domingo, 17 de junio de 2018

Nietzsche, Fragmentos póstumos sobre política (Sobre los partidarismos) / Dietrich Fischer-Dieskau: Lieder • Piano Works • by Nietzsche





"... !Abajo todos los partidos! Falsean la Amistad, la lealtad más pura,
el más fuerte amor a la verdad. Su actividad permanente es la falsificación. El hombre más importante no es más que un canalla y un calumniador si quiere fundar un partido... "
(Nietzsche, Fragmentos póstumos sobre política)     

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Un comentario al margen. Se le suele cargar la mano al señor Nietzsche cuando en virtud de sentencias como la citada se le atribuye responsabilidad sobre el proceder de las organizaciones sectarias que han instaurado el Totalitarismo a lo largo y ancho del globo terrestre, amén de que se le ha tasado como ser un detractor de la democracia. De lo que ha sido detractor es de las falsedades que se ocultan tras conceptos tales como Democracia, Estado, etcétera.

El totalitarismo se aprovecha de la estrechez del alma humana, primero que todo (y por supuesto) bien apoyado sobre la zapatillas de una cómoda indolencia para la que, al final, no hay otra realidad que la de una desamparada inopia. De allí que domesticar el lumpen proletariat sea el primero de sus objetivos.

El hecho de que algunas nociones humanas, así como las instituciones de ellas devenidas, tales como la democracia y los partidos políticos (y, sobre todo, los predicados y postulados sobre los que tales nociones y organismos se levantan) se hayan convertido en bases para un statu quo, no les confiere principalidad sine qua non o una dignidad automática para con nuestro coexistir.

El hombre es, a un tanto, persona individual y ser social y, como tal, socializa y busca sus momentos de interioridad. Acaso la clave del asunto se sustente precisamente en el hecho de que es en las formas y no en el contenido sobre las que se basan nuestras instituciones; y, claro está, los hechos tampoco se ajustan al contenido; las formas son muy susceptibles a las artes de la triquiñuela.

El hecho de que sobre ciertas luminosidades de Nietzsche se hayan cometido algunas de las más abyectas barbaridades, no nos otorga el derecho de pensar a Nietzsche como un proselitista de la barbarie. Es todo lo contrario. ¿Desde dónde habla Nietzsche? ¿Desde un intelecto que discierne y opina o desde un pecho que intuye y da cuenta del adefesio en el que el ser humano convive? Hacia ello es donde humildemente creo que deberíamos dirigir los tiros.

El ser humano respira el aire, muy a su aire, con todas sus purezas e impurezas. Pero muchas de esas impurezas se las ha estado inyectando precisamente el ser humano amparado en la leguleyería de sus instituciones. Que nuestro ímpetu o talante sea democrático no significa que todo lo que se resulte de nuestras acciones haya nacido con democrática carta de origen.

Volvamos a la sentencia de Nietzsche. Cuando éste habla de los partidos, está llamando la atención sobre sus actos y no sobre la democrática base filosófica que debería ser lo que les sustenta. Sus operarios practican, por regla general, la vocinglería, el populismo, el fanatismo y, por desgracia, el sectarismo. Y es en ese sentido que “…falsean la Amistad, la lealtad más pura, el más fuerte amor a la verdad. Su actividad permanente es la falsificación...” Cuando se denuncia este canallesco proceder no creo que sea un espíritu antidemocrático lo que promueve la denuncia.

Y voy a citar a dos escépticos para intentar componer un fresco sobre lo que intento expresar.

Primero cito a Alvaro Mutis, quien ilustraba en una entrevista el porqué de su descreimiento acerca de la política y de sus cultores:

“ …Pues sencillamente porque allí donde cuatro o cinco personas se reúnen para concertar o ponerse de acuerdo en algo, no puede surgir más que una bellaquería… ” (cito de memoria, fue una entrevista televisada)

Y luego me jalo una nominación que puede leerse del Diccionario del diablo, de Ambroise Bierce:

-Elector, s. El que goza del sagrado privilegio de votar por un candidato que eligieron otros. 

