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lunes, 8 de junio de 2026

Rafael Cadenas: Me toca darle las gracias a la Casa de la Poesía. / Pentagrama: Paquito D'Rivera y otros: Homenaje a Antonio Lauro.

 © lacl

(Créditos a pie de página)


Tengo varios días con esta publicación pendiente en el borrador. No la he liberado antes porque deseaba colocar unas palabras de introito. Pero los tiempos han estado tan esquivos para con un servidor, que no he logrado capturar el reposo necesario para hilar algunas ideas que quisiera dejar expresadas como antelación a esta maravilla de declaración que hiciera Rafael Cadenas con motivo de su invitación a participar en la SEMANA DE LA POESÍA del año 2002, dentro de aquel ciclo que tan exitosamente se organizara por varios años bajo los auspicios de la Casa De La Poesía Pérez Bonalde y con las gestiones del poeta Santos López y su equipo. 
 
He de confesar algunos rasgos que considero repudiables de lo que podríamos calificar como mi fuero personal. Purismo y pudor han sido, a lo largo de mi vida, dos cargas que he tenido que sobrellevar, dos condiciones inmanentes de mi ser con las que he tenido que convivir, acaso no a la fuerza, sino por naturaleza, pues como que vinieron ya dictadas o prefiguradas. Esas dos condiciones, considero yo, han sido las principales responsables de cierto marginamiento que ha caracterizado a mi ser en lo que concierne al hecho cultural, cuando se trata de vivirlo en el ágora, el espacio público, esto es, de convivirlo.  He de aclarar que me encanta la greguería, la fiesta de los afectos, la camaradería. Pero eso es una cosa que generalmente suele acaecer en entornos de mayor intimidad que los del ágora de una ciudad. Lo cierto es que ese purismo y ese pudor se presentaron aquel día en que me acerqué, ya un poco tarde, al evento en homenaje a la poesía como bien dijo Cadenas, aunque estaba organizado en homenaje al trazo en el que se casan su vida y su obra. Así que, apenas al entrar, me sentí como aquella cucaracha, la del baile de gallinas, el evento ya había comenzado, música y letra, luces, escena, y yo sintiéndome como un redivivo George Samsa. De nada sirve el más fervoroso y fiel amor a un culto como el de la poesía cuando portas alma de extranjero. Así que, como un polizón sin máscara, aproveché la oscuridad de la sala para regresar al incandescente afuera; incandescente, pero pletórico de aire. Extrañeza y extravío no suelen estar tan descaminados de los pasos de quien sufre el padecimiento del pudor o los ingobernables rigores del purismo. En fin, me dije, bastante lo has leído, bastante le has escuchado; ese espacio colmado de almas no es el tuyo en este momento, acaso en otro momento puedas nadar a placer en una escena como esa, cual un lazarillo que, nacido en el Tormes, luego navega por todos los ríos y afluentes de la vida. 

Cuando hace unas semanas o días, ya no sé, me topé con las palabras que Cadenas escribiera para ese encuentro, me sentí nuevamente agradecido de haber sido uno de sus discípulos, pues sus sopesadas palabras cumplen, en nuestro inconsciente murmullo de disgregada muchedumbre, las funciones del vigía y del sereno, y acaso las de un despertador que no requiere de timbres ni de alarmas, sino tan sólo de un verbo pausado y sopesado, como decíamos, para versar sobre las más distintas cuestiones que, en ocasiones, los inopinados caminantes no relacionamos como asuntos cercanos y propios de la poesía. Cadenas es rematadamente poeta, una de los nuestras voces más acendradas en el alma colectiva, pero precisamente porque es poeta, puede tomar el derrotero que le lleva a cavilar con nosotros sobre guerra,  poder o utopía. Con los años (y eso es algo que ha ido acrecentándose en los últimos lustros) Cadenas ha pasado a ser una voz que representa la búsqueda de un equilibrio social y de una probidad que han dejado de lado y al soslayo aquellos que dicen obrar en pro de las mayorías. Las voces de los poetas y de los humanistas, en general, suelen ser aquellas que realmente tocan a la nuez del colectivo. Y no necesitan, para ello, hacer ruido. Cumplen funciones que los políticos (tal como en su inmensa mayoría entienden hoy la política) vulgarmente desprecian. Cuando Cadenas decía, en las palabras finales de esta alocución, que Venezuela es un país democrático, se refería -como seguramente se referirá hoy- al talante interior de la mayor parte de quienes nacimos, vivimos y morimos dentro o fuera de esta hermosa Tierra de Gracia. Sin más, les dejo con esta apuesta de servir a la poesía cuando se tiene suerte. 

Salud, lacl
15/06/2026
 
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El Universal

08/04/2020 12:15 pm (republicación)

Me toca darle las gracias a la Casa de la Poesía (2002) por dedicarme su ya muy conocida semana, un honor que he aceptado con sencillez, como se recibe un regalo, pero consciente de la exigencia que entraña, y sin correr el riesgo de preguntarme si lo merecía o no. 

El homenaje —esta palabra me turba, pero me parece inevitable— es más bien a la poesía y se lo hacen los poetas invitados. 

