miércoles, 23 de mayo de 2018

Walt Whitman: "…Que Dios proteja nuestras libertades…” / Walt Whitman: poeta de eternidad





"…Que Dios proteja nuestras libertades cuando el dinero tenga finalmente en sus garras nuestras instituciones…”

Walt Whitman

Yo comulgo abiertamente con el planteamiento de Whitman, no obstante crea sinceramente que el admirado poeta haya sido un tanto incauto o soñador al decir eso pues, la noción del dinero es algo sobre lo que casi nadie piensa, pero tan cotidiano como el acto de respirar. Es decir, el dinero es parte de toda institución desde que el mundo humano es mundo. Léase, el dinero es actor principal de un reparto que el hombre se ha inventado para no vivir en el mundo natural, sino en un mundo inventado. Es el mayor de los tahúres, tras el que se disimulan todos los truhanes.

Entonces, lo que hay que rescatar de la propuesta de Whitman es que el mundo humano ha de cambiar si lo que quiere es que se aspire a algo mejor, entendiendo por mejor que haya equidad y concierto entre los hombres. Ardua tarea que no sabemos si se logrará, dado que las fuerzas que apoyan al mayor de los tahúres son muy poderosas y desvergonzadas.

Claro, habrá de entenderse que la candidez de esta frase ha sido una candidez intencionada. Es un llamado de atención disimulado de inocencia, una invitación a abrir los ojos. Y agregamos a continuación otro par de fragmentos de ese libro maravilloso que es Conversaciones, (*) un tanto menos cándidos.

Salud!
lacl


“…La vida americana: cada hombre tratando de derrotar a otro, abandonando modestia, abandonando honestidad, abandonando generosidad para lograrlo, creando una guerra, cada hombre contra cada hombre; todo el desgraciado asunto afinado por ideales de dinero, política de dinero, religiones de dinero, hombres dinero…”


“…Se dice, en son de reproche, que América es material, pero eso para mí es su gloria –el cuerpo debe proceder del alma: el cuerpo es el otro lado del alma…”

(*) Walt Whitman, «Conversaciones», Selección, traducción y presentación Rafael Cadenas. Monte Ávila Latinoamericana, C.A. 1994.


Walt Whitman: poeta de eternidad






sábado, 19 de mayo de 2018

Ghetto y capitalismo. / Britten - War Requiem (J.E.Gardiner, 1993) / Galería de imágenes.





La plaza pública me ha enseñado a mantenerme al margen, mucho es lo pútrido con lo que allí uno se topa. Pero esta nota salió al desgaire, casi sin quererlo, a la hora del pulmón y viendo correr las aguas desde la orilla...

Salud!
lacl



Ghetto y capitalismo.

El ghetto del Siglo XXI, es una nueva fórmula del fascismo que goza del visto bueno de los santos patrones del “mundo libre”. Hace poco una defensora de la red de disimulada izquierda que al presente asola algunas naciones de “Nuestra América” decía, con impudicia, que ya el fascismo no existe. Una militante, entiéndase, del sistema, no puede decir otra cosa. Pero resulta que lo que esa señora defendía (una funcionaria, a todas luces) es esa mutación tropicalizada del fascismo que, en las últimas décadas, señorea en algunas naciones de América vistiendo toga de altruista izquierda, mientras bajo su sotana porta (como siempre) bien dispuestas su hoz y su martillo para dominar al vulgo en general. Su método es primario: comienza siempre por el avasallamiento del lumpen-proletariat, en tanto pregona su populismo de albañal e impone la sempiterna fórmula de adoctrinamiento a que apelan los misioneros de la utopía totalitaria: la de imponer el ghetto a la masa, ya no a una etnia o a un segmento especifico de la población, sino prácticamente a la población entera (excepción hecha de los adalides del nuevo catecismo de salvación y su red de beneficiarios o, si se quiere, funcionariado).

