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martes, 15 de septiembre de 2026

Las estaciones, Antonio Loynaz / Leoncio Martínez y el poema a la infanta Maruja / Cesarea Pavese Lavorare stanca / Está bella noche, Morella Muñoz.

© lacl 



LEYENDA:
De harta fama y alto ingenio era la tertulia escritores, poetas y críticos en el café de la estación del Gran Ferrocarril de Venezuela, en Los Teques. Aquí aparecen de izquierda a derecha: José T. Arriaza Calatrava, Antonio Loynaz, Rómulo Gallegos, que en Los Teques residía, Francisco Pimentel (Job Pim), José Poggioli y Fernando Paz Castillo. Don Rómulo viajaba diariamente en el tren para sus clases en el Liceo Caracas, del cual era subdirector y luego sería director.


Comparto una nota escrita hace muchos años cuando, por obra del azar concurrente, me tocó toparme con un libro impensado, un poemario escrito por mi abuelo materno, António Loynaz. Dejo acá la breve nota escrita en aquella oportunidad. Salud, lacl.


[ABRO LA CITA]

Mi abuelo, Antonio Loynaz, también fue poeta. ¡O sea que estamos rodeados! Me sucedió algo muy curioso con el libro del que reproduzco unas páginas. Lo encontré por azar en la La Gran Pulpería del Libro. Caminaba por uno de sus pasillos y me sentí un tanto molesto al ver la tapa de un libro tirada al suelo, boca abajo. Casi lo piso. Lo recogí con la intención de hacerle un llamado de atención a la dependiente y cuál no fue mi sorpresa cuando me topé con Las Estaciones, de Antonio Loynaz… Inmediatamente cambié la frase que llevaba en mente, para preguntarle, ¿tendrán ustedes el resto de este libro? De allí que vino a mis manos…

[CIERRO LA CITA]




Hurgando un poco en los datos históricos me encuentro con que al grupo que aparece en la fotografía se les denominó o conoció como Los seis de Los Teques. Ellos son, de izquierda a derecha, José Tadeo Arreaza Calatrava, Antonio Loynaz, Rómulo Gallegos (quien residía en Los Teques), Francisco Pimentel (popularmente conocido como Job Pim), José Poggioli y Fernando Paz Castillo. Mi madre, con su particular y muy memoriosa manera de ser, un día me llamó para decirme que me tenía que dar algo. Se trataba de extractos de la memoria. Ella solía guardar recortes o incluso páginas completas de los periódicos cuando se topaba con noticias del ayer o crónicas de la memoria. Entre esos recortes se encontraba esta fotografía en la que aparecen Los seis de Los Teques. A ella muy particularmente le hice el comentario del avatar que me sucediera entre los pasillos de LA GRAN PULPERÍA DEL LIBRO con el poemario publicado por mi abuelo y estuvimos conversando sobre asuntos un tanto vedados de la historia familiar, los cuales tenían que ver con la huella de mi abuelo materno. Mi madre jamás habló con rencor de su padre, pero sí me referenció que sus padres se habían separado cuando ella estaba muy pequeña. La bohemia de mi abuelo era una cima insalvable, fue amigo y ello me consta, de LEO (Leoncio Martínez), quien a mi abuelo mencionaba en un poema dedicado a mi madre cuando era una tierna niña. Editó el amoroso poema con una fotografía de la infante y se los regaló a mis abuelos editado dentro de un marco. Una de esas reproducciones me la regaló mi madre y la misma está suspendida en una de las paredes de mi casa. Por cierto que con mi madre fue con la persona que primero hablé del albur los avatares, la telepatía y sincronicidad del azar magnífico, un azar que es más causal que casual. Siempre noté, al igual que ella, la innumerable aparición de señales que, sin voluntad aparente, hacían eclosión día tras día con respecto al más mínimo detalle: pensar en alguien y ese alguien te llama; imaginar premonitoriamente un suceso y el suceso acaeciendo en otra parte; desde muy temprana edad en mi vida comencé a notar ciertas y recurrentes experiencias de sincronicidad con mi madre, quien se sonreía cada vez que estás cosas sucedían. El avatar con el libro de mi abuelo nos dio pie para una extensa conversa. Poco fue lo que pude averiguar de mi abuelo. Mi madre siempre fue muy discreta al respecto. La tácita conclusión que irrumpió en mi mente es que el poeta Antonio no estaba hecho para el matrimonio.