En Venezuela hay bastantes poetas que merecen estar en este sitio que hoy ocupo, por ser verdaderos maestros de poesía, pero el azar me ha puesto aquí y no quise eludirlo. 

Por fortuna, sé quedarme en tierra, con mis límites a la vista y sin riesgo de inflación, pues hace tiempo, en mi adolescencia, aprendí de un colombiano que uno debía ser “humilde, humilde, humilde, porque no es nada una llamita al viento”, aunque humilde, en rigor, es quien ni tiene conciencia de serlo. 

A pesar de haber escrito un libro en defensa de nuestro idioma, soy un pobre verbal. Me faltan las palabras. Tienen la costumbre de perdérseme. Les gusta dejarme solo. Seguramente, pienso, me cobran los años de abandono en que las tuve por buscar codiciosamente la realidad. Hoy me parece que no hay nada que buscar y que tal vez sólo se trate de sentir la vida en nosotros. La vida, lo desconocido, el misterio, la naturaleza, el ser, el Tao, el Self o como quiera llamarse eso que no tiene nombre y sobre lo cual nada se puede decir. Aunque la poesía está cerca de ese ámbito infranqueable, apenas le es dable apuntar en tal dirección. Es su legítima vecindad, y su otro costado da a la zona propiamente humana. 

Poetas sin una metafísica son sólo señoritos que hacen versos, decía Antonio Machado. Después de Heidegger, la metafísica está de capa caída. En el fondo, lo que el poeta español les pide es que tengan una concepción trascendente del mundo. Yo siempre evito la palabra metafísica porque ella intenta vanamente hablar de lo que no se puede, utilizando el pensamiento, que no da para tanto, si bien es el único instrumento que tenemos. De los grandes poetas se puede desprender toda una filosofía. 

Yo no voy a hablar de poesía en este momento. Tenemos toda la semana para hacerlo, pero sí quisiera decir unas palabras sobre algo que me preocupa sobremanera, aunque en este acto puede parecer fuera de lugar. Me refiero a la guerra cuya actualidad es permanente porque sus apariciones son constantes. Sólo cambia de país; hoy escoge uno, mañana otro, sin que sea posible saciarla; sí, una de las ocupaciones a que se dedican con más entusiasmo los seres humanos es la de matarse entre sí. Thanatos no descansa, Ares lo mantiene constantemente ocupado. El sonido que más obstinadamente se oye a través de la historia —dice Arthur Koestler en su ensayo La explosión cerebral—es el de los tambores de guerra. “Guerras tribales, guerras religiosas, guerras civiles, guerras entre dinastías, guerras nacionales, guerras revolucionarias, guerras coloniales, guerras de conquista y liberación, guerras para prevenir y finalizar todas las guerras”. Es decir, increíble abuso de lenguaje, guerras por la paz. 

Sigue diciendo Koestler que estos “desastres en la historia del hombre se deben a su excesiva capacidad y urgencia de identificarse con una tribu, nación, iglesia o causa y abogar por su credo emocionalmente, sin crítica (...) así somos llevados a la poco novedosa conclusión de que el problema de nuestra especie no es de un exceso de agresión, sino de una excesiva capacidad de fanática devoción”. Habría que matizar el enfoque de Koestler. No todo es oscuridad, pues si así fuera no habríamos sobrevivido. 

La poesía no escapa a la historia, pero está lejos de su horror, no así los poetas, muchos han sido sus víctimas. Stalin, pongamos por caso, acabó con un buen número de ellos. El horror por la historia se llama un libro de Juan Liscano, voz clamante e inoída de este país. Creo que tenemos derecho a avergonzarnos de la historia, pero sólo una minoría hace uso de él. A los más esa diosa los llena de orgullo. Sobre la nuestra les recomiendo el libro de Antonio Arráiz, Los días de la ira. Allí verán cómo en el siglo XIX los venezolanos se dedicaron con ahínco, casi a tiempo completo, a destruirse. Labor llevada a cabo, conviene recordarlo, por muchos de los héroes de la Independencia. 

Detrás de todo el desastre está el poder, y tras el poder nuestro querido ego. La poesía mora lejos del poder, que es malo, al decir de un suizo que sabía mucha historia, y acaso sólo siendo impersonal, puede zafarse del pacto diabólico de que habla Weber. También está la dama que hoy nos convoca lejos de fanatismos. Un poeta fanático sería tan absurdo, por ejemplo, como un psiquiatra fanático, y no es que esté equiparándolos, aunque según Nadezda Mandelstam, la poesía tiene poderes curativos. Lejos está asimismo de grandiosidades porque ellas alejan a la gente de su realidad básica extraviándola peligrosamente. 

Lejos de utopías, pues por impositivas, aunque con buena intención, suelen llevar a destructividades que no se preveían, ejemplarizando la horrible paradoja del bien que se trueca en mal. Lejos de nacionalismos porque, parafraseando a un socialista francés, llevan en sí la guerra “como la nube lleva la tormenta”. Lejos de ideologías que ponen barreras entre los hombres impidiéndoles que se den la mano, como quiere Salvador Pániker, por encima de lo simbólico “a un nivel más hondo y más real”. 

