jueves, 30 de septiembre de 2010

Anna Ajmátova - Réquiem

Anna Ajmátova - Réquiem

Sin mayores preámbulos, acá dejo mi versión de este conmovedor poema. Al final de esta interpretación del Réquiem de Anna Ajmátova, dejo una apostilla para quien tenga curiosidad por saber cómo y por qué fue que vine a meterme en una camisa de once varas…
Desafortunadamente, las reproducciones que he agregado a la derecha del poema interfieren y modifican la disposición del texto, pero opto por dejarlas como documentos de apoyo. Para ver detalladamente estas reproducciones, haga click sobre ellas... Y al final, vuelvo a incluir la lectura del Réquiem por parte de Ajmátova .

Este intento de interpretación del Réquiem va dedicado a Mery Sananes.

Salud!
lacl

P. S. quiero agregar una nota escrita recientemente:

Anna Ajmátova, vida y poesía – (Rusia, 1889-1966)

La vida y la poesía de Anna Ajmátova representan un caso singular de la modernidad. Ella es ejemplo aislado de quien logra subsistir en medio del torbellino de la historia que, en el caso de su pueblo, se vio signada por la coerción y la persecución del individuo. Fue testigo de la quiebra del intimidante imperio zarista y del advenimiento del gobierno de los soviets, el que nacido para fundar un mundo de esperanzas, se vio convertido en una asfixiante maquinaria que asentaría sus bases en el amordazamiento de la sociedad. Pareciera que un ángel hubiera posado sus alas sobre la poeta, pues es asombroso que no hubiera padecido el mismo destino de escritores como Osip Mandelshtam, Nikolái Gumiliov (su primer marido), Isaak Bábel, “desaparecidos” en medio del fragor del acoso, o el de su propio hijo, varias veces arrestado por la policía política. Como presagia el título, Réquiem es un rezo de difuntos por su pueblo, una mortaja tejida con las pobres palabras que Anna escuchó.


(Octubre, 05 de 2010)


Réquiem

No, no estaba bajo un ajeno firmamento,
ni bajo el amparo de unas ajenas alas,
estaba entonces con mi pueblo,
allí donde mi pueblo, por desgracia, estaba.

[1961]


EN LUGAR DE UN PRÓLOGO

En los terribles años de Yezhov (1) hice fila durante diecisiete meses delante de las cárceles de Leningrado. Una vez alguien me "reconoció". Entonces una mujer que estaba detrás de mí, con el frío azul en sus labios y que, evidentemente, nunca había oído mi nombre, despertó del desasosiego habitual en todas nosotras y me preguntó al oído (allí todas hablábamos entre susurros):
-¿Y usted puede describir esto?
Y yo dije:
-Puedo.
Entonces algo similar a una sonrisa se asomó en lo que una vez había sido su rostro.

[1ro de Abril, 1957. Leningrado]

DEDICATORIA
Las montañas se postran ante tanta desgracia
y el impetuoso río ya no fluye.
Pero fuertes son los cerrojos de la prisión,
y tras ellos sólo están las mazmorras de los presos (2)
y una mortal nostalgia.
Para quién sopla la brisa ligera,
para quién es una caricia el ocaso –
Nosotras no sabemos, somos las mismas por doquier,
sólo oímos el odioso repique de las llaves
y el pesado paso del soldado.
Nos levantábamos como para la misa del alba
y caminábamos por la ciudad salvaje,
y allí nos encontrábamos, unas y otras, sin aliento,
con el sol cayendo y el Neva más nublado,
mas la esperanza siempre cantando a lo lejos.
La sentencia… y las lágrimas brotan súbitamente,
ella se aparta de todas,
como si de su corazón le arrancaran dolorosamente la vida,
como si brutalmente la abatieran por la espalda,
pero anda… se tambalea… desolada…
¿Dónde están ahora aquellas amigas impensadas
de mis dos años furiosos?
¿Qué auscultarán en la tormenta de nieve siberiana,
qué imaginarán en el círculo lunar?
A ellas envío mi saludo y mi despedida.


[Marzo, 1940]


INTRODUCCIÓN

Esto pasó cuando apenas sonreía
el difunto, sosegado en su paz,
y como un inútil emblema colgaba
con sus cárceles Leningrado.

Y cuando locos del tormento
caminaban en cuadrillas los condenados,
y los silbidos de las locomotoras
cantaban lacónicas canciones de despida.

Las estrellas de la muerte se alzaban,
y la inocente Rusia se retorcía de dolores
bajo las botas salpicadas de sangre
y las ruedas de negras furgonetas.


1

Al alba te llevaron,
fui tras de ti como en un entierro,
en la cámara oscura lloraban los niños,
y ante el santuario la vela se derretía.

En tus labios el frío del icono.
Sudor de muerte en la frente… ¡no lo olvido!
Como las mujeres de Streltsy (3)
aullaré bajo las torres del Kremlin.


[Noviembre, 1935, Moscú]


2

El Don apacible (4), fluye apacible,
la luna amarilla entra en la casa.

Entra, con gorra ladeada,
la luna amarilla ve una sombra.

Esta mujer está enferma,
esta mujer está sola.

El marido en la tumba, el hijo en la cárcel,
ruega por mí.


[1938]


3

No, no soy yo, es otra la que sufre.
Yo no podría soportarlo. Que un
velo negro cubra lo ocurrido
y que se lleven las farolas…
Noche.


