miércoles, 12 de diciembre de 2007

Crónica del retorno





He Vuelto. Llevo varios días en mi ciudad, deambulando, en lo que se puede, de manera silente. Dando la cara a aquello a lo que hay que dar la cara (los albañiles que se quedaron trabajando en casa, por ejemplo). Forzoso me ha sido el permanecer enmudecido, el buscar rincones en el aire, senderos en la luz de cada jornada, para recuperar mi esencia. Aún estoy exhausto, ahíto. Debo recuperarme del barullo y de la prisa; la prisa de los otros, la del afuera, la mía propia. Estuve en Guadalajara y confirmo lo que me habían dicho, Guadalajara es un regalo para el corazón y su feria del libro una fiesta, aun a despecho de haberme lucido también como una desmesura. Es, lo decía yo en sus callejuelas, un país de nueve días en el que algunos quisiéramos vivir eternamente. Caminando por sus calles y avenidas, deteniéndome en algún recoveco, sólo para buscar mi centro, recordé los frescos babélicos de las imaginerías Borgianas. Y si es cierto que gocé la fiesta de la palabra, si es cierto que sentí algo cercano a ese estado de felicidad que siempre me ha deparado la cercanía a los libros, no lo es menos que igualmente padecí el vértigo que nos producen nuestras experiencias con las desmesuras. Fui en representación de una editorial y como nunca he rehuido el combate ante los llamados de una responsabilidad compartida, laboré pues. Mi amigo Bernardo habrá de pensar que esta cabra se le ha escapado con la cabuya en la pata, pero no es así, ya me pondré a derecho. Alterné el gusto con el oficio, empresa para nada titánica cuando lo que a uno le mueve es el corazón y el culto por la palabra. Pero presumo que el tiempo se ha dejado engatusar por el hombre. Me ataca una sensación de desmesura cuando me percato de que habito una ciclópea ciudad provisional, amén de que no podré llegar a tiempo, por más que luche -como un denodado mensajero imperial desenterrado de un cuento kafkiano- contra la corriente humana, para escuchar lo que Carlos Fuentes tiene en obsequio para algunos afortunados escuchas. O acaso resulte que, a esa misma hora, quería ser partícipe de lo que tenían que decirme unos chamanes de Chiapas, palabras que quedaron flotando en el aire y que acaso llegarán a mí por alguna fortuita encrucijada del destino. Mi ser tuvo la fortuna de ser testigo, gracias a uno de mis contadísimos y prevenidísimos escapes, de ese abrazo que una amistad a toda prueba tuvo a bien de darse en público. Les confieso que el presenciar a Álvaro Mutis y a García Márquez sentarse el uno junto al otro, con la llaneza de una amistad que no se ensalza, pero que sí sabe relamerse como una gata entre sus piernas, me enjugó los ojos e hizo que un estremecimiento recorriera mi médula espinal. Ex profeso no había llevado mi cámara. Tan sólo quería ser un testigo presencial de la amistad. No se trata de ciega adoración. Sucede que allí, frente a un público algo frenético y ante no menos de quinientas cámaras, desde las de los celulares personales hasta las de los más reputados medios de todos los continentes, estaban sentados dos exponentes de aquello que antaño se denominaba con la sencilla palabra de humanismo. Ejemplo para las cada vez más numerosas oleadas de intelectuales que parecen ser unos estrictos censores o vigías al servicio incondicional de las posturas ultraístas que, contra viento y marea, predican los fraudulentos artificios de la política. Un escritor puede tener una postura política. Pero ello no irá en desmedro de su condición de ser humano. Antes de ser de ser un abnegado demócrata, un denodado comunista o un convencido socialista, un escritor ha de ser primeramente, un ser humano. Y eso son a carta cabal Don Álvaro y Don Gabo, a despecho de ciertas declaraciones que, de parte y parte, pudieran en algún momento hacerles lucir “comprometidos” ante aquellos que insisten en dar predominancia a los jabonosos embates de la política, antes que a las personas de carne y hueso. Por lo demás, debo decir que mi viaje estuvo plagado, desde el vamos, de lo que Jung llamaría una marea de placenteras “sincronicidades”, desde aquella afortunada amistad entablada en las butacas del avión, lo que fue un verdadero y auspicioso regalo hasta el encuentro con Cissi y Felipe en DF. Pero de ello no voy a hablar por los momentos. Todos recibimos regalos de continuo, minuto a minuto, pero es menester que el espíritu se reserve siempre algo para sí.

Bueno. No me extenderé mucho más. Añado más abajo un escrito que tuve que esbozar en tiempo record y en medio de la multitud, para un foro en salutación por la trayectoria del Banco del Libro y para conmemorar su reciente distinción con el prestigioso premio Astrid Lingreen en Suecia. Me avisaron con escasas horas de antelación, dado que dos de los invitados originales, no pudieron volar a Guadalajara. Me tomé el atrevimiento de aceptar porque, sopesándolo muy bien durante algunos minutos, me di cuenta de que la del Banco del Libro es una de aquellas experiencias de las que los venezolanos podemos sentir algo de recatado orgullo. Además, a mí siempre me ha seducido el escribir en medio del bullicio, sobre todo el que se cultiva en las taguaras, polleras, areperas y afines, a los que no acostumbren ir personas conocidas. Razón por la que aprovecho para cerrar con un texto escrito en uno de esos recintos hace algunos días.
Salud!
lacl
Las fotos de arriba corresponden a tres vistas de la ciudad de Guadalajara, madrugada y amanecer...


29 de Noviembre de 2007, 3:00 am

Contados han sido los momentos de reposo de que he podido disfrutar durante las jornadas de la asombrosa feria del libro de la bella y hospitalaria Guadalajara, pero quiero hacer un punto y seguido en mi itinerario, para regalarles un texto que tuve que bordar ligeramente, dado el breve margen de tiempo -unas cuatro horas- con que se me notificó de la invitación a participar en un foro con motivo del prestigioso premio Astrid Lingreen que, recientemente, fuera concedido al Banco del Libro en Suecia. El foro llevaba por título Una mirada desde afuera, pues lo que se pretendía era obtener el testimonio llano y sincero de algunas personas que no perteneciesen a dicha asociación. Debo reconocer que para esbozar mis palabras tuve que, aéreamente, revisar mis puntos de vista (lo que no es un problema cuando no se profesan dogmas encarcelados) y que ello me llevó a cometer un pecado parafrasístico para lograr expresar mis pensamientos. Las líneas siguientes son las que escribí.

Salud!
lacl

NOTAS PARA EL FORO BANCO DEL LIBRO, UNA MIRADA DESDE AFUERA.

Buenas tardes,
Quisiera comentarles, antes de comenzar mi intervención, que si yo estoy sentado acá junto a este apreciado panel, no es por razones de amiguismo, sino por una razón de amistad y del maravilloso azar. La amistad nace en el corazón y, como acostumbraba a decir mi padre, ella es la madre del amor.