Pero sí le importa a la poesía, y mucho, la justicia, la libertad y la democracia, cuya finalidad acaso sea lograr que la aristocracia gobierne. No se alarmen. Aclaro: áristos son los más capaces, los más solventes en lo ético y pueden provenir de cualquier clase social, cualquier etnia, cualquier partido, cualquier país. Buscaremos a los mejores donde estén, he oído decir durante años a los presidentes, pero no lo hacen. Se limitan a su pequeña tribu. 

Hoy pienso que es mejor vivir desnudamente, siendo, con atención, wholeheartedly, que es algo así como dándose entero, con olvido de sí, en la luz del instante, lo más originario, y no halfheartedly, que significa con la mitad del corazón —me gustan estas palabras inglesas—, en suma, pareciéndose a la poesía que es muy interior, sin mostrarse “poéticos”, lo cual es ridículo. Los poetas casi nunca son poéticos, ni antipoéticos. Se ha de echar por la borda, suavemente, el lastre —prejuicios, pequeñeces, trabas—, nuestra amada neurosis, pero no toda, pues dicen que algo bueno tiene. Aunque noto que todo esto suena a voluntarismo, cuando se sabe que tales procesos se realizan en parte a espaldas del ego y a veces contra él. 

Hace años una poeta muy querida me hizo en una entrevista la pregunta que ya es cuasi ritual de para qué sirve la poesía, pregunta que por reiterativa nos lleva a sospechar que se trata de un quehacer enigmático, puesto que siempre está indagándose su función. Yo le contesté: “A la poesía se le sirve más bien, cuando hay suerte”. Y sus servidores son los poetas. A través de ellos hace su aparición. En ocasiones se quita su traje y se viste de prosa, entonces es ésta la que le sirve de portadora, y asoma en la novela, en el cuento, en el ensayo. Los autores le dan forma y pasa a vivir en los lectores que la recrean. Al hacerlo, en cierto modo son también poetas. A veces se ausenta y hay que salir a buscarla; esto puede ocurrirle a un poeta o a una época en un país. Ella es como una gran construcción creada por todos los poetas, y me parece inseparable del trabajo interior de cada uno de ellos. No la concibo separada de esa tarea. En tal sentido tiene un lado extraliterario. Machado, de nuevo Machado, la ve como un yunque de constante actividad espiritual, y también psíquica, podría agregarse. 

Pues bien, esta semana sus servidores estarán en contacto con ustedes y con nosotros. Sin duda, van a nutrirnos con sus lecturas y conversaciones. Ellos vienen de muchos países, lo cual nos dice que la poesía en esta época se ha vuelto más internacional que nunca, como lo es el mundo actual, en el que encaja muy bien nuestro país porque ha sido siempre muy abierto, muy amplio, muy universal, y seguirá siéndolo. La república de las letras se ha ensanchado hasta alcanzar la dimensión a que, por su espíritu, estaba llamada. 

Sólo me resta decirles a nuestros invitados que se sientan como en su casa, at home, con libertad para decir lo que quieran. Aquí no se controlan los espíritus, este es un país democrático, y pedirles también, por supuesto, que se olviden de mí. Vamos a festejar la poesía. Es ella la que va a ocupar la escena. Gracias.  

Rafael Cadenas


Verbigracia, N°8. Año V

Caracas, sábado 24 de noviembre de 2002

Imagen: Abril Mejías Romanhy



Pentagrama: Paquito D'Rivera y otros: Homenaje a Antonio Lauro.






Paquito D'Rivera's Vals Venezolano - Homenaje a Antonio Lauro (varias versiones) - Natalia por Paquito - Venezuelan Waltz, Natalia - Lauro - John Williams







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sábado, 6 de junio de 2026

Fragmentarias - Al rescate de la memoria, lacl / O Divine Redeemer!

 © lacl 




Un rescate de la memoria. 

(Esto fue si mal no recuerdo, hace 6 años... en 2020, lacl)

Por el asunto de los ancestros, me encuentro con esta brevedad escrita por Abril de 2020, en virtud de una familiaridad que, a su vez, publicara Zhivka Baltadzhieva 


.   .   .   .   . A Zhivka.


Que de la rama viene el brote 

y del brote se expande el fruto, 

que de su abrazo con la tierra

vienen los nuevos retoños. 

¿Cómo negar el ramaje 

o los ancestros?


(lacl)


*****""

La soberbia humana es la medida de todas las cosas, ello se desprende de la huella que dejan quienes aman ejercer liderazgos...


lacl, 5 de junio de 2019


*******

El tiempo anda trabajando, como un esclavo, para otros reyes, todos impostores. 


lacl, junio, 2021

***

O Divine Redeemer
 
(Charles Gounod)


Ah! Turn me not away,
Receive me tho' unworthy;
Hear Thou my cry,
Behold, Lord, my distress!
Answer me from thy throne
Haste Thee, Lord to mine aid,
Thy pity shew in my deep anguish!
Let not the sword of vengeance smite me,
Though righteous thine anger,
O Lord! Shield me in danger, O regard me!
On Thee, Lord, alone will I call.