Es una fórmula que en realidad no ha cambiado tanto, los “dignatarios” de la nueva ola son primates altamente primarios, como los de antaño. Les basta con argüir sobre los peligros y desafueros de un enemigo inexistente al que denominan con epítetos tales como “la derecha”, “el capitalismo salvaje” o “el liberalismo depredador” y señalarles como los causantes de las desgracias de su pueblo. ¿Por qué afirmo que es un enemigo inexistente? Pues, porque tal rivalidad es ficticia. El fascismo populista de la izquierda imperante hoy en día en “Nuestra América”, tal como la denominara Martí, no puede respirar sin las plutocráticas dosificaciones que les llegan de sus tratos con esa porción del mundo a la que ellos tildan y etiquetan como “liberalista salvaje”. Les ha funcionado. ¿Por qué? Porque el dinero no tiene corazón y los gobernantes modernos (píntense como se pinten, de derecha, de izquierda, de centro, de alto o de bajo) en realidad no son otra cosa que operadores bursátiles. En el fondo muy poco les importa el componente básico de las naciones, como lo es su humanidad. Les importa un comino si hay hambre desatada en otras esquinas del orbe. Lo que les mueve y motiva es el provecho. Léase, el provecho para su mesa. Un provecho que analizan con pinzas e instrumentos quirúrgicos a fin de evaluar sesudamente cómo sacan partido de cada situación que les presenta ese tablero de ajedrez que llaman el concierto de las naciones. Entonces vemos de pronto una mefistofélica escena ante nuestros incrédulos ojos: la derecha y la izquierda y hasta el ombligo, pasan a ser divas de una ópera bufa cuyo argumento no hace juego con el libreto. Sobre las tablas son rivales disputándose el amor del pueblo, pero a trastiendas pactan lo que la una le da a la otra en su mercado negro. Esa es la vapuleada realidad.

(lacl, 19/05/18)


  Britten - War Requiem 
(J.E.Gardiner, 1993) 

Impresiona esta versión del Réquiem de Guerra. 



Galería de imágenes 






Fotos de la Guerra de Secesión en la EEUU de América 



Mussolini



Kim Il Sung (Stalin detrás suyo, el poder tras el poder)


Gulag 



Escena del film Andrei Rubliov, de Tarkovski, al igual que la foto de inicio.


El hombre cruzado de brazos en medio del saludo nazi: August Landmessser


Sobran las palabras...


Goebels


Rodin: Los burgueses de Calais


En Caracas asalto y saqueo a la Seguridad Nacional   Archivo fotográfico Biblioteca Nacional



JFK, breve momento antes del magnicidio


Hitler, en fotograma de John Heartfield (Helmut Herzfeld, que así se llamaba antes de su apurada "emigración" de la Alemania Nazi)


jueves, 17 de mayo de 2018

Scila y Caribdis, o comunismo y fascismo, Bertrand Russell. - Andrew Lloyd Webber, Sarah Brightman, Paul Miles-Kingston - Pie Jesu





Scila y Caribdis, o comunismo y fascismo, Bertrand Russell.


En nuestros días, muchos dicen que el comunismo y el fascismo son las únicas alternativas prácticas en política, y que quienquiera que no apoya al uno, apoya, de hecho, al otro. Yo me siento opuesto a ambos, y no puedo aceptar una de las dos alternativas con más facilidad de la que, de haber vivido en el siglo XVI, hubiese encontrado en ser protestante o católico. Voy a exponer, tan brevemente como pueda, mis objeciones, primero al comunismo, después al fascismo, y más tarde a lo que tienen en común.

Cuando hablo de un comunista pienso en una persona que acepta las doctrinas de la Tercera Internacional. En cierto sentido, los primeros cristianos fueron comunistas, y también lo fueron algunas sectas medievales; pero tal sentido está hoy anticuado. Voy a exponer mis razones para no ser comunista punto por punto:

1º No puedo aceptar la filosofía de Marx, y menos aún la de Materialismo y empíreo-criticismo, de Lenin. No soy materialista, aunque me haya alejado del idealismo mucho más que algunos materialistas. No creo que haya ninguna necesidad dialéctica en el cambio histórico; esta noción fue tomada por Marx de Hegel, sin su única base lógica, a saber: la primacía de la idea. Marx creía que el próximo estadio del desarrollo humano debe ser en cierto sentido un progreso; yo no veo razón para esta creencia.

2º No puedo aceptar la teoría del valor de Marx ni tampoco, en su forma, la teoría de la plusvalía. La teoría de que el valor de cambio de un producto es proporcional al trabajo requerido en su producción, tomada por Marx de Ricardo, se demuestra falsa por la teoría de la renta del propio Ricardo, y hace ya tiempo que ha sido abandonada por todos los economistas no marxistas. La teoría de la plusvalía descansa sobre la teoría de la población de Malthus, que Marx rechaza en otro lugar. La economía de Marx no forma un todo lógicamente coherente, sino que está construida con la aceptación y el rechazo alternados de doctrinas más antiguas, según acomoda a su conveniencia al formular el proceso contra los capitalistas.

