ Será alguno de ellos un odontólogo mediocre,
el otro un timador que vende autos
y la menor una fracasada artista de revistas ?
¿ O, quizás, tuvo una exitosa familia ejemplar,
de esas a las que jamás les ocurre nada extraordinario,
de esas que en los álbumes fotográficos
muestran una sospechosa y colectiva sonrisa impersonal ?
¿ O, quizás, el cielo le bendijo con un pequeño que luego sería
un dulce poeta marginal vagando por las calles,
repleto de imágenes que no puede digerir ?

Y Mr. Harry, ¿ habrá esbozado su cadavérica sonrisa,
aquella noche, en la blancura de sus sueños ?
¿ Se habrá tomado, realmente, a sí mismo por
un benefactor de la humanidad ?
¿ O quizás se tomó por un santo administrando la justicia
divina desde lo alto de inexpugnables tribunales pontificios ?
En medio de la grandeza de sus reflexiones,
¿ le habrá dedicado un pensamiento, siquiera, al mandadero ?
¿ Habrá discernido, cual un frío erudito, sobre el conflicto
ético de la autoría material del crimen por coacción ?

Y el refinado científico que dijo que Hiroshima
había sido un error porque, desde ese momento,
los simples mortales le temerían a la ciencia,
¿no podía haberse puesto por un milisegundo
en la piel del mandadero,
ya que ni por asomo lo haría en la de las hormigas
exterminadas por dictamen ?
¿ No podía, por un milisegundo, renunciar a su miseria,
dejar de revolcarse en la carroña de su performance doctoral ?

Y el Capitán de la aérea fortaleza,
a la que dulcemente bautizó con el nombre de su madre,
con un candor tan diligente como el que estilaban
los celestiales héroes de la guerra,
quienes estampaban en sus naves las más apetecibles siluetas
de imposibles hetairas hollywoodenses,
en diáfano tributo para la elevación de sus plegarias
e invocación de una piadosa aquiescencia que dispensara
amparo y santidad a sus funestos cultos sacrificiales.
Verle a él, vestido de serenidad,
un campeón de desgarbada sonrisa y vítrea, inválida mirada,
afirmando a cada momento que él no quedó loco,
que eran puras habladurías de la gente,
¿ podemos figurarnos mayor locura que ésta ?

Y al final ella, tan sola, tan apacible, tan ingenuamente dispuesta
para figurar como paloma mensajera del terror,
¿ cómo podía percatarse de que arrullaba en su seno
las demoledoras enseñas del hijo atrofiado
y vencido de la civilización ?

Ciertamente, los grandes hombres, los elegidos,
no fueron hechos para ponerse en la piel de los pequeños.


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El siguiente video fue tomado de YouTube, es un clip del documental de la BBC intitulado "BBC History of World War II: Hiroshima (2005)"; realizado en 2005. DVD disponible en Amazon.

http://www.youtube.com/watch?v=GYevZoMCC7A


El siguiente video presenta las crudezas del asesinato en masa. Si usted piensa o siente no estar capacitado para soportar el impacto de tales crueldades, no le recomendamos que lo vea. No aparece la fuente del autor.


jueves, 23 de agosto de 2007

Guarida de los poetas, Burroughs. Akhmatova, Borges, Stevens, Plath, García Lorca

Guarida de los poetas

Brindamos, en este retirado recoveco del mundo, un sencillo homenaje a la poesía, en las voces e imágenes de quienes le rinden o rindieron pleitesía. ¿Qué mejor homenaje a la poesía que el concederles la palabra a quienes son y han sido sus cultores? ¿Qué mejor homenaje que el mero gusto de la escucha, incluso a despecho de que no conozcamos la lengua madre del poema? Obviamente, es un homenaje limitado por el tiempo y el espacio. No podemos recuperar las voces de Safo o de Orfeo. Tenemos que contentarnos con aquella iluminada frase de Nietzsche: todos los griegos fueron Homero y, extrapolando, podremos decir: Homero somos todos sus lectores y, ¿por qué no? sus oidores. Toda poesía se canta, primeramente, en el lecho de nuestra intimidad. Toda poesía convoca a la escucha. Acaso ello justifique que, en aquellos casos en que distancia y fugacidad no nos permitan recuperar las voces de los poetas, hagamos las veces del poeta anónimo que, en algún modo, yace enquistado en todo pecho y, apelando a su voz, convoquemos las voces de los otros. En fin, pretendemos legar un testimonio, algo más cercano al vivir, que rinda homenaje a la poesía.

