Añeja fotografía, 35mm, apoyado sobre el techo del Jeep. De vuelta a Caracas desde Arrecife, litoral central.
Retomando el sendero. Anotaciones Android.
El pensamiento se materializa en el inconsciente cuando entramos en la región del sueño. Uno nota cómo prácticamente está tocando las cosas, entidades o seres pensados; materialidad que se esfuma en lo que despierta la conciencia y se fuga el sueño.
lacl, 8 de abril, 2026
Post scriptum: eso fue hoy al amanecer, en un momento en el que estaba volviendo a caer en el sueño. Cuando entraba en el sueño, justo en el lindero entre conciencia e inconsciente, me di cuenta de que estaba tocando, como en un arpegio de las manos, la ensoñación que brotaba de pronto ante mí. Y el simple hecho de constatar ese "toque" me regresó al momentum del despertar. Nunca lo había sentido tan cercano, tan palpable: la realidad hecha tangible en el seno de lo inasible.
lacl, 8 de abril. Al anochecer.
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Lo invisible se aloja en lo visible, lo infinito musita en lo finito.
lacl, 9 de abril, amanecer
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Las ruinas mismas del mundo griego nos enseñan de qué modo, en nuestro mundo moderno, podría hacérsenos soportable la vida.
Richard Wagner
Epígrafe del Prefacio de la novela AFRODITA, de Pierre Louys.
Este libro monológico, nacido en Sorrento durante el invierno de 1876-1877, no sería ahora publicado si la proximidad del 30 de mayo de 1878 no me hubiese suscitado el más vivo deseo de rendir a su debido tiempo un homenaje personal a uno de los más grandes liberadores del espíritu.
(F. Nietzsche, en Humano, demasiado humano)
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El gran vicio de la democracia no radica en la tiranía ni en la crueldad. Hubo republicanos montaraces, salvajes y feroces, pero no les hizo así el espíritu republicano, sino la naturaleza.
Voltaire.
(Diccionario filosófico, en la entrada sobre Democracia)
VOLTAIRE, del TRATADO SOBRE LA TOLERANCIA
Capítulo IV
DE SI LA TOLERANCIA ES PELIGROSA, Y EN QUÉ PUEBLOS ESTÁ PERMITIDA
Han dicho algunos que, si se tratase con una indulgencia paterna a nuestros hermanos errantes que rezan a Dios en mal francés, eso sería ponerles las armas en la mano; que se verían nuevas batallas de Jarnac, de Moncontour, de Coutras, de Dreux, de Saint-Denis*, etc.: eso es cosa que yo ignoro, porque no soy profeta; pero me parece que no es razonar de manera consecuente decir: «Esos hombres se sublevaron cuando les hice mal; por lo tanto, se sublevarán cuando les haga bien».
Me atrevería a tomar la libertad de invitar a los que están al frente del gobierno, y a los que están destinados en los grandes puestos, a dignarse examinar con madurez si, en efecto, debe temerse que la dulzura produzca las mismas revueltas que ha hecho nacer la crueldad; si lo que ha ocurrido en ciertas circunstancias debe ocurrir en otras; si los tiempos, la opinión y las costumbres son siempre los mismos.
Indudablemente los hugonotes han estado embriagados de fanatismo y manchados de sangre como nosotros; pero ¿es tan bárbara como sus padres la presente generación? El tiempo, la razón que tanto ha progresado, los buenos libros, la dulzura de la sociedad, ¿no han penetrado en los que dirigen el espíritu de esos pueblos? ¿Y no percibimos que casi toda Europa ha cambiado de cara desde hace unos cincuenta años?
El gobierno se ha fortalecido en todas partes, mientras que las costumbres se han suavizado. La policía general, apoyada por ejércitos numerosos y siempre en pie, no permite, además, temer el retorno de esos tiempos anárquicos en que unos aldeanos calvinistas luchaban contra unos aldeanos católicos reclutados de prisa y corriendo entre las siembras y las siegas.
A otros tiempos, otros cuidados. Sería absurdo diezmar hoy día la Sorbona porque presentó en el pasado una requisitoria para quemar a la Doncella de Orleans; porque declaró a Enrique III despojado del derecho a reinar, porque excomulgó y proscribió al gran Enrique IV. No indagaremos desde luego en las restantes corporaciones del reino, que cometieron los mismos excesos en esas épocas de frenesí: sería no solo injusto, sino que supondría una locura equivalente a purgar a todos los habitantes de Marsella porque en 1720 tuvieron la peste.
