lunes, 21 de enero de 2019

En la alborada, lacl / Vistas de la luna, minutos antes del eclipse / Guarida de los músicos. Speak Low, escrita e interpretada por Kurt Weill - Sammy Davis Jr - Tony Bennett



Todo esto sucedió a raíz de lo vivido en horas de la noche, cuando con un cielo esplendente, comenzaron a correr los vientos cargados de agua, como una neblina rumorosa y veloz, para velar la luna de sangre. Las fotos y el video que pude tomar fueron captados con un celular, unos minutos antes del evento. Estaba cargando las baterías de la cámara digital, acto que sería infructuoso... He allí las razones de esta rústica glosa que consignamos a continuación.

Salud!
lacl




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En la alborada

Los elementos crean unidad;
ser identidad y sumarse en uno,
aun siguiendo el dictado que les principia,
es para ellos lo mismo:
se dan la mano,
se abrazan,
se funden y disuelven,
se abrazan en las brasas,
se besan en el frío,
son flujo latiendo
en nuestras venas,
como lo hacen en el firmamento…
y, si bien su sentido no alcanzamos,
sus dictados y retozos
podríamos intentar agradecer.

Así es como vientos y aguas
se conjuntaran en noche ciudadana,
con el afán único de protegernos
de la Selene sangrienta;
ese abrazo, de púrpura teñido, iba
-se dijeron viento y agua-
a tener otra lectura por parte de los hombres,
empeñados en interpretarlo todo como su retrato,
allí, donde lo que se les enseña
es el prodigio del abismo.

Los abrazos amorosos
han de ser sólo visibles a los elementos;
pretender ver el abrazo fundidor,
colmado de fuelle,
es tan infecundo como
que los ojos quieran verse sin espejo,
distorsionando el primigenio sentido de la ofrenda.

Los hombres hemos extraviado el espíritu del lobo,
esa ánima amante agradecida
ante la divina presencia de la Blanca Diosa,
por lo que sabe ofrendarle, entre aullidos, sus amores.   

Así pues, los hados del agua viajera,
la que bien sabe apostarse en el dorso del aire,
han pactado con los hados del viento
para nublar los ojos de Narciso,
han tendido un manto plateado
y protector sobre nosotros;
se dijeron:
ya está bueno de intérpretes y vaticinadores,
los abrazos amorosos son invisibles para los amantes,
así que démosles una cúpula celeste,
blanca y bienhechora,
un espejo de agua y aire que,
con la aquiescencia de los astros,
les induzca a dar una vuelta a sus propios abrazos;
la visión de una esfera blanca y grandiosa
que les invite a refocilarse en el abrazo invisible,
un disco de plata que les pique
al silencio y el recogimiento,
una señal, ulterior a los sueños,
que pueda ser leída,
luego de nuestra estigmata, 
como el convite perfecto para la harmonía.


lacl, 21/01/2019, en la alborada …

ADENDUM

No hay cambios sin flujos ni contraflujos,
no hay renacimientos sin convulsiones,
pero son los elementos los que buscan orquestarse
y no nuestros vanos dictados los que dictan su concierto.

lacl, 21/01/2019, en la alborada, más entrada la mañana …








Guarida de los músicos. Speak Low, escrita e interpretada por Kurt Weill  -  Sammy Davis Jr  -  Tony Bennett








Selene se levanta el ruedo, lacl / Lotte Lenya - Speak Low





Selene se levanta el ruedo para bailar su epifanía. Viene asomando su rostro, a cada jornada, con menos pudor, cual la amante que se prepara para la fusión del abrazo que, en el ombligo de la oscuridad, por nadie podrá ser visto, sino imaginado. El abrazo no visto, el de la fusión de los amantes silenciosos, busca en sus eclipses engarzar su amor en el reverso de la solapa del otro. Y es así como Selene nos inicia en un amor sin aspavientos.

lacl, 19  01  2019 










domingo, 20 de enero de 2019

Refranes Pre-socráticos, de Juan David García Bacca / Orpheus Odyssey - Legends on Strings - Rediscovering Ancient Greek Music





La vieja edición de Refranes Pre-socráticos, de Juan David García Bacca, deambula por mi vida desde que era un muchacho. García Bacca se apoyó principalmente en la edición de Diels - Krantz y, un tanto menos, en la de Mullach (Didot).