Bueno. He sido invitado acá para que conversemos un poco acerca del Banco del Libro y, como el título de este foro indica, vamos a hacerlo con una mirada desde afuera. Es desde esta perspectiva que yo, como venezolano puedo y voy a hablarles.

Parece mentira que el Banco del Libro esté próximo a cumplir el medio siglo de hacendosa y gratificante vida. Lo que en los años sesenta nació como un centro de canje de libros, es hoy una de nuestras más robustas experiencias de lo que significa crear una morada para dar albergue a lo que los humanistas bautizaron como “bon comun”.

Una de las primeras palabras que me vienen a la mente, cuando hablamos de bien común, es abnegación. Otra es desprendimiento, entendida como una ausencia de intereses personales, o mejor, personalistas. Otra, acaso más oculta, es responsabilidad. Me refiero al sentido de responsabilidad que ataca a todo ser que se siente incapaz de hacer la vista gorda ante los actos de barbarie o de injusticia que signan a la especia humana.

Esas tres palabras, más que nociones, representan bienes del espíritu. Sin el concurso de esos bienes, en cada uno de los pechos de quienes a lo largo de décadas, desinteresadamente ofrecieron su cuota de laboriosidad, el Banco del Libro no sería esa casa grande y abierta al ciudadano que es hoy. En un mundo en el que una alocada noción del tiempo y en el que no pocas gestiones estatales tienden a empañar o borrar el territorio del ser humano en tanto que milagrosa individualidad, es laudable ser testigos de tanta gente luchando para llevar a todos los rincones un mensaje de esperanza.

En 1999, Venezuela padeció uno de los más terribles desastres naturales que quepa imaginar. Un deslave de la cordillera del litoral central prácticamente borró poblaciones enteras del estado Vargas. Nadie es capaz de cuantificar la magnitud en pérdidas humanas. Desde todas partes del mundo comenzaron a llover ofertas de ayuda humanitaria que, desde luego, todo venezolano supo agradecer. Enseres, alimentos no perecederos, lencería, ropa, zapatos. Pero fue mucha la gente que no sólo perdió sus casas, sino a toda una familia. Niños huérfanos, abuelos desamparados de la noche a la mañana, mujeres clamando por hijos que un alud de aguas dulces y peñascos arrebató en su huída hacia las sales del mar. Y, como si fuera poco, la violencia de oportunistas homicidas, ladrones, violadores sobre los indefensos. Acaso esas sean heridas que nunca llegarán a cicatrizar. Y es obvio que hará falta algo más que latas de conservas para darle acogida al corazón. Y allí estuvo el Banco del Libro con su Leer para vivir, trabajando con las comunidades, sembrando no solamente la esperanza, sino herramientas para el vivir; abriendo horizontes a gentes a quienes de pronto se les había cerrado el mundo. Y ésa es tan sólo una de las naves que, con buen viento, parte desde ese puerto que es el Banco del Libro.

En los años de amistad con que me ha honrado Carmen Martínez, una más de quienes coparticipan de ese bella empresa que es el Banco del Libro he sido testigo de lo que verdaderamente es el trabajo de campo, la acción civil fundada en los valores del espíritu de que hablaba al principio: abnegación, desprendimiento, responsabilidad. Pero quiero hacer hincapié en el tercero de ellos. Pues abnegación y desprendimiento necesitan apoyarse sólidamente en un sentido humano de responsabilidad compartida. No olvidemos que hay gentes que conciben al ser humano como algo ajeno a sus vidas, viven bajo la prédica de una responsabilidad limitada con respecto a la humanidad. Quizás tendríamos que preguntarnos si sus almas no han sido pasto del padecimiento que Jung denominó como la vida no vivida.

Y, para cerrar, me apoyaré en la paráfrasis de unas palabras esbozadas en mayo de este mismo año.

Quisiera regalarles un hermoso y sugerente aforismo de Juan Ramón Jiménez:

“…el poeta es, ante todo, responsable…”

frase cuya parquedad y sencillez construyen una sonoridad plena de sentido. A mi parecer sintetiza palmariamente las consideraciones que tan bellamente expusiera Elías Canetti en un discurso pronunciado en Munich en 1976, el cual lleva por título “La profesión de escritor”. En aquella memorable ocasión, Canetti, no sin antes de haber ironizado en torno a una manida y artificiosa noción de escritor, enunciaba una frase ante la que uno no puede más que solidarizarse:

“…lo cierto es que, hoy en día, nadie puede llamarse escritor si no pone seriamente en duda su derecho a serlo…”

Y, no es una casualidad, luego da ilación a su discurso desovillando los hilos de la palabra responsabilidad. De sus palabras se desprende que un escritor no puede llegar a consumarse como tal, si no asume y, es más, padece, su responsabilidad para consigo y para con un mundo que se encuentra en franca disolución, en virtud de la irresponsabilidad de la humanidad de la que él forma parte.

Y con respecto a bien común, a acción civil, a empresas tales como las que el Banco del Libro ha desarrollado desde 1960, yo voy a extrapolar las palabras de Canetti pues, en un mundo signado por la barbarie y la crueldad, en el que los valores espirituales de la humanidad hacen las veces de cenicienta y cada vez van más a la zaga de lo pecuniario y desalmado, voy a decirles que nadie debería hoy llamarse ser humano si no pone seriamente en duda su derecho a serlo. Y acaso la desinteresada acción civil, y ¿por qué no? la poesía, sirvan de espuelazo a esa perentoria indagación.

Luis Alejandro Contreras


El Banco del libro ha tenido la gentileza de publicar estas glosas en su página web: http://www.bancodellibro.org.ve/portal/index.php?option=com_content&task=view&id=689








Galería de México



































Fotos: 1. Luna de Guadalajara. 2. Una espectacular pareja de baile en el Veracruz. 3 y 4. Con mi amiga Carmencita Martinez, bailando en el Veracruz y haciendo honores al mote que mi señora me ha endilgado: el chinadientes. 5. María Beatriz Medina y Carmencita Martínez, el Veracruz. 6. Sara Maneiro, en el Veracruz. 7 y 8. El grupo TAMBO, digno representante de Colombia en la FIL. 9, 10 y 11. Ya en la capital, en el Templo Mayor, ombligo de México 12. El más hospitalario de los baños, en el DF, está al salir de un recorrido por el templo mayor y del Museo Arqueológico de la UNAM. Ofrece, a unas tres cuadras de distancia, los bellos danzones de Arturo Núñez, al tiempo que le pone sordina a cualquier ruido indecoroso de parte de la clientela... 13. Ariadna abandonada en las calles de México. 14, 15 y 16. El cartero tuvo a bien entregarme una misiva firmada por Oliverio Girondo. 17. Felipe Acevedo con su trío, en el DF. 18. FIL Guadalajara, Foro El Banco del Libro: una mirada desde afuera. De izq a dcha Aldana, Dearden, Barvo y Contreras, tomado del portal del Banco del Libro (http://www.bancodellibro.org.ve/portal/index.php?option=com_content&task=view&id=686&Itemid=402)