In vino veritas, el 23 de agosto de 2007, luego de una noche larga y relampagueante.
lacl

Thanksgiving Prayer By: William S. Burroughs

Nota: la posibilidad de enlazar el video fue retirada de youtube.
Abajo hemos colocado otro con la lectura del poema de Burroughs...


Anna Akhmatova, la musa
Abajo hemos colocado otro con la lectura del poema de Ajmátova ...

Jorge Luis Borges, Ajedrez

Abajo hemos colocado otro con la lectura del poema de Borges...

Wallace Stevens, The Snow Man



Sylvia Plath Reads 'Fever 103'



Federico García Lorca


Agrego otro enlace con el poema de Burroughs, ya que el que colocara inicialmente, fue dado de baja en youtube ... http://www.youtube.com/watch?v=sLSveRGmpIE

Y otro tanto hacemos con la lectura que Ana Ajmátova da a su "Musa" ...
http://www.youtube.com/watch?v=htW5XzUD24k https://www.youtube.com/watch?v=l1cwbvUGjFo

domingo, 12 de agosto de 2007

Letras Contra Letras - Ezra Pound, Juan Ramón Jiménez, Ledo Ivo


Letras Contra Letras

"Siempre hay alguna razón por la cual el hombre permanece más digno de ser conocido que sus libros" - Ezra Pound.

Abrimos esta sección de Letras contra Letras con una frase de Ezra Pound, entresacada de un pequeño libro titulado Patria mía, escrito por él en los primeros años del siglo XX y el cual apareció en forma de serie en la revista inglesa The New Age. Por supuesto, el blanco primordial hacia el que Pound apunta en su libro es el aspecto cultural de su patria de origen. Sin embargo, mucho de lo dicho por él allí es aplicable no sólo al “coloso del norte”, sino a otras naciones o zonas culturales de nuestro siglo; las supurantes llagas que se exponen entre sus páginas fueron tomando cuerpo desde los días de que data la aparición de su Patria Mía y laceran la piel ya no únicamente de los países más desarrollados del mundo, sino la de conjuntos culturales complejos, como los del lejano oriente o la de las denominadas “naciones en sub-desarrollo”. ¿Quién se atreverá a negar que algunos países de las más diversas regiones no desviaran sus ojos hacia la patria de Abraham Lincoln, tentados por su pujante progreso? ¿Quién podrá negar que los valores de la ciega tecnocracia moderna, derivados -a su vez- de la revolución industrial del hemisferio occidental, fueran tomando cuerpo en regiones asiáticas o en los centros de poder de naciones atrasadas, a despecho de cultos ancestrales?

Aquello que primero fue adopción y luego empecinado culto de un catequismo basado en la preeminencia de valores crematísticos sobre las interrogantes del espíritu y en las prerrogativas de un utópico progreso material sobre toda ética y estética de vida, no fue más que una estafa al ser humano; se le machacó hasta el cansancio, al común mortal, el sofisma de que el espíritu de competencia era un deber que todos deberían predicar, sembrar y cosechar. Visto a la luz del devenir de la civilización moderna, podríamos decir que quizás a Pound se le va un poco la mano con su patria de origen. Pues si bien es cierto que en su suelo germinó la insufrible moralina de Benjamín Franklin, que allí fueron justificadas innumerables iniquidades y consumadas inmolaciones como las de los mártires de Chicago (acto de barbarie sobre el que poca gente repara cada primero de Mayo), también debemos recordar que dio cobijo a almas como las de Whitman, Dickinson, Thoreau, Emerson y Melville.

Pero ¿quién que haya sido seducido o asaltado por la divina poesía no ha sentido en su pecho los estragos del exilio? El destierro se lleva en el alma cuando un hombre no puede conformarse con vivir su propia vida sin buscar un derrotero de luz a los desatinos que imponen las masas sobre los individuos; y carga en su pecho el destierro cuando no puede cerrar sus ojos ante los desafueros de un poder reiteradamente intransigente y deshumanizado sobre indefensos ciudadanos; lo padece y lo sufre aquel que ha sido citado por las señales del cielo. Así que poco añade el que ese hombre sea expatriado de su terruño.