Exento de notas a pie de página ex profeso, yo agradezco que haya sido así; que mi primera experiencia con este sentenciario de los siete sabios y algunos pre-socráticos haya sido un cara a cara, sin más báculos de apoyo que los de la vista, el oído interno y el silencio interior que se genera luego de toda conversa.

Claro está, fue un encuentro cara a cara, tomando en cuenta que se cumplía por medio y gracia de un bondadoso vehículo llamado "traductor". García Bacca estuvo muy al tanto de ello y deja su constancia en el introito.

Al final de su introito, remite a varias obras con estudio comentado, entre las que se encuentran un par de ediciones suyas, la primera con el FCE, México, 1944, y la de 1954 realizada en las imprentas de la UCV, Caracas, Venezuela.

- Dejamos aquí un ramillete de las sentencias de Heráclito. Siete flores son, 7, que es número de cábala. 

Salud!
lacl


* También se llama ley al someterse a la voluntad de uno.

* Mortal es cuanto vemos despiertos; ensueño es cuanto vemos en sueños.

* Malos testigos son ojos y oídos cuando se tiene alma de bárbaro.

* Las almas huelen a Hades.

* Para los despiertos hay Mundo común y uno; los dormidos se vuelven cada uno al suyo.

* No les iría mejor a los hombres si cosa que quieren, cosa que obtienen.

* Este mundo, el mismo para todos, no lo hizo ninguno de los dioses ni ninguno de los hombres, sino que fue desde siempre, es y será Fuego siemprevivo que se enciende mesuradamente y mesuradamente se apaga.

Editorial Mediterráneo, EDIME, Madrid (1968) 3ra Edición, 1972.








sábado, 19 de enero de 2019

José Antonio Ramos Sucre: LOS HEREJES, EL CIELO DE ESMALTE / Guarida del Teatro: King Lear (english) - Rey Lear (español)



Otra de esas acrisoladas joyas poéticas de Ramos Sucre... En tan sólo cuatro párrafos nos sugiere una Odisea, con esa estampa de un colectivo abriendo trochas en el vacío...
Salud!

lacl



José Antonio Ramos Sucre: LOS HEREJES, EL CIELO DE ESMALTE

La doncella se asoma a ver el campo, a interrogar una lontananza trémula. Su mente padece la visión de los jinetes del exterminio, descrita en las páginas del Apocalipsis y en un comentario de estampas negras.

La voz popular decanta la lluvia de sangre y el eclipse y advierte la similitud con las maravillas de antaño, contemporáneas del rey Lear.

Un capitán, desabrido e insolente con su rey, fija la tienda de campaña, de seda carmesí, en medio de las ruinas. Los soldados, los diablos de la guerra, dejan ver el tizne del incendio o del infierno en la tez árida y su roja pelambre. Un arbitrista, usurpador del traje de Arlequín, los persuade a la licencia y los abastece de monedas de similor y de papel.

La doncella aleja la muchedumbre de los enemigos, prodigando las noches de oración. Se retiran delante de una maleza indeleble, después de fatigarse vanamente en la apertura de un camino. El golpe de sus hierros no encontraba asiento y se perdía en el vacío.






Guarida del Teatro: King Lear (english) - Rey Lear (español)



martes, 15 de enero de 2019

Guarida de los poetas: Jorge Luis Borges. Para escuchar a Borges, por lo tanto que se le ha tergiversado / BORGES ENTREVISTA, Con Antonio Carrizo, POEMA CONJETURAL. LECTURA. / Jairo-Jacinto Chiclana / Cuarteto Zupay - Jacinto Chiclana - Jorge Luis Borges / Jorge Fandermole - Oración Del Remanso / Luis Salinas - Seleccion de Zambas



Causa asombro (al menos, a mí me lo causa) la llana manera de declarar Borges algunas palabras de exégesis sobre su “Poema conjetural”. Pero es mayor causa de asombro la sorpresa que tienen algunas personas (lectores o no de su escritura), cual uno de sus entrevistadores, no sólo sobre este poema, sino sobre la persona de Borges y sobre su obra.

