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PALABRAS, otra versión revisada, 7 de febrero, 2026
PALABRAS
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Arte y poesía: vigencia de toda expresión lúdica, gesto o acto non servil en tiempos tan obscuros como los actuales. Disertaciones sobre el culto añejo de ciertos antagonismos: individuo vs estado, ocio y contemplación vs labor de androides, dinero vs riqueza. Ensayos de libre tema, sección sobre ars poética, un muestrario de literatura universal y una selección poética del editor. Luis Alejandro Contreras Loynaz. © Todos los derechos reservados. Fecha de creación del blog: 2007. ©
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PALABRAS, otra versión revisada, 7 de febrero, 2026
PALABRAS
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(Tómese nota, mañana del 04 de febrero de 2019)
SOBRE EL MAL DE NUESTRA HORA UNDECIMA
En nuestro discreto entorno, el de la conversa con los amigos y en algunas publicaciones digitales, hicimos intento -en el pasado inmediato y en el no tan inmediato, esto es, en los 90 y luego de ser aprobada la nueva constitución- de alertar sobre la sombra negra que se tendía sobre la nación. Hablo desde antes, incluso, de que llegara el cancerígeno mamarracho que, con bombos y platillos, anunciaba el nacimiento de un "hombre nuevo".
Muchos de mis amigos llegaron a ofenderse en aquellas horas, cuando les asegurara que lo que venía para nuestra patria era un tétrico futuro y una hecatombe. Y vi cómo le escribían al neo-caudillo de fines de milenio églogas y enfebrecidos panegíricos, cuasi al estilo de un Neruda cantando a un justiciero paladín. Al día de hoy sigo sin comprender los afectos que logran suscitar estas mitologías de cartón y hojalata. Y no traigo a colación este estigma por hacer escarnio de nadie, pues una inmensa cantidad de ciudadanos se decidió a empujarse por ese triste derrotero de instalar a un lunático caudillo en el trono (lo cual ha de leerse como una corresponsalía psíquica que era ya inevitable), sino porque se tenga en cuenta que no es con altisonantes promesas redentoras que se logra conformar, de manera creadora, un colectivo.
Lo señalo porque en el futuro tengamos muy en cuenta, de ciudadano en ciudadano, que nuestro presente lo construimos es uno a uno, aportando cada quien su grano de arena, con el sudor de su frente y no con las dádivas prometedoras de un resplandeciente futuro por parte de seres anfibios con vestimenta de prestidigitadores.
Nadie quiso ver el risco que tan cercano se insinuaba tras la rotura del hilo constitucional en los noventa. Eso era precisamente lo que buscaban algunas de esas larvas que merodeaban la tambaleante democracia venezolana. Y el asunto no era el de hacer justicia y verle el hueso a un presidente, sino el de quebrar el inestable aparato del estado. Y no se trataba de defender a una figura presidencial cuyo juicio hará la historia, sino de defender a ese tambaleante estado que tanto costó construir, aunque a sabiendas de que hacía aguas por todas partes, debido a las malas artes de todo su funcionariado, desde los más rancios exponentes de la partidocracia hasta el portero de ocasión de un ministerio. Una de las contadas iniciativas que se pretendía en aquellas décadas finales de milenio era, precisamente una reforma estatal (por vía de la COPRE) a la que le dieron la estocada durante la nefasta presidencia de Caldera, antes de que ascendiera al poder el neo-caudillo.
Agrego esta nota porque me parece muy importante que tengamos en cuenta la génesis de este esperpento. Ya el cáncer venía por dentro, y fueron los factores actuantes de la menguada democracia, aunados a los caimanes disfrazados de esperanza, quienes le pusieron el sello a la sentencia.