lacl

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Dietrich Fischer-Dieskau: Lieder • Piano Works • Nietzsche




domingo, 10 de junio de 2018

Una palabras del Gabo: Los últimos libreros. / lacl, Una glosa escrita un par de días después del fallecimiento de Gabo…/ Homenaje a la amistad - Gabo y Mutis / Totó La Momposina, Petrona Martínez y sus Tambores





"Los últimos libreros", Gabriel García Márquez

Hay, sin duda, un factor contra el hábito de la lectura, y es que los últimos libreros bien orientados y buenos orientadores se murieron hace tiempo, y las librerías son cada vez menos lugares de tertulias vespertinas. Uno tenía su librero personal, como tenía su medico de familia y su cepillo de dientes. Ese librero profesional, que atendía en persona su negocio como el dentista atendía su gabinete, sabía con sólo leer los catálogos que libros le interesaban a cada uno de sus clientes, y muy pocas veces se equivocaba. De modo que cuando uno llegaba a la tertulia de las seis y encontraba ya reservado un paquete de novedades que alcanzaban para un mes de trasnochos placenteros. Hoy, las librerías son grandes y vistosos mercados de libros de actualidad, fabricados a propósito para vender a un solo golpe y leerlos para pasar el tiempo y tirarlos después en el cajón de la basura. Hasta el placer de la relectura es difícil, porque uno va a la librería a comprar un libro que conoció hace dos años y nadie le da razón de él. Así es: si hay un lugar donde se aprecia cuánto ha cambiado el mundo no es en una base de lanzamiento de satélites espaciales, sino en la librería de la esquina"

Gabriel García Márquez, 1983



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Una glosa escrita un par de días después de su fallecimiento…

La misma fue escrita debido a que, en esos días (cuatro años atrás), comencé a recibir notas que no eran más que pases de factura para con el Gabo, con motivo de las posturas políticas.
lacl

(...Retrotraigo unas palabras respecto a quienes en estos momentos se dedican a llevar el asunto a los movedizos terrenos de la opinión política.

“…Con todo el respeto que me merece toda opinión. No es el momento para una discusión que, en vida suya, no fue posible. El hecho de que no cambiara de opinión en su vida, respecto a un tema sobre el que le consideramos siempre equivocado, no es balanza para sopesarle ahora.

Creo que Gabo, como Saramago, no pudo hacer el proceso de metamorfosis que tantos idealistas de izquierda se vieron impulsados a cumplir por fuerza de una dolorosa realidad. Al socialismo real se le fueron cayendo las caretas durante las últimas décadas, pero muchos intelectuales de originaria izquierda se quedaron en el romántico pasado idealista, divorciado de la realidad verdadera.

Luego de que Krushov, con la única intención de hacerse fuerte en el Kremlin, desnudara la silueta homicida de Stalin y sus secuaces, no sólo escritores y cultores del humanismo de todo el orbe se sintieron horrorizados y en el deber de desmarcarse del totalitarismo asesino, muchos de ellos de creencias izquierdistas, sino muchos políticos de izquierda, como en Venezuela lo hicieron Teodoro Petkoff y Pompeyo Márquez, quienes, al desmarcarse del PC y denunciar estas falencias del "socialismo o comunismo real", pasaron a ser vistos como enemigos Nro 1 del Imperio Moscovita-Comunista. Por cierto, que a mi juicio, ese gesto de Krushov, orquestado para apuntalarse en el poder fue el inicio de la debacle del imperio comunista ruso, vaticinio anunciado por un desengañado Bertrand Russell con décadas de antelación.

Si algunos amigos míos, por ejemplo, en su empecinado dogma de obediente izquierda, me han aislado de sus vidas porque creen, al parecer, que son irreconciliables nuestras posturas; la de ellos, santa y altruista; la nuestra, iconoclasta e impía, ello no me va a impedir el seguir creyendo en la palabra, como elemento fusionador de la vida del intelecto y del espíritu.

Y es muy probable que no nos baste una vida para alcanzarlo.

Paz al Gabo…” ...)


Homenaje a la amistad - Gabo y Mutis

Un testimonio...
(Fragmento)
Guadalajara, Noviembre, 2007)
Para leer esta otra glosa, favor hacer click en el link de abajo:







Totó La Momposina...




Aquí con Petrona Martínez...