¿Iremos a saquear Roma, como hicieron las tropas de Carlos V, porque en 1585 Sixto V concedió nueve años de indulgencia a todos los franceses que tomasen las armas contra su soberano? ¿Y no basta con impedir que Roma se entregue nunca a excesos semejantes?
El furor que inspiran el espíritu dogmático y el abuso de la religión cristiana mal entendida ha derramado tanta sangre, ha producido tantos desastres, en Alemania, en Inglaterra, e incluso en Holanda, como en Francia: sin embargo, hoy la diferencia de religiones no causa ninguna perturbación en esos Estados; el judío, el católico, el griego, el luterano, el calvinista, el anabaptista, el sociniano, el menonita, el moravo y tantos otros viven como hermanos en esas regiones, y contribuyen por igual al bien de la sociedad.
En Holanda ya no se teme que las disputas de un Gomar sobre la predestinación hagan cortar la cabeza del Gran Pensionario*. En Londres ya no se teme que las querellas de los presbiterianos y de los episcopalianos, por una liturgia y por un sobrepelliz, derramen la sangre de un rey sobre un cadalso. La Irlanda poblada y enriquecida no verá ya a sus ciudadanos católicos sacrificar a Dios durante dos meses a sus ciudadanos protestantes, enterrarlos vivos, colgar a las madres de patíbulos, atar a las hijas al cuello de sus madres, y verlas expirar juntas; abrir el vientre de las mujeres encinta, extraerles los hijos a medio formar y dárselos a comer a los cerdos y a los perros; poner un puñal en la mano de sus prisioneros atados y guiar sus brazos hacia el seno de sus mujeres, de sus madres, de sus hijas, imaginando convertirlos mutuamente en parricidas, y que todos se condenen al mismo tiempo que exterminan a todos. Es lo que cuenta Rapin-Thoiras, oficial en Irlanda, casi contemporáneo; es lo que cuentan todos los anales, todas las historias de Inglaterra, y que sin duda jamás será imitado. La filosofía, la sola filosofía, esa hermana de la religión, ha desarmado las manos que la superstición había ensangrentado tanto tiempo; y la mente humana, al despertar de su ebriedad, se ha asombrado ante los excesos a que la había arrastrado el fanatismo.
Nosotros mismos tenemos en Francia una provincia opulenta donde el luteranismo prevalece sobre el catolicismo. La universidad de Alsacia* está en manos de luteranos; ocupan una parte de los cargos municipales: nunca la menor querella religiosa ha turbado el reposo de esa provincia desde que pertenece a nuestros reyes. ¿Por qué? Porque no se ha perseguido a nadie. No intentéis molestar los corazones, y todos los corazones serán vuestros.
No digo que todos los que no son de la religión del príncipe deban compartir los puestos y los honores de los que son de la religión dominante. En Inglaterra, los católicos, mirados como unidos al partido del pretendiente, no pueden acceder a los cargos: hasta pagan doble impuesto; pero gozan por lo demás de todos los derechos de los ciudadanos.
Se ha sospechado de algunos obispos franceses que pensaban que no convenía ni a su honor ni a su interés tener calvinistas en su diócesis, y que ahí radica el mayor obstáculo a la tolerancia; no lo puedo creer. En Francia, el cuerpo de obispos está formado por gentes de calidad que piensan y actúan con una nobleza digna de su nacimiento; son caritativos y generosos, y hay que reconocérselo en justicia; deben pensar que desde luego sus diocesanos fugitivos no se convertirán en los países extranjeros, y que, de regreso al lado de sus pastores, podrían ser ilustrados por sus instrucciones y conmovidos por sus ejemplos: ganarían honor convirtiéndolos, lo temporal no perdería con ello y cuantos más ciudadanos hubiese más reportarían las tierras de los prelados.
Un obispo de Varmie, en Polonia, tenía un anabaptista por granjero, y un sociniano por recaudador; le propusieron despedir y perseguir al uno porque no creía en la consubstancialidad, y al otro porque no bautizaba a su hijo hasta los quince años; respondió que en el otro mundo se condenarían eternamente, pero que, en este, le eran muy necesarios. Salgamos de nuestra pequeña esfera, y examinemos el resto de nuestro globo. El Gran Señor gobierna en paz veinte pueblos de diferentes religiones; doscientos mil griegos viven seguros en Constantinopla; el propio muftí nombra y presenta al emperador el patriarca griego; allí toleran un patriarca latino. El sultán nombra obispos latinos para algunas islas de Grecia, y se sirve para ello de la siguiente fórmula: «Le mando ir a residir como obispo en la isla de Quíos, según su antigua costumbre y sus vanas ceremonias». Ese imperio está lleno de jacobitas, de nestorianos, de monotelitas; hay coptos, cristianos de San Juan, judíos, guebros, banianos. Los anales turcos no mencionan ninguna rebelión provocada por ninguna de estas religiones.
