viernes, 10 de julio de 2015

Un sueño de esclavos




En resumidas cuentas, en la modernidad ha sido Nietzsche uno de los pioneros en resaltar que la “dignidad del trabajo…es un sueño de esclavos”, pronosticando con una centuria de antelación lo que tan donosa y patentemente nos ha legado el filósofo Josef Pieper en sus pensamientos sobre un asunto que él mismo ha calificado como “el mundo totalitario del trabajo”. 

En nuestro patio, uno de los pocos, si no el único, que ha rozado la cuestión con indudable nobleza ha sido el maestro Cadenas. Y nos adelantamos a decir que si le nominamos maestro no es en actitud de pulir vanaglorias, algo que al querido profesor debe parecerle gesto fútil, sino por destacar esa abnegada labor pedagógica que, aunada a su labor del intelecto -trabajo del espíritu-, ha transmitido tanto en las aulas como en su obra ensayística, especialmente en el apreciado tomo “En torno al lenguaje”, libro que inicialmente fuera editado en las prensas de la Universidad Central de Venezuela y que, por fortuna, ha contado, con varias reediciones.


A él debemos, pues, la introducción del pensamiento de Pieper en nuestros corros. Claro que, poeta al fin (aunque a él no le simpaticen títulos), se ha señoreado más en sutilezas tales como lo que modernamente ha sido el descarado rechazo de un bien que antaño llamáramos ocio (amén de su intrínseca relación con la contemplación espiritual), que en las desfavorables implicaciones sociales que sobre la humanidad ha forjado tal rechazo. Y uno agradece que haya ido a la sustancia -aunque sin olvidar el ramaje-, pues intuimos que no hay posibilidades de un efectivo cambio, para mejor, en las costumbres del ser humano, si no se comienza desde adentro hacia afuera, esto es, desde lo pequeño a lo grande, desde el individuo a lo colectivo.

Dejemos en este punto estas consideraciones para colar una breve anotación de Nietzsche que es todo un tratado respecto a los asuntos que versan sobre trabajo y ocio y lo que veladamente se debate en tales antinomias: la intrínseca necesidad respiratoria que alienta en todo espíritu y el sostenido intento de los temporales poderes humanos en rechazar bienes como éste, que no por ser intangibles, dejan de ser connaturales a nuestro diario vivir.

 “Los griegos piensan del trabajo lo mismo que nosotros de la procreación. Ambas cosas son consideradas indignas, aunque nadie declarará que el resultado de ellas sea deshonroso. La “dignidad del trabajo” es una moderna representación ilusoria que pertenece a la clase de los más idiotas. Es un sueño de esclavos. Todos se afanan mucho por continuar vegetando miserablemente. Y ¿debe ser “absolutamente digna” la devoradora necesidad de vivir que se llama trabajo?  En ese caso, la misma existencia debe ser algo digno.

          Sólo el trabajo que es hecho por un sujeto libre está colmado de dignidad. Por consiguiente, una existencia justificada y libre de preocupaciones pertenece al verdadero trabajo cultural. Por el contrario, la esclavitud pertenece a la esencia de una cultura.”

Lo ha legado Nietzsche en sus fragmentos póstumos, y ha sido recogido en los “Fragmentos póstumos sobre política”. Editorial Trotta, Madrid, 2004.

Dejo aquí señas de otro enlace en el que divagamos, literalmente, sobre estos asuntos:



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