Las frases de Pound destilan una sagaz ironía, de una ferocidad quisquillosa. Hoy reproducimos una página del mencionado ensayo en la que se demuestra cómo una simple anécdota puede servir de trampolín para la crítica mordaz; también tomamos algunas frases entresacadas del mismo libro, las cuales se mantienen por sí solas y de las que alguna que otra podría muy bien aparecer en calidad de graffitti, en cualquier muro de nuestras maltrechas ciudades.

lacl

I. En Nueva York conocí a un hombre. Tiene más de treinta años y nunca tuvo tiempo para "instruirse". Algunos de sus versos me gustaron. Le dije: "dame algunos más y los haré publicar en Londres."
Descubrí el resto de su obra, poema tras poema, malogrado. Le dije: "¿Por qué haces esto?" Me dijo: "Me dijeron que lo haga." Yo dije: "¿Por qué has malogrado esta cadencia, utilizando esta idiotizante inversión para mantener un ritmo gastado que ya nadie soporta?"
La misma respuesta. Dije: "¿Por qué dices cosas que no quieres decir con el único fin de obtener más rimas de las necesarias?" Dijo: "Me dijeron que si no lo hacía incurriría en pobreza de rima."
Luego me leyó el coro de una obra teatral -con un movimiento espléndido- La forma lo atravesaba y le pertenecía. Y yo dije: "¡Madre de Dios! ¿Por qué no haces ese tipo de cosas todo el tiempo?" Y él me dijo: "!Ah! No sabía que eso fuera poesía. Sólo me puse a escribir lo que quise - tal como lo sentí."
Y, por supuesto, la manera de obtener lo que llaman 'éxito' es concediendo. Concediendo a fórmulas, y a fórmulas que no se basan en un conocimiento o una preocupación por el arte. Por ejemplo: en un estudio de Londres fui efusivamente asaltado por una dama. Se me aproximó con la apropiada humildad, deseaba saber si estaba dispuesto a colaborar con su revista, o si yo miraba con desprecio todo lo que fuera norteamericano.
Entonces les envié un ejercicio gramatical, escrupulosamente correcto, confesamente tomado de la antología griega.
Y me escribieron afirmándome que estaban deleitados, y me pagaron de acuerdo a su sentimiento, informándome que un venerable miembro de la Academia Norteamericana (para ser exactos, el señor Howells) había dado al poema su complacida aprobación. Entonces les envié un verdadero poema, un poema moderno que contenía la palabra uxorious (1.); me contestaron diciéndome que utilizaba la letra "f" tres veces en la primera línea, y que ello era muy difícil de pronunciar, y que era posible que yo hubiera olvidado que en cierta ocasión Tennyson condenó el empleo de cuatro "s" en cierta línea.
Y ahí lo tienen. Los ejercicios gramaticales pueden dar dinero. También hay un mercado para el optimismo. Toda cosa agradable y embutida en calzas simétricas encontrará un comprador.
Ni una sola vez formula el editor la única pregunta que tiene derecho a hacerse el crítico al valorar una obra de arte, a saber: ¿Es este hombre un artista serio?
¿Presenta esta obra de manera efectiva aquello que el artista quiso que presentara?
¿La forma se adapta ceñidamente al tema?
No existe ningún interés por el arte de la poesía, un arte vivo, un arte que cambia y se desarrolla manteniéndose radicalmente igual, alterando constantemente su apariencia durante las últimas dos décadas.

II. El monarca egipcio despreciaba al esclavo individual tan efectivamente como el norteamericano desprecia el dólar individual.

III. Acorralen a un norteamericano frente a cualquier problema fundamental, y obtendrán, con su último respiro, una cita.

IV. Es sorprendente observar que los Estados Unidos aceptaron a Whitman únicamente después de que hubo sido presentado por William Michael Rossetti (2.) y ni un minuto antes.

V. Whitman instaló el timbre de la nación. Tal vez no se le necesite en el hogar. Su tónico está en el aire. Pero si uno se encuentra en el extranjero, si uno comienza a olvidar, a perder la fe, a verse rodeado por detractores, en Whitman uno puede hallar apoyo. Whitman paga la fianza de la nación.

VI. Es natural que la biblioteca no pueda estar en mejores condiciones que las mentes de su junta directiva.

VII. Cuando un hombre ha realizado su tarea, buena o no, se le puede aplicar cloroformo o entregar una pensión. Uno demuestra mayor bondad alimentándolo. Uno fomenta el respeto por sí mismo si lo alimenta. Pero uno no está haciendo nada por promover despertares y liberaciones. Si la intención es promover las artes, uno no puede contentarse con subsidiar al hombre que aún tiene trabajo por hacer, sino que también debe reunir las partículas dinámicas; uno debe preocuparse de que interactúen, y de que se estimulen mutuamente.