08 de Diciembre de 2007, mediodía

ESCRITO AL REVERSO DE UN BOLETO DE AVION

Hoy he pasado uno de los momentos más felices, por conmovedores, de mi vida.
Estoy derrotado.
Nada como la puntual comparecencia de la amiga derrota, para brotarle nuevos a la vida, como retoños. Me había sentado frente a un intratable trozo de carne, afortunadamente acompañado por una ración de yuca proveniente de los huertos celestiales.
Arrastrado por la resaca.
Sensación de vacío toráxico.
¿Adónde se me habría ido el alma durante la noche?
Porque es el alma la que parte en postas cuando abrimos los ojos para constatar que la miseria sigue allí, al otro lado de los sueños que la noche había bruñido entre copas y abandonos.
Pero sucede que la inocencia me devuelve al fango, no para degradarme, sino para confortarme, para irradiar calor en torno a mi presencia, para arrullarme en su seno de diosa silente, oculta en los elementos.
Vacío toráxico y frío en el plexo tratados de paliar con una buena ronda de tercios más fríos aún.
Es un amplio y desértico restaurant, ubicado en uno de las menos recordables rincones de Caracas; un camposanto, por lo silencioso y deshabitado del recinto. En el ala central se despliega, en L, una larga hilera de mesas dispuestas para un banquete, cuyos indicios me llevan a intuir que se trata de una festividad para celebrar un acto de primera comunión.
Entré allí porque mis riñones estaban desesperados por exhalar el llanto contenido de la noche anterior.
Soledad, vacío y derrota me invitan a la mesa. No rehuyo el convite. Tienen las resacas algo de conciliador.
¿Si estoy derrotado por qué voy a ponerme pretencioso o exigente? ¿Tengo derecho a requerirle a la vida que complazca el más nimio de mis caprichos y, digo más, necesidades? No está en mi tesitura tal desplante, prefiero plantarme en una silla, ante una mesa y pedir (o esperar) lo que los hados tengan reservado para mí.
Estoy derrotado.
Nada como la comparecencia de mi amada señora para congraciarme con mi extraviada pequeñez, mi miserable jornal de vida, mi condición de ave de paso.
Los comensales comienzan a llegar. El padre de la víctima (ella es una niña hermosa que sonríe como una amapola abierta al cielo) está tan desubicado y fuera de sí, que no parece estar allí, en donde sus pies se posan, está en cualquier lugar menos allí.
De pronto, ante mí, se detiene otra niña más pequeña (había llegado un poco antes que la víctima expiatoria). Me desnuda con sus ojos y me regala la sonrisa más cristalina que recuerden mis retinas.
Es un pacto. Es la inocencia. Es el legado. Es el secuestro.

Que vivan las derrotas.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Aviso a los navegantes

Estimados amigos: durante las últimas dos semanas, he estado imposibilitado para refrescar Contracorrientes. Esta semana parto para la FIL Guadalajara 2007, en representación de la Editorial BID&CO. Bernardo Infante ha tenido la gentileza de pensar en este servidor para suplirle allá, dado que se recupera de un accidente que, por fortuna, no pasó a mayores.

A quien pudiera interesarle, estaré a la orden en el Stand de BID&CO, # 2649-D, así como en el Salón de Derechos y en el Salón del Libro.

A manera de obsequio y a propósito de viajes, consigno un intento de poema inserto en el libro Cuadernario*.

Un saludo cordial.

lacl


i



Visión de la Diosa
Vuelo 2113
7:30 AM


Impávida,
lívida señora,
umbilical sumidero
del cielo,
gruta silenciosa
que, como un estetoscopio
de astros,
auscultas nuestras abyecciones
y lamentos
o alguna fugaz alegría

Retrato y espejo eres
del enigma que mora
en los invisitados aposentos
de nuestra interioridad.

Tú me acompañas
en esta jornada

Desapareces aparentemente
en los contornos
de la luz solar,
pero en realidad
siempre continúas allí,
impávida y cambiante
en tu invisibilidad.

Eres silencio rumoroso


* Común Presencia Editores, Colección Los Conjurados, Bogotá, 2007.

jueves, 8 de noviembre de 2007

Color y música, verbo y culto - Es hora de detenerse


Color y música, verbo y culto - Es hora de detenerse

Sinceramente me abisma que algunas gentes se aburran ante una obra como Baraka, el inolvidable film de Ron Fricke (1992). El ciudadano global ya no tiene tiempo para detenerse. Su carrera no le permite discernir el sentido de su prisa y la sin razón de su incierto destino. La mirada de aquellas minorías, de las individualidades cuyo tempo no ha sido arrastrado por la vorágine del progreso, hace las veces del juez en este hermoso y crudo film. Lo recomendamos ampliamente a quien no lo haya visto. Pronto volveré por estos predios con una reflexión en torno al sentido de la palabra Baraka. Abrimos esta sección con unos extractos del documento de Ron Fricke.

Abajo incluyo tributos a dos artistas que reverencio, Marc Chagall y Henri Matisse, amén de un "speech" del querido Alan Watts. Los tributos a Chagall y Matisse son un mero regalo para aquel ojo que gusta de percibir lo innombrable y para aquel oído que se complace en recoger la música en toda hora y lugar.

En cuanto a Watts, es lamentable que tan poca gente conozca sus escritos, que tan pocos hayan paseado sus ojos por sus libros. Hay quienes creen paladinamente que Watts es un autor de libros de auto ayuda. ¡La pena que dan estos tiempos! Si mal no recuerdo, lo primero que leí de Alan Watts fue El futuro del éxtasis. Desde el primer momento me sorprendió su desparpajo para desnudar a la gente, para invitarla a derribar sus muros alzados para aislarse del vivir. Hay, incluso, quienes sonríen con cierto dejo de desprecio cuando escuchan a alguien preguntar por un autor como Watts o por alguno de los temas que tejió a lo largo de su vida: la sabiduría que, aún cuando pueda expresarse, no está aherrojada en los libros (el Tao Te Ching, el Zen), la búsqueda del ser como norte primordial del individuo, la realización del amor en la mujer y en el hombre o las más llanas diferencias entre riqueza y dinero. No voy a erigir un panegírico acá sobre la persona de Alan Watts. Tan sólo invito a aquel lector que pudiera estar cansado de tanta mentira barnizada de patrones de conducta o de los mandos impositivos divorciados del alma; convido a aquel curioso ser que acaso esté extenuado de que se le exijan prédicas a favor de tales o cuales visos de la política, percatándose, como se percata, que nada está más distante de nuestra esencia de vida. En realidad, el llamado de Watts muy poco dista de aquel que extendiera Rilke a un joven poeta: su vuelta a lo sencillo. Nuestros grandes temas nos están carcomiendo por dentro. Y nos hemos olvidado de lo pequeño, lo valedero del vivir que, por sencillo, no tiene precio; aquello que desatendemos en nuestra forzada marcha hacia ningún lugar. Es hora de detenerse. Es hora de volver ojo y oído al centro del sí mismo. Es hora de recuperar nuestras ánimas extraviadas.