Id a la India, a Persia, a la Tartaria, veréis la misma tolerancia y la misma tranquilidad. Pedro el Grande ha favorecido todos los cultos en su vasto imperio; el comercio y la agricultura han ganado con ello, y el cuerpo político no ha sufrido nunca.
El gobierno de China nunca ha adoptado, desde hace más de cuatro mil años que es conocido, más que el culto de los noáquidas*, la adoración simple de un solo Dios; sin embargo, tolera las supersticiones de Fo** y una multitud de bonzos que sería peligrosa si la prudencia de los tribunales no los hubiese contenido siempre.
Verdad es que el gran emperador Yung-Cheng, el más sabio y magnánimo tal vez que haya tenido China, expulsó a los jesuitas; pero no porque fuese intolerante, sino al contrario, porque lo eran los jesuitas. Estos mismos refieren, en sus Lettres curieuses***, las palabras que les dijo ese buen príncipe: «Sé que vuestra religión es intolerante; sé lo que habéis hecho en Manila y en el Japón; habéis engañado a mi padre, no esperéis que hayáis de engañarme a mí». Léase todo el discurso que se dignó hacerles, se le encontrará el más sabio y más clemente de los hombres. En efecto, ¿podía retener a unos físicos de Europa que, so pretexto de mostrar termómetros y eolipilas a la corte, ya habían sublevado contra él a un príncipe de sangre? ¿Y qué habría dicho ese emperador si hubiese leído nuestras historias, si hubiese conocido nuestros tiempos de la Liga y de la conspiración de las pólvoras*? A él le bastaba con estar informado de las indecentes querellas de los jesuitas, de los dominicos, de los capuchinos, de los sacerdotes seculares, enviados desde el fin del mundo a sus Estados: iban a predicar la verdad, y se anatematizaban unos a otros. Así pues, el emperador no hizo otra cosa que expulsar a unos perturbadores extranjeros; pero ¡con qué bondad los expulsó! ¡Qué cuidados paternales no tuvo con ellos para su viaje y para impedir que los insultasen en camino! Hasta su mismo destierro fue un ejemplo de tolerancia y de humanidad.
Los japoneses eran los más tolerantes de todos los hombres: doce religiones pacíficas estaban establecidas en su imperio; los jesuitas llegaron para ser la decimotercera, pero, como no querían tolerar ninguna otra, se sabe lo que de ello resultó: una guerra civil, no menos horrenda que la de la Liga, asoló aquel país. La religión cristiana fue ahogada finalmente en oleadas de sangre; los japoneses cerraron su imperio al resto del mundo, y solo nos consideraron como bestias feroces, semejantes a aquellas de las que los ingleses han limpiado su isla. Fue inútil que el ministro Colbert, sintiendo la necesidad que teníamos de los japoneses, que no nos necesitan para nada, tratase de establecer un comercio con su imperio: los halló inflexibles.
Así pues, nuestro continente entero nos demuestra que no hay que proclamar ni ejercer la intolerancia.
Volved los ojos hacia el otro hemisferio; ved la Carolina, cuyo legislador fue el prudente Locke: bastan siete padres de familia para establecer un culto público aprobado por la ley; esa libertad no da lugar a ningún desorden. ¡Dios nos libre de citar ese ejemplo para incitar a Francia a imitarlo! Lo citamos únicamente para mostrar que el mayor exceso a que puede llegar la tolerancia no ha sido seguido por la más ligera disensión; pero lo que en una colonia naciente es muy útil y bueno no es conveniente en un viejo reino.
¿Qué diremos de los primitivos que han sido llamados quakers* por burla, y que, con costumbres tal vez ridículas, han sido tan virtuosos y han enseñado
inútilmente la paz al resto de los hombres? En Pensilvania alcanzan al número de cien mil; la discordia y la controversia son desconocidas en la feliz patria que se han creado, y el solo nombre de su ciudad de Filadelfia, que en todo momento les recuerda que los hombres son hermanos, es el ejemplo y la vergüenza de los pueblos que todavía no conocen la tolerancia.