***
Leoncio Martínez y el poema a la infanta Maruja









* * *
¡Maruja, Marujita Loynaz, hija de Antonio! Es la frase que me asalta la memoria esta noche, noche del 6 para el 7, expresión con la que Luis Amado le gustaba parodiar juguetón en lo que llegaba a la casa… 


Son 96 ruedas al orbe, aunque ahora hayas comenzado a darlas en otra órbita. 

Aquí te dejamos un canto de hombre sencillo, como aquel con quien fundaras casa. Porque (y a mí no me cabe duda) ése ha de haber sido el talante de Luis Amado para que, implorada, no es que echaras una mano en la casa, sino para que en la tierra y con tus manos se asentaran sus cimientos.

La expresión viene del poema que le escribiera Leoncio Martínez a mi madre cuando era una niña.


lacl.-
P. S. Se trata de Lavorare stanca (Trabajar cansa, el hermoso poema de Pavese)

07-12-2017
.......

Césare Pavese Lavorare stanca 

Traversare una strada per scappare di casa 
lo fa solo un ragazzo, ma quest’uomo che gira 
tutto il giorno le strade, non è più un ragazzo 
e non scappa di casa. 
Ci sono d’estate 
pomeriggi che fino le piazze son vuote, distese 
sotto il sole che sta per calare, e quest’uomo, che giunge 
per un viale di inutili piante, si ferma.
Val la pena esser solo, per essere sempre più solo?
Solamente girarle, le piazze e le strade 
sono vuote. Bisogna fermare una donna 
e parlarle e deciderla a vivere insieme.
Altrimenti, uno parla da solo. È per questo che a volte 
c’è lo sbronzo notturno che attacca discorsi, 
e racconta i progetti di tutta la vita.
Non è certo attendendo nella piazza deserta 
che s’incontra qualcuno, ma chi gira le strade 
si sofferma ogni tanto. Se fossero in due, 
anche andando per strada, la casa sarebbe 
dove c’è quella donna e varrebbe la pena.
Nella notte la piazza ritorna deserta 
e quest’uomo, che passa, non vede le case 
tra le inutili luci, non leva più gli occhi: 
sente solo il selciato, che han fatto altri uomini
dalle mani indurite, come sono le sue.
Non è giusto restare sulla piazza deserta.
Ci sarà certamente quella donna per strada 
che, pregata, vorrebbe dar mano alla casa.
*******
Franquear una calle para huir de casa
lo hace sólo un muchacho, pero este hombre que anda
todo el día en las calles, ya no es un muchacho
y no se escapa de casa.
En el verano hay
tardes en que las plazas se quedan vacías, tendidas
bajo el sol que está por ponerse, y este hombre, que viene por
una avenida de plantas inútiles, se detiene.
¿Vale la pena estar solo, para estar siempre más solo?
Callejear sin más; las plazas y las calles
están vacías. Es preciso detener a una mujer,
y hablarle y convencerla de hacer vida juntos.
De otro modo, uno se habla solo. Y es por ello que, a veces,
en la noche el borracho acomete discursos,
y recuenta el proyecto de toda la vida.
No es cierto que esperando en la plaza desierta
se encontrará con alguien, mas quien anda en las calles
se detiene de tanto en tanto. Si fueran dos,
aun andando por la calle, la casa estaría 
donde esa mujer y valdría la pena.
En la noche, la plaza vuelve a quedar desierta
y este hombre, que pasa, no ve las casas
tras las inútiles luces, no eleva más los ojos:
siente sólo el empedrado, que han hecho otros hombres
de manos endurecidas, como lo son las suyas.
No es justo quedarse en la plaza desierta.
Sin duda en la calle estará esa mujer 
que, implorada, quiera dar una mano en la casa.
...

Trabajar cansa, Césare Pavese..
Traducción: lacl ©
En el video viene doblemente subtitulado el famoso poema de Pavese al italiano y a nuestra lengua castellana...
Fotogramas y escenas del amado Tarkovski.


Luis Amado


Agregamos este bello documento...


Está bella noche, Morella Muñoz.
Un aguinaldo que a mi madre le robara el corazón...