En apoyo de Watts, hagamos memoria de un alegato del Gabo, quien se quejaba de que la era moderna puede ser reconocida no por los descubrimientos de la astronáutica, sino por los desastres causados por la prisa y el mercado de consumo en un acto tan personal como lo es la lectura; alegaba que en el mundo cada vez hay menos libreros a la vieja usanza, esto es, lectores pausados que se dedicaban al negocio de los libros por amor a la cultura. Cerró su declaración con esta frase: “…si hay un lugar donde se aprecia cuánto ha cambiado el mundo no es en una base de lanzamiento de satélites espaciales, sino en la librería de la esquina…” No sé por qué tengo la impresión de que sus palabras se complementan con mucho de lo expresado por Watts. De algún modo lo apoyan. Independientemente de lo disímil que pudieran resultar, a vuelo de pájaro, sus respectivas personalidades. Cerramos pues con una pieza oral de Watts: Who am I?
salud!
lacl


Del Film Baraka, uno de mis preferidos (y también de mi hijo, quien lo habrá visto unas quince veces), primero, los Hanuman Chants...

https://www.youtube.com/watch?v=pCUdEnGvYFk

https://www.youtube.com/watch?v=ZWhu22aDzos



Tributo a Henri Matisse
http://www.youtube.com/watch?v=UwH-eDyWm0k



About This Video (From: sundroid) Matisse (1869 - 1954) used colors like nobody else. Modern commercial art is heavily influenced by the way he constructed his paintings with seemingly simple, yet entirely brilliant, strokes. The soundtrack is "Lyric Waltz" by Dmitri Shostakovich (1906 - 1975).


Hommage poétique à Marc Chagall




https://www.youtube.com/watch?v=BnuAewYHylg




Alan Watts speech: Who am I?
Algunos de los pasajes que apoyan el video son tomados precisamente del film Baraka...

http://www.youtube.com/watch?v=MVXEiYyZKcY



Datos de la pintura: Ribera de Yushan, pintada por Ni Zan

lunes, 5 de noviembre de 2007

Guarida de los poetas. Rainer Maria Rilke: "Vivo mi vida en círculos crecientes", de El Libro de Horas.


Hace algunas fechas creo que he sido un tanto injusto al decir que Rilke no ha sido muy bien tratado por quienes desean honrarle tributo por medio de you tube. La expresión fue excesiva, animado quizás porque, en lo que respecta a un poema tan redondo como Der Panther, la verdad no se consigue mucho material digno. Sin embargo esta tarde, navegando al azar, me he topado con una joya de sencillez. Se trata de un video que, por vía de una rigurosa llaneza de las imágenes, una arrobadora banda sonora y el apoyo de uno de los primeros versos de La Vida Monástica, libro primero del Libro de Horas, logra rozar aquello que suele convocar la poesía: el conmover. Lo he visto y escuchado unas veinte veces antes de colocarlo en el blog. Le escribía yo a un entrañable amigo que ha padecido toda su vida del mal de la musicomanía para que me refresque -si está en sus posibilidades- la autoría musical, expresándole en mi nota que aunque este pequeño tributo, en cierta forma llama a la nostalgia, también cita a la alegría, pues una no puede vivir sin la otra. Y creo que yo ya no podré vivir el resto de mi vida sin escuchar esa melodía en las praderas de silencio que, como todos, llevo dentro. Igualmente le he escrito (en inglés) al responsable del video, FHoelder (¿acaso un seudónimo, acaso un remoquete que busca recodarnos a Friedrich Hölderlin?), pero no sé si me responderá, dado que ese video tiene más de un año de haber sido colocado en you tube y, al parecer, el Sr. FHoelder no ha colocado más trabajos en ese portal. Reproduzco los versos de Rilke, en la traducción aludida días atrás, al cuidado de la profesora Yolanda Steffens y las asesorías de Lieselotte Zettler de Vareschi y de Rafael Cadenas…

Salud!
lacl

El poema

Ich lebe mein leben is wachsenden Ringen,

die sich über die Dinge ziehn.
Ich werde den letzten vielleicht nicht vollbringen,
aber versuchen will ich inn.

Ich kreise um Gott, um den unralten Turm,
und ich kreise jahrtausendelang;
und ich weib noch nicht: bin ich ein Falke, ein Sturm
oder ein grober Gesang.

La traducción:

Vivo mi vida en círculos crecientes
que se tienden sobre las cosas.
El último quizás no logre,
pero lo quiero intentar.

Giro en torno a Dios, esa torre prístina,
y llevo milenios girando,
y aún no sé: ¿soy un halcón, una tormenta,
o una gran canción?

El tributo
(Rezan Mario Adorf y Montserrat Caballé)


http://www.youtube.com/watch?v=FpLIsO9J5CE
foto superior: Rilke con Lou Andreas y el poeta Spiridon Drozin en Rusia.
foto inferior: boceto de L. Parternak, 1927



Cuando la sangre se avecina como una lluvia sin fecha...

Mario Amengual

Mi amigo y compadre, digo más, mi hermano, Mario Amengual me ha enviado un texto que él mismo no supo cómo calificar. Me confesaba que deseaba decir algo al propósito de los tiempos que vivimos, pero que no se animaba a escribir un artículo y lo que resultó es algo que yo he calificado como artipoema. Quiero compartirlo con cualquier hipotético lector. Tengo planes de dedicarle unas notas a su poesía más adelante, no por la amistad que brindan los vasos comunicantes, que ya bien lo valdría, sino porque más allá de coincidencias espirituales, Mario ha sido poeta a pesar de los pesares. Ha sido siempre un outsider. No lo digo por un afán de modismo, tan característico de la prosapia intelecto-culturosa que impera en nuestro fingimiento de país; mi intención no es la de barnizar a Mario como un poeta beatnik o un lírico contestatario, mucho menos la de norteamericanizarlo; Mario es un outsider porque ha vivido su vida bajo el respeto de una prédica de responsabilidad para consigo mismo: afrontando soledades y enarbolando su individualidad, costumbre que no ha de confundirse con culto del ego, pues ése es uno de los farsantes de quienes más suele mofarse. Vivir del otro lado. O al otro lado. Contra la corriente. Se dice en una frase escueta. Pero muy pocos tienen el valor de asumir tal asunción. Ello le ha valido, en no pocos pasajes de su vida, el haberse visto forzado a enfrentar el vivir como un vivir al margen (que no es lo mismo que un vivir marginado), saber, en ocasiones, pasar de largo. Acaso sea su descreimiento en las farsas revestidas de humanidad y, paradójicamente, su búsqueda y su fe en que el hombre se sobreponga a los males nacidos en el alma lo que me llamó, desde el primer día, desde la primera jarra de cerveza (y vaya que si nos hemos bebido algunas), a ser su sincero amigo.

Los dejo con su artipoema…
Salud!

lacl

fotos:
1. fotograma del film Andrei Rubliov, de Tarkovsky.
2. Mario en la FIL Bogotá 2007.