[1939]


4

Si te hubieran dicho a ti, la jovial,
la adorada de todos sus amigos,
la alegre pecadora de Zárskoe Seló, (5)
lo que pasaría con tu vida!
Que con el número trescientos y un presente,
harías la fila ante Las Cruces (6)
y cómo con tus ardientes lágrimas
fundirías el hielo de año nuevo..
El álamo de la prisión se balancea
y nada se oye! Pero cuántas
vidas inocentes allí acaban…


[1938]


5

Diecisiete meses de clamar,
a la casa te convoco,
a los pies del verdugo me he arrojado,
mi hijo y mi horror.
Todo se ha dañado para siempre
y ahora no puedo discernir
quién es la bestia y quién el hombre,
ni cuanto he de esperar para la ejecución.
Y sólo las bellas flores,
el incienso, las campanas
y las huellas en algún lugar de la nada.
Y una enorme estrella me mira
firmemente a los ojos y con una muerte
inminente me amenaza.


[1939]


6

Las semanas van de vuelo,
lo ocurrido no lo comprendo.
Cómo, hijo mío, te buscaban
las noches blancas en la cárcel.
Y cómo ellas de nuevo te contemplan
con su ardiente ojo de halcón,
y de tu alta cruz
y de la muerte hablan.


[Primavera – 1939]



7. EL VEREDICTO

Y cayó como una piedra la palabra
sobre mi pecho vivo todavía.
No importa, de hecho estaba avisada,
de algún modo, le haría frente.
Muchas cosas he de hacer hoy todavía:
he de matar la memoria,
convertir el alma en piedra,
y debo aprender a vivir de nuevo.
O si no… El caluroso susurro del verano,
celebra su fiesta frente a mi ventana.
Durante mucho tiempo tuve el presentimiento
de este día radiante, y la casa vacía.


[22 de junio, 1939 – Casa Fontanka ] (7)


8 A LA MUERTE

¿Si has de venir, por qué no ahora?
Aguardo por ti – difícil tarea.
He apagado la luz y te abrí la puerta,
a ti, prenda sencilla y maravillosa.
Toma el aspecto que quieras,
penetra como un proyectil envenenado,
o allégate sutilmente, como un experto ladrón,
o con el vaho venenoso del tifus.
O con un cuento de hadas inventado por ti
y tan nauseabundamente familiar –
para que yo vea el ápice de la gorra azul (8)
y al portero, pálido de miedo.
A mí me da lo mismo ya. Se eleva el vapor
del río Yeniséi. Radia la estrella polar.
Y un último horror cubre
el brillo azul de los ojos amados.


[19 de agosto, 1939 - Casa Fontanka]


9

Ya la locura ha cubierto,
con sus alas, la mitad de mi alma,
le da de beber vino de fuego,
y la atrae hacia el negro valle.

He comprendido que a ella
he de ceder la victoria,
dando oídos a mi delirio
como si fuera el ajeno.

Y no me permitirá
llevar nada conmigo
(por mucho que le suplique
y le importune con mi ruego):

ni los terribles ojos de mi hijo,
petrificados por el sufrimiento,
ni el día en que llegó la tormenta,
ni el adiós al concluir la hora de visita.

Ni la amada frescura de sus manos,
ni las sombras agitadas de los tilos,
ni el tenue y remoto sonido…
de la última palabra de consuelo.


[4 de mayo 1940 - Casa Fontanka]


10

CRUCIFIXIÓN

No llores por mí, Madre,
Estoy en el sepulcro. (9)

I
El coro de los ángeles la gran hora ha glorificado,
Y los cielos se han fundido en fuego.
Al padre le ha dicho: «¿Por qué me has abandonado?»
Y a la madre: «No llores por mí.»

[1940, Casa Fontanka]


II

Magdalena se retorcía y lloraba,
el discípulo amado convertido en piedra ,
y allí, donde la madre silenciosa estaba,
nadie se atrevió a dar una mirada.


[1940, Casa Fontanny]


EPÍLOGO
I

Ahora sé cómo caen las personas,
cómo, debajo de los párpados, asoma el miedo,
cómo el sufrimiento pone en las mejillas
duras páginas de escritura cuneiforme.
Cómo los rizos negros o cenicientos
se tornan plateados de repente,
la sonrisa se desvanece en labios obedientes,
y en la risa marchita tiembla el pavor.
Y no ruego por mí sola,
sino por todos los que allí estuvieron conmigo,
en el frío glacial, y en el calor de julio (10)
en los ciegos muros de color rojo.


II

De nuevo se acerca la hora de conmemorar.
Te veo, te oigo, te siento:

Y aquella que apenas pudo llegar a la ventana,
Y quien no pisa su tierra nativa,

Y aquella, que sacudía su hermosa cabeza,
ha dicho: «¡Vuelvo aquí como a mi casa!»

Quisiera llamarlas a todas por sus nombres,
pero se han robado la lista y no hay donde buscar.

Les he tejido un ancho manto
de las pobres palabras que les escuché.

De ellas me acuerdo siempre, en todas partes,
y no las olvidaré en una nueva desgracia,

y si amordazan mi boca atormentada,
por la que cien millones de vidas gritan,

que así ellas por mí rueguen y me rememoren
en la víspera de mis funerales.