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sábado, 12 de septiembre de 2026

Cuando la luna se asoma, lacl, grato recuerdo, traducida al hebreo / La luna en la ventana, lacl / Little Girl Blue

© lacl 



Gracias nuevamente! 

Un fuerte abrazo, אנת חדקל


כשהירח מבליח

כפנינה בשמי התכלת

בכל הדרו

לבחון עינו בנו בחצי היום

כניצן בשריקת התמימות

לוכד מבטנו ברשתו הלבנה

ברחפו נמוך מעל בחיוך מציף

לחדש רגשותינו

בקולות העולם האחר

זה רק למען הילד

הביישן ההוא


זה שהלך לאיבוד

מוקדם מדי

בינינו

.

.

Luis Alejandro Contreras

traducido a Hebreo por Anat / אנת חדקל

Nota bene 1. Nunca supe exactamente cómo pronunciar su nombre, ya que siempre me escribió en hebreo. Su nombre, según mis indagaciones, se traduciría como Anat Hadkal.



Cuando la luna se asoma

en todo su esplendor

y nos toma de improviso,

rozamos por un soplo la inocencia.

Nos rapta, con sus carantoñas blancas

que suben por lo bajo,

inundando con su paladar de voces de otro mundo

al niño tímido que demasiado pronto

se extravió en el hombre.


(lacl / 28 de enero, 2013)


Nota bene 2:  Poeta amiga de Carlos Morales del Coso, Anat / אנת חדקל me sorprendió, en cierta oportunidad, haciéndome llegar esta traducción suya. No sé qué ha sido de su vida.

Este breve esbozo, aspirando a una palabra alada, forma parte de un grupo de textos que se escribieron al desgaire en la noche que va del 28 al 29 de enero de 2013. Agregaré aquí el enlace original, para quien quiera visitarle o leer el resto de los textos y, a continuación, algunas de las imágenes captadas aquella noche. Asimismo agregaré la hermosísima balada que acompañara aquellos textos, la pequeña niña azul de Nina Simone. Las otras fotografías también son obras de este servidor. 

 Salud, lacl

Aquí el enlace original:

https://letrascontraletras.blogspot.com/2013/01/normal-0-false-false-false-en-us-x-none_31.html?m=0





Live At Montreux 1976 
Nina Simone
Little Girl Blue





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jueves, 10 de septiembre de 2026

NADA SAGRADO, Textos Zen, un libro sapiencial, lacl / Ryokan / Alan Watts / A Winter's Solstice.

© lacl 

Nada Sagrado 
Textos Zen

Es un libro al que tuve acceso a muy temprana edad. Lo leía de atrás hacia adelante y de adelante hacia atrás. Un libro sapiencial. Un golpe de la providencia lo puso en mis manos y ante mis ojos. Fiel compañero, solía salir en mis alforjas para lecturas al aire libre en algún paraje o, quizás, sentado en alguna banqueta al final de una barra o en la mesa de alguna tasca caraqueña. Tanto lo tuve en mis manos que se desencuadernó. En algún lugar de mi biblioteca reposa ese anciano ejemplar. Por fortuna, pude adquirir alguna de sus reediciones, como la sexta de ellas, que es de donde tomo algunos de estos relatos que tanto gusto me han departido y, estoy seguro que departirán a todo lector que se acerque a ellas. 
Salud, lacl 

***

NO LEJOS DE SER UN BUDA

Un estudiante universitario mientras visitaba a Gasan le preguntó:

"¿Has leído alguna vez la Biblia cristiana?"

"No, léemela", dijo Gasan.

El estudiante abrió la Biblia y leyó estos versículos de San Mateo: 

"Y del vestido ¿Por qué preocuparos? mirad a los lirios del campo cómo crecen: no se fatigan ni hilan. Pues yo os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos. No os inquietéis, pues, por el mañana; porque el día de mañana ya tendrá sus propias inquietudes; bástale a cada día su afán."

Gasan dijo: 

"Quien quiera que pronunció estas palabras lo considero un hombre iluminado."

El estudiante continuó leyendo:

"Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamada y se os abrirá porque quien pide recibe, quien busca halla y a quien llama se le abre."

Gasan observó:

"Eso es excelente. Quienquiera que dijo eso no está lejos de ser un Buda."


DIÁLOGO ZEN

Los maestros Zen entrenan a sus jóvenes discípulos a expresarse. Dos templos Zen tenían cada uno un niño protegido. Uno de los niños, yendo a buscar verduras cada mañana se encontraba en el camino con el otro. 