3º Es peligroso tener a cualquier hombre por infalible; la consecuencia es, necesariamente, una excesiva simplificación. La tradición de la inspiración verbal de la Biblia ha hecho a los hombres demasiado predispuestos a buscar un libro sagrado. Pero esta adoración a la autoridad es contraria al espíritu científico.

4º El comunismo no es democrático. Lo que llama "dictadura del proletariado" es, en realidad, la dictadura de una pequeña minoría, que se convierte en una clase gobernante oligárquica. La historia toda demuestra que el gobierno siempre es manejado en interés de la clase gobernante, excepto en la medida en que ésta pueda verse influida por el temor a perder el poder. Ésta es la enseñanza, no solamente de la historia, sino de Marx. La clase gobernante en un estado comunista tiene todavía más poder que la clase capitalista en un estado "democrático". En tanto conserve la lealtad de las fuerzas armadas, puede usar del poder en conseguir para sí ventajas tan perjudiciales como las de los capitalistas. Suponer que ha de actuar siempre para el bien general es mero idealismo estúpido, contrario a la psicología política marxista.



5º El comunismo restringe la libertad, particularmente la libertad intelectual, más que cualquier otro sistema, salvo el fascismo. La completa unificación de los poderes económico y político da lugar a un terrorífico mecanismo de opresión, en el que no hay escapatoria para excepciones. Bajo tal sistema, el progreso pronto se hace imposible, ya que está en la naturaleza de los burócratas oponerse a todo cambio, a menos que incremento su propio poder. Toda innovación seria sólo resulta posible por algún accidente que permita sobrevivir a personas impopulares. Kepler vivió de la astrología. Darwin, de los bienes heredados. Marx, de la "explotación" por Engels del proletariado de Manchester. Tales oportunidades de sobrevivir a pesar de la impopularidad serían imposibles bajo el comunismo.

6º Hay en Marx, y en el pensamiento comunista corriente, una indebida glorificación del trabajador manual en tanto opuesto al trabajador intelectual. Como resultado, se ha logrado el antagonismo de muchos trabajadores intelectuales que, de otro modo, podrían haber visto la necesidad del socialismo y sin cuya ayuda difícilmente sea posible la organización de un estado socialista. Los marxistas llevan la división de clases, en la práctica mucho más que en teoría, a un nivel demasiado bajo en la escala social.

7º La prédica de la lucha de clases hace probable que ésta estalle en un momento en que las fuerzas en oposición están más o menos equilibradas, o aun cuando la hegemonía esté del lado de los capitalistas. Si las fuerzas capitalistas predominan, el resultado es una época de reacción. Si las fuerzas de los dos lados son aproximadamente iguales, el resultado, dados los modernos métodos de guerra, probablemente sea la destrucción de la civilización, que llevaría aparejada la desaparición tanto del capitalismo como del comunismo. Yo creo que, donde hay democracia, los socialistas debieran confiar en la persuasión y emplear la fuerza solamente para repeler un uso ilegal de la fuerza por sus oponentes. Por este método seria posible a los socialistas adquirir una preponderancia tan grande que determinaría que la guerra final fuese breve y no lo bastante grave como para destruir la civilización.

8º Hay tanto odio en Marx y en el comunismo, que difícilmente podemos esperar que los comunistas, victoriosos, establezcan un régimen que no depare oportunidades para la malevolencia. En consecuencia, los argumentos en favor de la opresión seguramente habrán de parecer a los vencedores más fuertes de lo que son, especialmente si la victoria es resultado de una enconada y dudosa guerra. Después de una guerra tal, no es probable que el partido victorioso se encuentre de humor para una sana reconstrucción. Los marxistas tienden a olvidar con demasiada frecuencia que la guerra tiene su propia psicología, que resulta del miedo, y que es independiente de la causa original de la contienda.

El punto de vista de que la única elección prácticamente posible ha de hacerse entre el comunismo y el fascismo me parece definitivamente equivocado por lo que se refiere a los Estados Unidos, Inglaterra y Francia, y probablemente también a Italia y Alemania. Inglaterra tuvo un período de fascismo bajo Cromwell, y Francia bajo Napoleón; pero en ninguno de los dos casos fue aquél una barrera para la democracia que siguió. Las naciones políticamente inmaduras no son las mejores guías para el futuro político.
Mis objeciones al fascismo son más simples que mis objeciones al comunismo, y, en cierto sentido, más fundamentales. El propósito del comunismo es un propósito con el cual, en conjunto, estoy de acuerdo; mi desacuerdo se refiere a los medios más que a los fines. Pero en el caso del fascismo me disgustan los fines tanto como los medios.

