viernes, 22 de noviembre de 2019

San Juan de La Cruz, Stigmata e iluminación. / Entréme donde no supe, San Juan de La Cruz / FOLÍAS DE ESPAÑA - Concierto de Jordi Savall / Music in the Reinassance end XVI century Jordi Savall Hespèrion XXI





San Juan de La Cruz, estigmata e iluminación.

La stigmata no se decide, no es un acto volitivo, puede ser resultado de una búsqueda, pero nunca lo es de una intención preconcebida.  Lo mismo podríamos decir de la iluminación, que es el producto de un estado de gracia, una ofrenda por medio de la cual un ser es tocado o rozado por una providencia.

Y no hay persona (sea santo, poeta o un esquivo y silencioso ser) que pueda ufanarse de haber sido tocada por la gracia o tatuada por un regalo que colma el ser, que casi -podría decirse- le da cuerpo al aire hasta el colmo de sentirle por dentro, pero sin la venia de poder ceñirle.  

A estos pensamientos nos llevan los poemas y la persona de San Juan, quien compartiera, de modo tan desprendido, su experiencia.

Salud!
lacl


Entréme donde no supe,  San Juan de La Cruz

COPLAS HECHAS SOBRE UN EXTASIS DE HARTA CONTEMPLACIÓN

Entréme donde no supe:
y quedéme no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.

Yo no supe dónde estaba,
pero, cuando allí me vi,
sin saber dónde me estaba,
grandes cosas entendí;
no diré lo que sentí,
que me quedé no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.

De paz y de piedad
era la ciencia perfecta,
en profunda soledad
entendida, vía recta;
era cosa tan secreta,
que me quedé balbuciendo,
toda ciencia trascendiendo.

Estaba tan embebido,
tan absorto y ajenado,
que se quedó mi sentido
de todo sentir privado,
y el espíritu dotado
de un entender no entendiendo.
toda ciencia trascendiendo.

El que allí llega de vero
de sí mismo desfallece;
cuanto sabía primero
mucho bajo le parece,
y Su ciencia tanto crece,
que se queda no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.

Cuanto más alto se sube,
tanto menos se entendía,
que es la tenebrosa nube
que a la noche esclarecía:
por eso quien la sabía
queda siempre no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.

Este saber no sabiendo
es de tan alto poder,
que los sabios arguyendo
jamás le pueden vencer;
que no llega su saber
a no entender entendiendo,
toda ciencia trascendiendo.

Y es de tan alta excelencia
aqueste sumo saber,
que no hay facultad ni ciencia
que la puedan emprender;
quien se supiere vencer
con un no saber sabiendo,
irá siempre trascendiendo.

Y, si lo queréis oír,
consiste esta suma ciencia
en un subido sentir
de la divinal esencia;
es obra de su clemencia
hacer quedar no entendiendo,
toda ciencia trascendiendo.



FOLÍAS DE ESPAÑA - Concierto de Jordi Savall 




Music in the Reinassance end XVI century Jordi Savall Hespèrion XXI


martes, 19 de noviembre de 2019

Sinenomine. El nombre de la ficción, una memoria, lacl / San Miguel y Cantos de Pilón - Aquiles Báez, Adolfo Herrera y Gustavo Márquez con Betsayda Machado




Comentario previo: esta nota se me había quedado en el tintero, debido a uno de esos fallos digitales que se vuelan la memoria de nuestros equipos de computación, arrastrando con ellos parte de nuestra memoria. Por fortuna, habíamos guardado la nota en la red de Facebook, así que, por dejar memoria de los amistosos encuentros, aquí la reproducimos ahora...
lacl

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El pasado jueves nos cupo el gusto de comparecer a un ameno convite. La presentación de la antología narrativa de Sinenomine, peña literaria que ya ha arribado a sus maravillosos trece. Jovialidad es una palabra que me viene a la mente, cada vez que pienso en esa peña y, por supuesto, en el querido Sael Ibáñez. Hay un gusto y regusto vital en este grupo de amigos que se juntan so pretexto de honrar a la ficción que yace en toda palabra. En sus palabras de salutación, Sael nos legó una apretada maravilla: no hay literatura que no sea fantástica. Esto para desacralizar aquel anciano e impostado culto por el pretendido realismo en las artes. No hay nada tan realista como la fantasía, ni nada tan fantástico como la realidad. Y con lo dicho, Sael lanzaba a la mesa un estupendo acicate para acometer la lectura de la palabra recogida en esta antología, lo que ya un servidor ha hecho.