"¿A dónde vas?", preguntaba el uno. 

"Voy donde mis pies me lleven", respondí el otro. 

Esta respuesta desconcertó al primer chico, quien fue en busca de ayuda a donde su maestro. "Mañana por la mañana", le dijo el maestro, "cuando te encuentres con el otro chico pregúntale lo mismo. Él te dará la misma respuesta, Y entonces pregúntale: ¿Supón que no tienes los pies, entonces, adónde vas? Eso lo arreglará."

Los chicos se encontraron de nuevo a la mañana siguiente: "¿A dónde vas?", preguntó al primer chico. 

"Voy a donde el viento sople", respondió el otro. 

Esto volvió a desconcertar al chico, quién contó su derrota a su maestro. 

“Pregúntale A dónde irá si no hay  viento", sugirió el maestro.

Al día siguiente los chicos se encontraron por tercera vez.

"¿A dónde vas?", preguntó el primer chico.

"Voy al mercado a comprar verduras", le respondió el otro.


SI AMAS, AMA ABIERTAMENTE 

Veinte monjes y una monja llamada Eshum estaban practicando meditación con un maestro Zen.

Eshum era muy bonita a pesar de que llevaba la cabeza rapada y un vestido sencillo. Varios monjes se enamoraron secretamente de ella. Uno de ellos le escribió una carta de amor en la que insistía que se vieran a solas. 

Eshum no respondió. Al día siguiente el maestro dio una charla al grupo y cuando hubo terminado Eshum se levantó. Dirigiéndose al que le había escrito, le dijo: 

"Si realmente tanto me amas, ven y abrázame ahora."


Datos bibliográficos: 

NADA SAGRADO, Textos Zen 

Oscar Todtmann Editores, Sexta edición, 2009, Caracas.




**"
Ryokan 

El ladrón olvidó algo 
tras de sí, 
la luna en la ventana.





Algunas pertinentes meditaciones



https://www.youtube.com/watch?v=FledgXE36Ns

https://www.youtube.com/watch?v=RMvm4PqNfio

https://www.youtube.com/watch?v=6h7gEC2VhaA


 A Winter's Solstice - Full Album  Windham Hill

Dejamos el hilo de ese álbum maravilloso. 
(Búsquelo en Youtube)








Alas, lacl ©

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martes, 8 de septiembre de 2026

Albert Camus, Cartas a un amigo alemán. Primera carta / TRIBUTO A ALBERT CAMUS

 © lacl



Estas cartas son un testimonio de la lucha del humanismo frente a la miseria que proponen los bárbaros, así lo digo aún cuando luzca excesivamente tosca la expresión; pero no es una fórmula, sino el lienzo que muestra una cruda realidad: el enfrentamiento de dos posturas ante el reto de afrontar el don invalorable de la vida. El ego inflado o la ciega defensa de una ideología (que no es otra cosa que la idolatría de una idea) versus una palabra que no se aferra a un dogma preconcebido y cuya causa se apoya en la defensa del derecho del ser humano a vivir libremente y conforme a la naturaleza de la que forma parte. Albert Camus quiso dejarlo bien sentado en su prólogo a estas cartas en la edición realizada en Italia. En aquella hora aciaga y decisiva, en la que el destino de la civilización estuvo al borde del colapso definitivo, de las ruinas, desde el fondo de los escombros se alzaron voces como la suya, para compartir una palabra que hiciera las veces de una balanza espiritual estrechamente enlazada al sentido común que nace en el corazón. 
El mundo humano no da muestras fehacientes de haber aprendido la lección y las naciones siguen siendo gobernadas por los extremistas de una idea. Las ideas que proponen los fanáticos son cáscaras vacías y, desafortunadamente, la humanidad corre el riesgo, cada vez más intenso, de rodar por el abismo, arrastrada por lo que las más diversas sectas pretenden imponer como justas causas, cuando no son otra cosa que la patente manifestación de una enfermedad del alma. Quienes optan por ejercer el poder parten de una apetencia y sólo son capaces de mirarle como un fin en sí mismo. Y no luce aún cercano el día en que quienes tomen la representación del poder sean aquellos más capaces para ejercer la ponderación. Es, entonces, imprescindible tomar en cuenta lo que Camus adelanta en su prólogo a estas cartas. Hoy dejamos la primera de esas cartas; más adelante iremos agregando, si es posible, las otras tres. 
Salud, lacl.