O Divine Redeemer! O Divine Redeemer!
I pray Thee, grant me pardon,
and remember not, remember not my sins!
Forgive me, O Divine Redeemer!
Night gathers round my soul;
Fearful, I cry to Thee;
Come to mine aid, O Lord!
Haste Thee, Lord, haste to help me!
Hear my cry! Save me Lord in Thy mercy;
Come and save me O Lord
Save, in the day of retribution,
From Death shield Thou me, O my God!
O Divine Redeemer, have mercy!
Help me, my Saviour


Amazing Grace (Sidney Poitier Tribute) - 
1995 Kennedy Center Honors

Hay que contemplar el rostro de Sidney Poitier...


Panis Angelicus

Y otra incomparable interpretación... 




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domingo, 31 de mayo de 2026

Volviendo a César con su piedra negra sobre su piedra blanca, en el plexo de su corazón, lacl / Guarda de los poetas: Cardo o ceniza - Verrà la morte e avrà i tuoi occhi

 © lacl 

Acaso la única imagen fotográfica de César sonriendo...

A César Vallejo se le suele asociar con nostalgia y pena. 
Pero César Vallejo fue, en realidad, poeta de la intensidad, de una sensibilidad humana a flor de piel, casi que de piel abierta, pudiéramos decir, si nos viéramos impelidos a calificarle de alguna manera. Y fue un poeta cabal, poeta de la revelación, antes que de la queja o el dolor, que no es igual. Que sus poemas o gran parte de ellos convocan la nostalgia es innegable. Pero valdría la pena recordar aquello que Hermann Hesse señaló como misión y condición inmanente al alma del poeta: la de convocar a la nostalgia con su arte. 
Voz de lo sencillo y de lo complejo a un tiempo mismo; sencillo en su voz que directa y, muchas veces, confesional, llega al oído del corazón; y complejo porque arduo e, incluso,  corajudo es versar, con la llanura de la más límpida franqueza, la desnudez del alma. 
Deseo dejar acá, en su honra, esta sucinta antología. 
Salud, lacl. 


XIII  (*)

(Pienso en tu sexo)


Pienso en tu sexo.

Simplificado el corazón, pienso en tu sexo,

ante el hijar maduro del día.

Palpo el botón de dicha, está en sazón.

Y muere un sentimiento antiguo

degenerado en seso.

 

Pienso en tu sexo, surco más prolífico

y armonioso que el vientre de la Sombra,

aunque la Muerte concibe y pare

de Dios mismo.

Oh Conciencia,

pienso, sí, en el bruto libre

que goza donde quiere, donde puede.

 

Oh, escándalo de miel de los crepúsculos.

Oh estruendo mudo.

 

Odumodneurtse!


(*) César Vallejo, de su libro Trilce.


XV (**) 

España, aparta de mí este cáliz


Niños del mundo,

si cae España —digo, es un decir—

si cae

del cielo abajo su antebrazo que asen,

en cabestro, dos láminas terrestres;

niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas!

¡qué temprano en el sol lo que os decía!

¡qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano!

qué viejo vuestro 2 en el cuaderno!


¡Niños del mundo, está

la madre España con su vientre a cuestas;

está nuestra maestra con sus férulas,

está madre y maestra,

cruz y madera, porque os dio la altura

vértigo y división y suma, niños;

está con ella, padres procesales!


Si cae —digo, es un decir— si cae

España, de la tierra para abajo,

niños ¡cómo vais a cesar de crecer!

¡cómo va a castigar el año al mes!

¡cómo van a quedarse en diez los dientes,

en palote el diptongo, la medalla en llanto!

¡Cómo va el corderillo a continuar

atado por la pata al gran tintero!

¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto

hasta la letra en que nació la pena!


Niños,

hijos de los guerreros, entre tanto,

bajad la voz, que España está ahora mismo repartiendo

la energía entre el reino animal,

las florecillas, los cometas y los hombres.

¡Bajad la voz, que está

con su rigor, que es grande, sin saber

qué hacer, y está en su mano

la calavera hablando y habla y habla,

la calavera, aquélla de la trenza;

la calavera, aquélla de la vida!


¡Bajad la voz, os digo;

bajad la voz, el canto de las sílabas, el llanto

de la materia y el rumor menor de las pirámides, y aún

el de las sienes que andan con dos piedras!

¡Bajad el aliento, y si

el antebrazo baja,

si las férulas suenan, si es la noche,

si el cielo cabe en dos limbos terrestres,

si hay ruido en el sonido de las puertas,

si tardo,

si no veis a nadie, si os asustan

los lápices sin punta, si la madre

España cae —digo, es un decir—

salid, niños del mundo; id a buscarla!…


(**) César Vallejo. Del libro España, aparta de mí este cáliz


Piedra negra sobre una piedra blanca (***)


Me moriré en París con aguacero,

un día del cual tengo ya el recuerdo.

Me moriré en París -y no me corro-

tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.

Jueves será, porque hoy, jueves, que proso

estos versos, los húmeros me he puesto

a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,

con todo mi camino, a verme solo.