Hoy la nación yace en el suelo. Me refiero a las reservas morales y educativas en las que debimos haber profundizado, cada vez más, como una familia en crecimiento. Y es sumamente importante que cada ciudadano al que le importe en algo nuestro presente y nuestro porvenir, en tanto que familia o colectivo, se aboque al rescate primordial de los valores que no pueden ser sopesados en una balanza, sino en nuestro fuero interior. Recuerdo siempre una imagen que nos dibujaba el profesor Cadenas en sus clases, ante una multitud de imberbes. Decía: “…meter la mano en las arcas de la nación es como que un muchacho meta la mano en la cartera de su madre…” Y uno pensaba: “la verdad, qué feo es eso”. Mi padre, para fortuna mía, siempre tuvo una frase prácticamente idéntica con la que me inculcó desde la infancia.
Pues bien, ése es el lema que, cual monólogo interior, se ha hecho ley en las últimas décadas de nuestra historia: “Mi fin último es buscar la mejor manera de meterle manos a la cartera de mamá”. Y con el agravante de que en las dos últimas décadas pareciera haberse convertido, más bien, en un sacrosanto mandamiento. Disculpen, amigos, que insista acaso algo más de lo que recomienda el equilibrio, es algo que sucede al calor de esta hora undécima; pero es que me parece capital insistir en el factor crucial de que ha llegado la hora de rescatar el espíritu de Simón Rodríguez, antes que el de cualquier caudillo que por el horizonte se nos asome.
(lacl, 04/09/2019)
NOTA BENE. Muchas son las ocasiones en que me he inhibido de publicar asuntos urgentes en torno a la situación social acaecida en nuestro entorno o allende las fronteras, intentando no contaminar en demasía este portal con asuntos que van más allá de lo literario y las bellas artes. Pero es imposible vivir en una sociedad en la que se intente segmentar y separar asuntos como convivencia, praxis política, estética y bellas artes del indispensable culto de la ética. Razón por la que rescato una anotación como la que antecede a estas palabras, la cual fue publicada en algunas redes sociales en las que, suponemos, aún subsiste la intención de sumarnos a un acuerdo de sana convivencia, se comparten opiniones tanto coincidentes como disidentes, en la búsqueda siempre de un pacto que hermane a los seres humanos.
Salud, lacl, 08/02/2026.
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¿Cómo respirar en medio de la insania?
Los vahos putrefactos
se levantan del estiércol
que el hombre ha abonado
con los desechos del hombre.
Claro es el día, el sol se levanta,
límpidamente imperturbable,
como queriendo regalar
luz en la luz
y aire en el aire.
Se mantiene impasible
en tanto que su corazón
irradia una lengua inaudible,
vedada,
incomprensible
para los hijos de una tribu
de comedores de carroña.
El rey de la luz
desconoce
la jerga que se zurcen
los que buscan la sombra
para apuñalar a sus pares
Una jerga densamente cargada
de hirientes y cortantes vocablos
Su imperio no juzga, ni impone otras leyes
que las de su inevitable,
distante y poderoso ojo,
que todo lo ve
Los arteros que viven a su luz
se contentan con disimular otro imperio,
dictan y decretan penas y sentencias
entre hórridos palacios
y efluvios de naftalina,
mientras sus huestes de mirmidones
pasan a cuchillo
a los condenados
de cada jornada.
lacl, 3 de febrero de 2026, hora del pulmón (3 am)
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Post scriptum a manera de introito: lo escribí el 11 de enero de 2025, hace exactamente un año... No me sentí impulsado a escribirlo por acá debido a que este perfil de alguna manera se desprende un poco del contexto de lo que se expone en la nota que hoy anexo a estas publicaciones. Las razones obedecen precisamente al maremagnum de publicaciones en las redes sociales que abundan en comentarios grandilocuentes y de palabras sobradas que descalifican cualquier otra posición que no sea la que defiende tal o cual persona. Vivimos en un mundo embrutecido.