"...Cuando el autor de estas cartas dice «ustedes», no se refiere a «ustedes, los alemanes», sino a «ustedes, los nazis». Cuando dice «nosotros», no siempre se refiere a «nosotros, los franceses», sino a «nosotros, los europeos libres». Son dos actitudes las que pongo en oposición, no dos naciones, aunque, en cierto momento de la historia, estas dos naciones encarnaran dos actitudes enemigas. Parafraseando una observación ajena, amo demasiado a mi país como para ser nacionalista..."

Albert Camus, del prólogo de Cartas a un amigo alemán, en su edición italiana.


Albert Camus con su amigo, el poeta René Char




Albert Camus, Cartas a un amigo alemán.

Primera carta

Solías decirme: «La grandeza de mi país no tiene precio. Todo lo que contribuye a su grandeza es bueno. Y en un mundo donde ya nada tiene sentido, quienes, como nosotros, los jóvenes alemanes, tenemos la suerte de encontrarle sentido al destino de nuestra nación, debemos sacrificarlo todo por ella». Te amaba entonces, pero en ese momento ya me estaba distanciando de ti. «No», te dije, «no puedo creer que todo deba estar subordinado a un solo fin. Algunos medios son inexcusables. Y me gustaría poder amar a mi país y, al mismo tiempo, amar la justicia. No quiero cualquier grandeza para mi país si esta proviene de la sangre y la falsedad. Es defendiendo la justicia como quiero que mi país prospere». Me dijiste: «Bueno, entonces no amas a tu país».

Eso fue hace cinco años; desde entonces nos hemos separado y puedo decir que no ha pasado un solo día durante esos largos años (¡tan breves, tan vertiginosamente rápidos para ti!) en el que no haya pensado en tu comentario. «¡No amas a tu país!». Cuando pienso en esas palabras hoy, siento un nudo en la garganta. No, no amaba a mi país, si denunciar lo injusto de lo que amamos equivale a no amar, si insistir en que lo que amamos debe estar a la altura de la mejor imagen que tenemos de él equivale a no amar. Eso fue hace cinco años, y muchos hombres en Francia pensaban como yo. Algunos de ellos, sin embargo, ya han sido puestos contra la pared frente a los doce pequeños ojos negros del destino alemán. Y esos hombres, que en tu opinión no amaban a su país, hicieron más por él de lo que tú jamás harás por el tuyo, incluso si pudieras dar tu vida cien veces. Porque su heroísmo consistió en que primero tuvieron que vencerse a sí mismos. Pero aquí hablo de dos tipos de grandeza y de una contradicción sobre la que debo aclararles.

Pronto nos volveremos a encontrar, si es posible. Pero entonces nuestra amistad habrá terminado. Estarás lleno de tu derrota y no sentirás vergüenza por tu antigua victoria. Al contrario, la añorarás con todas tus fuerzas derrotadas. Hoy sigo cerca de ti en espíritu; tu enemigo, sin duda, pero aún de alguna manera tu amigo, porque te dejo aquí todos mis pensamientos. Mañana todo habrá terminado. Lo que tu victoria no pudo lograr, tu derrota lo pondrá fin. Pero al menos, antes de que nos volvamos indiferentes el uno al otro, quiero dejarte una idea clara de lo que ni la paz ni la guerra te han enseñado a reconocer en el destino de mi país.

Quiero contarles de inmediato qué clase de grandeza nos impulsa. Pero esto equivale a decirles qué clase de valentía aplaudimos, que no es la suya. Pues no es gran cosa saber cómo tomar las armas cuando uno se ha estado preparando para ello durante años y cuando la tarea les resulta más natural que pensar. Es todo lo contrario avanzar hacia la tortura y la muerte cuando se sabe con certeza científica que el odio y la violencia son vacíos en sí mismos. Es mucho luchar despreciando la guerra, aceptar perderlo todo mientras se conserva el gusto por la felicidad, correr hacia la destrucción con la idea de una civilización superior. Es así como hacemos más que ustedes, porque tenemos que enfrentarnos a nosotros mismos. Ustedes no tenían nada que conquistar en su corazón, ni en su inteligencia. Nosotros teníamos dos enemigos, y una victoria militar no nos bastaba, como tampoco a ustedes, que no tenían nada dentro de sí mismos que vencer.