Sin pretender un panfleto, Borges declara en su conjetura que las razones de un poema de hoy no están tan divorciadas de las de uno de ayer. Y que las dictaduras nos persiguen como un malhadado fatum. Incluso jalona un poco las orejas de sus conterráneos que, grosso modo, al igual que muchos de los de Nuestra América (mi terruño no se escapa), pretenden ser una país muy distinto y superior al resto de nuestro variopinto continente.

Vale la pena no sólo volver a una leída de esta conjetura del eterno retorno a un mismo punto o, incluso, a un mismo temple o fuero interior, sino a la escucha de este poema y esa breve y bien salpimentada entrevista, que le antecede.

Sin más, Poema conjetural…

Salud!

lacl


Para escuchar a Borges... Por lo tanto que se le ha tergiversado.


“…Uno se pasa la vida, Carrizo, uno se pasa la vida escribiendo libros para escribir una página, escribiendo páginas para escribir una línea…”

“…Yo sentía, en aquel momento, la afrenta de la dictadura y pensé, nosotros hemos pensado, durante tanto tiempo hemos creído que Suramérica era otro país, pero no, nuestro país es Sudamérica también, sigue teniendo dictadores y, entonces escribí aquella línea que no era, digamos, una referencia arcaica o antigua, quiero decir, no; era lo que sentimos todos en aquel momento: al fin me encuentro con mi destino sudamericano. Todos nos encontramos con ese destino en aquel momento…”

“…uno le debe tantas cosas a Dante que ¿Por qué no deberle un verso también?…”


POEMA CONJETURAL

El doctor Francisco Laprida, asesinado el día 22 de setiembre de 1829
por los montoneros de Aldao, piensa antes de morir:

Zumban las balas en la tarde última.
Hay viento y hay cenizas en el viento,
se dispersan el día y la batalla
deforme, y la victoria es de los otros.
Vencen los bárbaros, los gauchos vencen.
Yo, que estudié las leyes y los cánones,
yo, Francisco Narciso de Laprida,
cuya voz declaró la independencia
de estas crueles provincias, derrotado,
de sangre y de sudor manchado el rostro,
sin esperanza ni temor, perdido,
huyo hacia el Sur por arrabales últimos.
Como aquel capitán del Purgatorio
que, huyendo a pie y ensangrentando el llano,
fue cegado y tumbado por la muerte
donde un oscuro río pierde el nombre,
así habré de caer. Hoy es el término.
La noche lateral de los pantanos
me acecha y me demora. Oigo los cascos
de mi caliente muerte que me busca
con jinetes, con belfos y con lanzas.
Yo que anhelé ser otro, ser un hombre
de sentencias, de libros, de dictámenes
a cielo abierto yaceré entre ciénagas;
pero me endiosa el pecho inexplicable
un júbilo secreto. Al fin me encuentro
con mi destino sudamericano.
A esta ruinosa tarde me llevaba
el laberinto múltiple de pasos
que mis días tejieron desde un día
de la niñez. Al fin he descubierto
la recóndita clave de mis años,
la suerte de Francisco de Laprida,
la letra que faltaba, la perfecta
forma que supo Dios desde el principio.
En el espejo de esta noche alcanzo
mi insospechado rostro eterno. El círculo
se va a cerrar. Yo aguardo que así sea.

Pisan mis pies la sombra de las lanzas
que me buscan. Las befas de mi muerte,
los jinetes, las crines, los caballos,
se ciernen sobre mí... Ya el primer golpe,
ya el duro hierro que me raja el pecho,
el íntimo cuchillo en la garganta.