César Vallejo ha muerto, le pegaban

todos sin que él les haga nada;

le daban duro con un palo y duro

también con una soga; son testigos

los días jueves y los huesos húmeros,

la soledad, la lluvia, los caminos…


(***) César Vallejo. Del libro póstumo, Poemas humanos. 



***

GUARIDA DE LOS POETAS

Chabuca Granda 



Granda - Cardo o ceniza




Cesare Pavese - Verrà la morte e avrà i tuoi occhi - Lee Vittorio Gassman



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sábado, 30 de mayo de 2026

Francisco Pedernal, lacl / GALERÍA DE ORFEO: EL CANTO DE LOS PAJAROS (EL CANT DELS OCELLS) - Lachrimae Caravaggio.

© lacl 


Francisco Pedernal. Los tiempos actuales han colmado la escena de abundante sordidez, pletórica de fango, rebosante de bajezas y cinismo; tanta es la sordidez que hasta nuestra natural cualidad de respirar al compás y en contrapunto de los aires de Madre Natura se siente como colmada de una ceniza asfixiante. Sin embargo, la naturaleza misma nos da otras enseñanzas por vía de sus llanos derroteros. Ayer apareció en el jardín este hermoso buhíto, lo más probable es que se haya caído de un nido, ya que en noches pasadas estuvimos escuchando los cantos de un búho mayor. Y como La Diosa Blanca es grande, hemos encontrado una especialista en mundo natural, quien se ha ofrecido al rescate, pues no queremos improvisar ni poner en riesgo esta vida que apenas levanta. Su hermoso plumaje nos recuerda a una piedra o incluso a una estructura en laberinto o una perfecta colmena toda hecha de plumas. Y me vino a la mente esa palabra para describirle o nombrarle por los momentos, Pedernal, dada la impresión de fortaleza que comparte su estampa a pesar de ser apenas un retoño de vida. Pedernal es como apellido y Francisco le ha puesto luego mi adorado tormento, quien no iba a permitir un nombre tan seco, la estética del alma siempre adelante. Lo cierto es que esta experiencia tiene un peso para la vida 100 mil millones de veces más denso y decisivo que los escarceos de los humanos amantes del poder, que en realidad no son otra cosa que humanos amantes de lo ajeno.

Salud, amigos.

lacl, 27 de mayo de 2026. 




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PAU CASALS - EL CANTO DE LOS PAJAROS (EL CANT DELS OCELLS)





Jordi Savall: Lachrimae Caravaggio (Hespèrion XXI)  

Nota bene al visitante: haga click en el subrayado dentro del recuadro y podrá degustar está maravilla en su red de origen, YouTube.


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viernes, 29 de mayo de 2026

Una perogrullada como propuesta, lacl / GALERÍA DE ORFEO Medieval Poems and Songs - Bache, bene venies.

 © lacl 



Soy de la opinión de que quienes desean ejercer funciones de responsabilidad social y colectiva deberían primero ser evaluados por un comité de ética. Claro que no es fácil instrumentar una idea como la que sugiero. Pues un comité de ética no puede estar formado por personas cuya probidad no esté comprobada con un margen de error que se acerque a la más mínima posibilidad de equivocación. 

Y esto viene al caso porque quienes se dedican a estas actividades suelen ser personas que lo único que adoran y persiguen es el poder y las prebendas que genera el mismo. Si una sociedad está gobernada por seres tales, natural es que muy buena parte del colectivo sea domeñable e inducida a amparar y adoptar los mismos métodos de quienes figuran como conductores de la polis. 

Si una sociedad puede ser administrada y conducida por personas que no coloquen las apetencias personales en el primerísimo primer plano de su existencia, sino que se conduzcan bajo un auto de fe plantado sobre el humanismo, el bien común y en espíritu y  labor de cooperación, natural es pensar que la imagen del espejo reflejado en la multitud sea algo muy distinto a la que reflejan hoy los taimados arlequines que lideran la arena de la política y colman los espacios de la actividad social en casi todos los recovecos del orbe. 

Parece algo difícil de lograr, porque la ambición es enfermiza y cobra visos de locura entre quienes persiguen el poder; quienes harán cualquier cosa que les ayude a seducir a la ciudadanía. Mientras que las personas que, de corazón, desean el bien común no suelen ser empecinados ni persiguen el protagonismo colectivo. 

Esta es una tarea en la que debería pensar toda persona, cada vez que se encuentre en la estricta intimidad de su hábitat, y nunca en la plaza pública atestada de personas que han perdido la capacidad de evaluar fríamente. Para nadie es un secreto que el ser humano que se encuentra en concentraciones multitudinarias pierde su entidad individual, se desdibuja en la mayor parte de los casos y es la masa la que se conduce, ya no por obra de un frío discernimiento, sino por la agitación y el estremecimiento de las pasiones que no han sido cernidas por el tamiz de la razón.

lacl, 28 de mayo de 2026. 