Teníamos mucho que superar y, quizás, lo primero de todo, la perpetua tentación de imitarte. Porque siempre hay algo en nosotros que se rinde al instinto, al desprecio por la inteligencia, al culto a la eficiencia. Nuestras grandes virtudes acaban por cansarnos. Nos avergonzamos de nuestra inteligencia y, a veces, imaginamos una feliz salvajería donde la verdad sería algo natural. Pero hasta este punto, la cura es sencilla: estás ahí para mostrarnos a dónde nos llevaría esa imaginación, y nos enderezamos. Si creyera en algún fatalismo de la historia, te imaginaría a nuestro lado, como un ejemplo de inteligencia, corrigiéndonos. Así, nuestro espíritu renace y nos sentimos más tranquilos.

Sin embargo, aún teníamos que vencer esa desconfianza que sentíamos hacia el heroísmo. Sé que piensas que el heroísmo nos es ajeno. Te equivocas. Simplemente, proclamamos el heroísmo y, al mismo tiempo, desconfiamos de él. Lo proclamamos porque diez siglos de historia nos han brindado conocimiento de todo lo noble. Desconfiamos de él porque diez siglos de inteligencia nos han enseñado el arte y la benevolencia de la naturaleza. Para enfrentarte, primero tuvimos que regresar del abismo. Y por eso nos quedamos atrás de toda Europa, que se precipitó hacia la falsedad en el momento oportuno, mientras nosotros nos enfrascábamos en la búsqueda de la verdad. Por eso fuimos derrotados al principio, absortos como estábamos, mientras tú caías sobre nosotros, en determinar en nuestros corazones si la razón estaba de nuestro lado.

Tuvimos que vencer nuestra debilidad por la humanidad, la imagen que nos habíamos formado de un destino pacífico, esa arraigada convicción nuestra de que ninguna victoria compensa, mientras que cualquier mutilación de la humanidad es irrevocable. Tuvimos que renunciar a todo a la vez: a nuestro conocimiento y nuestra esperanza; a las razones que teníamos para amar; y al odio que sentíamos por todas las guerras. Para decirlo en palabras que supongo que comprenderás, viniendo de mí, con quien te gustaba estrechar la mano, tuvimos que acallar nuestra pasión por la amistad.

Ahora lo hemos logrado. Tuvimos que dar un largo rodeo y nos hemos quedado muy atrás. Es un rodeo que el respeto por la verdad impone a la inteligencia, el respeto por la amistad en su esencia. Es un rodeo que salvaguardó la justicia y puso la verdad del lado de quienes se cuestionaban a sí mismos. Y, sin duda, pagamos un precio muy alto por ello. Lo pagamos con humillaciones y silencios, con experiencias amargas, con condenas de prisión, con ejecuciones al amanecer, con deserciones, con separaciones, con punzadas diarias de hambre, con niños demacrados y, sobre todo, con arrepentimiento forzado. Pero así son las cosas. Nos llevó todo ese tiempo averiguar si teníamos derecho a matar hombres, si se nos permitía contribuir a la atroz miseria de este mundo. Y es este tiempo perdido y recuperado, esta derrota aceptada y superada, estos escrúpulos pagados con sangre, los que nos dan el derecho, a nosotros los franceses, de pensar hoy que entramos en esta guerra con las manos limpias, lavadas con la pureza de las víctimas y los condenados, y que saldremos de ella con las manos limpias, pero esta vez lavadas con la pureza de una gran victoria obtenida contra la injusticia y sobre nosotros mismos.