Jairo-Jacinto Chiclana  /  Cuarteto Zupay - Jacinto Chiclana - Jorge Luis Borges  /  Jorge Fandermole - Oración Del Remanso  /  Luis Salinas - Seleccion de Zambas







domingo, 13 de enero de 2019

Lecturas cruzadas. Rabindranath Tagore, Huanchu Daoren. / GUARIDA DE LOS MÚSICOS: BB King \ Eric Clapton - The Thrill Is Gone 2010 / John Mclaughlin, Elvin Jones, Joey Defrancesco-Jazz a Juan, 1996 / Mahavishnu Orchestra - Birds of Fire (full album) (VINYL) / Ravi Shankar - The Spirit of India / Sounds of China: Concierto de Año nuevo Chino





Lecturas cruzadas. Rabindranath Tagore, 

Huanchu Daoren.

Mi curiosidad aunada a un espíritu inquieto me ha inducido a una costumbre que un psicólogo podría tachar de disociada: me encanta leer a saltos. No a saltos de soga, sino saltando entre los libros. Costumbre que sólo interrumpo cuando me topo con una novela que robe mi cuidado o un libro de ensayo que secuestre mi espíritu. Cuando una novela logra captar nuestra atención es porque nos ha hecho viajar a su mundo, somos parte de él y de él no deseamos salir. No es muy común que ello suceda, pero tampoco es infrecuente. Hay portentosas narraciones que aguardan por nosotros. Lo mismo puede suceder con un ensayo de largo aliento. Nos secuestra y, entonces, no hay otro mundo que el del secuestro.

Pero volviendo a lo expresado inicialmente, la razón de esos saltos sin sobresaltos, se debe a que uno (yo, al menos) necesita respirar en la conversación establecida con un libro o su autor. Uno no habla de corrido, necesita respirar, hacer pausa, para poder seguir el hilo del diálogo. Porque leer un libro es establecer una conversación que nunca se decide a cerrarse. Es como esas conversaciones amistosas, que se quedan con la sed de un nuevo encuentro. Al menos, para quienes no han perdido el gusto por el compartir y el departir de la palabra. 

Y ese diálogo del ojo con la letra persiste incluso después de que ha concluido la lectura (o la conversa, como prefieran). Es un diálogo inconcluso. De allí que, en mi caso, se impone la necesidad del silencio, junto a la del discurso. Uno se queda pensando en aquello dialogado y en lo que se dirán la próxima vez “que se vean”. En fin, toda lectura encarna un diálogo amistoso y, a veces, no tan amistoso, dada la inevitable confrontación de puntos de vista. Pero uno sabe y espera con ansiedad el nuevo encuentro. Pues, la pausa nos ha servido para que los pensamientos musiten nuevas vertientes al discurso. Esa es la razón de que a un servidor tanto le encante leer a saltos, pues es como el juego de la vida, en la plaza pública uno siempre está conversando con multitud de personas y, sin embargo, jamás pierde el hilo de ninguna de las tertulias.

Estos dos autores que hoy brevemente cito han estado abrazados desde hace unos meses, un libro sirve de marcador al otro. Pues en esas noches de vigilia han estado dialogando a saltos, entre ellos y conmigo. Hoy me decido a extraer unos breves pasajes de cada uno.

Lo cierto de todo es que toparse con esos pájaros no tan perdidos de Tagore o con esa belleza contenida que uno encuentra en un erudito (en el más bello sentido de la palabra) que por el siglo 16 decidiera  retornar, ya en los últimos pasajes de su vida, a los orígenes, pues es un milagro que debemos saber agradecer.
Salud!
lacl

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Tú no ves lo que eres, sino tu sombra.

El descanso es del trabajo como los parpados son de los ojos.

Los arboles llegan hasta mi ventana, como la voz anhelante de la tierra muda.

De sus armas hace sus dioses. Cuando vencen ellas, él es el vencido.

Entendimiento agudo, pero sin grandeza, lo pincha todo, pero nada mueve.

¡Cómo pinta el deseo los colores del iris en la niebla de la vida!

Los hombres son crueles, pero el hombre es bueno.

Con la ayuda de la yerbecilla, se hace el mundo hospitalario.

El viento poeta sale por el mar y por el bosque en busca de su propia voz.

Cuando sonrió el hombre, el mundo le amó. Cuando rió, le tuvo miedo.