El fascismo es un movimiento complejo; sus formas alemana e italiana difieren ampliamente, y en otros países, si se extiende, puede adoptar otras formas todavía. Tiene, sin embargo, ciertos elementos esenciales, sin los cuales dejaría de ser fascismo. Es antidemocrático, es nacionalista, es capitalista, y busca ganar a aquellos sectores de la clase media que sufren a consecuencia de la evolución moderna y esperan sufrir aún más si se establece el socialismo o el comunismo. El comunismo también es antidemocrático, pero sólo durante algún tiempo, al menos en cuanto sus fundamentos teóricos puedan ser aceptados como determinantes de su política real; por añadidura, su objetivo es servir los intereses de los asalariados, que son mayoría en los países adelantados, y que el comunismo se propone aumentar en número hasta que constituyan la población completa. El fascismo es antidemocrático en un sentido más fundamental. No acepta la mayor felicidad del mayor número como principio justo de gobierno, sino que elige ciertos individuos, ciertas naciones, ciertas clases, como "los mejores" y como únicos merecedores de consideración. Los demás están para que se les obligue por la fuerza a servir los intereses de los elegidos.

Mientras el fascismo está empeñado en la lucha para hacerse con el poder, tiene que acudir a un considerable sector de la población. Tanto en Alemania como en Italia surgió del socialismo, rechazando todo aquello que el programa ortodoxo tenía de antinacionalista. Tomó del socialismo la idea de planificación económica y de incremento del poder del estado; pero la planificación, en lugar de hacerse en beneficio de todo el mundo, se haría en interés de las clases altas y medias de un solo país. Y trata de asegurar tales intereses, no tanto mediante el aumento de la eficiencia, como mediante el aumento de la opresión, tanto de los asalariados como de los sectores antipopulares de la misma clase media. En relación con las clases que quedan fuera del horizonte de su benevolencia, puede, en el mejor de los casos, alcanzar la clase de éxito que puede hallarse en una prisión bien dirigida; algo más que eso, ni siquiera se lo propone.



La objeción radical al fascismo es su selección de una porción del género humano como única importante. Los poseedores del poder han hecho, sin duda, tal selección en la práctica desde que el gobernar fue instituido; pero el cristianismo, en teoría, siempre ha reconocido a cada alma humana como un fin en sí misma, y no como un simple medio para la gloria de otros. La fuerza de la democracia moderna tiene su origen en los ideales morales del cristianismo y ha hecho mucho para apartar a los gobiernos de la preocupación exclusiva por los intereses de los ricos y los poderosos. El fascismo es, a este respecto, un retorno a lo que de peor tenía el antiguo paganismo.

Si el fascismo pudiese triunfar, no haría nada por remediar los males del capitalismo; por el contrario, los haría peores. Los trabajos manuales habrían de realizarse por trabajadores forzados mantenidos al nivel de la mera subsistencia; los hombres que llevaran a cabo tales trabajos no tendrían derechos políticos, ni libertad de residencia, ni elección de lugar de trabajo, y probablemente ni siquiera una permanente vida de familia; serían, de hecho, esclavos. Todo esto puede verse ya en sus inicios en el sistema alemán de tratar la cuestión del paro; ciertamente, es el resultado inevitable del capitalismo falto de la fiscalización de la democracia, y las condiciones similares del trabajo forzado en Rusia sugieren que es el resultado inevitable de cualquier dictadura. En el pasado, el absolutismo ha sido acompañado siempre por alguna forma de esclavitud o servidumbre.

Todo esto ocurriría si el fascismo hubiese de triunfar, pero difícilmente pueda triunfar y estabilizarse, porque no puede resolver el problema del nacionalismo económico. La fuerza más poderosa del lado de los nazis ha sido la industria pesada, especialmente la del acero y la de productos químicos. La industria pesada, organizada nacionalmente, es, hoy, el mayor inductor de la guerra. Si todo país civilizado tuviese un gobierno al servicio de los intereses de la industria pesada -como ya es el caso en una medida considerable-, la guerra, antes de mucho, sería inevitable. Cada nueva victoria del fascismo aproxima la guerra; y la guerra, cuando viene, tiene muchas probabilidades de barrer con el fascismo junto con la mayor parte de las cosas existentes en el momento de su estallado.