No solemos saltar con frecuencia al ruedo del acontecer literario. Y a veces se siente uno un tanto desligado y (¿por qué no decirlo?) aislado de los aconteceres vitales del colectivo, no porque prevalezca una íntima penitencia, sino por razones de peso mayor, pues la nave en la que vamos todos embarcados nos incita a movernos a contraviento. Pero, en fin, estos sentires son parte de toda disyuntiva personal.

Lo cierto es que la jovialidad de Sinenomine a que hago referencia, es un espíritu contagioso y laudable en un país que vive sumido en desazones. No se trata, con esto, de loar a un optimismo de falsete. Porque esta jovialidad deviene del hecho de crear y de creer. Se crea porque se cree. Y se cree porque se crea. Sano ejemplo para, como digo, un colectivo que, en los últimos años, se ha sumido -grosso modo- en la indolencia.

Y la enseñanza que queda flotando en el aire, luego de ser testigos de tareas gustosas como las de Sinenomine, es simplemente esta: ¡Hay que soltar las amarras!

Pero no quisiera cerrar esta breve glosa sin un comentario aparte. No puedo dejar de rescatar otro culto, tan bien servido la noche del jueves: el gusto por la sana y libérrima conversa. De gratas conversas fuimos testigos y por supuesto, también de ellas fuimos partícipes con los amigos.

Salud por estos reencuentros que nos revelan que este país está colmado de viveza, pero no de aquella que se asocia exclusivamente con la picardía, sino de aquella que viene enlazada a la jovialidad.


(lacl, 19 de Noviembre de 2016)


Locación: Librería El Buscón, Paseo Las Mercedes, Caracas.









 San Miguel y Cantos de Pilón - Aquiles Báez, Adolfo Herrera y Gustavo Márquez con Betsayda Machado



lunes, 11 de noviembre de 2019

El lenguaje no pertenece a la lengua, sino al corazón. Paracelso - James Hillman en el epígrafe de El Pensamiento del corazón. / La realidad psíquica. – James Hillman / GAIA - EARTH MASS -PAUL WINTER (1982)





"...El lenguaje no pertenece a la lengua, sino al corazón. La lengua es sólo el instrumento con el que se habla. Quien es mudo es mudo en el corazón, no en la lengua. [...] Déjame oírte hablar y te diré cómo es tu corazón..."

El fragmento es de Paracelso. Lo cita James Hillman en el epígrafe de El Pensamiento del corazón.

Creo que los políticos y sus más allegados colaboradores, aquellas personas que se autodenominan "hombres de empresa" (lo que incluye tanto a figuras públicas como a quienes operan tras bastidores) son, entre todos los seres humanos, más propensos a echarle un tijerazo al cordón de plata que va del corazón a la lengua que cualquier persona que se dedique a otras actividades, sean serviles o non serviles.

Pero se ha visto también cómo algunas personas que inicialmente se presentaban como poetas, pintores, músicos, filósofos, es decir, seres que cultivan (o cultivaban) una actividad propiamente non servil, pueden apelar a las tijeras para sumarse a una más rentable y servil labor como redactores de panegíricos o creadores de un "arte" que coquetea con la adulación.

Escriben y hablan con el instrumento, pero no usan la tinta que bombea el corazón...

lacl

P. S. El libro de Hillman, capital desde mi punto de vista, incluye dos trabajos, el que da título al libro, obra magna, y Ánima Mundi, no menos encomiable, del que dejamos un fragmento. La edición que tengo la fortuna de poseer es la de Siruela. Aclaro que la traducción del presente texto no es exacta, al cien por ciento, a la de Siruela, aunque traslada la misma esencia del texto de Hillman.

(lacl)

La realidad psíquica. – James Hillman

Para hablar, para ser escuchado hoy en el mundo, es necesario dirigirse al mundo, pues el mundo está entre el público que está escuchando lo que decimos. Por lo tanto estas palabras van dirigidas al mundo, a sus problemas, a su sufrimiento en el alma. Hablaré como psicólogo, como hijo del alma que le habla a la psique.

Decir “hijo del alma” es hablar de una manera renacentista, florentina, siguiendo los pasos de Marsilio Ficino, que fue el primero en situar el alma en el centro de su visión, una visión que no excluye ningún elemento del mundo porque la psique incluye el mundo: todas las cosas ofrecen alma. Todas y cada una de las cosas de nuestra artificial vida urbana tienen importancia psicológica.

