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martes, 15 de septiembre de 2026

Las estaciones, Antonio Loynaz / Leoncio Martínez y el poema a la infanta Maruja / Cesarea Pavese Lavorare stanca / Está bella noche, Morella Muñoz.

© lacl 





Comparto una nota escrita hace muchos años cuando, por obra del azar concurrente, me tocó toparme con un libro impensado, un poemario escrito por mi abuelo materno. Dejo acá la breve nota escrita en aquella oportunidad. Salud, lacl.


[ABRO LA CITA]

Mi abuelo, Antonio Loynaz, también fue poeta. ¡O sea que estamos rodeados! Me sucedió algo muy curioso con el libro del que reproduzco unas páginas. Lo encontré por azar en la La Gran Pulpería del Libro. Caminaba por uno de sus pasillos y me sentí un tanto molesto al ver la tapa de un libro tirada al suelo, boca abajo. Casi lo piso. Lo recogí con la intención de hacerle un llamado de atención a la dependiente y cuál no fue mi sorpresa cuando me topé con Las Estaciones, de Antonio Loynaz… Inmediatamente cambié la frase que llevaba en mente, para preguntarle, ¿tendrán ustedes el resto de este libro? De allí que vino a mis manos…

[CIERRO LA CITA]




Hurgando un poco en los datos históricos me encuentro con que al grupo que aparece en la fotografía se les denominó o conoció como Los seis de Los Teques. Ellos son, de izquierda a derecha, José Tadeo Arreaza Calatrava, Antonio Loynaz, Rómulo Gallegos (quien residía en Los Teques), Francisco Pimentel (popularmente conocido como Job Pim), José Poggioli y Fernando Paz Castillo. Mi madre, con su particular y muy memoriosa manera de ser, un día me llamó para decirme que me tenía que dar algo. Se trataba de extractos de la memoria. Ella solía guardar recortes o incluso páginas completas de los periódicos cuando se topaba con noticias del ayer o crónicas de la memoria. Entre esos recortes se encontraba esta fotografía en la que aparecen Los seis de Los Teques. A ella muy particularmente le hice el comentario del avatar que me sucediera entre los pasillos de LA GRAN PULPERÍA DEL LIBRO con el poemario publicado por mi abuelo y estuvimos conversando sobre asuntos un tanto vedados de la historia familiar, los cuales tenían que ver con la huella de mi abuelo materno. Mi madre jamás habló con rencor de su padre, pero sí me referenció que sus padres se habían separado cuando ella estaba muy pequeña. La bohemia de mi abuelo era una cima insalvable, fue amigo y ello me consta, de LEO (Leoncio Martínez), quien a mi abuelo mencionaba en un poema dedicado a mi madre cuando era una tierna niña. Editó el amoroso poema con una fotografía de la infante y se los regaló a mis abuelos editado dentro de un marco. Una de esas reproducciones me la regaló mi madre y la misma está suspendida en una de las paredes de mi casa. Por cierto que con mi madre fue con la persona que primero hablé del albur los avatares, la telepatía y sincronicidad del azar magnífico, un azar que es más causal que casual. Siempre noté, al igual que ella, la innumerable aparición de señales que, sin voluntad aparente, hacían eclosión día tras día con respecto al más mínimo detalle: pensar en alguien y ese alguien te llama; imaginar premonitoriamente un suceso y el suceso acaeciendo en otra parte; desde muy temprana edad en mi vida comencé a notar ciertas y recurrentes experiencias de sincronicidad con mi madre, quien se sonreía cada vez que estás cosas sucedían. El avatar con el libro de mi abuelo nos dio pie para una extensa conversa. Poco fue lo que pude averiguar de mi abuelo. Mi madre siempre fue muy discreta al respecto. La tácita conclusión que irrumpió en mi mente es que el poeta Antonio no estaba hecho para el matrimonio.