El fascismo no es una serie ordenada de opiniones como el laissez-faire, o el socialismo, o el comunismo; es, esencialmente, una protesta emocional, en parte de los miembros de la clase media (como los pequeños comerciantes) que sufren las consecuencias del moderno desarrollo económico, en parte de los anárquicos magnates industriales, cuyo amor al poder se ha convertido en megalomanía. Es irracional en el sentido de que no puede conseguir lo que sus defensores desean; no hay filosofía del fascismo, sino solamente un psicoanálisis. Si triunfara, el resultado sería una extendida miseria; pero su incapacidad para hallar una solución al problema de la guerra hace imposible su éxito, más allá de un breve momento.

No creo que Inglaterra y Estados Unidos estén dispuestas a adoptar el fascismo, porque la tradición de gobierno representativo es demasiado fuerte en ambos países para permitir tal evolución. El ciudadano ordinario tiene el sentimiento de que los asuntos públicos le conciernen, y no querría perder el derecho a expresar sus opiniones políticas. Las elecciones generales y las elecciones presidenciales son acontecimientos deportivos, como el Derby, y la vida parecería más insípida sin ellos. Con respecto a Francia, es imposible sentir idéntica confianza. Pero yo me sorprendería si Francia adoptara el fascismo, excepto quizá temporalmente, durante una guerra.

Hay algunas objeciones -y son las más concluyentes, a mi entender- que convienen igualmente al comunismo y al fascismo. Los dos son intentos de una minoría para moldear un pueblo por la violencia de acuerdo con una pauta preconcebida. Ambos consideran al pueblo del modo en que un hombre considera los materiales con que intenta construir una máquina: los materiales son sometidos a grandes alteraciones, pero según los propósitos del hombre en cuestión, no según ley alguna de desarrollo a ellos inherente. Cuando se trata de seres vivos, y sobre todo en el caso de seres humanos, el crecimiento espontáneo tiende a producir ciertos resultados, en tanto que otros pueden producirse tan sólo por medio de cierta compulsión y esfuerzo. Los embriólogos pueden producir animales de dos cabezas, o con una nariz donde habría de haber un pie; pero tales monstruosidades no encuentran la vida muy agradable. Del mismo modo, los fascistas y los comunistas, con una imagen en su mente de la sociedad en conjunto, deforman a los individuos hasta que se ajusten a un modelo; a aquellos que no pueden ser deformados adecuadamente, se les mata o se les encierra en campos de concentración. No creo que tal actitud, que ignora totalmente los impulsos espontáneos del individuo, sea justificable éticamente, ni que llegue a ser, a la larga, políticamente fructuosa. Es posible recortar arbustos dándoles forma de pavo real, y por medio de una violencia semejante puede infligiese una deformación semejante a los seres humanos. Pero el arbusto pemanece pasivo, en tanto que el hombre, sea lo que fuere lo que el dictador desee, permanece activo, si no en una esfera, en otra. El arbusto no puede transmitir la lección que el jardinero ha estado explicando acerca del empleo de la podadera, pero el ser humano deformado siempre puede encontrar seres humanos más humildes contra los cuales esgrimir tijeras más pequeñas. Los inevitables efectos de un moldeo artificial sobre el individuo son la crueldad o la indiferencia, quizá las dos cosas alternativamente. Y de un pueblo con estas características, nada bueno cabe esperar.

El efecto moral sobre el dictador es otro asunto al que ni el comunismo ni el fascismo prestan la necesaria atención. Si el dictador es, para empezar, un hombre con escasa simpatía humana, será, desde el principio, indebidamente despiadado, y en la persecución de sus fines impersonales no se detendrá ante ninguna crueldad. Si, inicialmente, padece, por simpatía, con los sufrimientos que la teoría le obliga a infligir, o bien tendrá que dejar paso a un sucesor de materia más rígida, o tendrá que sofocar sus sentimientos humanitarios, en cuyo caso es probable que llegue a ser aún más sádico que el hombre que no ha pasado por tal conflicto interior. En cualquiera de los dos casos, el gobierno estará en manos de hombres implacables, en los que el afán de poder podrá ser disfrazado de anhelo de un determinado tipo de sociedad. Pero, por la inevitable lógica del despotismo, aquello que de bueno haya podido haber en los propósitos originales de la dictadura, desaparecerá gradualmente de la vista, y la preservación del poder del dictador emergerá cada vez más como el escueto propósito de la máquina del estado.