Y si alguna vez este país decidiera
erigirme un monumento,

Doy mi venia a este honor,
pero sólo con una condición – que no lo planten

junto a la costa donde nací:
rotos están mis últimos lazos con el mar, (11)

ni en el jardín del Zar, cerca del árbol truncado,
donde una sombra inconsolable me busca,

sino aquí, donde pasé trescientas horas
y no me abrieron los cerrojos.

Porque en la bienaventurada muerte temo
olvidar el mugido de las negras furgonetas,

la odiosa puerta cerrada con estrépito,
y el alarido de la anciana como una bestia herida.

Y ojalá que de mis inertes párpados de bronce
fluyan las lágrimas, como nieve derretida.

Y que la paloma de la prisión arrulle a lo lejos
y en silencio naveguen los barcos por el Neva.

[Marzo – 1940 - Casa Fontanka]

Apostilla: No se pretende corregir a traductores o a conocedores de la lengua madre de la poeta Ajmátova, pero sí matizar ciertos giros de la lengua castiza para hacer este memorable poema más legible para el mundo hispano-parlante o (¿por qué no?) hispano-escuchante (todo lector de poesía es un escucha). Y, siguiendo a Octavio Paz, como toda versión es una “di-versión” (al igual que todo ensayo va inducido por la adhesión), convenimos con humildad que este trabajo haya de ser perfectible.

Se han tomado en cuenta las siguientes traducciones o versiones del poema Réquiem de Anna Ajmátova:

Español.-
Jesús García Gabaldón, Ediciones Cátedra, S. A. 1994
José Luis Reina Palazón, Grijalbo Mondadori, 1998
La monografía ANNA AJMATOVA, O TRES TRADUCTORES EN BUSCA DE UN AUTOR
Maria SANCHEZ PUIG, Universidad Complutense de Madrid.
-Nota: Desafortunadamente, no disponemos de la traducción que recomienda Sánchez Puig en su monografía, realizada por Carmen Alonso y Gloria García.

Inglés.-
Judith Hemschemeyer, Akhmatova, Anna. The Complete Poems of Anna Akhmatova. Ed. Roberta Reeder. Boston: Zephyr Press, 4th printing, 2000. pp 384 – 394
Sasha Soldatow, First published Sasha Soldatow Mayakovsky in Bondi
BlackWattle Press 1993 Sydney.

Ruso.- La página oficial de Anna Ajmátova:
http://www.akhmatova.ru/

NOTAS:

(1) Nikolai Yezhov, jefe de la policía política (NKVD) de 1936 a 1938, período signado por las grandes purgas del Estalinismo. Fue sustituido por Beria en 1938 y ejecutado en 1939, víctima de la insaciable bestia que él mismo ayudó a criar.

(2) Cita el poema de Pushkin: Mensaje a Siberia, en homenaje a los poetas decembristas desterrados a Siberia, luego de la rebelión contra el sistema imperial ruso, durante el reinado de Alejandro I de Rusia, el 26 de Diciembre de 1825.

(3) Streltsy. Cuerpo élite de las milicias rusas instituido por Iván El terrible. Se sublevaron contra Pedro El Grande en 1698, quien al final se impuso y derrotó a los rebeldes. Prácticamente todos los Streltsy fueron ejecutados ante el Kremlin, a pesar de los ruegos de sus esposas.

(4) El río Don sirve a la poeta como alegoría de una pisoteada Rusia; Ajmátova cita la novela de Shólojov, El Don Apacible, para ironizar en torno al Realismo Socialista, al contrastarlo con el escenario real del pueblo ruso.

(5) Su pueblo natal.

(6) Prisión de Leningrado adonde iban a parar los presos políticos. Se le dio ese nombre en virtud a la similitud de sus edificaciones con la cruz.

(7) Ese día, Lev Gumiliov, hijo de Anna Ajmátova fue sentenciado a un campo de trabajos forzosos.

(8) Gorra de la policía política.

(9) En eslavo eclesiástico, en el texto original.

(10) Hace alusión al mes de Julio de 1938, acaso uno de los años más terribles de las persecuciones políticas perpetradas por la policía política del sistema estalinista.

(11) Tal como hiciera Pushkin en su momento, Ajmátova se despide del mar para siempre.

Ajmátova Réquiem, I
http://www.youtube.com/watch?v=LTDZU49xWSk&feature=player_embedded#!

Ajmátova Réquiem, II
http://www.youtube.com/watch?v=FUXRiCjeg1M&feature=related

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Glosa sobre los que no dudan en tener siempre la razón, los fundamentalistas per sé.

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Glosa sobre los que no dudan en tener siempre la razón, los fundamentalistas per sé.

Imagínese el lector de estas líneas, que todos, independientemente de la edad, hemos vuelto a las aulas de la infancia. Ruedan los años hacia atrás y de repente usted, siendo mujer, se encuentra mesándose las clinejas y jugueteando con un chicle entre lengua, dientes y paladar o, siendo hombre, se reencuentra impúber, con una onda escondida entre las medias; cada uno calentando un pupitre del que no quisiera acordarse. Pero no estamos solos. Nuestro país está, íntegro, sentadito en las aulas. Batalla de taquitos con pitillos, clics y tiras de papel lanzados con gomitas. El maestro, aterrorizado, ha huido de clases. No es un programa de Radio Rochela. Tampoco es una pesadilla. Es la realidad. Pues sí. Eso, palabras más, palabras menos, querido lector, es nuestra nación, hoy por hoy.