Cuando la sangre se avecina como una lluvia sin fecha


Nada parecido a una razón obsesiva entre dos paredes
sobrevive a las vituperaciones cotidianas,
pero los legisladores prodigan argumentos
entre sus ritos de perdones inalcanzables.
Sabrán ellos si una mano levantada
puede superar cualquier anuencia mal escrita,
si es que pergeñan leyes y no caprichos,
en medio de esa voltariedad agazapada
cuyo nombre resume la política.
Darán ellos sus palabras en compromiso consanguíneo,
mientras las paredes y las calles se vuelven
lúcidas delatoras de los abiertos y trabados desconciertos
previstos en gotas de sangre acuosa.

En este país,
en el supuesto tino vigente en las calles,
las yerbas de los sinsabores han crecido
bajo las huellas afincadas de la angustia.
Se han levantado muros de alegatos inquebrantables
para desembocar en pantanos de desilusiones.
Aquí mucha gente parece saber,
hurgando entre láminas de dolores inéditos,
que en los espejos se desvanecen sus simulacros.
Pero quienes tienen la retórica y las pantallas
tomadas por su influyente cuello,
quieren empezar o creen inaugurar auspiciosas prefiguraciones,
ajenos a las alucinaciones repetidas,
creyendo abrir un camino por donde ya hay una carretera.
Es su destino insistir en los despropósitos,
es su insistencia cavar tumbas abiertas
y como si se miraran en el fondo de un pozo inconcluso,
desconocen el alcance de sus dedos empobrecidos.

La sangre se avecina como una lluvia sin fecha
y no importa cuántas ventanas la esperen:
igual azotará los techos y doblegará los ánimos.
Para muchos las predicciones se derriten
como esperanzas maltratadas por las oportunidades,
mientras se desmaya un demiurgo a punto de nacer.
Volverán en términos de oleaje terco,
se revolcarán en la poca agua de las miserias barajadas,
cayendo y cayendo
cayendo y cayendo
cayendo
en el silencio de abundantes palabras presuntuosas.

¿Quién puede levantarse en una calle
sin nombre ni rasgos definitivos para acusar
a la sombra que lo persigue valiéndose de la madrugada
y de las preguntas rebotando en las piedras de ríos secos?
Estamos desfalleciendo de tanta energía
confiados a los números y a las cuentas bancarias,
suponiendo que la palabra pueblo
quebranta fronteras y decide destinos.
Desfallecemos de tanto querer
tal vez vida y suposiciones cristalinas,
en respuesta a la locura de plata y palabras alebrestadas.
Cuando la sangre se avecina
el miedo escondido insiste
en calentar las orejas con bondades perdurables,
mientras todos los sentidos anuncian y saben
que las palabras ya no son escondites inocentes
donde los cráneos flagelados no pueden soportar
las inconstancias fulgurantes de los deseos disfrazados.

¿Adónde irá a parar
la desazón convertida en hazañas?
¿Hasta dónde llegará el tumulto de suposiciones
libertarias, envueltas en frases sedantes y engreídas?
Aquí y allá y más allá
se desdibujan los márgenes de la serenidad
y se ahogan los reclamos y se pierden futuros
en los vasos de aguardiente
y en el humo de la piedra enloquecedora
y en el polvo dador de la jactancia
y en la propina de las felaciones precoces
y por el plomo de las armas rabiosas.
A la hora de los gallos
arrecian los sueños descalabrados
y cada amanecer es la continuación de los desencuentros enervantes
también al servicio de los saldos favorables.
Ya la espiga de cobre se inclina
sobre los cultivos abandonados,
ya las hachas amelladas se oxidan
en los barrancos de greda y en las zanjas de moho,
y eso sería poco o no valdría ni una queja
si no estuviesen quebrantándose los flacos linderos de la mesura.

Los devotos apuran la letra desjuiciada,
atizados por la voz imponente
y contentos por su mejorada hacienda.
El mañana es para ellos una plantilla
de números y letras acordes con sus pasiones enquistadas.
Prefieren ignorar que los preceptos
pueden volverse cadalso o cilicio.
Sobre los escombros de su monolengua rasante
más le importa a los afanosos escribientes
sus satisfacciones partidarias y su tasada obediencia.
Apuestan a una perpetuidad sin espíritu,
abonan un porvenir de piedras quebradizas
casado con sus epítetos monacales.
Reciben de su contraparte,
no menos ansiosa de cámaras y mando,
el veneno compartido en mesas separadas e indistintas.

Ojalá pudiéramos decir
con inocencia sacrificial que venga
a nosotros el Reino,
pero ni siquiera sabemos si hay un Reino.
Ya ni sabemos,
entre suposiciones temerosas,
si acaso algún Reino puede acogernos.
Lemas y fusiles se entrecruzan en rituales bélicos
siguiendo el curso de frases discordantes
y en los cuarteles,
sobre almohadas acuciosas,
se preguntan algunos si la valentía
debe tener un nuevo precio.
Y en la calle,
donde la inconformidad no sigue reglas
ni órdenes superiores ni quiere saber de jerarquías estrelladas,
la voz se rige por los mandatos de la necesidad
y así dice y desdice en contra del credo insistente.
Ese color como buen negocio propagado,
con pretensiones de volverse alma y conciencia,
se vuelve espuma de resabios
en los rompeolas de la docta ignorancia.
No venga a nosotros ese Reino prometido:
sus promesas quebrantan el pulso del día a día,
por más que unos y otros,
esos unos amparados en sufragios
y esos otros empeñados en ganarlos,
pretendan ablandar pareceres con papeles renovados
o privilegios de gloria al instante.
Sólo la muerte iguala,
nunca a juro las leyes y las arengas.

Sobran rigores y esmero
si sólo en los discursos se trazan los derechos,
¿acaso puede regirse el corazón
con notas a pie de página?
Palabras enconadas
si traen provecho es pasajero:
apenas respiran el aire del perjurio
reptan entre la hojarasca de razones aventadas.
Un buen día,
en los folios polvorientos donde se traman los destinos,
se delatan las intenciones de resentimientos
ilustrados para la venganza
y enceguecidos por sus complicidades.

Si la sangre llega a los ríos
solicitada por el odio cultivado,
ya sabrán mañana,
tal vez muy pocos,
que la inmemorial serpiente del destino
siempre se muerde la cola
y nunca estará de más advertir
que aflicciones ayuntadas a promesas deslumbrantes
suelen traer aprovechados endiosamientos
y llevar más gente caída a las fosas comunes.

¿Sobreviviremos a las leyes del ímpetu
y al frenesí de la arrogancia?


Mario Amengual
Octubre de 2007

viernes, 2 de noviembre de 2007

Fe de errata: el Sr Nicola Roco gentilmente me ha escrito un email para participarme que la foto a que aludo en Revolución o Re-involución, una carta desde Caracas, no fue captada por él, sino por su colega y amigo Marcel Cifuentes... Un descuido atribuible al órgano de prensa en donde apareció la referida imagen… Pedimos disculpas por el involuntario error.

Saludos
lacl

lunes, 29 de octubre de 2007

Letras contra Letras. Rainier Maria Rilke, Der Panther y algunos poemas de El libro de Horas.