La preocupación por las máquinas ha producido lo que podríamos llamar la falacia del manipulador, que consiste en tratar a los individuos y a las sociedades como si fueran inanimados y como si los manipuladores fuesen seres divinos. Los seres humanos cambian según el tratamiento a que se les somete, y los mismos operadores cambian como resultado del efecto que las operaciones tienen sobre ellos. La dinámica social es, pues, una ciencia muy difícil, acerca de la cual se sabe mucho menos de lo que sería necesario para garantizar una dictadura. En el manipulador típico está atrofiado todo sentimiento respecto del desarrollo natural de su paciente; el resultado no es, como él espera, una adaptación pasiva al lugar preconcebido en el esquema, sino un desarrollo enfermizo y deformado, conducente a otro esquema grotesco y macabro. El argumento psicológico último en pro de la democracia y de la paciencia es que es esencial un elemento de libre desarrollo, de "haz-como-quieras" y de indisciplinado y natural vivir, si los hombres no han de convertirse en monstruos deformes. En todo caso, creyendo, como yo creo, que las dictaduras comunistas y fascistas son igualmente indeseables, deploro la tendencia a considerarlas como únicas alternativas y a tratar la democracia como algo obsoleto. Si los hombres las tienen por únicas alternativas, se convertirán en lo que corresponda; si los hombres piensan de otro modo, no será así.



Andrew Lloyd Webber, Sarah Brightman, Paul Miles-Kingston - Pie Jesu



viernes, 11 de mayo de 2018

Un trío de anotaciones. Enigma y poesía, Canto de Cristofué... / Guarida musical. Chet Baker: You and the night and the music





Un trío de anotaciones

Hace tres noches me ha despertado un cristofué desesperado, en el mero ombligo de la madrugada. Me hizo levantarme y darle vueltas a las orillas de la noche. Tres veces mudó su canción de sitio y yo iba tras su queja repetitiva, insistente, vertiginosa; como queriendo dar un parte a un mundo sin escuchas.

Pero esta madrugada y, también, en el puntual ombligo de la noche, hora del pulmón, ha hecho su primer canto del año el pájaro que borda en el aire una cruz de trinos, con el remate de una o dos sonoras puntadas en el centro. Y éste también me ha sorprendido pues, bordaba dos veces la cruz enunciativa, es decir, repetía su zurcido de voces ocho veces, algo no muy estilado por los visitantes de años anteriores…

(1ro de Mayo, 2014, en mi cuaderno de bolsillo Bitácora acuariana)

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Nadie adoró tanto el canto del Cristofué, como mi madre. Cuando yo era un infante que apenas despuntaba a lidiar con la lengua me quedaba encantado de escucharla hablar del Cristofué. Sin duda, en mi amor por la palabra y su poética esencia ella ha tenido mucho, mucho que ver... 

(lacl, 08 de Mayo de 2018, Bitácora Acuariana)

P. D. No he contado con el tiempo para buscar un registro hecho de los contrapunteos propios del Cristofué, en una montaña aledaña a nuestra morada. Lo intentaré... Entre tanto, aquí dejo un canto donde se entiende la razón de este nombre que le damos acá...






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La poesía es superior a los poetas, porque la poesía nace de una voz que supera lo humano. Cuando el poeta cree que él es la poesía, en mi humilde opinión, ha comenzado a distanciarse de ella. Hybris llamaban los griegos al pecado de orgullo, entendiendo aquí pecado como un exceso, una ausencia de templanza, una intemperancia. En muchos de esos pueblos que cultivaron la poesía desde tiempos ancestrales, ser poeta era entrar a una escuela donde lo primero era cultivar la memoria, tenían que memorizar lo que los aedas les cantaban a los discípulos, y en ello invertían largos años...

(lacl, 10 de Mayo, 2018. Bitácora acuariana)





Fotos de lacl (DR)


martes, 8 de mayo de 2018

LAS ALMAS – José Antonio Ramos Sucre / Guarida musical: Debussy


Edward Burne-Jones-The mirror of Venus (El espejo de Venus)



Ramos Sucre se inventó un mundo de mitos dentro de la mitología. Este es uno de sus relatos más extraños y, sin embargo, más seductores y cargados de encabalgada significación. Da la impresión de que quien habla es Ulises. Parece haberle tomardo la palabra a Nietzsche, cuando éste dijo que Homero son todos los hombres. Lo dijo en virtud de que Homero nos legó el narrar o la leyenda oral por boca de todos los hombres que repitieron sus versos, amén de recrearlos cada vez que contaron esas, sus leyendas. Uno presiente la Arcadia en este lienzo, pues es un cuadro edénico lo que se nos ofrece en este crisol de palabras.