VIII. A menudo el millonario puede ser útil para patrocinar y acelerar un renacimiento. Su función, como la de todo aristócrata, es la de morir y dejar regalos. Tiene que morir; nada le cuesta entonces dejar regalos, a menos que quiera ver su tumba escupida, y su recuerdo alimentado únicamente por sus iniquidades.

Notas:
1.) Uxurious, (latín) el que está embelesado por su mujer y es muy condescendiente con ella; gurrumino.
2.) William Michael Rossetti: Escritor inglés, hermano de Dante Gabriel Rossetti y defensor, como éste del movimiento prerrafaelista.

Patria Mía, Ezra Pound, Tusquets Editores, Traducción de Mirko Lauer.
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Ezra Pound - The Cantos - Canto I, read by the poet. "The Cantos," Pound's epic, opens with Odysseus and his crew setting sail for the Land of the Dead.
Es cortesía del usuario de youtube: MU51CB0X (https://www.youtube.com/user/MU51CB0X)

https://www.youtube.com/watch?v=2fUEYs3TsFA


Fragmentarias de Juan Ramón Jiménez

Como mencionamos en la página inicial de Letras contra Letras, es una de nuestras intenciones rescatar la idea fragmentaria, como uno de los modos de expresión más frecuentados por el escritor moderno, sea éste literato, poeta o filósofo (amén de cualquier otro título o categoría que se pueda endilgar a quienes se expresan por la palabra, apelativos muy del gusto de aquellos que se regodean en prodigar superfluas calificaciones, en esta era de técnicas y especializaciones). Los textos del número presente corresponden al, quizás, nunca muy bien ponderado Juan Ramón Jiménez, fino poeta y pensador, escritor incansable, andaluz inveterado (por fortuna), de quien su vasta obra aguarda todavía ser degustada, no a la manera en que lo haría un lector disciplinado, ése que lee más por un docto y voluntarioso afán competitivo, que por el disfrute mismo del diálogo íntimo y anónimo; pues, como diría el propio Juan Ramón:

“...   ¿Arte para todos? No, nunca; siempre para algunos. (Mejor, en último caso, para ninguno.) Pero para esos algunos que pueden estar, que están en cualquier parte; no entre las jentes llamadas cultas ni escogidas, no entre la llamada minoría precisamente.   ,,,”

El libro del que provienen los aforismos se titula Ideolojía, proyectado por el propio Jiménez, mas nunca terminado, debido a que lo sorprendió la muerte cuando se disponía a darle forma al conjunto de su obra, agrupando sus escritos bajo siete títulos: Ideolojía, Leyenda, Historia, Política, Carta Pública, Traducción y Complemento, todos ellos amparados por un título mayor: Metamórfosis (así acentuaba la palabra J.J.R., a la griega, tal como señala Antonio Sánchez Romeralo, quien ha dedicado más treinta años a la recopilación y edición de esa obra, según el proyecto de J.J.R. y quien publicó el volumen de versos Leyenda, en 1978).

Juan Ramón Jiménez fue un andaluz confeso, universal, como él mismo dice; tanto, que se rige por una particular ortografía, que él defendió a capa y espada, donde el sonido de la jota (j), plena y musical, asume el puesto de la ge (g), o el sonido de la ese (s) suplanta el de la equis (x). Ortega y Gasset, en un ensayo estupendo, titulado “Teoría de Andalucía”, nos habla de las virtudes y particularidades del pueblo andaluz; y lo hace con tal gusto que, cualquier sano lector desearía de inmediato ser andaluz. Compara la cultura andaluza con la china, señalando que se cuentan entre las más antiguas del mundo y habla del particular tono del alma andaluza, tema que no podemos abordar aquí (quizás lo hagamos más adelante, dándole espacio a la copla popular andaluza). Yo por mi parte bromeo, de vez en cuando, presentándome como andaluz venezolano; y lo hago porque no dudo del bagaje andaluz que subyace en nuestra singular idiosincrasia, aunque nos esmeremos por parecernos a pueblos menos divertidos y dramáticos, pero sí más exitosos, al menos, en lo que respecta a la obtención y usufructo de bienes materiales.