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Letras contra Letras. Rainier Maria Rilke, Der Panther y algunos poemas de El libro de Horas.
Der Panther, La pantera (Nuevos Poemas) es, a pesar de su brevedad, uno de los poemas más intensos de todos los que yo haya tenido la fortuna de leer y decantar. Es tal la fuerza y la sutileza que traslucen sus palabras, teñidas de veracidad, que supera, incluso con cierta facilidad, las dificultades de toda traducción. Es asombroso constatar que un poeta que me luce tan distante de la cursilería haya sido tratado con tantas dosis de ella por quienes pretenden rendirle un homenaje. Tan sólo he logrado conseguir, en you tube, un par de trabajos decentes en los que se reproduce el texto de La Pantera en su idioma original y sin voz (las versiones “leídas” que conseguí me resultaron francamente empalagosas), las cuales reproduzco más abajo. Añado, además, algunas versiones del poema (incluyendo la literal de Esteban Lobos, autor de uno de los videos aludidos), algunas más felices que otras, para que puedan ustedes juzgar por sí mismos. Luego agrego una versión de mi autoría, que más que todo es una matización de las versiones recogidas y cuya única virtud reside en poder contar con esos intentos anteriores. Una conmovedora lectura del poema, en inglés, al menos así me lo pareció en su momento, es la que Robin Williams despliega en el film Despertares (Awakenings), co-protagonizado por Robert DeNiro.

En cuanto a los poemas de El libro de Horas, debo expresar mi agradecimiento a la profesora Yolanda Steffens, el haber entrado en su conocimiento, libro que ella tradujo y el cual fue publicado a finales de los ochenta en los talleres de la Imprenta Universitaria de la Universidad Central de Venezuela. La traducción contó, además, con la asesoría de la profesora Lieselotte Zettler de Vareschi, conocedora de la obra de Rilke, y del poeta y (para la época) profesor universitario Rafael Cadenas. Es un trabajo excelente, por mucho que la profesora Steffens abra su nota advirtiendo que “…no hay traducción perfecta (sobre todo del alemán), y que traducir es traicionar como ya se ha dicho en italiano en un juego de palabras: traduttore = traddittore…” Fui su alumno por dos semestres, pero una vasta desazón me hizo alejarme del alemán, de la Escuela de Letras y de la Universidad por un par de años. Mas nunca perdí el rastro.

El Libro de Horas se compone de tres libros, El Libro de la Vida Monacal, El Libro del Peregrinaje y el Libro de la Pobreza y de la Muerte.

Cada vez que la mentira generalizada intenta abrirse paso en mi pecho, cada vez que el disimulo colectivo imperante desea alojarse en mi conciencia, voy de nuevo a esos poemas. Reproduzco algunos de la tercera parte del Libro de Horas, el intitulado Libro de la Pobreza y de la Muerte. De otros libros suyos, tales como los Sonetos a Orfeo y las Elegías de Duino, así como el excelente epistolario recogido en Cartas del Verano de 1926 (FCE, triángulo epistolar cruzado entre Rilke, Marina Tsvetaeva y Boris Pasternak) o las famosas Cartas a un joven poeta, no nos ocuparemos por ahora. Tal vez, más adelante.

Salud!
lacl


Der Panther – La pantera


http://www.youtube.com/watch?v=aKubn2tOLvI

Der PantherIm Jardin des Plantes, Paris

Sein Blick ist vom Vorübergehn der Stäbe
so müd geworden, dass er nichts mehr hält.
Ihm ist, als ob es tausend Stäbe gäbe
und hinter tausend Stäben keine Welt.

Der weiche Gang geschmeidig starker Schritte,
der sich im allerkleinsten Kreise dreht,
ist wie ein Tanz von Kraft um eine Mitte,
in der betäubt ein großer Wille steht.

Nur manchmal schiebt der Vorhang der Pupille
sich lautlos auf -. Dann geht ein Bild hinein,
geht durch der Glieder angespannte Stille -
und hört im Herzen auf zu sein.



1- Versión de E. M .S Danero

La Pantera

(En el jardín de plantas, París.)

Su mirada se ha fatigado tanto
al atravesar las rejas, que ya no ve.
Le parece que son mil los barrotes
y que detrás de los mil no existe mundo alguno.

La mórbida marcha de aquellos pasos
fuertes y elásticos, en pequeños círculos
se mueve, como danza de una fuerza
alrededor de un centro en el cual aturdido se yergue

un profundo deseo. Sólo a veces quita
en silencio de la pupila el velo.-
Y una imagen la penetra, a través de sus miembros tensos,
hasta extinguirse en su corazón.


2- Versión de Jaime Ferreiro Alemparte

La Pantera


(En el “Jardin Des Plantes”, París)

Su vista está cansada del desfile
de las rejas, y ya nada retiene.
Las rejas se le hacen innumerables,
y el mundo se le acaba tras las rejas.

Blando andar de flexibles fuertes pasos,
y girar en el más pequeño círculo
como danza de una fuerza por un centro,
en que su voluntad se halla aturdida.

Sólo a veces se alza mudo el telón
de sus pupilas. Luego entra una imagen,
va por la tensa calma de sus miembros
y se extingue al llegar al corazón.


3- Versión de Enrique Sordo

La Pantera


Cansada del pasar de los barrotes
su mirada ya no retiene nada.
Es igual que si hubiera otras mil rejas,
y detrás de ellas no quedara mundo.

Su blando andar de fuertes pasos ágiles,
en círculos más cortos cada vez,
es danza de una fuerza en torno a un centro
donde, aturdido, se alza un gran deseo.

Sólo, a veces, se partan las cortinas
de la pupila, sin ruido; una imagen
cruza la tensa calma de los miembros,
y allá, en su corazón, deja de ser.


4- Versión de Federico Bermúdez Cañete

La Pantera


(París, en el jardín Des Plantes)

Su vista se ha cansado tanto de ver pasar
los barrotes, que no retiene nada.
Le parece que hubiera mil barrotes
y tras los mil barrotes ningún mundo.

El suave andar, de pasos elásticos y fuertes,
que se vuelve en el más mínimo círculo,
es cual danza de fuerza en torno a un centro,
donde aturdida está una gran voluntad.

Solo a veces se aparta, sin ruido, la cortina
de la pupila… Entonces, una imagen penetra,
atraviesa la calma en tensión de los miembros…
y deja de existir dentro del corazón.


5- Versión de Esteban Lobos Dellepiane, autor del video.

La Pantera


en el Zoológico del Jardín des Plantes, París


Su mirada se ha cansado tanto de observar
el interminable desfile de barrotes ante sí,
que ya mas nada puede retener.
Para Él, es como si mil barrotes hubieren
y tras cada uno de ellos, ningún mundo.

El hábil y ligero andar de sus firmes pasos
que en torno a pequeños círculos girando van
son como una danza de fuerza alrededor de un centro
en el que aun se yergue dormida una enorme voluntad.

Solamente a veces silenciosamente desplaza
los cortinajes que ocultan sus pupilas;
cruzando hacia su interior una imagen,
que a través de la tensa quietud de sus miembros se desliza,
para caer en su corazón, desvanecerse y morir.