Rabindranath Tagore, Chitra / Pájaros perdidos. Editorial Losada, Buenos Aires, 1978

En la bella traducción de Zenobia de Camprubí, la esposa de Juan Ramón Jiménez.  


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* Cuando estás apegado al mundo sólo ligeramente, ligero es también el efecto del mundo sobre ti.  Cuando estás intensamente envuelto en ocupaciones diversas, sus enredos también se intensifican. Así pues, para las personas iluminadas la simplicidad es superior al refinamiento, y la libertad preferible al refinamiento de las formas.  

* Cuando estás oyendo constantemente palabras ofensivas y tienes siempre en mente algún asunto irritante, entonces sólo tienes una piedra de afilar para moldear el carácter. Si sólo escuchas lo que te agrada y sólo intervienes en aquello que te ilusiona, están enterrando tu vida en un veneno mortal.

* Escuchar el sonido de una campana en una noche apacible le despierta a uno de un sueño dentro de un sueño; contemplar el reflejo de la luna en un estanque claro nos induce a explorar el cuerpo más allá del cuerpo.

Huancho Daoren, Retorno a los orígenes. Reflexiones sobre el Tao. Editorial Edaf, Madrid, 1993.
Nota: he matizado el decir de algunos pasajes de esta última traducción. Me excuso por mi pecado, pero se me hizo perentorio.



GUARIDA DE LOS MÚSICOS

Conmueve el rostro de B. B. King al dar las gracias a los músicos que le acompañan




















martes, 8 de enero de 2019

Guarida de los poetas.- La idea de orden en Key West, Wallace Stevens / Schubert's Fantasy in F minor for Piano Four Hands, D940






Un canto a La Diosa, uno más, entre los centenares de miles de cantos elevados en su ofrenda. Este lo debemos al honorable Wallace Stevens, poeta entre los poetas. No dejamos mayores comentarios por los momentos, toda vez que ando imbuido en revisar su decir, su cadencia. Es una versión temporal, quiero decir con ello, pero no me aguantaba la gana de compartirlo. Luego depuraré, de estar ello a mi alcance, su dicción en nuestra lengua. Estremece Stevens con la sencillez con que canta a la que canta. Es una honrada labor de amante incondicional. Al final del poema en inglés, puede ser escuchado este noble canto en la voz del propio Stevens. Agrego una colección personal de imágenes del océano caribeño y su adoradora Selene. 
Salud!

lacl

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La idea de orden en Key West, Wallace Stevens

Ella cantaba más allá del genio del mar.
El agua nunca fue formada para mente o voz,
como un cuerpo, todo cuerpo, agitando
sus mangas vacías; y sin embargo, su mímico movimiento
hacía llorar constantemente, causaba un lamento constante;
no era nuestro, aunque lo dedujimos,
inhumano, del verdadero océano.

El mar no era una máscara. No más fue ella.
La canción y el agua no fueron un sonido entretejido,
incluso, si lo que ella cantaba era lo que ella escuchaba,
dado que lo que ella cantaba era enunciado, palabra por palabra.
Puede ser que, en todas sus tocadas frases,
el agua arremolinada y el viento jadeante,
haya sido a ella y no al mar a quien escuchamos.

Porque ella fue la creadora de la canción que ella cantó.
El mar, siempre furtivo, de gestos trágicos
era simplemente un lugar por el que ella caminaba para cantar.
¿De quién es este espíritu? dijimos, porque nosotros sabíamos
que era el espíritu que buscábamos y sabíamos
que deberíamos preguntarle esto insistentemente mientras ella cantaba.

Si sólo fuera la oscura voz del mar
esa rosa, incluso coloreada por muchas olas;
si sólo fuera la enunciadora voz del cielo
y la nube, del coral sumergido en muros de agua,
por más claro que hubiera sido el aire profundo,
el estentóreo discurso del aire, un sonido veraniego
repetido en un verano sin fin
y sonando solo. Pero es que fue más que eso,
más aún que su voz y la nuestra, entre
las sumergidas sin sentido del agua y el viento,
distancias teatrales, sombras de bronce colmadas
en horizontes elevados, atmósferas  montañosas
de cielo y mar.