Hagamos memoria. ¿Quién era el empecinado facineroso o facinerosa que, sin tener nada que decir, pretendía llevar siempre voz cantante en las aulas? Cerremos los ojos y evoquemos. ¿No era acaso un impostor, un exacerbado yo habitando tempranero en el seno de un pequeño que, en buena lid, debería estar en lo suyo de ser niño? Pero desde los días de ese compartido estanque de la infancia (no importa si usted pasó por allí hace 50, 35 o 20 años) vuelve como prefiguración esa tumoral exaltación del yo, copando todos los espacios, por parte de unos pocos, en detrimento de los muchos. Los niños que ambicionaban empoderarse frente al resto, llegaban a las escuelas con sus yoes bien pulimentados. Y tenían por costumbre la práctica de denigrar, de sembrar infundados testimonios, de humillar incluso al amigo. Espejo del mundo de “arriba”. Así que en poco difería esa jauría de bisoños lobeznos de la batalla campal y encarnizada que nos parecía barruntar en el mundo de los grandes. ¿Acaso haya sido símil esa infancia, de la vida ciudadana de los siglos XIX o XX, con sus bandas de liberales y conservadores o de adecos y copeyanos, disputándose el país como lo haría una manada de hienas con la pierna de un buey?

Uno toma fuerza para escuchar, sin devolver el almuerzo, a los “líderes revolucionarios” del momento que desfilan por el canal televisivo del gobierno y ¿qué ve? El mismo discursito del panzudo muchachito que se quería apropiar de la cartelera escolar, toda una promesa para el mañana, un fanatizado ego que domeñará a otros fanatizados egos en un promisorio futuro. También ve uno una suerte de reflejo de las escaramuzas, dimes y diretes de adecos y copeyanos, cuando los primeros eran gobierno y los segundos oposición o viceversa; o de las correrías de Antonio Leocadio Guzmán vs. Juan Vicente González en el siglo XIX.

Así que no hemos avanzado un palmo con este asuntico de la penosísima Revolución Bolivariana. Lo que vemos es otra escuelita plagada de frases hechas y huecas, de retruécanos y recórcholis, adornando los ornamentales floripondios de unos maniquíes vestidos de pueblo que hablan engominado. Y nuestra pobre lengua descalabrada. No creo necesario hacer acá un listado de ejemplos de la sarta de sandeces a que hago alusión. Me luce como un atentado contra la llana inteligencia. Pero si usted ha tenido el coraje de rememorar la infancia, tampoco lo echará en falta para acordar conmigo en lo que digo.

Por desgracia, ese mal que vislumbráramos en la infancia, ataca al país por cada uno de sus flancos y, como es natural, en las filas de políticos de oposición se encuentra uno con réplicas de yoes pugnando por salir a cantar al escenario, añorando un baño floral más apoteósico que el de la entrada de Bolívar a Caracas, luego de la batalla de Carabobo. Y uno se estremece de pensar si es cierto que no hay una alternativa distinta y promisoria de gobierno, para un país que nunca se ha puesto de acuerdo. Pero el tema de este entremés no es versar sobre quienes, no siendo gobierno, tienen sus aspiraciones políticas. Porque, con todo y las críticas de que puedan ser blanco, hay allí un principio de diversidad (aunque, hay que aceptarlo, también de dispersión y desunión) del que carece la autocracia que tan bien ha estado representada en las manos de esa fórmula reduccionista que es HChF12, * con sus bien apuntadas falanges.

Dicho esto, podría uno pensar que acaso sea inútil hablar o escribir a quienes pretenden que esas meras liberalidades de la expresión, sólo pueden ejercerse, con libertad, desde o hacia una de las esquinas de un cuadrilátero. ¿En qué se transforma, entonces, esa esquina? En una madriguera de desdichados fanáticos, para nada disímiles de la turba que quiere elevar al cielo las cenizas de Frankenstein por medio de la hoguera; en gentes que, siempre por el bien de la humanidad, están prestos a inmolar a quienes no recen su mismo catecismo.

La asesina inquisición de la iglesia católica de anteayer, en muy poco se diferencia del soviet estalinista que ayer arrasó a millones en el gélido infierno Siberiano, o del sistema de relojería Pan-Germánico-Espartano que, durante la 2da Guerra Mundial, hizo de Europa una red de frigoríficos y hornos para hospedar a aquellos a quienes su locura consideraba sin derecho a estar ni dentro ni fuera de “su” cuadrilátero.

¿Qué fuerza indujo a Torquemada a transformarse en un vampiro encarcelado en su insaciable sed de sangre?

¿Qué motivó que Joseph, el titánico granjero, edificara un infierno en el país del frío, adonde fueron a parar las humanidades de millones de inocentes?

¿Cuál fue la fuerza que hizo brotar el más inveterado, empedernido y sañoso de los odios, para que transformara a un oscuro personaje, de burlesco bigote y perturbada mueca, en el héroe que arrastraría a todo un pueblo (y al mundo entero atrás de este) hacia el abismo? (Por cierto que esa mueca en algo me recuerda la cadavérica sonrisa que ordenó las hecatombes de Hiroshima y Nagasaki.)