6- Versión–matización de este servidor.

La Pantera


Im Jardin Des Plantes, Paris.

Su mirada, agobiada del desfile de las barras,
ya no retiene imagen alguna.
Es como si fueran miles las rejas
y detrás de ellas no hubiera ya mundo.

El tenue andar de sus pasos, elásticos
y fuertes, gira en pequeños círculos,
como danza de un ímpetu en torno a un centro
en el que, aturdido, se yergue un brío insondable.

Sólo a veces se descorre el velo
de sus pupilas, en silencio,
y una imagen sube por sus tirantes miembros,
hasta extinguirse en su corazón.
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(Nota del 17 de Septiembre de 2015: he encontrado la lectura que mencionaba en el introito)
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https://www.youtube.com/watch?v=T5xuzSjl8eU
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EL LIBRO DE HORAS

Del Libro de la Pobreza y de la Muerte

Porque, señor, las grandes ciudades
están perdidas y disueltas;
una huída antes llamas parece las más grande,
y no hay consuelo que las consuele
y su corto tiempo se escurre.

Allí viven humanos, viven mal y difícilmente
en cuartos hondos con gestos angustiosos,
más atemorizados que un rebaño
y afuera, tu tierra respira despierta,
mas ellos existen y ya no lo recuerdan.

Allí crecen los niños en alféizares
que siempre se quedan en la misma sombra,
y no saben que afuera llaman flores
para un día pleno de espacio, dicha y viento,
y tienen que ser niños y son niños tristemente.

Allí se abren doncellas como flores a lo desconocido,
y añoran la paz de su infancia;
pero no existe aquello por lo cual ardían,
y temblorosas se vuelven a cerrar.
Y en ocultos cuartos de trastienda
pasan sus días de maternidad desilusionada,
los gemidos abúlicos de las largas noches,
y años fríos sin lucha ni fuerza.
Y en completa oscuridad están los lechos mortuorios
y poco a poco van añorándolos,
y mueren lentamente; mueren como encadenadas
y se apagan como mendigas.

* * *

(Rainer Maria Rilke - Esperienza della morte) 

En vista de que los videos que pusimos originalmente fueron, desafortunadamente, dados de baja, colocamos otro con la misma banda sonora...

https://www.youtube.com/watch?v=KiLnFo4crME
http://www.youtube.com/watch?v=B9SrhUifvW0



About This Video

testo di Rainer Maria Rilke,video prodotto da nuoviautori.org, regia Andrea Galli, musica Klaus Nomi, fotografica Adina Spire, in parte originale da un concerto di Klaus Nomi (uno dei primi artisti vittima del virus HIV).



* * *


Allí viven humanos, blanca y pálidamente florecidos,
y mueren del mundo difícil, asombrados.
Y nadie ve la muerte abierta
en que se deforma la sonrisa de una delicada raza
en noches sin nombre.

Andan por ahí, degradados por el esfuerzo
de servir sin valentía a cosas sin sentido,
y sus vestidos se marchitan sobre ellos
y sus bellas manos envejecen temprano.

La multitud presiona y no piensa en ser indulgente
a pesar de ser indecisos y débiles,-
sólo perros esquivos, sin morada,
los siguen silenciosos durante un rato.

Ellos están entregados a cien torturadores
que les gritan cada vez que dan la hora,
circulan solitarios alrededor de hospitales,
y esperan angustiosos el día de su ingreso.

Allá está la muerte. No aquella cuyos saludos
los había rozado extrañamente en la infancia,
sino la pequeña muerte, como se la entiende ahí;
la suya propia cuelga verde y sin dulzor
en ellos como una fruta que no madura.

* * *

(estoy trascribiendo otros poemas, espero poder subirlos pronto)




A la derecha de la foto, Lou Andreas Salomé y Rilke, a la izquierda, el padre de Lou y un amigo, casa de verano de los Andreas, 1897.

viernes, 26 de octubre de 2007

Inciso en torno a Una carta desde Caracas, pequeña Venecia…



Inciso en torno a Una carta desde Caracas, pequeña Venecia…

La crónica que verán más abajo fue escrita en la madrugada del 25 de Octubre. No tenía en mente el publicarla en este blog. En la tarde del mismo día le di una revisión y algunos retoques con el fin de enviarla a algunas revistas virtuales de Colombia, Argentina, Canadá y Venezuela, que no sé si van a publicar. Puntualizo: no persigo afán alguno de exportar las medianías del venezolano; medianías que, a primera vista, lucen como el producto de una crisis político-social, cuando son, preponderantemente, el residuo de una bancarrota ético-espiritual. Lo que me ha animado a difundir lo que acá sucede (y mi opinión al respecto) es mi presunción de que el nuestro es un mal que aqueja a muchos otros pueblos del mundo, aunque en muchos de ellos no se haya llegado a un grado tan agudo y crítico como el que se ha alcanzado aquí. Venezuela es una olla de presión a fuego medio y permanente.

Ante tal hervor, algunos ciudadanos se han sentido responsables por el riesgo que implica un estallido social que, como todo acto de violencia, no habrá de sustentarse sobre bases razonables; mas no han conseguido la forma de abrir una válvula de escape que evite una explosión que promete ser apoteósica. Acaso sean insuficientes las voces de quienes tratan de alertar a nuestros congéneres del peligro que implica el forcejear a las orillas de un risco, tal como lo viene haciendo una parte del colectivo nacional, en su papel de actores de reparto de una comedia en la que a los actores principales se les subió el humo a la cabeza. Acaso las voces de quienes quieren evitar una hecatombe están siendo desoídas o tomadas por el grueso de la nación como unas plañideras exclamaciones de Casandra, aquella adivinadora cuya desgracia consistía en que, pudiendo ver el futuro, al predecirlo no conseguía que nadie le creyera; su más grave videncia fue la de anticipar la caída y destrucción de la ciudad de Troya.

En contraparte, quienes profesan la violencia, los apasionados de la desdicha, al decir de Cioran, no hallan la hora de que reviente el volcán, llevándose a propios y extraños. ¿Por qué escribo esto? ¿Qué me mueve a incluir este blog entre los destinatarios de la misiva? Que durante la noche del 25, al ver los noticieros, no salía yo de mi asombro, ante las manifestaciones de violencia, intolerancia y perversidad que ejercieron algunos estudiantes del Instituto Pedagógico, adeptos al gobierno, en un foro sobre la reforma constitucional que se pretendía llevar a cabo con la presencia, entre otros, del veterano y avezado Pompeyo Márquez (una de las pocas voces sensatas que quedan en el país) y el estudiante Jon Goicoechea, una de las pocas voces que claman por el libre albedrío como un derecho irrenunciable de todo individuo. Los falangistas de gobierno no se quedaron tranquilos hasta que lograron consumar su planificado acto de sabotaje, amén de romperle la nariz a Goicoechea. Pero nunca creí que vería algo como lo que vi luego: el gesto más detestable y rastrero del que tenga yo conciencia, aquel que fungió un joven de psique derrotada en su papel de falangista, el que babosa y desconsideradamente casi rozaba con su rostro el rostro de Pompeyo Márquez, mientras le recitaba estos sonsonetes: “agente de la CÍA, agente de la CÍA, agente de la CÍA…” y luego: “Intolerante! Intolerante! Intolerante!” Si ese joven desconoce la trayectoria de Pompeyo, eso ya sería una vergüenza, pero si la conoce, entonces, lo que es, es una perversidad. Así pues, me veo en la forzosa necesidad de abrirle paso a la carta que, inicialmente, no tenía como encargo la de ser depositada en el buzón de esta posada. Agrego la carta y una copia scanner de la foto a que se hace referencia. El resto de las fotos son obra de los reporteros de El Universal.