                           Fue su voz la que hizo
el cielo más intenso en su desaparición.
Ella midió a la hora su soledad.
Ella fue la simple artífice del mundo
en el que ella cantaba. Y cuando ella cantaba, el mar,
fuera lo que fuera, hizo de su ser
lo que era su canción, pues ella era la creadora. Entonces nosotros,
cuando la vimos deambulando sola,
supimos que nunca hubo un mundo para ella
excepto el único que ella cantó y, cantando, hizo.

Ramon Fernández, dime, si tú sabes,
por qué, cuando el canto terminó y regresamos
hacia el pueblo, di por qué las luces de cristal,
las luces en los barcos de pesca allí anclados,
a medida que la noche descendía, inclinándose en el aire,
dominaron la noche y dividieron el mar,
fijando zonas blasonadas y polos ardientes,
arreglando, profundizando, encantando la noche.

Oh! Bendita furia por el orden, mi pálido Ramón,
la furia del hacedor por ordenar las palabras del mar,
palabras de los fragantes portales, signados con una tímida estrella,
y de nosotros mismos y de nuestros orígenes,
en comarcas fantasmales, los sonidos más agudos.



Wallace Stevens, “The Idea of Order at Key West” from Collected Poems.
Copyright 1923, 1951, 1954 por Wallace Stevens. Reprinted with the permission of Alfred A. Knopf, a division of Random House, Inc.
Source: The Collected Poems of Wallace Stevens (Alfred A. Knopf, 1990)



The Idea of Order at Key West, Wallace Stevens


She sang beyond the genius of the sea.  
The water never formed to mind or voice,  
Like a body wholly body, fluttering
Its empty sleeves; and yet its mimic motion  
Made constant cry, caused constantly a cry,  
That was not ours although we understood,  
Inhuman, of the veritable ocean.

The sea was not a mask. No more was she.  
The song and water were not medleyed sound  
Even if what she sang was what she heard,  
Since what she sang was uttered word by word.
It may be that in all her phrases stirred  
The grinding water and the gasping wind;  
But it was she and not the sea we heard.

For she was the maker of the song she sang.  
The ever-hooded, tragic-gestured sea
Was merely a place by which she walked to sing.  
Whose spirit is this? we said, because we knew  
It was the spirit that we sought and knew  
That we should ask this often as she sang.

If it was only the dark voice of the sea  
That rose, or even colored by many waves;  
If it was only the outer voice of sky
And cloud, of the sunken coral water-walled,  
However clear, it would have been deep air,  
The heaving speech of air, a summer sound  
Repeated in a summer without end
And sound alone. But it was more than that,  
More even than her voice, and ours, among
The meaningless plungings of water and the wind,  
Theatrical distances, bronze shadows heaped  
On high horizons, mountainous atmospheres  
Of sky and sea.

                           It was her voice that made  
The sky acutest at its vanishing.  
She measured to the hour its solitude.  
She was the single artificer of the world
In which she sang. And when she sang, the sea,  
Whatever self it had, became the self
That was her song, for she was the maker. Then we,  
As we beheld her striding there alone,
Knew that there never was a world for her  
Except the one she sang and, singing, made.

Ramon Fernandez, tell me, if you know,  
Why, when the singing ended and we turned  
Toward the town, tell why the glassy lights,  
The lights in the fishing boats at anchor there,  
As the night descended, tilting in the air,  
Mastered the night and portioned out the sea,  
Fixing emblazoned zones and fiery poles,  
Arranging, deepening, enchanting night.

Oh! Blessed rage for order, pale Ramon,  
The maker’s rage to order words of the sea,  
Words of the fragrant portals, dimly-starred,  
And of ourselves and of our origins,
In ghostlier demarcations, keener sounds.

Wallace Stevens, “The Idea of Order at Key West” from Collected Poems. Copyright 1923, 1951, 1954 by Wallace Stevens. Reprinted with the permission of Alfred A. Knopf, a division of Random House, Inc.












Schubert's Fantasy in F minor for Piano Four Hands, D940