Al hacerse uno tales preguntas, le parece deambular por una sombreada e incierta senda. Piso falso. O, al menos, tierras lodosas, cuando no arenas movedizas. Pues en poco deben distanciarse tales “semidioses” de las masas que, a pie juntillas o rodilla en tierra, les juran fidelidad eterna, quiebran lanzas y queman naves, para defender o imponer las tinieblas o, si les suena mejor, una iluminación que sólo ellos creen percibir en el seno de su ceguera.

¿Qué es un fanático? Un desdichado que se convence de estar enamorado de sí mismo, cuando es incapaz de amar a otros. O, lo que es lo mismo, un cercenado. Es alguien que no sigue a nadie, sino a una sombra, creyendo que la encarna. O una sombra mil veces representada en la figura de los genocidas.

Así pues, preguntémonos si el peor de los enemigos del hombre no es su vecino, sino su propio y enceguecido fanatismo; si su más horrenda imperfección no es su defensa a ultranza de prédicas que desconoce en absoluto; si esa cualidad suya de identificarse con el fuerte no es, acaso, su mayor debilidad.

Samuel Robinson.

* La fórmula es, de por sí, un oxímoron, pues nos habla de un reduccionismo exponencial, receta con la que se ha pretendido centralizar, en una sola persona, los destinos de todos y cada uno de los ciudadanos de la nación, para cambiarles su condición por la de maleables súbditos.
- Esta nota me la ha enviado desde Chipre un señor que firma como Samuel Robinson.
- Las reproducciones pertenecen a representaciones de La clase muerta, de Tadeusz Kantor.

GUARIDA DE LOS POETAS - Anna Ahmatova, REQUIEM y otros documentos.
Y ya que hemos tocado de soslayo esa vergüenza para la humanidad que fue la instauración del gélido infierno Siberiano, invitamos a escuchar la palabra de una poeta, Anna Ahmatova, en su poema REQUIEM. Es sencillamente conmovedor. Cuando la poesía se ve imposibilitada para cantarle a la alegría, no es porque el poeta añore gratuitamente la congoja, sino simplemente porque ha sido un justo testigo de su tiempo. Intuyo que en su poesía, más que tristeza, lo que brotan son resabios de una honda y sabia melancolía.

REQUIEM

Parte I

http://www.youtube.com/watch?v=LTDZU49xWSk&feature=related

Parte II

http://www.youtube.com/watch?v=FUXRiCjeg1M&feature=related

"As a White Stone..." Anna Ahmatova ( Como una piedra blanca )
http://www.youtube.com/watch?v=O6lhEhF84dY&feature=related


Anna Akhmatova (Excerpt)

Outpost provided full post-production sound for the documentary, Anna Akhmatova. This documentary about the legendary Russian poet was directed by Helga Landauer, and produced by Darya Zhuk of HBO. Sound design was done by Dave Nelson and Miik Dinko. Miik provided dialog editing along with Jim Lively. Travis Ames was the post-production audio coordinator, and the mix was done by David Nelson.

http://www.youtube.com/watch?v=n_OlWRwpBFo&feature=related

domingo, 12 de septiembre de 2010

Tengo ojos avezados para imágenes de horror. En ocasión de conmemorarse otro aniversario de los atentados del 11-09.


 

Tengo ojos avezados para imágenes de horrorEn ocasión de conmemorarse otro aniversario de los atentados del 11-09.

T

Tengo ojos avezados
para imágenes de horror,
tal como impone
el insomne training severo
de nuestra edad aguijoneante
de humaredas,
vidrios rotos,
kilobips
y llamas en el hígado

Como un vulgar ciudadano, no tuve más opción
que hacerme de un escudo no visible
-forjado en las llamas de la voluntad-
apto para repeler los desmanes de la pasión
o las jugarretas de la sensualidad,
instruido en el arte de sellar un silencio
rendido, solemne,
ante los embates del gran inmolador

Una mañana de generosa claridad,
me tocó ser un espectador más
del Show Business de la Muerte.
Gentes aplaudiendo a rabiar
ante pantallas de TV,
como focas amaestradas,
mientras presenciaban, abstraídas,
el abatimiento de los magnos
emblemas del poder,
el derribo de las torres majestuosas,
colmadas, como árboles en flor,
de latidos y transpiraciones,
de sueños y suspiros,
al final tan inocentes
como la savia que fluye
entre el bulbo y la hoja,
como el cumplido prodigio de la ósmosis,
como las ardillas y chicharras que,
sin la aquiescencia de los árboles,
hacen vida en las florestas

Tengo ojos avezados
para láminas de horror,
tal como demanda
la solemne doctrina
de nuestra edad ponzoñosa,
plagada de urbanas fumarolas;
nuestra edad moldeada
por detonaciones y estampidas,
marcada por el sojuzgamiento
de toda eclosión del corazón
que intente alzar una cadencia amorosa
hacia nubes de pureza;
nuestro ciclo predicante
del letargo de los sueños,
ese cielo nuestro, mayorista
de revoluciones e involuciones,
ese nuestro manojo de centurias
que promueven la hibernación de los sentidos
y una hornada de lóbregas mentiras
y misteriosas erratas;
ese tiempo nuestro colmado de éxodos verbales
e implosiones psicóticas,
de dogmáticas oscilaciones,
de malversaciones del alma
y de la compra-venta de inhumaciones;
nuestro horario racimo de ofrendas
de cáustica crueldad y de jergas axiomáticas,
nuestra festejada era de los vergonzosos alegatos
en defensa de la pobreza del espíritu
y de la deificación del monstruo cibernético,
descorazonado y duro salvador
que impuso su trastornado culto maquinal
sobre las pulsaciones de la vida