Incluiremos en este número dos breves poemas de J.J.R., que tienen un aire con la breve poesía china. No nos extenderemos en aspectos biográficos de su vida, a despecho de la conducta despótica que, al parecer, dispensaba sobre su esposa. Hay quienes dicen que su verdadera esposa fue su obra. Si hacemos alusión a esta mácula en su hoja de vida es porque deseamos contrastarla con aquello que postula la frase de Ezra Pound con la que abrimos este número de Letras Contra Letras y en la que no duda en conferir preeminencia a la sencillez del ser humano antes que al producto de su intelecto. En aras del balance que reclama todo postulado, deseamos contrastar lo expresado por Pound con aquel dicho popular que declara que “nada resulta menos poético que conocer a un poeta” o aquella sentencia de otro grande de la poesía, John Keats: “…El poeta no posee ningún atributo invariable; ciertamente es la menos poética de todas las criaturas de Dios…” El abanico de posibilidades que se abre, en el campo de la ética del individuo, ante el contraste de estos postulados es prácticamente inmensurable. Jamás he condenado la obra que vino en soporte de mi alma. Pero, francamente, no pocas veces me he quedado anonadado al constatar que algunas obras no siempre han sido fiel reflejo de la peculiaridad humana que las creó. Acaso el escribir sea un acto de expiación.

lacl




IDEOLOJIA
Tres Categorías.
Los que estiman lo malo.
Los que estiman lo bueno.
Los que estiman lo que parece bueno.
Esta es la peor categoría porque está compuesta de jentes
que pretenden tener un sentido estético.

Cantemos nuestro cuerpo desnudo y nuestra alma libre,
y no envejecerá el canto –ni lo cantado.

Donde quiera que la jente se esté riendo, tened la seguridad
de que hay algo que llorar.

La descripción prolija es completamente inútil. ¡Oh, una frase corta espiritual única, que lo evoque todo sin decirlo! El verdadero arte no debe mostrar, sino evocar. Y como en nuestra mente de viajeros eternos de la vida y del ideal no hay nada definido, la evocación hará surgir enjambres pintorescos, llenos de la verdadera virtud de realidad, confusos y bellos, como la vida.
Tan bien la idea en su verso como un alma que se sintiera a gusto en su cuerpo.

¿Quién es ese que siempre se alegra aquí dentro de nuestros fracasos espirituales?

Cada mañana, al despertar, me arruino.

El poeta es, ante todo, responsable.

Hay que tener en cuenta, para los actos sensuales de la vida, que el paisaje en que se está nunca es el paisaje que se ve.

Es inútil trazarse una senda; el pensamiento es flor del día.

Lo espresado sigue tan nuevo como lo no espresado.

La única perfección perfecta es la perfección subconciente del espíritu vijilante.

En toda la copla andaluza, domina el ¡ay! ¿Cómo yo, andaluz, no he de tenerlo?

¡Qué gozo poder entrar, haber merecido por tanta belleza escrita, entrar en el “Reino último” de la poesía no escrita.

Juan Ramón Jiménez, Ideolojía, Editorial Anthropos, 1990, 1ª. Edición, Barcelona.

POEMAS


PATRIA


¿De dónde es una hoja
transparente de sol?
-¿De dónde es una frente
que piensa, un corazón que ansía?-
¿De dónde es un raudal
que canta?


EL RECUERDO

El río pasa por debajo
de mi alma, socavándome.
Apenas me mantengo
en mí. No me sostiene
el cielo. Las estrellas
me engañan; no, no están
arriba, sino abajo, allá en el fondo...

¿Soy? ¡Seré!
Seré, hecho onda
del río del recuerdo...

¡Contigo, agua corriente!

Juan Ramón Jiménez, Libros de Poesía, Editorial Aguilar, 1957, Madrid.

Mircroespacio titulado café con libros dentro del programa Contresentidos de la televisión asturiana.









La Noche Misteriosa de Ledo Ivo

Incluimos seis textos del libro La Noche Misteriosa, del poeta brasileño Ledo Ivo, el primero de ellos es el que abre el libro y puede ser tomado como un insinuante y revelador ejemplo de Ars Poética; la traducción se la debemos al escritor Claudio Carvacho, poeta chileno que no gusta de aparecer en público. Gracias Claudio.