***
Leoncio Martínez y el poema a la infanta Maruja









* * *
¡Maruja, Marujita Loynaz, hija de Antonio! Es la frase que me asalta la memoria esta noche, noche del 6 para el 7, expresión con la que Luis Amado le gustaba parodiar juguetón en lo que llegaba a la casa… 


Son 96 ruedas al orbe, aunque ahora hayas comenzado a darlas en otra órbita. 

Aquí te dejamos un canto de hombre sencillo, como aquel con quien fundaras casa. Porque (y a mí no me cabe duda) ése ha de haber sido el talante de Luis Amado para que, implorada, no es que echaras una mano en la casa, sino para que en la tierra y con tus manos se asentaran sus cimientos.

La expresión viene del poema que le escribiera Leoncio Martínez a mi madre cuando era una niña.


lacl.-
P. S. Se trata de Lavorare stanca (Trabajar cansa, el hermoso poema de Pavese)

07-12-2017
.......

Césare Pavese Lavorare stanca 

Traversare una strada per scappare di casa 
lo fa solo un ragazzo, ma quest’uomo che gira 
tutto il giorno le strade, non è più un ragazzo 
e non scappa di casa. 
Ci sono d’estate 
pomeriggi che fino le piazze son vuote, distese 
sotto il sole che sta per calare, e quest’uomo, che giunge 
per un viale di inutili piante, si ferma.
Val la pena esser solo, per essere sempre più solo?
Solamente girarle, le piazze e le strade 
sono vuote. Bisogna fermare una donna 
e parlarle e deciderla a vivere insieme.
Altrimenti, uno parla da solo. È per questo che a volte 
c’è lo sbronzo notturno che attacca discorsi, 
e racconta i progetti di tutta la vita.
Non è certo attendendo nella piazza deserta 
che s’incontra qualcuno, ma chi gira le strade 
si sofferma ogni tanto. Se fossero in due, 
anche andando per strada, la casa sarebbe 
dove c’è quella donna e varrebbe la pena.
Nella notte la piazza ritorna deserta 
e quest’uomo, che passa, non vede le case 
tra le inutili luci, non leva più gli occhi: 
sente solo il selciato, che han fatto altri uomini
dalle mani indurite, come sono le sue.
Non è giusto restare sulla piazza deserta.
Ci sarà certamente quella donna per strada 
che, pregata, vorrebbe dar mano alla casa.
*******
Franquear una calle para huir de casa
lo hace sólo un muchacho, pero este hombre que anda
todo el día en las calles, ya no es un muchacho
y no se escapa de casa.
En el verano hay
tardes en que las plazas se quedan vacías, tendidas
bajo el sol que está por ponerse, y este hombre, que viene por
una avenida de plantas inútiles, se detiene.
¿Vale la pena estar solo, para estar siempre más solo?
Callejear sin más; las plazas y las calles
están vacías. Es preciso detener a una mujer,
y hablarle y convencerla de hacer vida juntos.
De otro modo, uno se habla solo. Y es por ello que, a veces,
en la noche el borracho acomete discursos,
y recuenta el proyecto de toda la vida.
No es cierto que esperando en la plaza desierta
se encontrará con alguien, mas quien anda en las calles
se detiene de tanto en tanto. Si fueran dos,
aun andando por la calle, la casa estaría 
donde esa mujer y valdría la pena.
En la noche, la plaza vuelve a quedar desierta
y este hombre, que pasa, no ve las casas
tras las inútiles luces, no eleva más los ojos:
siente sólo el empedrado, que han hecho otros hombres
de manos endurecidas, como lo son las suyas.
No es justo quedarse en la plaza desierta.
Sin duda en la calle estará esa mujer 
que, implorada, quiera dar una mano en la casa.
...

Trabajar cansa, Césare Pavese..
Traducción: lacl ©
En el video viene doblemente subtitulado el famoso poema de Pavese al italiano y a nuestra lengua castellana...
Fotogramas y escenas del amado Tarkovski.


Luis Amado


Agregamos este bello documento...


Está bella noche, Morella Muñoz.
Un aguinaldo que a mi madre le robara el corazón...

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