Tengo ojos curtidos
para íconos de atrocidad
y con ellos observo cómo Tánato pasea
su sombra triunfante
por nuestro anchuroso mundo,
alzando su cartapacio para contar
los dividendos de cada jornada bélica,
pues necesidad no tiene de apelar
a espada o a clepsidra

Y no sé cómo la obtuve pero,
de pronto y como por hechizo,
tenía una córnea gruesa en la mirada,
como la piel de un rinoceronte…

…pero los rinocerontes no tienen la culpa
de nuestras divinas decepciones
o de que hayamos olvidado
cómo dejarnos llevar al amor del agua…
…y no necesitamos de una hechicera
herida en su amor propio
para que nos vista con piel de asno
o para que, con un soplo,
invoque el espejismo
de nuestra ritual fatalidad,
nuestra fatal falta de amor…

… porque somos ajenjo de polvo cósmico,
brizna que respiramos sin advertir
que nos estamos viendo por dentro,
sin caer en cuenta que, de algún modo, ya viajamos
en los corpúsculos que visitan nuestros alvéolos,
para allí liarse tras una larga travesía

- - - - -

Ayer no pude subir este texto, como era mi intención. Pero más vale tarde que nunca. Forma parte de Cuadernario, un libro que tuvo una inverosímil gestación, pues empezó a escribirse en una agenda telefónica Norma, de las verdes. Cierta mañana recibí algo así como un mandato, una voz empezó a dictarme palabras que debían ser descargadas en las páginas del pequeño cuaderno, con la particularidad de que cada texto había de empezar por la letra del alfabeto que marcaba la página en que me disponía a escribir, fue un juego lento y algunas veces alucinante, pero no tuve prisa por completar el cuaderno. Solo escribía allí, cuando sentía el llamado. Cuadernario ha sido publicado en Colombia, por Común Presencia Editores, Colección Los Conjurados, 2007.

Agrego una carta contra el terrorismo, de la mano del poeta palestino Mahmud Drawix, fallecido hace un par de años.


NADA, NADA JUSTIFICA EL TERRORISMO

La catástrofe que ha golpeado Washington y Nueva York tiene un solo nombre: la sinrazón del terrorismo. Esta catástrofe no ha sido ni una siniestra película de ciencia-ficción ni el Día del Juicio. Ha sido terrorismo, a palo seco, sin patria ni color ni credo, a pesar de los muchos dioses, divinidades y agonías humanas con que pretenda autojustificarse. Ninguna causa, ni siquiera una causa justa, puede legitimar el asesinato de inocentes civiles, por muy larga que sea la lista de acusaciones y la nómina de agravios. El terror nunca allana el camino a la justicia, es un atajo al infierno. Deploramos estos horrendos crímenes y condenamos a quienes los planearon y ejecutaron con todas las palabras de repulsa y condena que existen en nuestra lengua. Hacemos esto no sólo como un deber moral, sino también para reafirmar nuestro compromiso con nuestra propia naturaleza de seres humanos y nuestra fe en los valores humanistas que no diferencian entre una persona y otra. Nuestras simpatías hacia las víctimas y sus familias, así como hacia el pueblo americano en estos duros momentos, es igualmente una expresión de nuestro hondo compromiso con la unidad del destino humano. Porque una víctima es una víctima, y el terrorismo es terrorismo, aquí o allá, no conoce fronteras o nacionalidades, y no le falta retórica para matar. Nada, nada justifica este terrorismo que ha fundido la carne humana con hierro, cemento y polvo. Ni nada puede justificar que se polarice el mundo en dos bloques que nunca puedan encontrarse: uno del bien absoluto, el otro del absoluto mal. La civilización es el resultado de la contribución de cada sociedad a una herencia global; la acumulación e interacción que conduce a la elevación de la humanidad y a la nobleza de la conciencia. En este sentido, la insistencia de los neo-orientalistas en que el terrorismo anida en la naturaleza primigenia de la cultura árabe e islámica no contribuye en absoluto a aclarar el enigma, y menos aún ofrece solución alguna. Al contrario, hace que la solución sea más inescrutable, porque ha caído en las garras del racismo. Por ello, cuando América busca razones para comprender la animosidad hacia su política (una animosidad que no es hacia el pueblo americano y el conjunto de su cultura) debe distanciarse del concepto “choque de culturas”. Debería también prescindir de la necesidad de identificar siempre a un enemigo de carne y hueso, imprescindible para probar la “supremacía occidental”. En lugar de eso, debería moverse en el terreno de la política, en el que los Estados Unidos deberían reflexionar acerca de la sinceridad de su política exterior. En particular, deberían meditar sobre sus logros en Oriente Próximo, donde los grandes valores americanos de la libertad, la democracia y los derechos humanos han dejado de funcionar, especialmente en el contexto palestino, en el que la Ocupación israelí sigue estando exonerada de responder al derecho internacional, al tiempo que los EEUU le provee de todas las razones que necesite para justificar prácticas que lindan con el terrorismo de Estado. Sabemos que la herida de los americanos es profunda, y sabemos que este trágico momento es un tiempo para la solidaridad y el dolor compartido. Pero también sabemos que los horizontes del intelecto pueden atravesar paisajes de devastación. El terrorismo no tiene territorio ni fronteras, no reside en una geografía propia, su casa es el desencanto y la desesperación. La mejor arma para erradicar el terrorismo proviene de la solidaridad de la comunidad internacional, del respeto al derecho de todos los pueblos del planeta a vivir en armonía, de la reducción de la sima cada vez más profunda entre el norte y el sur. La manera más efectiva para defender la libertad es haciendo totalmente realidad el significado de la justicia. Las medidas de seguridad por sí solas no son suficientes, puesto que el terrorismo extiende sus redes a múltiples naciones, y no reconoce fronteras. No puede dividirse al mundo en dos sociedades, una para los rebeldes y otra para los oficiales de la ley. Pero nada, nada justifica el terrorismo...