(lacl)
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Hace bastante tiempo que yo me desprendí de los prometedores de oficio de libretos político-novelescos. Prefiero ver un remake de Radio Rochela que los sainetes sin sal ni pimienta de ese "liderazgo que hay", cuyo "trabajo de campo" son las redes sociales, muy distinto al de los políticos de antaño que, con todos sus defectos, sabían que el acuerdo social comienza por un organizado y constante trabajo de campo, cara a cara, mano a mano, una maquinaria que se construye desde la base hacia arriba, y no desde el púlpito de un prometedor de oficio, siempre expuesto a las tentaciones de un mesianismo generador de ilusiones. Todo acuerdo social debe construirse de manera horizontal primeramente y, luego de bien echadas las bases, comienza a subir la estructura vertical.
Las redes sociales son un elemento de ayuda que en el pasado no se tenía. Un político de antaño, si se veía forzado a trabajar a la sombra para construir una sociedad democrática, sólo contaba con el boca a boca o con mensajes cifrados y aparentemente inocentes estampados en papelitos que pasaban de mano en mano. Pero no hay que olvidar que las redes sociales son solamente eso, un medio de comunicación y no un fin. Podrían incluso servir de medio para comunicar una propuesta seria de organización política para una nación y en la cual imperen, en la práctica, los famosos tres principios de la Revolución Francesa, y sin olvidar que tales principios deben ser las bases rectoras de todo emprendimiento y no las manidas nociones de toda demagogia.
Podrán decir lo que quieran de políticos de antaño como algunos de los que trabajaron a la sombra de alguna dictadura. De Rómulo Betancourt no sé podrá decir, por ejemplo, que fue un vende patria o un vende suelo, ni -mucho menos- vende subsuelo.
Podrán decir de Luis Beltrán Prieto alguna estupidez atribuida por un tercero, aunque tuvo sus razones para desvincularse de su partido político de origen, pero no podrán decir que no fue uno de los padres de una educación universal y gratuita impartida en una nación convulsa y asediada por la sempiterna ambición de Fidel Castro y sus secuaces.
Gracias a esa educación gratuita y universal yo supe desde que era un niño lo que era la Ley Del Talión o el Código Hammurabi. Y aunque era un niño me sentía afortunado de tanta maravilla que se nos ofrecía al sentarnos en un aula. ¿Que la nación se desdibujó? Sí, por supuesto que se desdibujó. No se siguieron los principios rectores de una democracia, sino los principios rectores del comercio de influencias y de las injustificables prebendas impartidas a trastiendas: principios rectores, estos últimos, que se establecen en todo conciliábulo, independientemente de que se autoproclamen de derechas o de izquierdas.
Hay que volver a las bases rectoras de toda propuesta social que pretenda, de manera cabal, ser justa y equitativa. Y todo ello pasa por algo más que estrategias de enroques políticos de conveniencia temporal, con discursitos de Tik Tok o alebrestaciones por vía de Instagram.
Los enroques políticos deben perseguir una misión más alta, supratemporal y suprapersonal. Debemos atajar y contener en nuestra conciencia y hasta en nuestro inconsciente colectivo, ese culto a la provisionalidad que ha definido a nuestra sociedad desde el primer grito de aquel 19 de abril.
Salud, lacl
11 de enero, 2025
Galería de Orfeo
A ver, como dijera Sampedro en 2017. Repetimos la entrevista, ahora completa, con la antesala que escribiera en aquella ocasión. Salud, lacl.
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Ese es un punto sobre el que poco se reflexiona. Es un asunto muy importante el rescate de nuestra libertad individual, que conlleva a una libertad personal. Sin persona no hay colectivo. Pocas personas han insistido tanto en la importancia del ser individual para la creación del colectivo como Jorge Luis Borges, una de las premisas sobre la que no dejaba de insistir cada vez que se le presentaba la oportunidad. Fue también la palabra sustancial de poetas y pensadores como Nietzsche, Lawrence, Thoreau o Lao Tse. Modernamente en nuestro patio, una voz como la de Rafael Cadenas, que por fortuna ha cautivado escuchas en otras regiones del mundo ha tomado esa bandera. Llama la atención que quienes señalan esta urgente necesidad sean siempre poetas y libres pensadores y no quienes se entregan a la política o a perseguir el poder.