El renacimiento de una psicología que le devuelva la realidad psíquica al mundo encontrará su punto de partida en la psicopatología, en las situaciones en las que se produce el sufrimiento de la propia psique, allí donde siempre nace la psicología profunda, y no en una concepción psicológica de esa realidad. En ningún otro lugar la divergencia entre la realidad psíquica efectiva y los conceptos de la psicología se revelan tan claramente como en la propia psicología, que hoy está más agotada que los pacientes que recurren a ella. La psicología profunda busca su propio renacimiento. Se ha encerrado en sí misma, se ha vuelto pretenciosa y comercial, impregnándose de la mauvaise foi (mala fe) que caracteriza al poder camuflado; esa mala fe que ya no refleja aquel sentimiento ficiniano, sino que se adapta insidiosamente a un mundo que desatiende cada vez más al alma. Sin embargo, la psicología refleja al mundo en el que opera; esto implica que el retorno del alma a la psicología, el renacimiento de su profundidad, requiere un retorno a las profundidades psíquicas del mundo.

Veo que los pacientes son ahora más sensitivos que el mundo en el que viven: no es que no sean capaces de percibir las cosas y de adaptarse “de manera realista”, sino más bien que la realidad de los fenómenos del mundo parece incapaz de adaptarse a la sensibilidad de los pacientes. Me asombra su vitalidad y su belleza, en contraste con la inercia y la fealdad del mundo en el que viven. La conciencia cada vez mayor de las realidades subjetivas -ese refinamiento del alma resultante de cien años de psicoanálisis- se ha vuelto incompatible con el atraso de la realidad externa, que durante esos cien años ha degenerado en una brutal uniformidad y en una enorme degradación.

Cuando digo que los trastornos de los pacientes son reales, quiero decir realistas, conformes al mundo exterior. Es decir que las distorsiones de la comunicación, la sensación de acoso y alienación, la falta de intimidad en el entorno, el sentimiento de falsedad y de vacío interior, que implacablemente experimentamos en esta nuestra morada común, son auténticas valoraciones realistas y no sólo percepciones de nuestro yo intrasubjetivo. Mi profesión me enseña que ya no puedo distinguir claramente entre neurosis del yo y neurosis del mundo, entre psicopatología del yo y psicopatología del mundo. Me enseña también que ubicar las neurosis y psicopatologías exclusivamente en la realidad personal es una represión imaginaria de lo que estamos experimentando verdadera y realmente. Esto implica que mis teorías de la neurosis y las categorías de la psicopatología deben ser ampliadas radicalmente para no alimentar las patologías mismas que me dedico a curar.

No hace mucho tiempo el trastorno del paciente estaba solo en el paciente. Un problema psicológico era considerado intra-subjetivo, y la terapia consistía en reordenar la dinámica de la psique interna. Complejos, funciones, estructuras, recuerdos, emociones… la persona debía ser readaptada, liberada, desarrollada en su interior. Más recientemente, con las terapias de grupo y las terapias de familia, el trastorno del paciente fue localizado en sus relaciones sociales: el problema psicológico era considerado inter-subjetivo, y la terapia consistía en reordenar las psicodinámicas interpersonales en las relaciones entre los compañeros, o entre los diversos miembros de la familia. En ambos casos, la realidad intrapsíquica y la realidad interpsíquica estaba focalizada en lo subjetivo. En ambos casos el mundo seguía siendo exterior, material y muerto, un mero telón de fondo en el cual y alrededor del cual la subjetividad seguía haciendo su aparición. El mundo no era, pues, el centro de la atención terapéutica. Los terapeutas que se centraban en él eran de un orden inferior, más superficial: trabajadores sociales, asistentes, consejeros. El trabajo en profundidad se llevaba a cabo en la subjetividad psíquica de la persona.

Es cierto que la psiquiatría social, ya sea conductista, marxista o social en sentido propio, da mucha importancia a las realidades externas y sitúa los orígenes de la psicopatología en factores determinantes objetivos. Según esta teoría, lo que está “ahí fuera” determina en gran medida lo que hay “aquí dentro”. Así era el sueño americano, un sueño de inmigrantes: cambia el mundo y cambiarás al sujeto. Sin embargo estos determinantes sociales siguen siendo condiciones externas -económicas, culturales o sociales-; no son psíquicos o subjetivos en sí mismos. Lo exterior puede causar sufrimientos pero el ser humano no los padecía psíquicamente. Pese a todo su interés por el mundo exterior, la psiquiatría social se mueve también dentro de la idea del mundo que nos han transmitido Santo Tomás, Descartes, Locke y Kant. Esa visión del mundo como algo externo y no subjetivo es precisamente lo que necesita una nueva elaboración.