Gabriel García Márquez y Alvaro Mutis, en la FIL Guadalajara, 2007



Nostalgia, memoria, libre albedrío, lacl, cuaderno de notas. / Guarida Musical: Cuerdas y poesía...





En tiempos en que los hombres nos hemos entregado a enterrar la memoria ancestral, quizás convenga más cantar a la nostalgia que a la alegría.

(lacl, 08 de Junio, 2017)

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Hemos enterrado la memoria por falta de cuido del jardín de las nostalgias. Y, más grave aún, hemos también enterrado las nostalgias por falta de riego del vergel de la memoria y por haber desterrado a una señora llamada compasión de nuestros corazones. Hemos aprendido a pensar exclusivamente con la cabeza, donde y cuando el corazón tenía tanto qué decir.

(lacl, 03 de Junio, 2018)

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Sospecho que aquello a lo que apunto transgrede en algo las fronteras de todo lo que se nos propone como sistemas de vida en colectivo. Es en lo personal y, sobre todo, en lo íntimo donde se catapulta el vivir de todos, paradójicamente. Los sistemas son sistemas, propuestas de un arreglo al vivir en colectivo, pero jamás deberíamos olvidar que tales procedimientos son planteamientos en muy buena medida exteriores al vivir humano, espiritual, sensitivo. Los sistemas tienden a minusvalorar la condición anímica o espiritual del ser humano… Y así, cuando cobran considerable peso sobre lo personal e íntimo, terminan por convertirse en un cerrojo, cuando no en un convenio agobiante sobre lo más importante de toda vida: el libre albedrío.

(lacl, 04 de Junio, 2018)














Todas las fotos han sido captadas por nuestros lentes. Salud,. lacl
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Sobre el desenmascaramiento, lacl / GUARIDA MUSICAL: L´OPERA IMAGINAIRE -





La escritura se presenta, en innumerables ocasiones, como una máscara. Esa es una de las potestades de la escritura y tiene un sinfín de razones. Una de las principales, a mi modo de ver, es la de que permite enunciar asuntos que no se pueden decir de frente, a veces por razones meramente estilísticas o porque la sombra interior es tanto o más fuerte que la luz irradiada por el sol, pero hay casos en que es una fuerza imperante y exterior a la persona que escribe lo que impide la llana expresión de ciertos asuntos. Fuerzas tales que son capaces de inducir a una persona la creación de nuevos géneros, como aquel “Género del silencio” del que hablara en su momento Isaak Babel…

Como creo que puede verse, el texto que agrego debajo con el título de “Introito antipoético” acaso nació, más bien, como un desenmascaramiento.

Obedeció a una hartura: la de llevar en la piel por tantos años el traje del camaleón. Y, sobre todo, la de aceptar el vivir o convivir poético como algo que no es un pecado ni un estigma, como se pretende en ciertos medios para los que aquello que no tiene una utilidad práctica en la vida, no tiene tampoco derecho de existir o coexistir en nuestras vidas.

No es un pecado hacer del ars poética un ars vivendi, pero tampoco es un estado en el que una persona se coloque a una altura distinta del resto de los seres mortales. Es, simplemente, una condición tan terrena como el hecho innegable de que la tierra está en el cielo. Y todo ser humano porta en su fuero interior tal condición, todos estamos tocados, todos signados, para bien o para mal, por el toque de la poesía; algunos para vivirla (que es lo más importante) y otros para vivirla y cantarla y, si se quiere, echar un capote con ello para que otros puedan vivirla.

Pero sucede que, por regla general, el hombre no ve ni escucha al ángel o al duende, al hada o la diosa que viven cantando o musitando visiones y sonoridades detrás de los pabellones de sus orejas. 

Dicho esto, debo decir que comulgo con el sentir de Ezra Pound cuando dijo que "…siempre hay alguna razón por la cual el hombre permanece más digno de ser conocido que sus libros…"

Tomo ese introito de un cuaderno inédito que lleva por título Toma luz, toda la noche. Es un preámbulo algo impensado para mí mismo, dada la tesitura de mi ser y la manera en que siempre me he “enfrentado” a lo público. Me encanta la camaradería, soy sumamente gregario, pero me aterra la pérdida de soledad e intimidad.  Como escribiera alguna vez en un viejo adagio: “…Soy un solitario que se deleita en lo gregario…”

Salud!
lacl

P. S. Antepongo el epígrafe de ese cuaderno, por puro amor filial…

A mi hijo Sebastián,
por la vocación que yace
en el mirar...