Carta de reparo ante los atentados del 11-09. Texto de Mahmud Darwix suscrito por Hanna Nasser, Sari Nusseiba, Salim Tamari, Rema Hammai, I’zzat Ghazawi, Hassan Khader, Hannan Ashrawi.
(Traducción de Luz Gómez García)


Más sobre este poeta en:
http://letrascontraletras.blogspot.com/2008/08/poesa-y-exilio-vivir-al-margen-un-mnimo.html



GUARIDA DE LOS POETAS
Anna Akhmatova - La musa

http://www.youtube.com/watch?v=htW5XzUD24k&feature=player_embedded

martes, 7 de septiembre de 2010

In memóriam ...Y un mal presagio se anunciaba en las puestas de un sol ceniciento..


In memóriam

...Y un mal presagio se anunciaba en las puestas de un sol ceniciento, lo que no evitaba que mostrase su rojo hechizador y amenazante...























Estas tomas fueron realizadas desde mi celular. Me he topado con ellas por azar, pues cayeron en un, acaso, conveniente olvido. No hallo la forma de colocar acentos en este aparato. Estoy en la calle y se avecina la noche. Pero algo me impulsa a escribir y enviar por correo glosa y pinturas.

Perdone pues, cualquier lector desprevenido, si nota que abuso de algunos curvados derroteros de lenguaje, en el presente comentario. Adjunto estas tomas algo tardamente, ya que fueron captadas hace meses, cuando cielo y mundo amenazaban con derrumbarse y matarnos de asfixia. Y mi hermano muriendo.

Con franqueza debo decir que nunca, como en esas no lejanas fechas, he sentido a la nausea atacar mi humanidad de manera tan perversa.

Todo se confabulaba para mostrar calles y veredas, como rutas del infierno.

El aire, cargado de desazonada turbidez, cerraba las inhalaciones de nuestros pechos, y laceraba las enramadas de nuestros pulmones, como si se tratara del aliento exhalado por el Can Cerbero.

Y un mal presagio se anunciaba en las puestas de un sol ceniciento, lo que no evitaba que mostrase su rojo hechizador y amenazante.

Nada se me ha asemejado tanto como ese clima, esa tesitura del entorno, a la muerte sin sentido, esto es, de lo que ya estaba muerto, desanimado.

Ya se han ido calina y sol ceniza.

Han venido las lluvias inclementes; a veces, traidoras, mortecinas.

Mas no parecen haber venido a lavar culpas o a expurgar almas.

Las aguas vienen cargadas del mismo lodo que colma el discurso de la secta de impostores que, a sotto vocce, nos suplanta.

Seguimos navegando en barcazas de Caronte.


A todo evento, contra viento y marea, a pesar de los pesares:
Salud, vino y poema!

(Enviado anoche desde mi dispositivo móvil)











































* * * * *

José AntonioRamos Sucre

LA VIDA DEL MALDITO


Agregamos otra fábula poética de Ramos Sucre, en la que si bien se denotan algunos vasos comunicantes con un antecesor como Edgar Allan Poe, en la atmósfera, el tema o la persecución del victimario (que no siempre en el arrepentimiento, pues la crueldad en la poética de Ramos Sucre fue más una cuestión de estilo o, si lo prefieren, un recurso para lacerar crueldades), también se prefigura lo que, algunos años después de haber sido publicada, se popularizaría como modus operandi para el crimen en masa: aquel de tener una fosa bien dispuesta para quienes son conducidos como ovejas al matadero.

lacl


LA VIDA DEL MALDITO

Yo adolezco de una generación ilustre; amo el dolor, la belleza y la crueldad, sobre todo esta última, que sirve para destruir un mundo abandonado al mal. Imagino constantemente la sensación del padecimiento físico, de la lesión orgánica.

Conservo recuerdos pronunciados de mi infancia, rememoro la faz marchita de mis abuelos, que murieron en esta misma vivienda espaciosa, heridos por dolencias prolongadas. Reconstituyo la escena de sus exequias, que presencié asombrado e inocente.

Mi alma es desde entonces crítica y blasfema; vive en pie de guerra contra los poderes humanos y divinos, alentada por la manía de la investigación; y esta curiosidad infatigable declara el motivo de mis triunfos escolares y de mi vida atolondrada y maleante al dejar las aulas. Detesto íntimamente a mis semejantes, quienes sólo me inspiran epigramas inhumanos; y confieso que, en los días vacantes de mi juventud, mi índole destemplada y huraña me envolvía sin tregua en reyertas vehementes y despertaba las observaciones irónicas de las mujeres licenciosas que acuden a los sitios de diversión y peligro.