Porque seremos victoriosos, pueden estar seguros de ello. Pero seremos victoriosos gracias a esa misma derrota, a ese largo camino de reflexión a través del cual encontramos nuestra justificación, a ese sufrimiento del cual sentimos el dolor de la injusticia y aprendimos la lección. Aprendimos el secreto de toda victoria, y si no perdemos este secreto, conoceremos la victoria final. Aprendimos que, al contrario de lo que a veces pensábamos, el espíritu no sirve de nada contra la espada, pero que el espíritu junto con la espada siempre vencerá a la espada sola. Por eso ahora hemos aceptado la espada, después de asegurarnos de que el espíritu estaba de nuestro lado. Primero tuvimos que ver morir a la gente y arriesgarnos a morir nosotros mismos. Tuvimos que presenciar la caminata matutina de un obrero francés camino a la guillotina, por los pasillos de su prisión, exhortando a sus compañeros, de celda en celda, a mostrar valor. Finalmente, para poseernos del espíritu, tuvimos que soportar la tortura de nuestra carne. Pagamos un alto precio y tendremos que pagar más. Sin embargo, tenemos nuestras convicciones, nuestro razonamiento, nuestra justicia: vuestra derrota es inevitable.

Nunca he creído en el poder de la verdad por sí sola. Pero vale la pena saber que, con la misma energía, la verdad se impone a la falsedad. Es en este difícil equilibrio al que hemos llegado. Es gracias a este matiz que hoy luchamos. Y me sentiría tentado a decirles que luchamos por sutiles distinciones, distinciones tan importantes como el ser humano mismo. Luchamos por este matiz que separa el sacrificio del misticismo, la energía de la violencia, la fuerza de la crueldad; por esta frágil distinción que separa lo falso de lo verdadero, y al hombre que anhelamos de los dioses cobardes que ustedes veneran.

Esto es lo que quería decirte, no desde fuera de la contienda, sino en medio de ella. Esto es lo que quería responder a tu comentario: «No amas a tu país», que aún me atormenta. Pero quiero ser claro contigo. Creo que Francia ha perdido su poder e influencia durante mucho tiempo y que durante mucho tiempo necesitará una paciencia infinita, una revuelta constante para recuperar el prestigio necesario para cualquier cultura. Pero creo que lo ha perdido todo por razones justas. Y por eso no he perdido la esperanza. Este es el verdadero sentido de mi carta. El hombre al que compadeciste hace cinco años por ser tan reticente respecto a su país es el mismo que hoy quiere decirte a ti, y a todos los de nuestra edad en Europa y en todo el mundo: «Pertenezco a una nación admirable y perseverante que, admitiendo sus errores y debilidades, no ha perdido de vista la idea que constituye toda su grandeza y cuyo pueblo siempre, cuyos líderes a veces, buscan continuamente expresar esa idea con mayor claridad. Pertenezco a una nación que en los últimos cuatro años ha reiniciado el curso de toda su historia y que, de entre las ruinas, se prepara con calma y seguridad para hacer otra historia y arriesgarse en un juego donde no tiene ninguna ventaja. Este país es digno del amor difícil y exigente que le profeso. Y creo ahora que bien vale la pena luchar por él, pues merece un amor superior. Y digo que tu nación, en cambio, solo ha recibido de sus hijos el amor que merecía, un amor ciego. Una nación no se justifica con cualquier tipo de amor. Esa será tu perdición. Vosotros, que ya habéis sido vencidos en vuestras mayores victorias, ¿qué seréis en la derrota que se avecina?

Albert Camus, Julio de 1943





TRIBUTO A ALBERT CAMUS

http://www.youtube.com/watch?v=wmDXbsqlYQw 

http://www.youtube.com/watch?v=UBK6IyqVcP4 

http://www.youtube.com/watch?v=Ok_DIXTyLVk 
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martes, 1 de septiembre de 2026

Memorar ancestros, lacl / Música y memoria, lacl

 © lacl 



Con mi padre aprendí a hablar desde el corazón y no sabía yo nada de la importancia que incrustada venía en esas enseñanzas. Me parecía un hombre extraño, único, irrepetible e, incluso, incomprendido. Mucha gente que le escuchaba no estaba dispuesta a escuchar con el oído del corazón, querían escuchar con el oído de la mente. Y algunos se aburrían por ello. Les parecía una pérdida de tiempo. 

Yo agradezco haber perdido todo el tiempo del mundo conversando con mi padre. Podíamos pasar 8 o 10 horas seguidas conversando, desde la mañana hasta la tarde, desde la tarde hasta la noche o desde la noche hasta la madrugada. 

Las palabras de un amigo me lo han traído al recuerdo y es un gesto que agradezco. 

El risco está para que uno contemple el horizonte, pero también para que volemos sobre las alas del alma. 

Hoy, al alba, en un sueño del entresueño, su voz me ha susurrado: ¿estás?