  
Introito antipoético


Yo soy poeta.


Me importa un comino todo lo demás.

Soy un poeta solitario.

He tenido que aceptarlo, a mi pesar
y a pesar de los demás.
Soy un miserable poeta, un maldito;
no un poeta maldito,
ni alguien que añora ampararse
bajo la figura romanticona, mítica o Narcisa
de alguien juega a ser el poeta
o el elegido,
sino un hombre como cualquiera,
         que padece el arrobamiento
del extraño mundo que inventaron
otros hombres como yo;
un hombre que tan solo querría vivir
cantando a cántaros, hacia sus adentros,
buscando, sin prisas, armonizar con la voz
que brota del fondo de sí mismo
y desde más allá;
esa voz arcaica y lejana que se solaza y se besa
con cada esquina del cielo
y nos canta los padeceres
y el ritmo de un mundo
que, en fin de cuentas, no fue inventado
por hombre alguno.

Yo soy poeta.

He tenido que admitirlo.

No soy un buen poeta o un mal poeta,
no es eso lo que busco o me desvela
-ni literaria ni estilísticamente hablando-
pues, no se elige ser poeta;
sólo soy un hombre que vive en secreto,
delirando a sottovoce,
a espaldas del organigrama de vida que predica
el invento de mundo en que existo.

Soy poeta
a pesar de mis intentos sobrehumanos
-como los de un tozudo Sísifo-
por acoplarme a la miseria de orden
que se me exige exhibir como las plumas de un Pavo Real,
para luego poder demostrar en el circo
que cumplo con las metas
de un arduo oficio sin sentido
que no genera bien a nadie;
ocupación más absurda aún
que el pírrico esfuerzo de un Sísifo.

Soy poeta a pesar de mí mismo,
un hombre que vive en la noche,
sigilosamente contemplando
las visitas de la luna desde su cama
o devanando, en la barra de un bar
y ante la vista de cualquiera,
el hilo con el que habrá de coser las telas
de la angustia y la serena esperanza.

Yo soy poeta.
Nunca se lo dije a nadie,
ni tampoco se lo he aceptado a nadie,
porque la poesía, su descubrimiento,
es, acaso, lo único sagrado
que haya vivido en mi vida,
amén de los naturales dones
que nos sirve la vida misma.
Porque la poesía, su revelación,
está en la vida misma: tan cercana,
tan a flor de piel, tan parecida al asombro
y tan pocas veces convocada;
qué perogrullada decir esto, pero es así,
ella es la única religión
que no clama por golpes de pecho,
mi único culto posible,
tan vivido y padecido, como para andar por allí
mancillándolo con reiterativas y egóticas arengas,
que no son sino una grosera e imperdonable
falta de respeto hacia la madre de todas las cosas
y hacia nosotros mismos, sus engreídos bastardos.

Pero hoy me encuentro agotado
de tanta doble mentira
y de trajear, por tanto tiempo
tan solemne vestimenta.
Y hoy quiero decir
(confesar, sería la palabra justa),
por una vez,
que soy poeta,
muy a mi pesar
y a pesar de los demás.
Y que hoy estoy más huérfano que nunca.



Caracas, a pleno sol del seis de diciembre de 1996.


GUARIDA MUSICAL 






Todas las fotos han sido captadas por nuestros lentes. Salud,. lacl

domingo, 3 de junio de 2018

SAAVEDRA, ACTOR SIN SUCESORES... / MIGUEL OTERO SILVA, SONETO A SAAVEDRA.





SAAVEDRA, ACTOR SIN SUCESORES...


(Esta nota data del 10 de abril de 2013, pero se nos quedó en el tintero)

Esta mañana me sucedió algo extraño. Fui a cambiar los periódicos sobre los que nuestro clan perruno deja sus opiniones a diario y me di cuenta de que entre los periódicos se encontraba uno muy viejo, totalmente amarillento. Lo abro y aparece una página de sucesos del diario El Nacional, la C-16 del 31 de Diciembre de 1963. Doy la vuelta y aparece este título: SAAVEDRA, ACTOR SIN SUCESORES. Me parece extrañísimo este hallazgo entre un lote de papeles de periódico cuya vejez no pasa de dos meses.