No me seducen los placeres mundanos y volví espontáneamente a la soledad, mucho antes del término de mi juventud, retirándome a ésta, mi ciudad nativa, lejana del progreso, asentada en una comarca apática y neutral. Desde entonces no he dejado esta mansión de colgaduras y de sombras. A sus espaldas fluye un delgado río de tinta, sustraído de la luz por la espesura de árboles crecidos, en pie sobre las márgenes, azotados sin descanso por un viento furioso, nacido de los montes áridos. La calle delantera, siempre desierta, suena a veces con el paso de un carro de bueyes, que reproduce la escena de una campiña etrusca.

La curiosidad me indujo a nupcias desventuradas, y casé improvisadamente con una joven caracterizada por los rasgos de mi persona física, pero mejorados por una distinción original. La trataba con un desdén superior, dedicándole el mismo aprecio que a una muñeca desmontable por piezas. Pronto me aburrí de aquel ser infantil, ocasionalmente molesto, y decidí suprimirlo para enriquecimiento de mi experiencia.

La conduje con cierto pretexto delante de una excavación abierta adrede en el patio de esta misma casa. Yo portaba una pieza de hierro y con ella le coloqué encima de la oreja un firme porrazo. La infeliz cayó de rodillas dentro de la fosa, emitiendo débiles alaridos como de boba. La cubrí de tierra, y esa tarde me senté solo a la mesa, celebrando su ausencia.

La misma noche y otras siguientes, a hora avanzada, un brusco resplandor iluminaba mi dormitorio y me ahuyentaba el sueño sin remedio. Enmagrecí y me torné pálido, perdiendo sensiblemente las fuerzas. Para distraerme, contraje la costumbre de cabalgar desde mi vivienda hasta fuera de la ciudad, por las campiñas libres y llanas, y paraba el trote de la cabalgadura debajo de un mismo árbol envejecido, adecuado para una cita diabólica. Escuchaba en tal paraje murmullos dispersos y difusos, que no llegaban a voces. Viví así innumerables días hasta que, después de una crisis nerviosa que me ofuscó la razón, desperté clavado por la parálisis en esta silla rodante, bajo el cuidado de un fiel servidor que defendió los días de mi infancia.

Paso el tiempo en una meditación inquieta, cubierto, la mitad del cuerpo hasta los pies, por una felpa anchurosa. Quiero morir y busco las sugestiones lúgubres, y a mi lado arde constantemente este tenebrario, antes escondido en un desván de la casa.

En esta situación me visita, increpándome ferozmente, el espectro de mi víctima. Avanza hasta mí con las manos vengadoras en alto, mientras mi continuo servidor se arrincona de miedo; pero no dejaré esta mansión sino cuando sucumba por el encono del fantasma inclemente. Yo quiero escapar de los hombres hasta después de muerto, y tengo ordenado que este edificio desaparezca, al día siguiente de finar mi vida y junto con mi cadáver, en medio de un torbellino de llamas.


Del libro LA TORRE DE TIMON, 1925.


GUARIDA DE LOS POETAS
Con una arrobadora banda sonora y el apoyo de uno de los primeros versos de La Vida Monástica, libro primero del Libro de Horas, se logra rozar aquello que suele convocar la poesía: el conmover. Aunque este pequeño tributo, en cierta forma llama a la nostalgia, también cita a la alegría, pues una no puede vivir sin la otra. Y creo que yo ya no podré vivir el resto de mi vida sin escuchar esos versos y esa melodía en las praderas de silencio que, como todos, llevo dentro. Reproduzco los versos de Rilke, en la traducción al cuidado de la profesora Yolanda Steffens y las asesorías de Lieselotte Zettler de Vareschi y de Rafael Cadenas, libro editado en las imprentas de Universidad Central de Venezuela.

Recita (o debemos decir reza) Mario Adorf y Canta Montserrat Caballé.

Salud!
lacl

El poema

Ich lebe mein leben is wachsenden Ringen,
die sich über die Dinge ziehn.
Ich werde den letzten vielleicht nicht vollbringen,
aber versuchen will ich inn.

Ich kreise um Gott, um den unralten Turm,
und ich kreise jahrtausendelang;
und ich weib noch nicht: bin ich ein Falke, ein Sturm
oder ein grober Gesang.

La traducción:

Vivo mi vida en círculos crecientes
que se tienden sobre las cosas.
El último quizás no logre,
pero lo quiero intentar.

Giro en torno a Dios, esa torre prístina,
y llevo milenios girando,
y aún no sé: ¿soy un halcón, una tormenta,
o una gran canción?

Rainer Maria Rilke, 20.9.1899, Berlin-Schmargendorf

http://www.youtube.com/watch?v=3JQMIUrOMt4&feature=related

miércoles, 1 de septiembre de 2010


Jorge Luis Borges - La cultura en peligro

Hacer click sobre la imagen del texto, para leer la nota de Borges. Publicada por El Nacional en 1986.


Más sobre esta glosa en:
http://letrascontraletras.blogspot.com/2008/07/la-cultura-bajo-asedio-todos-nos.html

En la foto, Borges junto a otro bastión de las letras y la cultura: Joan Corominas.