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Con mi padre aprendí a hablar desde el corazón y no sabía yo nada de la importancia que incrustada venía en esas enseñanzas. Me parecía un hombre extraño, único, irrepetible e, incluso, incomprendido. Mucha gente que le escuchaba no estaba dispuesta a escuchar con el oído del corazón, querían escuchar con el oído de la mente. Y algunos se aburrían por ello. Les parecía una pérdida de tiempo.
Yo agradezco haber perdido todo el tiempo del mundo conversando con mi padre. Podíamos pasar 8 o 10 horas seguidas conversando, desde la mañana hasta la tarde, desde la tarde hasta la noche o desde la noche hasta la madrugada.
Las palabras de un amigo me lo han traído al recuerdo y es un gesto que agradezco.
El risco está para que uno contemple el horizonte, pero también para que volemos sobre las alas del alma.
Hoy, al alba, en un sueño del entresueño, su voz me ha susurrado: ¿estás?
Al abrir los ojos, sonreí: Estoy.
lacl, 31/08/2026
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(Escrito el 29 de diciembre de 2008)
Mi hermana Nella fue, fulgurantemente, estrella mayor de la casa, centro en torno al cual gravitaban la justeza y el amor. Sus ojos desnudaban toda falencia. Eran maestros del alma y educaban a quien se atreviera a contemplarlos de frente, cuando se intentara dilucidar razones sobre cualquier aspecto de la vida.
Mi padre, otro astro querido, tan humildemente sabio en los afectos, así lo reconocía, no con palabras que el viento habría de llevarse, sino con gestos del corazón que se imprimían en los nuestros.
Pero ella era un astro fulgurante. Eros impulsaba sus pasos con su aliento. Y fue Eros quien se la llevó. Me conmueve haber sido testigo y parte, si se quiere, de esta porosa educación.
(lacl)
Ita (Marujita) es quien viste de blanco y Nella (Marianella) va con lazo en el cabello, en la puerta de la casa.
Dejamos una colecta de esas joyas que acariciaron nuestros tímpanos siendo todavía unos niños...







