P. S. Luego de redactada la sencilla propuesta, me doy cuenta de haber expurgado del texto una añeja palabra que ha terminado por ser sinónimo de fango. A la palabra política y todo lo que se enmarca dentro de tal concepto, así como a todas las actividades que le son propias, la han enlodado quienes se afanan en obtener el poder a toda costa. 

lacl. 29 de mayo de 2026.


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GALERÍA DE ORFEO 
Medieval Poems and Songs - Bache, bene venies.  

Reproduzco el texto del enlace en youtube:

"Carmina Burana" literally means "Songs of Beunen". It is a collection of poems and songs in medieval Latin and Middle High German, found in the Benedictine abbey in Beunen, Upper Bavaria. The manuscript dates from about 1230. The songs fall into four groups: songs that have a moral or satirical intention, songs of spring and love, songs of drinking and gambling, and songs with a spiritual content. All exhibit the exuberance and bawdiness associated with Chaucer.




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martes, 26 de mayo de 2026

Pedro Páramo, 30 años. Un documento confesional del admirado Juan Rulfo / Pedro Páramo, en La voz de Juan Rulfo. / Juan Rulfo, fotografías

© lacl 



Son muchos los años que han corrido desde que leí esa obra invaluable. Más que una novela es una experiencia. Tuve la fortuna de participar en un seminario o lectura (ya no recuerdo bien) con la querida y gratísimamente recordada Michelle Ascensio. Entre los temas que serían de nuestra atención en el programa estaban Pedro Páramo (Rulfo) y Yerma (García Lorca). 

El curso exploraría algunos motivos cultuales relacionados con la muerte y el Inframundo, estructuras de parentesco y patrones culturales como el de la honra, o el tabú y la represión anímica de sentidos o impulsos connaturales como el Eros. 

No llegué a escribir en aquel momento ninguna palabra ensayística sobre Pedro Páramo. Tal fue la conmoción que me invadió, que lo único que pude escribir fueron bocetos de ensueño poético sobre las voces de Inframundo. No llegué a presentárselos a Michelle Ascensio, como sí un breve ensayo sobre Yerma y ciertos patrones conductuales en la estructura de parentesco, la represión del Eros y la libido. 

Pero lo cierto es que Pedro Páramo dejó una honda huella en mi psique, como creo que es natural que suceda en todo lector que se entregue, con tempo interior y actitud cordial, a su lectura. Acaso algún día me reencuentre con aquellas notas poéticas sobre las voces de Inframundo que generaron la lectura de Pedro Páramo, así como las enseñanzas de Michelle Ascensio y, si estoy en vena, compartirlas en este portal. 

Comentario aparte, deseo rescatar un recuerdo de cierta jugada o treta que Michelle tendió como celada con el candoroso estudiante que yo era. Al comentar y conversar sobre los ensayos presentados por los condiscípulos del curso, hizo alusión de cada uno de ellos, señalando algunas directrices sobre los temas que habíamos estado estudiando con ella. Dejó para el final su comentario sobre mi acercamiento a Yerma, y entre mis sonrojos y cierta aversión a hablar en público, me hizo pasar al estrado para que leyera mi trabajo. Estaban presentes mis queridas y por siempre admiradas María Fernanda Palacios y Hanni Ossott, lo que acrecentó un tanto mi angustia de tener que leer en voz alta el texto. Pero algo me hizo leer con cierta compostura y asentamiento, sin duda ello fue gracias a las palabras de introducción que Michelle expresó en referencia al breve ensayo. Son las palabras de un estudiante, eso sí, un estudiante enamorado de la labor que acometía. Algún día escribiré el porqué de aquella frase que he dicho en anteriores ocasiones, que yo aprendí a escribir hablando. Y ese aprendizaje se lo debo en grandísima medida a las tres damas mencionadas, María Fernanda, Michelle y Hanni...

Pasemos de inmediato a la lectura de ese hermoso texto escrito por Juan Rulfo en la ocasión de cumplirse tres décadas de la publicación de Pedro Páramo, obra sin igual, como he dicho al principio, que rebasa la conceptuación de obra maestra del boom latinoamericano. 

Salud, lacl

Michelle Ascensio 


María Fernanda Palacios en primer plano y, detrás suyo, Hanni Ossott
 
***
Pedro Páramo, 30 años.
Juan Rulfo 

"Mis amigos de la agencia EFE me recuerdan que “Pedro Páramo” cumple treinta años este mes de marzo. “Pedro Páramo” y “El llano en llamas” han caminado por el mundo no gracias a mí, sino a los lectores con quienes ahora deseo compartir mi experiencia. Nunca me imaginé el destino de esos libros. Los hice para que los leyeran dos o tres amigos o más bien por necesidad.

En 1933, cuando llegué a la ciudad de México, aún no tenía quince años. En la preparatoria no me revalidaron mis estudios de Guadalajara y sólo pude asistir como oyente. Viví al cuidado de un tío, el coronel Pérez Rulfo, en el Molino del Rey: escenario que fue de una batalla durante la invasión estadunidense de 1847 y hoy es cuartel de Guardias Presidenciales, junto a la residencia de Los Pinos. Mi jardín era todo el bosque de Chapultepec. En él podía caminar a solas y leer.