Antes de seguir adelante con ella, es preciso recordar la idea de realidad que suele caracterizar a la psicología profunda. Los diccionarios de psicología y las escuelas de todas las tendencias coinciden en que hay dos tipos de realidad. En primer lugar, el término alude a la totalidad de los objetos materiales existentes, o bien a la suma de las condiciones del mundo exterior. La realidad es pública, objetiva, social y habitualmente física. En segundo lugar, hay una realidad psíquica, que no se extiende en el espacio y constituye la esfera de la experiencia privada, que es interior, imaginativa, y está cargada de deseo. Habiendo separado la realidad psíquica de la realidad concreta o externa, la psicología elabora diversas teorías para relacionar los dos órdenes, pues su separación resulta en verdad inquietante. Ello significa que la realidad psíquica no es ni pública, ni objetiva, ni física, mientras que la realidad exterior, que es la suma de las condiciones y los objetos materiales existentes, carece por completo de alma: puesto que el alma ha sido privada del mundo, así también el mundo ha sido privado del alma.

Por consiguiente, cuando algo va mal en la vida de una persona, la psicología profunda sigue buscando la causa y la terapia en la intrasubjetividad y en la intersubjetividad. El mundo público, objetivo y físico de las cosas -edificios y formularios burocráticos, colchones y señales de tráfico, cartones de leche y autobuses- está excluido, por definición, de la etiología y de la terapia psicológica. Las cosas están situadas fuera del alma.

La psicoterapia ha intervenido con éxito en el campo de la realidad psíquica entendida como subjetividad, pero no ha revisado el concepto de subjetividad propiamente dicho. Y ahora se pone en duda incluso su éxito, porque los trastornos de los pacientes revelan problemas que ya no son sólo subjetivos en el sentido inicial. Cada vez que la psicoterapia consigue elevar la conciencia de la subjetividad humana, el mundo en el que están situadas todas las subjetividades se desmorona. El derrumbamiento se produce ahora en otros lugares: Vietnam y Watergate, escándalos bancarios que salpican al gobierno, contaminación y delincuencia callejera, disminución del número de personas que saben leer y escribir, aumento de la basura, el engaño y la ostentación. Ahora encontramos la patología en la psique de la política y de la medicina, en el lenguaje y en el diseño, en los alimentos que comemos. La enfermedad está ahora “ahí fuera”.

El uso contemporáneo de la palabra “derrumbamiento” muestra lo que quiero decir. Las centrales nucleares como Three Mile Island y Chernóbil constituyen ejemplos evidentes de derrumbamientos crónicos y posiblemente incurables. El sistema del tráfico, los sistemas educativos, el sistema judicial, los gigantes de la industria, los gobiernos municipales, la economía, la banca… todo está en crisis, se derrumba, o debe ser apuntalado ante la amenaza de un colapso. Los términos “colapso”, “desorden funcional”, “estancamiento”, “disminución de la productividad”, “depresión”, y “derrumbamiento” son aplicables tanto a las personas como a los sistemas públicos objetivos y a las cosas que hay dentro de esos sistemas. El derrumbamiento se extiende a todos los componentes de la vida civil porque la vida civil es ahora una vida artificial: ya no vivimos en un mundo biológico en el que la descomposición, la fermentación, la metamorfosis y el catabolismo son los equivalentes de la disfunción de las cosas artificiales.

Robert Sardello, colega y amigo mío, escribe:

En el siglo XIX era el individuo el que acudía a la terapia; en el siglo XX, en cambio, el paciente que sufre el derrumbamiento es el propio mundo (…). Los nuevos síntomas son la fragmentación, la especialización, la “maestría”, la depresión, la inflación, la pérdida de energía, las jergas y la violencia. Nuestros edificios están anoréxicos, nuestras empresas paranoicas, nuestra tecnología neurótica.

