viernes, 31 de julio de 2015

Tres estampas para el demiurgo del tiempo...



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Tres estampas de la pasada semana, la misma noche en que cayera enfermo…

1

Yo no siento la vida en años,
la siento en pulsos
Pero son pulsos silentes
que nada saben de un reloj
Para ellos el tiempo
repta y suspira
entre las horas
como un rumor que no se mueve

2

Cuando el tiempo
sea un clamor
que todo arrastra
y te veas desvalido
de sosiego,
cabe sospechar
que es tu tahúr
quien ha copado
la escena.

3

¿Cierras los ojos y se desvanece el tiempo
o cierras los ojos para seguir encadenado?
Piensa en eso toda vez
que te asalte un sobresalto.
 
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lacl (22 / 07 /2015)

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Las fotos son de esa tarde, captadas con un celular...

lunes, 13 de julio de 2015

Sibelius - Junta de violines



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Otra de esas extrañas y hermosas piezas que han acompasado los días desde mi juventud. Con uno de los finales, a mi juicio, más sorprendentes y arrobadores en la historia de la música... Ese final siempre me ha llevado a pensar, estremecedoramente, en el silencio; en su necesidad y en su disfrute.

Por supuesto, la música, la voz, el murmullo, los sonidos de la naturaleza están allí para ayudarnos a hacer ese ajuste de cuentas con la bulla. El silencio se aprecia mejor luego del decir que ha tocado fibras…

Al final de esta sinfonía de Sibelius, no provoca ni aplaudir, luego de que en el aire queda el eco de los vientos acariciados por la junta violines...

Va en ofrenda: https://www.youtube.com/watch?v=dfwLm1rW14Q 



viernes, 10 de julio de 2015

Un sueño de esclavos




En resumidas cuentas, en la modernidad ha sido Nietzsche uno de los pioneros en resaltar que la “dignidad del trabajo…es un sueño de esclavos”, pronosticando con una centuria de antelación lo que tan donosa y patentemente nos ha legado el filósofo Josef Pieper en sus pensamientos sobre un asunto que él mismo ha calificado como “el mundo totalitario del trabajo”. 

En nuestro patio, uno de los pocos, si no el único, que ha rozado la cuestión con indudable nobleza ha sido el maestro Cadenas. Y nos adelantamos a decir que si le nominamos maestro no es en actitud de pulir vanaglorias, algo que al querido profesor debe parecerle gesto fútil, sino por destacar esa abnegada labor pedagógica que, aunada a su labor del intelecto -trabajo del espíritu-, ha transmitido tanto en las aulas como en su obra ensayística, especialmente en el apreciado tomo “En torno al lenguaje”, libro que inicialmente fuera editado en las prensas de la Universidad Central de Venezuela y que, por fortuna, ha contado, con varias reediciones.


A él debemos, pues, la introducción del pensamiento de Pieper en nuestros corros. Claro que, poeta al fin (aunque a él no le simpaticen títulos), se ha señoreado más en sutilezas tales como lo que modernamente ha sido el descarado rechazo de un bien que antaño llamáramos ocio (amén de su intrínseca relación con la contemplación espiritual), que en las desfavorables implicaciones sociales que sobre la humanidad ha forjado tal rechazo. Y uno agradece que haya ido a la sustancia -aunque sin olvidar el ramaje-, pues intuimos que no hay posibilidades de un efectivo cambio, para mejor, en las costumbres del ser humano, si no se comienza desde adentro hacia afuera, esto es, desde lo pequeño a lo grande, desde el individuo a lo colectivo.

Dejemos en este punto estas consideraciones para colar una breve anotación de Nietzsche que es todo un tratado respecto a los asuntos que versan sobre trabajo y ocio y lo que veladamente se debate en tales antinomias: la intrínseca necesidad respiratoria que alienta en todo espíritu y el sostenido intento de los temporales poderes humanos en rechazar bienes como éste, que no por ser intangibles, dejan de ser connaturales a nuestro diario vivir.

 “Los griegos piensan del trabajo lo mismo que nosotros de la procreación. Ambas cosas son consideradas indignas, aunque nadie declarará que el resultado de ellas sea deshonroso. La “dignidad del trabajo” es una moderna representación ilusoria que pertenece a la clase de los más idiotas. Es un sueño de esclavos. Todos se afanan mucho por continuar vegetando miserablemente. Y ¿debe ser “absolutamente digna” la devoradora necesidad de vivir que se llama trabajo?  En ese caso, la misma existencia debe ser algo digno.

          Sólo el trabajo que es hecho por un sujeto libre está colmado de dignidad. Por consiguiente, una existencia justificada y libre de preocupaciones pertenece al verdadero trabajo cultural. Por el contrario, la esclavitud pertenece a la esencia de una cultura.”

Lo ha legado Nietzsche en sus fragmentos póstumos, y ha sido recogido en los “Fragmentos póstumos sobre política”. Editorial Trotta, Madrid, 2004.

Dejo aquí señas de otro enlace en el que divagamos, literalmente, sobre estos asuntos:



miércoles, 8 de julio de 2015

Este pan que yo parto fue alguna vez avena... Dylan Thomas.





Un canto que ha acompañado mi vida desde la primera vez que lo escuché.


Este pan que yo parto fue alguna vez avena...

Este pan que yo parto fue alguna vez avena,
este vino en un árbol extranjero
se zambulló en su fruta;
durante el día el hombre y por la noche el viento
segaron las cosechas, rompieron el gozo de la uva.

Alguna vez, en este vino, la sangre del verano
golpeteaba en la carne que vestía la viña,
un día en este pan
la avena al viento era alegría,
el hombre rompió el sol, abatió el viento.

Esta carne que partes, esta sangre a la que dejas
sembrar desolación entre las venas
fueron avena y uva
nacieron de la raíz sensual y de la savia;
mi vino que te bebes, el pan que me arrebatas.

(Traducción de Elizabeth Azcona Cranwell)




This bread I break was once the oat,
This wine upon a foreign tree
Plunged in its fruit;
Man in the day or wind at night
Laid the crops low, broke the grape's joy.

Once in this time wine the summer blood
Knocked in the flesh that decked the vine,
Once in this bread
The oat was merry in the wind;
Man broke the sun, pulled the wind down.

This flesh you break, this blood you let
Make desolation in the vein,
Were oat and grape
Born of the sensual root and sap;
My wine you drink, my bread you snap.

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