Tuvo Ramos Sucre la virtud de dibujar con las palabras un escenario al que, acaso, le hubiera resultado procaz referirse con la medianía de un lenguaje allegado a una realidad tan rastrera como la humana. Porque, bien mirado, la humana e innoble realidad del ayer no se distancia en nada de la de hoy. Ramos Sucre se creó un templo en el cual vivir a medias ante una imperante asfixia. Y su legado está allí, a la mano, para que lo descifremos, al menos, en nuestro íntimo socorro.
Salud!
lacl


LAS ALMAS – José Antonio Ramos Sucre – El cielo de esmalte.

La nave tenía el nombre de una flor y de un hada. Dividía rápidamente la superficie elástica del mar. El grumete anunciaba a voz en grito la isla de las aves procelarias. Sus rocas se dibujaban en el crepúsculo tenue, simulando las reliquias de una ciudad. Significaban la guerra de los elementos en un día inmemorial.

Una humareda se descomponía, a breve distancia del suelo, en una serie de orbes distintos. Un ser aleve se entretenía quemando leña verde en una atmósfera alterada artificiosamente. De donde venían las figuras inusitadas del humo.

En pisando tierra, descubrimos al autor del fuego. La naturaleza había intentado de modo involuntario y a ciegas el esbozo de una criatura humana. La malignidad del endemoniado se traspintaba en su fisonomía rudimental. Encerraba el viento en un odre.

Lo tratamos osadamente y sin respeto y lo dejamos inerme y contrito. El nombre de nuestra nave despertó de su letargo y redimió de su cautiverio una compañía de formas aéreas. Nos siguieron en el tornaviaje y su presencia no llenaba espacio.

Las condujimos al pie de un monte y penetraron en el seno de unos árboles, para esconderse. Una laguna las rodeaba y defendía con sus gases.

Quedaron bajo la encomienda de un ave libre de los menesteres y limitaciones de la vida.

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Edward Burne-Jones - The Wedding of Psyche, 1895 (Bodas de Psique)

Edward Burne-Jones, The Sirens, 1875 (Las sirenas). Pastel.


Guarida musical: Debussy







lunes, 30 de abril de 2018

Fragmentarias - Ramos Sucre, Camus, Kafka, Stevenson, Nietzsche / Bach, Matthäus-Passion BWV 244. Karl Richter (1971)




La austeridad es una forma de crueldad. El hábito de la censura es tan sólo un desahogo de la soberbia, de creernos superiores a los demás, y la superioridad depende del punto de vista y es casi siempre ilusoria.

José Antonio Ramos Sucre - Carta a Dolores Emilia Madriz.
Hamburgo, 08 de Enero de 1930


He visto a personas obrar mal con mucha moral y compruebo todos los días que la honradez no necesita reglas.

Albert Camus, El hombre absurdo, en El mito de Sísifo.


Pruebas de una verdadera vida anterior. Yo ya te he visto antes, los milagros de la era primitiva y del fin de los tiempos.

Franz Kafka, Aforismos.


Los libros resultan ser buenos en su estilo, pero  no por ello dejan de ser un pálido sustituto de la vida.

Robert Louis Stevenson, Apología de los ociosos.



La consecuencia fundamental del trabajo es el impedimento de la ociosidad a la gente común; por ejemplo a los funcionarios, comerciantes, soldados, etc. La objeción fundamental contra el socialismo es que quiere instituir la ociosidad para la gente común. Ésta, ociosa, mengua y es una carga para el mundo.


Nietzsche, Fragmentos póstumos sobre política. 








GUARIDA MUSICAL.
Karl Richter. Bach, Matthäus-Passion BWV 244. Karl Richter (1971)





La vida del maldito, La Torre de Timon, 1929 / Fragmento de carta a César Zumeta / GUARIDA MUSICAL: TRIBUTO A ORFEO.





La vida del maldito, La Torre de Timon, 1929 / Fragmento de carta a César Zumeta

Yo adolezco de una generación ilustre; amo el dolor, la belleza y la crueldad, sobre todo esta última, que sirve para destruir un mundo abandonado al mal. Imagino constantemente la sensación del padecimiento físico, de la lesión orgánica.


Conservo recuerdos pronunciados de mi infancia, rememoro la faz marchita de mis abuelos, que murieron en esta misma vivienda espaciosa, heridos por dolencias prolongadas. Reconstituyo la escena de sus exequias, que presencié asombrado e inocente.