Allí donde se manifiesta el lenguaje de la psicopatología (crisis, derrumbamiento, colapso), la psique habla de sí misma en términos patologizados y se presenta como sujeto del pathos. De la misma manera que el derrumbamiento aparece en todos los síntomas de la lista de Sardello, así también aparece la psique o la realidad psíquica. 
Precisamente gracias a su derrumbamiento, el mundo está entrando en una nueva fase de conciencia: al llamar la atención sobre sí mismo por medio de sus síntomas, puede comenzar a tomar conciencia de sí mismo como realidad psíquica. El mundo es ahora objeto de un enorme sufrimiento y presenta una serie de síntomas graves y llamativos, por medio de los cuales se defiende del colapso. A la psicoterapia y a quienes la practican corresponde, pues, retomar aquella línea iniciada por Freud y que consiste en examinar la cultura con ojos de patólogo. Freud, en las páginas finales de El malestar en la cultura, escribió:

Hay una pregunta que me resulta difícil rehuir. Si el desarrollo de la civilización tiene (…) tantas semejanzas con la evolución del individuo (…) ¿no estará justificado el diagnóstico según el cual algunas civilizaciones -y posiblemente toda la humanidad- se han vuelto neuróticas? Una disección analítica de tales neurosis podría dar lugar a recomendaciones terapéuticas de gran interés práctico.

Traslademos lo que Freud pensaba sobre la neurosis y su análisis terapéutico, desde los individuos individualmente hasta la esfera comunitaria. 

Este análisis, así como el eros terapéutico que lleva al psicólogo hacia el mundo convertido en paciente, está viciado desde el principio, desde que se intentó localizar en la subjetividad individual la disfunción del mundo. La psicología profunda ha sostenido que la arquitectura no podrá cambiar, como tampoco la política o la medicina, mientras los arquitectos, políticos y médicos no se psicoanalicen; y ha insistido en que la patología del mundo exterior deriva simplemente de la patología del mundo interior. Los trastornos del mundo son obra del hombre, son representaciones y proyecciones de la subjetividad humana.

Pero esta visión ¿no es acaso, por parte de la psicología, una negación de las cosas tal como son a fin de conservar su propia visión del mundo? ¿No será que la psicología no es consciente de sus propias “defensas yoícas”? Si la psicología profunda se equivoca en este punto, entonces habrá que darle la vuelta a otra de sus defensas: la idea de proyección. No es sólo que mi patología se proyecte sobre el mundo, sino que éste me inunda porque no escucho su sufrimiento. Después de los cien años de soledad del psicoanálisis, soy más consciente de lo que proyecto hacia el exterior que de lo que la inconsciencia del mundo proyecta sobre mí.

Trabajar con un paciente dos o incluso cinco horas a la semana, y ampliar ese trabajo hacia una terapia del entorno, de la familia o de los compañeros de oficina, no puede impedir que la infección psíquica se extienda como una epidemia. No podemos vacunar al alma individual, ni aislarla contra las enfermedades del alma del mundo. Un matrimonio que se rompe puede ser analizado en sus raíces intra- e inter-subjetivas, pero mientras no tomemos también en consideración los aspectos materiales y la decoración de las habitaciones donde reside este matrimonio, el lenguaje que utiliza, la ropa con la que se viste, los alimentos y el dinero que comparte, los fármacos y cosméticos que usa, los sonidos, olores y sabores que a diario entran el corazón de este matrimonio, mientras la psicología no deje entrar al mundo en la esfera de la realidad psíquica, no habrá ninguna mejoría; antes bien, cargando el peso sobre las relaciones humanas y las esferas subjetivas, olvidaremos la inconsciencia reprimida que se proyecta desde el mundo de las cosas, y estaremos contribuyendo así a la destrucción de este matrimonio.

La inclusión de estos materiales en la terapia puede tener un efecto práctico inmediato. Los dos cónyuges ya no se concentrarán sólo en sí mismos y en su relación, sino que volverán juntos la mirada sobre las ofensas que les inflige el mundo. La rabia personal mutua se transforma en indignación con el mundo que los rodea, e incluso en compasión, a medida que despiertan de su anestesiado sopor subjetivo. Salen de la gruta con una nueva actitud ante la posibilidad de amistad, para adentrarse como compañeros de armas entre la luz solar saturada de smog, que el psicoanálisis les había presentado como un lugar de meras sombras, simple escenario y maquinaria sobre cuyo telón de fondo ponían en escena su drama inter- e intra-subjetivo. Ahora pueden analizar las fuerzas sociales, las condiciones ambientales, el diseño de las cosas que los rodean, con la misma agudeza que hasta entonces habían reservado solo para sí mismos. Quienes hacían una terapia de pareja se convierten así en la pareja terapéutica que tiene al mundo por paciente.