Cuando luego voy a casa de mi madre le hago referencia de este hallazgo y caigo en cuenta de que se trata de uno de esos viejos recortes que ella ha atesorado a lo largo de los años, el que se vino en una bolsa de papeles que ella nos donó para que nuestro clan perruno pueda seguir manifestando sus opiniones sobre el quehacer nacional e internacional.

Hoy casi nadie lo conoce, pero Saavedra fue un actor sin igual, a juicio de quienes pudieron verle sobre las tablas. Una de las semblanzas que más recuerdo de mi infancia es el gusto con que mi madre ha hablado siempre de Antonio Saavedra. Siempre me ha dicho que nunca se ha visto a cómico igual, que bastaba con que apenas se abriera el telón y apareciera en escena para que el público se desternillara de la risa. No era hombre de cine, era hombre de tablas y gozó de mucho éxito en tales lides. 

Por ello digitalizo el extenso artículo que publicara Carlos Eduardo Misle (CAREMIS) en la oportunidad de cumplirse 20 años del fallecimiento de Saavedra. Me veo forzado a partirlo en varias tomas, dado que el formato del tabloide es enorme para lo que permite reproducir un scan doméstico. Allí aparece el soneto  que le dedica Miguel Otero Silva (MOS) * en ocasión de sus exequias. Mi madre me ha prometido proveerme con más artículos de los guardados por ella, nunca se sabe lo que puede aparecer en esas cajas que atesoran papeles amarillentos.

* En la cuarta y quinta de las imágenes que componen este álbum.








domingo, 27 de mayo de 2018

DOS LIBROS, Jorge Luis Borges, Otras inquisiciones. / Astor Piazzolla & Jorge Luis Borges -- El Tango (1965) con Luis Medina Castro. / Milonga de Manuel Flores (Troilo-Borges-Bioy) y otros...





Un ensayo magistral, que llama a las cosas por su nombre poniendo los acentos donde van. Meridiana claridad. Borges, apoyándose en ese par de sabios ingleses que han sido Wells y Russell, habla desde la causa del ser humano y denuncia, con ellos, las patrañas sobre las que se han apoyado algunos hombres de letras para doctamente apuntalar y justificar las malas artes y bajezas sobre las que tanto se han apoyado oportunamente los enceguecidos amantes del poder y los  propugnadores de las malevas causas, esto es, las de toda barbarie, movimientos sociales o de masas cuyo “leit motiv” no ha sido nunca otro que el de que una minoría gobernante avasalle al individuo.


Salud!
lacl


DOS LIBROS, Jorge Luis Borges, Otras inquisiciones.

El último libro de Wells —Guide lo the New World. A Handbook of Constructive World Revolution— corre el albur de parecer, a primera vista, una mera enciclopedia de injurias. Sus muy legibles páginas denuncian al Fuehrer, "que chilla como un conejo estrujado"; a Goering, "aniquilador de ciudades que, al día siguiente, barren los vidrios rotos y retoman las tareas de la víspera"; a Edén, "el inconsolable viudo quintaesencial -de la Liga de las Naciones"; a José Stalin, que en un dialecto irreal sigue vindicando la dictadura del proletariado, "aunque nadie sabe qué es el proletariado, ni cómo y dónde dicta"; al "absurdo Ironside"; a los generales del ejército francés, "derrotados por la conciencia de la ineptitud, por tanques fabricados en Checoeslovaquia, por voces y rumores radiotelefónicos y por algunos mandaderos en bicicleta"; a la "evidente voluntad de derrota" (will for defeat) de la aristocracia británica; al "rencoroso conventillo" Irlanda del Sur; al Ministerio de Relaciones Exteriores inglés, "que parece no ahorrar el menor esfuerzo para que Alemania gane la guerra que ya ha perdido"; a Sir Samuel Hoare, "mental y moralmente tonto"; a los norteamericanos e ingleses "que traicionaron la causa liberal en España"; a los que opinan que esta guerra "es una guerra de ideologías" y no una fórmula criminal "del desorden presente"; a los ingenuos que suponen que basta exorcizar o destruir a los demonios Goering y Hitler para que el mundo sea paradisíaco.