Por último, esa tolerancia nunca ha provocado ninguna guerra civil; la intolerancia ha cubierto la tierra de carnicería. ¡Júzguese ahora entre estas dos rivales, entre la madre que quiere que se degüelle a su hijo y la madre que lo cede con tal de que viva!
Aquí solo hablo del interés de las naciones; y respetando, como debo, la teología, en este artículo no considero más que el bien físico y moral de la sociedad.
Suplico a todo lector imparcial que sopese estas verdades, que las rectifique y que las difunda. Unos lectores atentos, que se comunican sus ideas, van siempre más lejos que el autor.
Este breve canto, dictado por una voz del aire, es lo que yo suelo calificar como un poema incontestable. Voy a robarle unas palabras a nuestro querido Carlos Morales del Coso: se me cae de sencillo este poema. Porque sí, es con la palabra más llana que se expresa lo más hondo del sentir.
Basta con estar allí, en las afueras, observando un pino que te retrotrae a la vida vivida, a los recuerdos, a tus seres queridos que ya partieron de estos parajes.
No siempre se conversa en tono jovial con un pino, pues tiene tema para todo tipo de conversación.
Cuando el pino te habla, por las cuerdas vocales de sus enramadas, es gracias a su conspiración con el viento: primero se juntan a conversar para luego conversar contigo. Un dragón les anima.
Y en este pino de Holan la voz que nos susurra toma una ruta, si se quiere, dolorosa y distinta, la ruta de las memorias decantadas en el arroyo de aguas ya pasadas y que no volverán, para versarnos sobre aquello no vivido en su hora y que hoy, como la segunda persona que es todo escucha, anhelaríamos que en lugar del versar de la memoria, ahora todo se tratara simplemente de besar aquello que en su momento no besamos.
Salud, lacl
***
EL PINO
Qué hermoso es ese viejo pino blanco
de la colina de tu infancia,
que hoy viniste a visitar...
Su susurro te recuerda a tus muertos
y piensas cuándo te llegará el turno.
Su susurrar te hace sentir
como si hubieras terminado de escribir tu último libro
y tuvieras entonces que callarte y llorar
para que empezara a brotar la palabra.
¿Qué fue de tu vida? Abandonaste lo conocido por lo desconocido.
¿Y tu destino? Te sonrió una sola vez,
y tú no estabas allí...
Vladimir Holan. DOLOR (1949 - 1955)
Tomado el libro UNA NOCHE CON HAMLET y OTROS POEMAS, VLADIMIR HOLAN.
"...El teatro se lleva la vida por delante, porque si uno viviera como lo hace el actor en el teatro, uno viviera de verdad (...) es el aquí y el ahora absoluto, un momento único e irrepetible..."
Francisco Pancho Salazar.
Citado por Centrotet, taller de formación del Taller de Teatro Experimental.
*** *** ***
Una belleza de comentario de Pancho Salazar, recogido con fortuna en la red y gracias a que fue difundido por Centrotet, del Taller experimental de teatro (TET). Lamentablemente, tal hallazgo fue posible en virtud de su reciente desencarnación. Comparto plenamente sus palabras. Puedo decir que son totalmente verídicas. Yo no hice carrera teatral, pero tuve mis escarceos con ese amado espacio, con Humberto Orsini primero, siendo un iniciante en la vida, como su asistente de dirección de una obra teatral en la UCAB. Igualmente como consuetudinario visitante del teatro universitario de la UCV y en amena y sentida conexión con amigos tales como Rodolfo Porras, Juancho Pinto y el siempre bienhumorado Ramón Aguirre. Luego, en la Escuela de Letras UCV en un maravilloso taller de dos semestres de teatro con Eduardo Gil, el cual me indicó Humberto que no podía yo perderme. Y tuvo razón. Experimenté eso que cuenta Pancho en sus diáfanas palabras citadas al inicio. El teatro es un compromiso vital, tan vital como la poesía misma. Y a mí no me cabe duda de que uno podría perder la razón, de tanta lucidez que se puede alcanzar en el gesto teatral, cuando uno se lanza de pecho en sus aguas. Un par de amigos fueron testigos de ello con el estado poseso en el que podía yo entrar al tomar el puesto del actor. Pero ese no es el tema de este asunto, lo cuento solamente como anécdota con la que deseo reafirmar y realzar las palabras de Pancho para celebrar ese espacio-obra que toman la tarima y las butacas, los pasillos y el cortinaje, la calle y el instinto, el silencio y el éxtasis, la luz y la oscuridad.