GAIA - EARTH MASS -PAUL WINTER (1982)










domingo, 10 de noviembre de 2019

Carta del Gran Jefe Seattle, de la tribu de los Swamish, a Franklin Pierce Presidente de los Estados Unidos de América. / Edward S. Curtis: Fotografías.



Más allá de la controversia de si el Sr. Henry A. Smith fuera o no rigurosamente estricto al citar al Jefe Seattle, más allá de las posibles adiciones que se hayan podido incorporar a la carta (la ha citado incluso Joseph Campbell), el documento es una bella propuesta. Y si mantiene el espíritu de la comunicación originaria, eso es lo que ha de importarnos. Nadie tiene por qué creer que La Odisea de Homero fue dictada por éste y pensar que los relatores no le agregaran nuevos pasajes y, sobre todo, belleza a la fábula original en el correr de los siglos. Como dijera alguna vez Nietzsche, Homero son todos los hombres...
Salud! 
lacl

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Carta del Gran Jefe Seattle, de la tribu de los Swamish, a Franklin Pierce Presidente de los Estados Unidos de América.

En 1854, el Presidente de los Estados Unidos de América, Franklin Pierce, hizo una oferta por una gran extensión de tierras en el noreste de los Estados Unidos, en la que vivían los indios Swaminsh, ofreciendo en contrapartida crear de una reserva para el pueblo indígena. La respuesta del Jefe indio Seattle, que trascribimos a continuación, ha sido considerada, a través del tiempo como uno de los más bellos y profundos manifiestos a favor de la defensa del medio ambiente.

El Gran Jefe de Washington envió palabra de que desea comprar nuestra tierra. El Gran Jefe nos envía también palabras de amistad y buena voluntad. Apreciamos mucho esta delicadeza porque sabemos la poca falta que le hace nuestra amistad. Vamos a considerar su oferta, pues sabemos que, de no hacerlo, el hombre blanco vendrá con sus armas de fuego y tomara nuestras tierras. El Gran Jefe de Washington puede confiar en la palabra del Gran Jefe Seattle, con la misma certeza que confía en el retorno de las estaciones. Mis palabras son inmutables
como las estrellas del firmamento.

¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra?, esta idea nos parece extraña. Si no somos dueños de la frescura del aire, ni del brillo del agua, ¿Cómo podrán ustedes comprarlos?

Cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi pueblo, cada aguja brillante de pino, cada grano de arena de las riberas de los ríos, cada gota de rocío entre las sombras de los bosques, cada claro en la arboleda y el zumbido de cada insecto son sagrados en la memoria y tradiciones de mi pueblo. La savia que recorre el cuerpo de los árboles lleva consigo los recuerdos del hombre piel roja.

Los muertos del hombre blanco olvidan la tierra donde nacieron cuando emprenden su paseo por entre las estrellas, en cambio nuestros muertos, nunca pueden olvidar esta bondadosa tierra, pues ella es la madre del hombre piel roja. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas, el venado, el caballo, el gran águila, todos son nuestros hermanos. Las escarpadas montañas, los húmedos prados, el calor de la piel del potro y el hombre, todos pertenecemos a la misma familia.

Por esto, cuando el Gran Jefe Blanco de Washington manda decir que desea comprar nuestra tierra, pide mucho de nosotros. El Gran Jefe Blanco nos dice que nos reservará un lugar donde podamos vivir cómodamente. El se convertirá en nuestro padre y nosotros en sus hijos.

Por lo tanto, nosotros vamos a considerar su oferta de comprar nuestra tierra. Pero eso no es fácil, ya que esta tierra es sagrada para nosotros. Esta agua cristalina que escurre por los riachuelos y corre por los ríos no es solamente agua, sino también la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos la tierra, ustedes deberán recordar que ella es sagrada, y deberán enseñar a sus hijos que ella es sagrada y que los reflejos misteriosos sobre las aguas claras de los lagos hablan de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo del agua de los ríos es la voz del padre de mi padre. Los ríos son nuestros hermanos, ellos calman nuestra sed. Los ríos llevan a nuestras canoas y nos dan peces para alimentan a nuestros hijos. Si les vendemos nuestras tierras, ustedes deberán recordar y enseñar a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos y también los suyos, y por tanto deberéis tratar a los ríos con la misma dulzura con que se trata a un hermano. Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestro modo de vida.