La libertad de un colectivo nace en la libertad que logre alcanzar el individuo.
(lacl)
Agregamos aquí el enlace para quien tenga el tiempo y la disposición de escuchar esta maravillosa conversación en la que Sampedro pone los puntos sobre las íes. Basta con copiar el enlace y pegarlo del buscador para ver la conversación directamente en YouTube:
https://youtu.be/pb3_AGEogUM?si=NRm-leTf0gLz5Yrd
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Angelus Silesius
LOS MISTERIOS DEL ALMA
El alma ve con el intelecto, camina con el anhelo, habla con el fervor, y llega al puerto de la perseverancia.
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LOS OJOS DEL ALMA
El alma tiene dos ojos: uno mira al tiempo, el otro está vuelto a la eternidad.
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NO TE JACTES, PUES, DE NADA
Amigo, si algo eres no te quedes, pues, en ello: hay que avanzar de luz en luz.
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TRES ENEMIGOS TIENE EL HOMBRE
Tres enemigos tiene el hombre: él, Belcebú y el mundo: y de los tres el primero de abatir es el más lento.
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EL MÁS RAPAZ DE TODOS
¡Qué rapaz es un corazón! Si hubiera mil mundos, los desearía todos, y más todavía.
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LO MÁS DULCE DE TODO
Dulce es el zumo de la miel, dulce es el mosto de las uvas, dulce es el pan del cielo, alimento de los Israelitas. Dulce es lo que él Serafín siempre ha sentido, y más dulce es todavía, Cristo Señor, la dulzura de tus llagas.
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Angelus Silesius, PEREGRINO QUERUBÍNICO o Epigramas y máximas espirituales a la contemporización de Dios.
EDICIONES DE LA TRADICIÓN UNÁNIME.
José J. Olañeta, Editor. Barcelona, 1985.
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© [Luis Alejandro Contreras Loynaz/LetrasContraLetras - contracorrientes]. Todos los derechos reservados. Fecha de creación del blog: 2007. ©
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El texto se explica por sí solo, lo agregamos acá por aclarar un poco la diferencia que hay entre derechos reclamados para defender iniquidades frente a derechos a los que deben tener derecho, haciendo valer la redundancia, todas las personas por igual.
lacl
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“Muchas personas me preguntan mi opinión sobre la cuestión de los EE. UU. y Venezuela, como profesor de derecho internacional que vive hace 10 años en los EE. UU. En lugar de responder uno por uno, decidí poner aquí lo que pienso. Para quien tenga interés y paciencia para leer, aquí va." (Felipe Hasson)
Mi opinión es que el debate sobre Venezuela ha sido secuestrado por una lectura selectiva —y profundamente hipócrita— del derecho internacional. Se invoca la "soberanía", la "no intervención" y el "orden jurídico internacional" como si estos conceptos existieran para proteger a los gobiernos, y no a las personas. Como si la soberanía estatal fuera un escudo moral absoluto, capaz de justificar el hambre, la persecución, la tortura, el exilio masivo y la supresión completa de la voluntad popular. No lo es.
La soberanía no es un fin en sí misma; nunca lo fue. Es un instrumento funcional, condicionado al cumplimiento mínimo de los deberes del Estado para con su población. Cuando un régimen transforma a su propio pueblo en rehén —empobrece deliberadamente a la sociedad, destruye instituciones, persigue opositores, defrauda elecciones y elimina cualquier posibilidad real de alternancia de poder—, ese régimen pierde la legitimidad que da sentido a la soberanía que alega defender.
El derecho a la vida, a la dignidad humana y a la autodeterminación de los pueblos no son "valores occidentales" opcionales ni retórica política. Son normas centrales del orden jurídico internacional contemporáneo. Un gobierno que viola sistemáticamente estos derechos no puede exigir que el mundo cierre los ojos en nombre de una abstracción jurídica conveniente.