La visita de la Noche (ars poética)
Ledo Ivo

La noche es misteriosa. En el horizonte de los cuerpos extendidos, los sueños se levantan como pájaros. Los sopores alteran el dibujo riguroso de las constelaciones. Insectos salidos de las profundidades de la tierra y de las florestas que perturban el silencio planetario. Luces diseminadas celan el insomnio de criaturas perseguidas por terrores y obsesiones. El desecho de los amantes se une al rumor de las lluvias inesperadas. Emisario de la herrumbre y las averías que anticipan la destrucción y la muerte, el viento agrede las casas y los jardines y, en la oscuridad de los cuartos, los muebles y objetos absorben la memoria del mundo.
Inserta en el orden del universo, siendo el principio y el fin, la Noche no se rinde a la rutina de la vida. En este territorio propicio a los litigios y sortilegios, y que habla un idioma extranjero, el poeta se siente dividido e innumerable. Soñando y viéndose soñar, al mismo tiempo despierto y dormido, él vaga en la frontera donde sueño y vigilia se confabulan para saquear la agresión dejada por el día, que es la gran guarnición de los hombres. Yo y otro, voz de sí mismo y de los que no tienen voz, el poeta se interroga y se responde; y, visitante de la Noche, es visitado por algo o alguien habituado a atravesar puertas cerradas.

La última vez

En la iglesia se abre de nuevo el ataúd
y los presentes vuelven a contemplar
el rostro del difunto.
Oh, muerte, ¿dónde está tu victoria?
Toda sepultura es una cuna en el suelo del universo.
Como la brisa que acaricia la hierba
fuiste apenas un instante. Nadie te encontrará
cuando vuelvas a renacer entre las estrellas.

La moneda perdida

En mi sueño encuentro la moneda perdida.
Estaba guardada en el fondo del océano,
en la gruta del coral que los náufragos no alcanzan,
en el territorio puro donde no llega la muerte.

Y cuando despierto estoy mudo como los peces.
Mi tierra es igual a la del mar, tiene la pureza
del agua.
Todas las palabras son monedas perdidas.

El fusil

La muerte se deshizo del fusil oxidado
que, en la pared de la barraca, apunta
hacia la sombra lunar, coito de los animales
que jamás verán nuestro encuentro.

Un pie quedó enganchado en el estribo
y el caballo estrellado relinchó
antes de partir al galope
arrastrando el cuerpo ensangrentado...
La cobra se escurrió entre las piedras.
El viento expandió la pluma y el pelaje
que, junto al fuego, sobrarán de la caza.
Y -en el fin del día, en el fin de la noche-
la herrumbre llegó y fue celando
la boca que hablaba en nombre de la muerte.

Advertencia a un gavilán

El gavilán sobrevuela
la plantación de tomates.
Mi hermano el gavilán,
yo no acepto la muerte.
En la repartición del mundo
no estaré a tu lado.
Jamás admitiré
la usurpación del día.
Sólo sé alinearme
en el cortejo de la vida.
Mi camino me lleva
a la floresta donde fluyen
las fuentes escondidas.
Aun lejano adivino
un árbol que tenga
frescura de fruto o nido.
¡Gavilán! ¡Gavilán!
embajador del no,
el cielo no puede ser
sepultura de pájaros.

Postal de una batalla

Es aquí, en esta cama, que la guerra comienza.
Luchan los dos guerreros
en un campo de lienzos.
¿Cómo separar frente y costado
si todo amor es un espejo?
El obelisco rosáceo y el negro se igualan exhaustos
en la plaza cuadriculada.
Dentro del día, la noche no distingue
macho o hembra. Y la boca se convierte en gruta
en la selva clara donde dos animales
se muerden y se lamen.

Ledo Ivo (Alagoas, Brasil, 1924). Uno de los más importantes poetas vivos de su país. Perteneció, junto a Joao Cabral de Melo Neto, a la Generación del 45; ésta se caracterizó por el uso de formas poéticas que buscaban el entronque con la tradición anterior a la expresión vanguardista del Modernismo brasileño. Escritor prolífico, ha incursionado en el ensayo, la narrativa, la traducción (Dostoiévski, Rimbaud), teniendo en su haber una veintena de libros de poesía, entre ellos: Las imaginaciones (1944), Cántico (1951), Estación central (1964), Finisterra (1972), Crepúsculo civil (1990), Corral de peces (1995). Las versiones fueron hechas, como ya hemos dicho, por el poeta chileno Claudio Carvacho, la selección corresponde al libro La noche misteriosa, 1982.








Los pobres en la estación de autobuses, leído por Ledo Ivo