Tanto le importa un trozo de nuestra tierra como otro cualquiera, pues es un extraño que llega en la noche a arrancar de la tierra aquello que necesita. La tierra no es su hermana, sino su enemiga y una vez conquistada la abandona, y prosigue su camino dejando atrás la tumba de sus padres sin importarle nada. Roba a la tierra aquello que pertenece a sus hijos y no le importa nada. Tanto la tumba de sus padres como los derechos de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, la tierra y a su hermano, el cielo, como cosas que se pueden comprar, saquear y vender, como si fuesen corderos o collares que intercambian por otros objetos. Su hambre insaciable devorará todo lo que hay en la tierra y detrás suyo dejaran tan sólo un desierto.

Yo no entiendo, nuestro modo de vida es muy diferente al de ustedes. La sola vista de sus ciudades apena los ojos del piel roja. Tal vez sea por que el hombre piel roja es un salvaje y no comprende nada. No  existe un lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco, ni hay sitio donde escuchar como se abren las flores de los árboles en primavera, o el movimiento de las alas de un insecto. Pero quizás también esto se deba a que soy un salvaje que no comprende bien las cosas. El ruido de las ciudades parece insultar los oídos. Y yo me pregunto, ¿ qué tipo de vida tiene el hombre si no puede escuchar el canto solitario del chotacabras, ni las discusiones nocturnas de las ranas al borde de un lago?. Soy un piel roja y nada entiendo. Nosotros preferimos el suave susurro del viento sobre la superficie del lago, así como el olor de ese mismo viento purificado por la lluvia del mediodía, o perfumado por la fragancia de los pinos.

El aire es algo precioso para el piel roja, ya que todos los seres comparten el mismo aliento, el animal, el árbol, el hombre, todos respiramos el mismo aire. El hombre blanco no siente el aire que respira, como un moribundo que agoniza durante muchos días es insensible al hedor. Si les vendemos nuestras tierras deben recordar que el aire es precioso para nosotros, que el aire comparte su espíritu con la vida que sostiene. El viento que dio a nuestros antepasados el primer soplo de vida, también recibió de ellos su último suspiro. Si les vendemos nuestras tierras, ustedes deberán conservarlas sagradas, como un lugar en donde hasta el hombre blanco pueda saborear el viento perfumado por las flores de las praderas.

Queremos considerar su oferta de comprar nuestras tierras. Si decidimos aceptarla, yo pondré una condición: el hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos. Soy un salvaje y no comprendo otro modo de vida. He visto miles de búfalos pudriéndose en las praderas, abandonados allí por el hombre blanco que les disparo desde el caballo de hierro sin ni tan solo pararlo. Yo soy un salvaje y no comprendo como el humeante caballo de hierro pueda importar más que el búfalo al que nosotros sólo matamos para poder vivir. ¿Qué sería del hombre sin los animales? Si todos los animales fuesen exterminados, el hombre también perecería de una gran soledad de espíritu, pues lo que ocurra a los animales pronto habrá de ocurrirle también al hombre. Todas las cosas están relacionadas entre sí.

Deben de enseñarle a sus hijos que el suelo que pisan son las cenizas de nuestros antepasados. Digan a sus hijos que la tierra está enriquecida con las vidas de nuestro pueblo, a fin de que sepan respetarla.

Es necesario que enseñen a sus hijos, lo que nuestros hijos ya saben, que la tierra es nuestra madre. Todo lo que ocurra a la tierra, le ocurrirá también a los hijos de la tierra. Cuando los hombres escupen en el suelo, se están escupiendo así mismos. Esto es lo que sabemos: la tierra no pertenece al hombre, es el hombre el que pertenece a la tierra. Esto es lo que sabemos: todas las cosas están ligadas como la sangre que une a una familia. El sufrimiento de la tierra se convertirá en sufrimiento para los hijos de la tierra. El hombre no ha tejido la red que es la vida, solo es un hilo más de la trama. Lo que hace con la trama se lo está haciendo a sí mismo.

Nuestros hijos han visto cómo sus padres eran humillados mientras defendían su tierra. Nuestros guerreros han sentido vergüenza, y ahora pasan sus días ociosos, mientras contaminan sus cuerpos con comida dulce y agua de fuego. Importa poco donde pasaremos el resto de nuestros días, no son demasiados. Unas pocas horas, unos pocos inviernos y ninguno de los descendientes de las grandes tribus que alguna vez vivieron sobre esta Tierra, estarán aquí para lamentarse sobre las tumbas de una gente que un día tuvo poder y esperanza. Ni siquiera el hombre blanco, cuyo Dios pasea y habla con él de amigo a amigo, quedará exento del destino común. Quizás seamos hermanos a pesar de todo, ya se verá algún día. Sabemos una cosa que quizás el hombre blanco tal vez descubra algún día, el Dios nuestro y el de ustedes es el mismo Dios. Ustedes creen que Dios les pertenece, de la misma manera que desean que nuestras tierras les pertenezcan, pero no es así. Él es el Dios de todos los hombres y su compasión se extiende por igual entre los pieles rojas y los caras pálidas.