Salud!
lacl
¿Revolución o re-involución? Carta desde Caracas, pequeña Venecia…

Fuera de mi país hay mucha desinformación con respecto a lo que aquí sucede. El maniqueísmo, hoy imperante en buena parte del globo terráqueo, está acabando con los lienzos de la vestimenta cultural del venezolano, ya de por sí, bastante mancillada a lo largo de centurias por la proliferación de caudillos de todo cuño, bien secundados por unos siempre puntuales doctores de levita con bolsillos de tahúr. Son en el fondo, los mismos vende-suelos de siempre, quienes medran y ascienden reptantes por las volutas del poder. Aun cuando el demagogo de la hora se disfrace de omnipresente demiurgo, de justiciero pater famili o de Santo Quijote desprendido, no logrará lavar el cerebro y, menos, el corazón de quienes sólo tienen que abrir ojos y prestar oídos para percatarse de que tienen ante sí a un títere al servicio de una mollera quebrantada. Con teteros de fanatismo no se llegará nunca a buen puerto.

Cuando yo era un muchacho padecí el hegeliano mal de sacrificar idealmente a la parte por el todo, esto es, al individuo por la masa: como si la mano derecha no fuera parte del mismo cuerpo del que lo es la mano izquierda. Marx y Engels fueron víctimas de excepción de tal padecimiento. Abogaba yo, con toda la malsana candidez de que puede engalanarse un imberbe, por un mundo más humano, en el que se diera predominancia a las tesis políticas de izquierda, sin tomar en cuenta el hecho de que, para lograr tal cometido, muy probablemente tendrían que cometerse algunas injusticias.

Pero no hubo de pasar mucho tiempo para que me percatara del engaño que encarnan las figuras políticas, no importa la toga que vistan. Todos hablan de democracia, todos juran querer el bien del prójimo, pero tóquele usted a cualquiera de estos bellos ejemplares ese sagrado recinto en el que compilan sus emolumentos y verá usted a la verdadera bestia que alienta bajo la sotana. Todos predican el amor, todos la bienaventuranza, todos elevan rezos en pro de la igualdad entre los hombres, mas ninguno duda en llevar a las mazmorras a quienes, a su juicio, han mantenido una actitud equivocada con respecto a su benefactor mensaje de esperanza. Pobres, a veces, se ven forzados a aplicar la mano dura, en bien de sus hijos. Hay sotanas cristianas y hay sotanas marxianas. Y digo esto sin entrar a tocar a fondo el tema de aquellos que son esclavos de sus propias manías, pues son los más dispuestos a derribar su casa con tal de acabar con los mosquitos.

Yo lamento que al día de hoy (y me importa un comino el nuevo milenio) millares de personas estén deseosas de dejar la piel en las aceras con tal de defender algún extremismo, pues ningún extremismo deja de ser una mentira. Y porque la mentira es la única verdad que identifica a esos políticos de oficio que suelen ser, innegablemente, los más avezados extremistas. Lo siento mucho por mis politizados amigos, sean de izquierdas o de derechas. Para mí son brazos de un mismo cuerpo. Y el corazón bombea sangre para ambas extremidades, sin discriminaciones.

Tengo amigos chavistas, algunos entrañables (por cierto, cuán descabellado me luce ese mote, jamás me imaginaría fundando una secta contrerista, por muy bellos ideales que se predicaran en su seno). Nunca pude convencer a uno de ellos, sempiterno defensor de Stalin y de Lenin, de que la “solución final” de Hitler y sus Nazis fue un crimen atroz. Pues según su inveterada opinión, los judíos no son sino usureros deseosos de extraer el hígado de quienes no honran sus deudas; así que no le pareció criminal que en la URSS se cultivara el antisemitismo, entre otras liberalidades. Que habrá gente mala entre los judíos, pues ¿a qué dudarlo, si hay gente de miserable corazón en cualquier rincón del mundo? Pero justificar el asesinato en masa por la hegeliana tesis de sacrificar a la parte por el todo, al individuo por la masa, no puede ser signo de otra cosa que no sea la más desparramada de las locuras. Así pues, lo siento por mi amigo, tengo que decirle que él no está menos loco que yo, que he defendido siempre la posibilidad de que el hombre no aliente nunca fe alguna en los gobiernos; que creo, con Thoreau, que el mejor gobierno es el que no gobierna nada; que he afirmado que los políticos son una plaga y los primeros para quienes debería crearse un sistema policial de vigilancia continua, pues no pueden quedarse solos durante tres segundos y medio sin que, de inmediato, pergeñen la tesis de una próxima canallada. Máxime si consiguen unos cuantos compañeros de marras. 
















Deseo refrendar, con una imagen fotográfica, lo dicho en ocasión de las manifestaciones estudiantiles acaecidas entre Mayo y Junio de este año*. Se trata de una expresiva imagen captada por Nicola Rocco (enmienda al texto: el viernes 02 de Noviembre, he recibido una nota de Nicola Roco, advirtiendo que la foto es obra de su amigo Marcel Cifuentes, dando pie a una interesante conversa digital) para El Universal, durante la marcha de los estudiantes universitarios a la Asamblea Nacional del día 23/10/07, en reclamo al golpe constitucional que se fragua a la vista de todos. La gráfica muestra a una señora que porta una pancarta. A su lado se encuentra un agitado joven que abuchea al estudiantado. Nótese el ex abrupto de las palabras plasmadas en el cartel: “Hijos de inmigrantes de mierda / fuera de la patria de Bolívar / Sus malditas raíces están en Europa / Basuras son”. No sé por qué tengo la impresión de que esa pancarta va dirigida, entre otros, al líder estudiantil Jon Goicoechea, pues evidente es el ascendente vasco de su apellido. Es realmente lastimoso el presenciar escenas como ésta en nuestras calles, pues el pueblo venezolano es corolario del cruce de múltiples razas. Y si nos acogiéramos a los manipulados lemas de los extremismos, todos los venezolanos tendríamos que profesar la expatriación de los restos de Bolívar al país Vasco. Un último gesto de nuestro drama histórico que estaría por cumplirse.

Luis Alejandro Contreras

* Vientos auspiciosos, publicado en www.elmeollo.net, el 03/07/07 y en el blog www.letrascontraletras.blogspot.com, el 17/07/07).