He congregado algunas invectivas de Wells: no son literariamente memorables; algunas me parecen injustas, pero demuestran la imparcialidad de sus odios o de su indignación. Demuestran asimismo la libertad de que gozan los escritores en Inglaterra, en las horas centrales de una batalla. Más importante que esos malhumores epigramáticos (de los que apenas he citado unos pocos y que sería muy fácil triplicar o cuadruplicar) es la doctrina de este manual revolucionario. Esa doctrina es resumible en esta disyuntiva precisa: o Inglaterra identifica su causa con la de una revolución general (con la de un mundo federado), o la victoria es inaccesible e inútil. El capítulo XII (página 48-54) fija los fundamentos del mundo nuevo. Los tres capítulos finales discuten algunos problemas menores.

Wells, increíblemente, no es nazi. Increíblemente, pues casi todos mis contemporáneos lo son, aunque lo nieguen o lo ignoren. Desde 1925, no hay publicista que no opine que el hecho inevitable y trivial de haber nacido en un determinado país y de pertenecer a tal raza (o a tal buena mixtura de razas) no sea un privilegio singular y un talismán suficiente. Vindicadores de la democracia, que se creen muy diversos de Goebbels, instan a sus lectores, en el dialecto mismo del enemigo, a escuchar los latidos de un corazón que recoge los íntimos mandatos de la sangre y de la tierra. Recuerdo, durante la guerra civil española, ciertas discusiones indescifrables. Unos se declaraban republicanos; otros, nacionalistas; otros, marxistas; todos, en un léxico de Gauleiter, hablaban de la Raza y del Pueblo. Hasta los hombres de la hoz y el martillo resultaban racistas. . . También recuerdo con algún estupor cierta asamblea que se convocó para confundir el antisemitismo. Varias razones hay para que yo no sea un antisemita; la principal es ésta: la diferencia entre judíos y no-judíos me parece, en general, insignificante; a veces, ilusoria o imperceptible. Nadie, aquel día, quiso compartir mi opinión; todos juraron que un judío alemán difiere vastamente de un alemán. Vanamente les recordé que no otra cosa dice Adolfo Hitler; vanamente insinué que una asamblea contra el racismo no debe tolerar la doctrina de una Raza Elegida; vanamente alegué la sabia declaración de Mark Twain "Yo no pregunto de qué raza es un hombre; basta que sea un ser humano; nadie puede ser nada peor" (The Man that Corrupted Hadleyburg, página 204). 

En este libro, como en otros —The Fate of Homo Sapiens, 1939; The Common Sense of War and Peace, 1940—, Wells nos  exhorta a recordar nuestra humanidad esencial y a refrenar nuestros miserables rasgos diferenciales, por patéticos o pintorescos que sean. En verdad, esa represión no es exorbitante: se limita a exigir de los estados, para su mejor convivencia, lo que una cortesía elemental exige de los individuos. "Nadie en su recto juicio —declara Wells— piensa que los hombres de Gran Bretaña son un pueblo elegido, una más noble especie de nazi que disputan la hegemonía del mundo a los alemanes. Son el frente de batalla de la humanidad. Si no son ese frente, no son nada. Ese deber es un privilegio."

Let the People Think es el título de una selección de los ensayos de Bertrand Russell. Wells, en la obra cuyo comentario he esbozado, nos insta a repensar la historia del mundo sin preferencia de carácter geográfico, económico o étnico; Russell también dispensa consejos de universalidad. En el tercer artículo —Free thought and official propaganda— propone que las escuelas primarías enseñen el arte de leer con incredulidad los periódicos. Entiendo que esa disciplina socrática no sería inútil. De las personas que conozco, muy pocas la deletrean siquiera. Se dejan embaucar por artificios tipográficos o sintácticos; piensan que un hecho ha acontecido porque está impreso en grandes letras negras; confunden la verdad con el cuerpo doce; no quieren entender que la afirmación: Todas las tentativas del agresor para avanzar más allá de B han fracasado de manera sangrienta, es un mero eufemismo para admitir la pérdida de B. Peor aún: ejercen una especie de magia, piensan que formular un temor es colaborar con el enemigo... Russell propone que el Estado trate de inmunizar a los hombres contra esas agüerías, y esos sofismas. Por ejemplo sugiere que los alumnos, estudien las últimas derrotas de Napoleón, a través de los boletines del Moniteur, ostensiblemente triunfales. Planea deberes como éste: una vez estudiada en textos ingleses la historia de la guerra con Francia, reescribir esa historia, desde el punto de vista francés. Nuestros "nacionalistas" ya ejercen ese método paradójico: enseñan la historia argentina desde un punto de vista español, cuando no quichua o querandí.

