lunes, 22 de septiembre de 2014

Una voraz inadvertencia... Una canción




u

                                                                             (Una canción)


Una duda de amor
es una duda de vida.
Y es una rosa negra
prendida en el ojal
de una canción perdida.

Ella se canta a sí misma
entre los rizos de una insondable
y palpable cabellera
que el viento peina cada vez
que acaricia las aguas
de los mares y los ríos,
las enramadas solitarias,
las faldas de una mujer absorta
que espera un autobús,
o la voraz inadvertencia
que mira por nosotros.


Una duda de amor
es una duda de vida.
Y es una rosa negra
prendida en el ojal
de una canción perdida.

Ella se canta a sí misma
entre los rizos de una insondable
y palpable cabellera
que el viento peina cada vez
que acaricia las aguas
de los mares y los ríos,
las enramadas solitarias,
las faldas de una mujer absorta
que espera un autobús,
o la voraz inadvertencia
que mira por nosotros
.
(Cuadernario, Común Presencia editores, Coleccion Los Conjurados,Bogotá 2007)
El cuadro es de Modigliani y las fotos de Cartier-Bresson.







jueves, 11 de septiembre de 2014

Otras contracorrientes, sentencias en incertidumbre…





Otras contracorrientes, sentencias en incertidumbre

Hay autores que se transforman en inquisidores de su propio decir… Si alguien les comenta algo, como por ejemplo, “esto que ha escrito tan bellamente me recuerda lo que dijera mi bisabuelo o un hermoso pasaje que leyera en una vieja tabla persa”, responden: “¡pues no! Esto no tiene nada que ver con persas ni con abuelos. Esto es absolutamente de mi autoría… Y me parece que usted intenta sugerir con sus palabras que algo hay oscuro en mi obra.” 

Y yo no entiendo que les mortifique el hecho de que un lector halle claves que enlazan voces ancestrales a las suyas. Lo que, en mi humilde opinión, debería alegrarles, les martiriza. Uno, lo digo con la más descarnada sinceridad, jamás debería enamorarse de aquellas cosas que ha escrito, por la sencilla razón de que nada es de uno. Hay que dejar de creer que es uno el que escribe. Uno es un instrumento del cielo, cuando mucho. Un recipiente, un testigo, un auditor. 

Y pienso que se agrega otra razón sencilla, pero de suficiente peso como para que todo autor intente deslastrarse de los fuegos fatuos de ese desmedido amor por la cosa propia: y es la razón sencilla de que ya prácticamente todo está dicho. Lo que hay son nuevas o diversas formas de decirlo.

(11 de Septiembre, 2014, amanecer... Reparo en la aciaga fecha luego de estamparla en el papel…)

Debajo, imagen de un manuscrito del Tao Te Ching, poema sapiencial que bien ensenha a no enamorarse de fuegos fatuos.



domingo, 7 de septiembre de 2014

Plenitud de derecho para un vocablo inexistente




A Héctor Berenguer 

Hace meses me viene rondando una palabra inexistente (aunque ella hizo irrupción en el silencioso pensamiento de mi niñez). 

Es contristura. 

Y no existe porque lo que tenemos es el verbo contristar, no un sujeto que enunciemos como "contristura". Tenemos “contristado”, pero nada que ver con los desasosiegos del alma que se me arrimaban más a un término que nunca supe de dónde vino, el referido “contristura”. Sin embargo siento plenitud de derecho en ese vocablo inexistente para el vulgo, pero muy vívido para un servidor. Y presiento que esa voz tiene derecho a respirar por el mero hecho de que el verbo contristar se ha transformado en una cosa, en un objeto, o mejor, en un estado de las cosas que navegan en el alma. Y aunque tal verbo es de poco uso hoy en día, no es palabra arcaica. Puede muy bien usarse, de sol a sol y en cualquier contexto, para significar los reveses que el ser humano acarrea sobre su propia humanidad. 

Yo tengo ese verbo muy presente gracias (una vez más) al buen hablar de mi padre, que entonaba unas palabras que yo no le escuchaba a nadie más, a no ser -muy esporádicamente- en alguna persona mayor, como lo fueran mi tíos Rafael Melo, Martín Matos, Antonio Lauro u Oscar Loynaz o algún viejo amigo suyo, como el poeta José Parra, entre otros. La otra alternativa se me presentaba al encontrar la extraña palabra en algún texto… Y entonces me decía: estaba en lo cierto mi padre, esa palabra anónima e inaudita para mis oídos, ya vivía antes de que yo se la escuchara en esas hermosas piezas de oratoria que eran sus salutaciones. 

Tengo un hermano celeste que siempre me ha dicho: “Yo no he conocido a nadie que brindara más y por cualquier razón que tu papá”... Y acaso ésa sea la causa de que yo siempre cierre mis esquelas con un agradecido ¡Salud!  Es gracias a Luis Amado. 

Hace pocos días, esto último que he dicho se vio refrendado en las palabras de una querida amiga de la infancia que nos encontramos en la calle. Ella me dijo: “Tu papá sí hablaba bonito. Siempre recuerdo esos momentos en que tomaba la palabra. Es que sus palabras le daban cauce a la emoción…” Y ese recuerdo suyo, esa manera de plasmarlo en una frase, me colmó de iluminación… Un abrazo para Marisol, por el tiempo recobrado. 

Y vuelvo, pues, a cerrar con una simple y desnuda palabra: ¡salud!

(esta tarde, al llegar a casa, 05 de Septiembre de 2014)





Galería de la vieja guardia...

Fotos: Mi padre, Luis Amado Contreras Quintero, el gran conversador. Marianella, mi hermana, primero con mi tío Rafael Melo, poeta, bohemio, librepensador y con mi tío Oscar Loynaz Sucre, acucioso escudriñador de la historia. Un abuelo de la cuadra: el poeta Jose Parra, gran conocedor de la cábala y alquimia. El sobre de una carta del tío Martín Matos Arreaza a mi tía María Luisa Contreras de Lauro. Y el tío Antonio Lauro disponiéndose a tocar con Natalia y Leonardo.

sábado, 6 de septiembre de 2014

Para Luis Camilo Guevara, in vino veritas.



Más nunca nos pudimos volver a ver... Fuimos vecinos en El Bosque y muy sabrosas fueron nuestras conversas. Me preciaba de ser uno de los pocos en tener uno de los originales de sus "Festejos y sacrificios" y cuando fuimos a la casa para celebrarlo (mi inconfesada intención era leerle en voz alta algunos de sus versos), nos dimos cuenta de que un amigo de lo ajeno ya lo había hecho suyo...
Que su nave parta con auspicioso céfiro en su navegación de retorno a los orígenes...


Para Luis Camilo, in vino veritas.


Sueño que el sueño sopla delicias dispersas,
agitando las límpidas telas de un fugaz pensamiento
Mi cuerpo se arrulla sobre incansables preguntas
tendidas bajo una lluvia incansable de imágenes
El tiempo me lee su música
en una rosa de sol
Es una rosa de aguas dulces,
es una nave vagando en celo
sobre un disco azul
Una mujer canta...
...el poeta podría ser el mar,
la visión del vago misterio,
podría ser el vivo cadáver de la primavera,
si los azares de un trabajado mundo
no lo consumieran en lances infructuosos
Después reza una niña...
...ningún canto es ya verano
...si la piel grita silencios
...y los huesos no extrañan el misterio
de los cantos que se desangran
al tímido roce de un sueño
que el sueño sopla



(Cuadernario, Común Presencia Editores, Colección Los Conjurados, Bogotá, 2007)

Fotos de
Enrique Hernández D' Jesús