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Izquierda y derecha como representaciones de socialismo y democracia.
Hace mucho, pero mucho tiempo que la izquierda, como representación del socialismo, no existe, es un falsete. Se quedó arrinconada en los libros y en las teorías. Y es que nació deforme.
A la izquierda le ha sucedido lo que le sucede a toda teoría política cuando se intenta llevar a la práctica: ha sido infiltrada por los psicópatas enamorados del poder y la han convertido en una red internacional de sociópatas.
Lo mismo ha sucedido con la democracia cuando se alteran sus principios básicos y, sobre todo, sus mecanismos. La diferencia entre un sistema y otro estriba en que la democracia permite el juego de la política. No diremos que la democracia no cuenta con muchas imperfecciones, pero cuenta con la posibilidad de establecer un sistema de alternancia en el poder en el que es preciso o, por mejor decir, indispensable, mantener la separación y autonomía de los poderes públicos, aspiración que es imposible alcanzar en un sistema que afanosamente busca totalitarizar el tejido social y no permite ningún tipo de disensión. El socialismo de izquierda totalitariza la autonomía de los poderes, secuestrando así, la libertad individual y, desgraciadamente para el ciudadano común, la izquierda ha desembocado en eso: en establecerse como una red de confabuladores que más que de izquierda ideológica (la filosófica les queda grande) son una banda de bribones y asaltantes ataviados de barniz altruista que lo único que saben conformar, al hacerse con el poder, son distopías, por no decir manicomios.
JL Borges decía (y creo firmemente que no hay manera de oponérsele con razones allegadas a una razón de base, una razón allegada al humanismo) que el la del político es la menos encomiable de todas las actividades supuestamente serviles. El político al uso es incapaz de actividades non serviles. Sólo busca hacer carrera donde florece lo servil y donde florece la riqueza y el poder. Les importa un cuerno las actividades non serviles, cuando la principal función del político debería ser la labor en pro de la polis -en sentido antiguo, la ciudad y sus ciudadanos- y la inapetencia y el apartamiento de toda obtención de poderío y de toda aspiración a la riqueza mal habida.
Desafortunadamente, la democracia también es muy capaz de desdibujarse y, sobre todo, en estos tiempos modernos en los que impera una inopia cibernética, una ignorancia artificial instruida y repartida masivamente a través de la innumerable proliferación de medios tecnológicos de comunicación que son utilizados para la desinformación, para la contra-educación y para neutralizar el sentido crítico de cada individuo.
Y es en ese escenario donde reside la razón de que aparezcan tantos activistas políticos de perfil totalitario dentro de los sistemas democráticos. Le toca a todo sistema democrático blindar la autonomía de los poderes y la probidad de quienes han de ser elegidos para desempeñar sus funciones.
Acaso la política no sea un mal necesario, sino una actividad humana que, buscando el bien, ha sido tergiversada de manera colosal por sus cultores.
lacl, 27 de julio de 2026.



