De los otros artículos, no es el menos certero el que se titula Genealogía del fascismo. El autor empieza por observar que los hechos políticos proceden de especulaciones muy anteriores y que suele mediar mucho tiempo entre la divulgación de una doctrina y su aplicación. Así es: la "actualidad candente", que nos exaspera o exalta y que con alguna frecuencia nos aniquila, no es otra cosa que una reverberación imperfecta de viejas discusiones. Hitler, horrendo en públicos ejércitos y en secretos espías, es un pleonasmo de Carlyle (1795-1881) y aun de J. G. Fichte (1762-1814); Lenin, una trascripción de Karl Marx. De ahí que el verdadero intelectual rehúya, los debates contemporáneos: la realidad es siempre anacrónica.

Russell imputa la teoría del fascismo a Fichte y a Carlyle. El primero, en la cuarta y quinta de las famosas Reden an die deutsche Nation, funda la superioridad de los alemanes en la no interrumpida posesión de un idioma puro. Esa razón es casi inagotablemente falaz; podemos conjeturar que no hay en la tierra un idioma puro (aunque lo fueran las palabras, no lo son las representaciones; aunque los puristas digan deporte, se representan sport); podemos recordar que el alemán es menos "puro" que el vascuence o el hotentote; podemos interrogar por qué es preferible un idioma sin mezcla... Más compleja y más elocuente es la contribución de Carlyle. Éste, en 1843, escribió que la democracia es la desesperación de no encontrar héroes que nos dirijan. En 1870 aclamó la victoria de la "paciente, noble, profunda, sólida y piadosa Alemania" sobre la "fanfarrona, vanagloriosa, gesticulante, pendenciera, intranquila, hipersensible Francia" (Miscellanies, tomo séptimo, página 251). Alabó la Edad Media, condenó las bolsas de viento parlamentarias, vindicó la memoria del dios Thor, de Guillermo el Bastardo, de Knox, de Cromwell, de Federico II, del taciturno Doctor Francia y de Napoleón, anheló un mundo que no fuera "el caos provisto de urnas electorales", abominó de la abolición de la esclavitud, propuso la conversión de las estatuas —"horrendos solecismos de bronce"— en útiles bañaderas de bronce, ponderó la pena de muerte, se alegró de que en toda población hubiera un cuartel, aduló, e inventó, la Raza Teutónica. Quienes anhelen otras imprecaciones o apoteosis, pueden interrogar Past and Present (1843) y los Latterday Pamphlets, que son de 1850.

Bertrand Russell concluye: "En cierto modo, es lícito afirmar que el ambiente de principios del siglo XVIII era racional y el de nuestro tiempo, antirracional". Yo eliminaría el tímido adverbio que encabeza la frase.


Astor Piazzolla & Jorge Luis Borges -- El Tango (1965) con Luis Medina Castro.











sábado, 26 de mayo de 2018

Galería musical - Leonard Bernstein - Slava! A Political Overture (1977) / Otras composiciones.





Encantadora es esta Slava! ¿Cómo decir que la música no habla? Bastan estos compases para versarnos y pintarnos en los aires (pues los hace audibles y visibles) de toda epopeya pretendida por la causa de hacerse con el poder (político, se entiende). 
Pura fanfarria.

Salud!
lacl



Leonard Bernstein - Slava! A Political Overture (1977)





Otras composiciones de Bernstein.
Misa


Krystian Zimerman and Leonard Bernstein play Bernstein Symphony #2 (The Age of Anxiety)