Venezuela no es un caso de "divergencia ideológica"; es una tragedia humanitaria. Millones de personas se han visto obligadas a dejar el país. Las que se quedaron conviven con la escasez, la represión y el miedo. No hay elecciones libres. No hay prensa independiente. No hay un Poder Judicial autónomo. No hay canales internos efectivos para que el pueblo se libere por su propia cuenta. Defender que ese pueblo "resuelva solo" su situación es, en la práctica, defender la perpetuación del sufrimiento.
Por eso, la ayuda externa —incluida la militar, cuando sea necesaria para proteger vidas y no regímenes— no es una violación moral del derecho internacional. Es la afirmación de su núcleo ético. La comunidad internacional existe precisamente para evitar que se cometan atrocidades detrás de fronteras convenientemente cerradas.
La reacción de muchos venezolanos deja esto claro. Mientras comentaristas extranjeros, cómodamente distantes, condenan las intervenciones en nombre de una soberanía abstracta, quienes viven la desesperación real celebran. Celebran porque ven una oportunidad concreta de liberación. Celebran porque saben que el "respeto a la soberanía" fue, durante años, la excusa perfecta para la inercia internacional.
El paralelo histórico es inevitable. Si en la Europa de los años 1940 las potencias hubieran decidido no liberar los campos de concentración para respetar la soberanía alemana, hoy esa omisión sería recordada como complicidad. Ningún orden jurídico serio puede exigir neutralidad ante crímenes masivos contra la propia población.
Invocar el derecho internacional para defender a dictadores es una perversión intelectual. Es transformar un sistema creado para proteger a los seres humanos en un argumento de conveniencia para proteger a los opresores. No hay nada de progresista en ello. No hay nada de humanista. Solo hay el consuelo moral de quien nunca ha tenido que elegir entre soberanía y supervivencia.
El derecho internacional no existe para blindar regímenes autoritarios. Existe para recordar que ningún gobierno —absolutamente ninguno— tiene el derecho de destruir a su propio pueblo en paz.
Otro argumento recurrente —e intelectualmente perezoso— es el de que la intervención no sería "humanitaria", sino movida por intereses económicos. Aunque existan intereses estratégicos o económicos —como casi siempre han existido en cualquier acción relevante en la política internacional—, eso no invalida, ni de lejos, la legitimidad moral del resultado cuando este atiende a una demanda real y explícita del propio pueblo oprimido.
El criterio central no es la pureza de las motivaciones externas, sino la realidad vivida internamente. Y esa realidad es inequívoca: los venezolanos, en su mayoría, celebran y apoyan la intervención porque saben quién es el verdadero agresor. Fue el propio régimen dictatorial el que, al elegir preservar el poder a costa del hambre, de la represión y de la destrucción social, abrió la puerta a una respuesta externa.
Cuando un gobierno ataca sistemáticamente a su propio pueblo, él mismo elimina cualquier autoridad moral para cuestionar los motivos de quien interviene para poner fin a ese sufrimiento. En este escenario, incluso una acción impulsada por intereses no exclusivamente humanitarios se vuelve necesaria, legítima y moralmente correcta, porque la alternativa concreta sería la continuidad de la opresión.
Por lo tanto, la fundamentación de aquellos que colocan la ideología por encima de todo —y que después rebuscan en el derecho internacional frases, conceptos y principios que sirvan a la respuesta que ya decidieron dar— es, como mínimo, lamentable. No es una defensa seria de la legalidad internacional, sino un ejercicio de cinismo selectivo, hecho a la distancia y sin ninguna empatía por quien vive el colapso en carne propia. Cuando la ideología viene antes del ser humano y la soberanía es invocada para justificar la miseria, el derecho deja de ser instrumento de justicia y pasa a ser apenas retórica vacía al servicio de la indiferencia.”
*Felipe Hasson*
Global Attorney | Ph.D, M.Sc, LLM, FCIArb
Fuente: Ningún gobierno tiene derecho de destruir a su propio pueblo en paz https://share.google/aFbdcR2PzOwPO9RHJ