No conocía a nadie. Convivía con la soledad, hablaba con ella, pasaba las noches con mi angustia y mi conciencia. Hallé un empleo en la Oficina de Migración y me puse a escribir una novela para librarme de aquellas sensaciones. De “El hijo del desaliento” sólo quedó un capítulo, aparecido mucho tiempo después como “Un pedazo de noche”. 

Tuve la fortuna de que en Migración trabajara también Efrén Hernández, poeta, cuentista, autor de “Tachas” y director de América. Efrén se enteró, no sé cómo, de que me gustaba escribir en secreto y me animó a enseñarle mis páginas. A él le debo mi primera publicación, “La vida no es muy seria en sus cosas”.

No soy un escritor urbano. Quería otras historias. Las que imaginaba a partir de lo que vi y escuché en mi pueblo y entre mi gente. Hice “Nos han dado la tierra” y “Macario”. En 1945 Juan José Arreola y Antonio Alatorre publicaron estos cuentos en la revista Pan de Guadalajara. 

En la posguerra entré como agente viajero en la Goodrich Euzkadi. Conocí toda la República, pero tardé tres años en dar otra colaboración, “La cuesta de las comadres”, a la revista América. Efrén Hernández logró sacarme también “Talpa” y “El llano en llamas”, en 1950, y “¡Diles que no me maten!”, en 1951. 

Al año siguiente Arnaldo Orfila Reynal, Joaquín Diez Cañedo y Alí Chumacero iniciaron en el Fondo de Cultura Económica la serie “Letras mexicanas”. Me pidieron mis cuentos y, con el título de “El libro en llamas”, el volumen empezó a circular en 1953. 

Acababa de establecerse el Centro Mexicano de Escritores. Formé parte de la segunda promoción de becarios, con Arreola, Chumacero, Ricardo Garibay, Miguel Guardia y Luisa Josefina Hernández. Cada miércoles por la tarde nos reuníamos a leer y criticar nuestros textos en una casa de la avenida Yucatán. Presidian las sesiones Margaret Shedd. directora del Centro, y su coordinador, Ramón Xirau. En mayo de 1954 compré un cuaderno escolar y apunté el primer capítulo de una novela que, durante muchos años, había ido tomando forma en mi cabeza. Sentí por fin haber encontrado el tono y la atmósfera tan buscada para el libro que pensé tanto tiempo. Ignoro todavía de dónde salieron las intuiciones a las que debo “Pedro Páramo’’. Fue como si alguien me lo dictara. De pronto, a media calle, se me ocurría una idea y la anotaba en papelitos verdes y azules.

Al llegar a casa después de mi trabajo en el departamento de publicidad de la Goodrich, pasaba mis apuntes al cuaderno. Escribía a mano, con pluma fuente Sheaffer y en tinta verde. Dejaba párrafos a la mitad, de modo que pudiera dejar un recoldo o encontrar el hilo pendiente del pensamiento al día siguiente. En cuatro meses, de abril a agosto de 1954, reuní trescientas páginas. Conforme pasaba a máquina el original destruía las hojas manuscritas.

Llegué a hacer otras tres versiones que consistieron en reducir a la mitad aquellas trescientas páginas. Eliminé toda divagación y borré completamente las intromisiones del autor. Arnaldo Orfila me urgía a entregarle el libro. Yo estaba confuso e indeciso. En las sesiones del Centro, Arreola, Chumacero, la señora Shedd y Xirau me decían: “Vas muy bien”. Miguel Guardia encontraba en el manuscrito sólo un montón de escenas deshilvanadas. Ricardo Garibay, siempre vehemente, golpeaba la mesa para insistir en que mi libro era una porquería.

Coincidieron con él algunos jóvenes escritores invitados a nuestras sesiones. Por ejemplo, el poeta guatemalteco Otto Raúl González me aconsejó leer novelas antes de sentarme a escribir una. Leer novelas es lo que había hecho toda mi vida. Otros encontraban mis páginas “muy faulknerianas”, pero en aquel entonces yo aún no leía a Faulkner.

No tengo nada que reprocharles a mis críticos. Era difícil aceptar una novela que se presentaba, con apariencia realista, como la historia de un cacique y en verdad es el relato de un pueblo: una aldea muerta en donde todos están muertos, incluso el narrador, y sus calles y campos son recorridos únicamente por las ánimas y los ecos capaces de fluir sin límites en el tiempo y en el espacio.

El manuscrito se llamó sucesivamente “Los murmullos” y “Una estrella junto a la Luna”. Al fin, en septiembre de 1954 fue entregado al Fondo de Cultura Económica y se tituló “Pedro Páramo”. En marzo de 1955 apareció en una edición de dos mil ejemplares. Archibaldo Burns hizo la primera reseña, negativa, en “México en la cultura”, el gran suplemento que dirigía en aquellos años Fernando Benítez, con el título de “Pedro Páramo o la unción y la gallina”, que jamás supe qué diantres significaba.