Al abrir los ojos, sonreí: Estoy. 

lacl, 31/08/2026


***

(Escrito el 29 de diciembre de 2008)


Mi hermana Nella fue, fulgurantemente, estrella mayor de la casa, centro en torno al cual gravitaban la justeza y el amor. Sus ojos desnudaban toda falencia. Eran maestros del alma y educaban a quien se atreviera a contemplarlos de frente, cuando se intentara dilucidar razones sobre cualquier aspecto de la vida.

Mi padre, otro astro querido, tan humildemente sabio en los afectos, así lo reconocía, no con palabras que el viento habría de llevarse, sino con gestos del corazón que se imprimían en los nuestros.

Pero ella era un astro fulgurante. Eros impulsaba sus pasos con su aliento. Y fue Eros quien se la llevó. Me conmueve haber sido testigo y parte, si se quiere, de esta porosa educación.

(lacl)




Ita (Marujita) es quien viste de blanco y Nella (Marianella) va con lazo en el cabello, en la puerta de la casa.



Música y memoria.

Este disco (LP) Concierto de Ébano, estuvo en casa, pieza compuesta para Woody Herman. Formaba parte de una colección musical que un amado tío encargó, como un regalo muy, pero muy especial, para una hermana. Le decía: te tengo una maravillosa sorpresa que me vas a agradecer toda la vida.

Eso sí, sin decirle que estaba endosándole a mi padre los costos del apreciado importe. Mi padre lo adoraba. No menos nosotros. Era un tiazo mi tío Rafael Melo... Poeta, bohemio, gran conversador y nómada. 

Tenía una casa con lumbre en una innumerable cantidad de rincones de nuestro terruño, aunque de ninguna era el propietario. Fue un hombre muy querido y de recurrentes y jocosas ocurrencias, como la que acabo de narrar.

A esa jocosidad suya le debemos el haber entrado de niños a conocer a Villa-Lobos y sus Bachianas o su Uirapurú, los mágicos cueros de Elvin Jones o exquisiteces como ésta, de Stravinsky, sin descontar la Consagración de la primavera o Petrushka, que también venían en la colección...

Dejamos una colecta de esas joyas que acariciaron nuestros tímpanos siendo todavía unos niños...






















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lunes, 31 de agosto de 2026

CEREMONIAS, EL CABALLERO DE NEGRO IMPENETRABLE, Francisco Pérez Perdomo / GALERÍA DEL TROVAR / GALERÍA DEL MUNDO AL REVÉS

© lacl 



EL CABALLERO DE NEGRO IMPENETRABLE 


             A Salvador Garmendia 


A una cierta y ambigua hora de la noche

el caballero de negro impenetrable

desempolvaba su hábito

calzaba sus botas y sus guantes

blandía su cayado

y no obstante la gravedad y el viento

oscuro del ceño

el caballero de negro impenetrable

no lograba apagar el ruido

de aquellas fosforescencias sibilinas del párpado

que aguijoneaban y punteaban a las ciegas murallas


A lo lejos se anunciaba en los pasos

de las frías falanges

que engrifaban los pelos

y despintaban las paredes y el rostro

 

A largas zancadas

el caballero de negro impenetrable

unía los extremos del universo

iba de la Ceca a la Meca penetraba perneaba a grandes trancos

de un confín al otro sobre los corredores de sombra

aplastaba a los antípodas

invocaba las fórmulas rituales

y finalmente se tumbaba

y cerraba los ojos como en sueños 


Francisco Pérez Perdomo, de su libro CEREMONIAS, Monte Ávila Editores, Caracas 1976.




GUARIDA DEL TROVAR





“Escríbeme”
Son tus cartas mi esperanza,
mis temores, mi alegría,
y aunque sean tonterías
escríbeme... escríbeme.
Tu silencio me acongoja
me preocupa y predispone
y aunque sean tonterías
escríbeme... escríbeme.
y aunque sea con borrones
escríbeme... escríbeme...
Me hacen más falta tus cartas
que la misma vida mía,
lo mejor morir sería
si algún día me olvidaras.
Cuando llegan a mis manos
su lectura me conmueve,
y aunque sean malas nuevas
escríbeme... escríbeme…

Autor: Guillermo Castillo Bustamante. Escrito en la cárcel de Guasina, Edo. Bolivar, Venezuela, 1956.



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