Acabo de recordar una conversación que tuve con Humberto Orsini sobre el distanciamiento y la obra y sobre el compromiso del actor y el teatrero, en general, con lo que se representa en escena.
"Es la vida lo que se representa en el teatro", algo así decía la cita que yo le traía a colación a Humberto en una conversa en la que tratábamos sobre el asunto del distanciamiento en la obra teatral. Humberto me preguntó ¿y quién escribió eso? Pues nada menos que Bertolt Brecht y le mostré el texto subrayado por mí. Y ambos terminamos riéndonos, pues sabíamos que nos estábamos pasando por alto algo muy importante: aquello que comentara Pancho al principio de este texto.
"...Ni la voz activa ni la pasiva pueden expresar el acto por el cual el mundo proviene de su fuente..."
Raymond Pannikar. Una minucia en la Nota 5.
En EL MITO DE LA PENA. Monte Ávila Editores, Caracas, 1970
NOTA AL MARGEN
Pannikar es increíblemente aguzado para presentar objetiva y claramente fuentes y mitos religiosos, con el fin de profundizar, incluso cuando, como en este ensayo, desacraliza el asunto de la pena...
Luego agregaré otro segmentos de su ensayo.
El ensayo se titula: "LA FALTA ORIGINANTE O LA INMOLACIÓN CREADORA. El mito de Prajápati."
Qué época la de Monte Avila Editores.
(lacl)
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Un fragmento que atesoro como un rezo…
[… El mismo Marco Aurelio, que gastó sus días en administrar todo un impero, pudo expresar en ocasiones tal sensación desoladora del extrañamiento: “Toda la vida del cuerpo humano es una corriente que fluye; su existencia, una pelea y una estancia en un país extranjero, y su fama póstuma, puro olvido” …]
E. R. Dodds, Paganos y cristianos en una época de angustia, uno de los más extraordinarios libros que haya leído en toda mi vida.
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GALERIA DE ORFEO
JS BACH - AIR ON THE G STRING - WHITWORTH HALL ORGAN - THE UNIVERSITY OF MANCHESTER - JONATHAN SCOTT
La aurora, en la voz de Llorente
Proyecto Omega
La aurora
La aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno
y un huracán de negras palomas
que chapotean en las aguas podridas.
La aurora de Nueva York gime
por las inmensas escaleras
buscando entre las aristas
nardos de angustia dibujada.
La aurora llega y nadie la recibe en su boca
porque allí no hay mañana ni esperanza posible.
A veces las monedas en enjambres furiosos
taladran y devoran abandonados niños.
Los primeros que salen comprenden con sus huesos
que no habrá paraísos ni amores deshojados;
saben que van al cieno de números y leyes,
a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.
La luz es sepultada por cadenas y ruidos
en impúdico reto de ciencia sin raíces.
Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes
como recién salidas de un naufragio de sangre.
FEDERICO GARC'IA LORCA, POETA EN NUEVA YORK
Billie Holiday, Inigualable
Fine And Mellow -1957, Billie Holiday With Coleman Hawkins, Lester Young, Ben Webster, Gerry Mulligan, Vic Dickenson, Roy Eldridge.
Acercamientos, distanciamientos, como la marea de nuestro mar interior, que por ella se sube y por ella se baja, gracias a su influjo o su desdén.
Y en nosotros todo se mueve, en la engañosa creencia de nuestra autonomía con respecto al afuera, olvidando que si todo se mueve es porque el todo nos mueve.
lacl 15 de marzo 2025
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Hay días que son cautivos de la tristeza. Y no hay forma de desanudar las cuerdas que les atan. Las tristezas no vienen de arriba, vienen de adentro o de un pasadizo de lo vivido. Pero basta que se conjunten con un nubarrón entre negro y gris para que se les sientan los grilletes en los tobillos a esas jornadas que invitan a la desolación y que el ser viviente debe encauzar hacia los afluentes de una silenciosa aceptación.
(lacl, 16 de marzo 2025, ante los nubarrones de las primeras horas del día... Nada como este Himno de Denny Zeitlin para acompañar tales jornadas.)
Agrego aquí el enlace para quien lo quiera escuchar en su red de origen:
https://youtu.be/E0em7J63glg?si=uGfKSA5_qnK85W7B
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¿Qué mejor cómplice que una vela encendida en medio de la noche?