Mi alma es desde entonces crítica y blasfema; vive en pie de guerra contra los poderes humanos y divinos, alentada por la manía de la investigación; y esta curiosidad infatigable declara el motivo de mis triunfos escolares y de mi vida atolondrada y maleante al dejar las aulas. Detesto íntimamente a mis semejantes, quienes sólo me inspiran epigramas inhumanos; y confieso que, en los días vacantes de mi juventud, mi índole destemplada y huraña me envolvía sin tregua en reyertas vehementes y despertaba las observaciones irónicas de las mujeres licenciosas que acuden a los sitios de diversión y peligro.


No me seducen los placeres mundanos y volví espontáneamente a la soledad, mucho antes del término de mi juventud, retirándome a ésta, mi ciudad nativa, lejana del progreso, asentada en una comarca apática y neutral. Desde entonces no he dejado esta mansión de colgaduras y de sombras. A sus espaldas fluye un delgado río de tinta, sustraído de la luz por la espesura de árboles crecidos, en pie sobre las márgenes, azotados sin descanso por un viento furioso, nacido de los montes áridos. La calle delantera, siempre desierta, suena a veces con el paso de un carro de bueyes, que reproduce la escena de una campiña etrusca.


La curiosidad me indujo a nupcias desventuradas, y casé improvisadamente con una joven caracterizada por los rasgos de mi persona física, pero mejorados por una distinción original. La trataba con un desdén superior, dedicándole el mismo aprecio que a una muñeca desmontable por piezas. Pronto me aburrí de aquel ser infantil, ocasionalmente molesto, y decidí suprimirlo para enriquecimiento de mi experiencia.


La conduje con cierto pretexto delante de una excavación abierta adrede en el patio de esta misma casa. Yo portaba una pieza de hierro y con ella le coloqué encima de la oreja un firme porrazo. La infeliz cayó de rodillas dentro de la fosa, emitiendo débiles alaridos como de boba. La cubrí de tierra, y esa tarde me senté solo a la mesa, celebrando su ausencia.


La misma noche y otras siguientes, a hora avanzada, un brusco resplandor iluminaba mi dormitorio y me ahuyentaba el sueño sin remedio. Enmagrecí y me torné pálido, perdiendo sensiblemente las fuerzas. Para distraerme, contraje la costumbre de cabalgar desde mi vivienda hasta fuera de la ciudad, por las campiñas libres y llanas, y paraba el trote de la cabalgadura debajo de un mismo árbol envejecido, adecuado para una cita diabólica. Escuchaba en tal paraje murmullos dispersos y difusos, que no llegaban a voces. Viví así innumerables días hasta que, después de una crisis nerviosa que me ofuscó la razón, desperté clavado por la parálisis en esta silla rodante, bajo el cuidado de un fiel servidor que defendió los días de mi infancia.


Paso el tiempo en una meditación inquieta, cubierto, la mitad del cuerpo hasta los pies, por una felpa anchurosa. Quiero morir y busco las sugestiones lúgubres, y a mi lado arde constantemente este tenebrario, antes escondido en un desván de la casa.


En esta situación me visita, increpándome ferozmente, el espectro de mi víctima. Avanza hasta mí con las manos vengadoras en alto, mientras mi continuo servidor se arrincona de miedo; pero no dejaré esta mansión sino cuando sucumba por el encono del fantasma inclemente. Yo quiero escapar de los hombres hasta después de muerto, y tengo ordenado que este edificio desaparezca, al día siguiente de finar mi vida y junto con mi cadáver, en medio de un torbellino de llamas.


Del libro LA TORRE DE TIMON, 1925.





Fragmento de carta a César Zumeta.

"...Durante el insomnio de anoche he examinado una breve novela de Goethe, episodio inserto en Wilhelm Meister, y cuyo nombre es Bekenntnisse einer schönen seele. Si usted estuviera presente, admiraríamos juntos la habilidad de aquel poeta en describir los escrúpulos de un alma nostálgica, agitada por inquietudes teológicas. Ningún crítico de Goethe ha mentado jamás este breve momento del Wilhelm Meister. Por lo menos, yo no conozco ninguna referencia de comentador alguno. Goethe difiere aquí del panteísta y del naturalista..."

JARS, Hamburgo, 05 de Enero de 1930.

Los aires del presagio, Rafael Ángel Insausti. Monte Ávila Editores, Caracas, 1976



GUARIDA MUSICAL: ORFEO




José Antonio Ramos Sucre