En la Revista de la Universidad el propio Alí Chumacero comentó que a “Pedro Páramo” le faltaba un núcleo al que concurrieran todas las escenas. Pensé que era algo injusto, pues lo primero que trabajé fue la estructura, y le dije a mi querido amigo Alí: “Eres el jefe de producción del Fondo y escribes que el libro no es bueno”. Alí me contestó: “No te preocupes, de todos modos no se venderá”. Y así fue: unos mil ejemplares tardaron en venderse cuatro años. El resto se agotó regalándolos a quienes me lo pedían.

Pasé los dos años siguientes en Veracruz, en la Comisión del Papaloapan. Al volver me encontré con artículos como los de Carlos Blanco Aguinaga, Carlos Fuentes y Octavio Paz, y supe que Mariana Frenk estaba traduciendo “Pedro Páramo” al alemán, Lysander Kemp al inglés, Roger Lescot al francés y Jean Lechner al holandés.

Cuando escribía en mi departamento de Nazas 84, en un edificio donde habitaba también el pintor Pedro Coronel y la poetisa Eunice Odio, no me imaginaba que treinta años después el producto de mis obsesiones sería leído incluso en turco, en griego, en chino y en ucraniano. El mérito no es mío. Cuando escribí “Pedro Páramo” sólo pensé en salir de una gran ansiedad. Porque para escribir se sufre en serio.

En lo más íntimo, “Pedro Páramo” nació de una imagen y fue la búsqueda de un ideal que llamé Susana San Juan. Susana San Juan no existió nunca: fue pensada a partir de una muchachita a la que conocí brevemente cuando yo tenía trece años. Ella nunca lo supo y no hemos vuelto a encontrarnos en lo que llevo de vida."


Juan Rulfo, “Pedro Páramo, 30 años”. Periódico Excelsior. 15 de marzo de 1985. Nuestro agradecimiento a LITERATURA EN ESPIRAL por haber realizado la transcripción de este documento confesional del admirado Juan Rulfo. 


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Pedro Páramo, en La voz de Juan Rulfo.







Una de las extraordinarias fotografías de Juan Rulfo.

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En Oaxaca, Juan Rulfo 



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viernes, 22 de mayo de 2026

Andrei Tarkovski - Tonino Guerra una colaboración entre poetas, lacl / Tiempo de viaje, documento / NOSTALGHIA.

 © lacl 


Andrei Tarkovski, 1979 © Gueorgui Pinkhassov/Magnum Photos



Creo que nunca he comentado la razón de por qué cambié la grafía del nombre de nuestro admirado Andrei Tarkovski. Al principio escribía su nombre y su apellido con "y", pero en vista de que el propio Andrei escribía su nombre con i latina, optamos por seguir su preferencia de identificación. 

Mientras filmaban NOSTALGHIA, una de sus obras maestras (no hizo otra cosa de filmar obras maestras), se tomó el tiempo para registrar y captar en documento visual su relación con el tiempo vivido mientras avanzaban con el trabajo creador, al cual el tituló Tiempo de viaje. Le tocó colaborar con el poeta Tonino Guerra, con quien formó una afectuosa y creativa alianza, la cual sirvió para darle forma de obra de arte de una incontestable agudeza sensorial, psíquica y poética, amén de servir, a su vez, como obra de alegato y espejo o imagen reflejante de una sociedad moderna enteramente desarticulada, robotizada, insensible y colmada de extravío. Tal como he sugerido en algún otro escrito publicado anteriormente en este blog o portal, tengo la impresión de que Andrei anticipa el retrato del masificado culto por el selfie. Hay que contemplar la escena de las escalinatas para comprenderlo; no quiero agregar más detalles. Creo que bastará contemplar el filme para captar lo que digo en esa conmovedora e inolvidable escena. 

Salud, hipotético lector. 

(lacl)




El poema de Tonino Guerra, una  aparentemente sencilla reflexión sobre la casa y la memoria, que le lee a Andrei en el referido trabajo intitulado Tiempo de viaje, reza así, en un primer intento de traducción:


No sé qué es una casa. ¿Un abrigo?

¿O es un paraguas si llueve?

La colmé de botellas, estropajos, patitos de madera, cortinas, ventiladores.

Parece que uno nunca quiere salir. ¿Es entonces una jaula?

Que encierra a todo aquel que pasa, incluso a un pájaro, como tú, cubierto de nieve.

Pero las cosas de las que hablamos son tan ligeras que aquí no se quedan encerradas.

Tonino Guerra

Dejaré a continuación algunos enlaces para que el visitante pueda copiarles y disfrutarlos en su red respectiva. El primero es el breve segmento o pasaje en el que Guerra le Lee su poema a Tarkovski. Y el segundo enlace es el que lleva al trabajo completo que dura unos 60 minutos.

1)

https://www.instagram.com/reel/DXpCXeojCSa/?igsh=OHg2anN3aHM1cjNh

2)

https://youtu.be/GdBOthoiHsg?si=4GM68aG2H8Uj1YvW


***

NOSTALGHIA 

Nota Bene: este blog comparte contenidos humanísticos, artísticos o culturales. Los derechos de autor de los videos aquí compartidos pertenecen a sus realizadores. Gracias por comprenderlo. En caso de que un enlace sea bloqueado, podrá ser visto en su red de origen.


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