Esta tierra es preciosa, y despreciarla es despreciar a su Creador y se provocaría su irá. También los blancos se extinguirán, quizás antes que todas las otras tribus. Contaminan sus lechos y una noche perecerán ahogados en sus propios desechos. Ustedes caminan hacia su destrucción rodeados de gloria, inspirados por la fuerza del Dios que los trajo a esta tierra y que por algún designio especial les dio dominio sobre ella y sobre el piel roja. Ese destino es un misterio para nosotros, pues no entendemos porqué se exterminan los búfalos, se doman los caballos salvajes, se impregnan los rincones secretos de los densos bosques con el olor de tantos hombres y se obstruye la visión del paisaje de las verdes colinas con un enjambre de alambres de hablar.

¿Dónde está el matorral? Destruido
¿Dónde está el águila? Desapareció

Es el final de la vida y el inicio de la supervivencia.




Edward S. Curtis








sábado, 2 de noviembre de 2019

Luz y sombra / El adiós / Noche y día. Ángel tras la oscuridad / Un género mayor / (dos de la tarde de un caluroso dos de mayo en la ciudad...) / George Harrison - Isn`t It A Pity (versions 1 & 2) / Isn't it a Pity - Nina Simone / My sweet lord, billy preston and eric clapton





Seguimos con luz y sombra como asunto...
Salud!
lacl


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Ayer, un mínimo gesto me hizo sentir como el pecador inmaculado que, secretamente, atisba en la sombra de nuestro discurrir.

lacl

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El adiós

(una hoja suelta encontrada en uno de los asientos del metro)

Ella no pudo ocultar su expresión del semblante, la que me decía, sin palabras, pero de la manera más convincente, lo tonto e iluso de mi condición por haberle asegurado que opto por las tenues luces de estrellas y luciérnagas antes que por las cegadoras luces de nuestras ciudades, de nuestro flamante ahora…
En ese momento, se selló la bifurcación de nuestros caminos.


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La imagen en negro es una foto tomada sin ningún tipo de ayuda y sin exposición para que entrara mayor luz en el lente. Ante la oscuridad, el ojo de la cámara no capta, a simple vista, los matices que titilan en el fondo. Pero al tratar la imagen captada, en la primera intervención aparece una silueta cercana al único lucero que despunta, arriba y a la derecha. Luego, al aclarar un tanto más la imagen, la silueta se asemeja a un ángel en el zenit de la estampa...
Debajo agregamos algunas claridades que no dejan de ser asombrosas, cuando lo que verdaderamente priva en la inmensidad del cosmos ha de ser la oscuridad…








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Un género mayor

Género mayor es verdaderamente la amistad, esa red de celestes bambalinas que a veces avizoramos en entresueños, al semi-cerrar o semi-abrir los parpados; y contemplamos atónitos el milagro de la noche, más allá de techos y muros, más allá de cortinajes y enramadas, y uno se figura que cada lucero es un alma y que cada alma tiene un nombre y que cada nombre es un ser humano que se ha elevado del suelo. Y se dice uno que es posible, que podemos ser concierto, que nuestra tribu no es un fiasco, que podemos tender la red como se tienden las luces en el cielo. 

Esto es algo que soñaba recurrentemente en mi infancia y quiero compartirlo esta noche, luego de larga jornada, porque si no podemos alcanzar una razón iluminada al intentar tender los puentes entre iguales, pues que sean aquellos sueños de niño los que hablen por nosotros, que sean aquellos alegatos del mirar primigenio -que no transigen con las razonados decálogos de un mundo aherrojado por la humana mano- los que vengan a dar la cara y a proponer un habla…

(lacl, 26 de Junio, 2019, extracto de una misiva…)

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(dos de la tarde de un caluroso
dos de mayo en la ciudad,
en un restaurante solitario…)




George Harrison - Isn`t It A Pity 

(versions 1 & 2)


 Isn't it a Pity - Nina Simone


My sweet lord, billy preston, eric clapton and friends