lunes, 29 de octubre de 2007

Letras contra Letras. Rainier Maria Rilke, Der Panther y algunos poemas de El libro de Horas.

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Letras contra Letras. Rainier Maria Rilke, Der Panther y algunos poemas de El libro de Horas.
Der Panther, La pantera (Nuevos Poemas) es, a pesar de su brevedad, uno de los poemas más intensos de todos los que yo haya tenido la fortuna de leer y decantar. Es tal la fuerza y la sutileza que traslucen sus palabras, teñidas de veracidad, que supera, incluso con cierta facilidad, las dificultades de toda traducción. Es asombroso constatar que un poeta que me luce tan distante de la cursilería haya sido tratado con tantas dosis de ella por quienes pretenden rendirle un homenaje. Tan sólo he logrado conseguir, en you tube, un par de trabajos decentes en los que se reproduce el texto de La Pantera en su idioma original y sin voz (las versiones “leídas” que conseguí me resultaron francamente empalagosas), las cuales reproduzco más abajo. Añado, además, algunas versiones del poema (incluyendo la literal de Esteban Lobos, autor de uno de los videos aludidos), algunas más felices que otras, para que puedan ustedes juzgar por sí mismos. Luego agrego una versión de mi autoría, que más que todo es una matización de las versiones recogidas y cuya única virtud reside en poder contar con esos intentos anteriores. Una conmovedora lectura del poema, en inglés, al menos así me lo pareció en su momento, es la que Robin Williams despliega en el film Despertares (Awakenings), co-protagonizado por Robert DeNiro.

En cuanto a los poemas de El libro de Horas, debo expresar mi agradecimiento a la profesora Yolanda Steffens, el haber entrado en su conocimiento, libro que ella tradujo y el cual fue publicado a finales de los ochenta en los talleres de la Imprenta Universitaria de la Universidad Central de Venezuela. La traducción contó, además, con la asesoría de la profesora Lieselotte Zettler de Vareschi, conocedora de la obra de Rilke, y del poeta y (para la época) profesor universitario Rafael Cadenas. Es un trabajo excelente, por mucho que la profesora Steffens abra su nota advirtiendo que “…no hay traducción perfecta (sobre todo del alemán), y que traducir es traicionar como ya se ha dicho en italiano en un juego de palabras: traduttore = traddittore…” Fui su alumno por dos semestres, pero una vasta desazón me hizo alejarme del alemán, de la Escuela de Letras y de la Universidad por un par de años. Mas nunca perdí el rastro.

El Libro de Horas se compone de tres libros, El Libro de la Vida Monacal, El Libro del Peregrinaje y el Libro de la Pobreza y de la Muerte.

Cada vez que la mentira generalizada intenta abrirse paso en mi pecho, cada vez que el disimulo colectivo imperante desea alojarse en mi conciencia, voy de nuevo a esos poemas. Reproduzco algunos de la tercera parte del Libro de Horas, el intitulado Libro de la Pobreza y de la Muerte. De otros libros suyos, tales como los Sonetos a Orfeo y las Elegías de Duino, así como el excelente epistolario recogido en Cartas del Verano de 1926 (FCE, triángulo epistolar cruzado entre Rilke, Marina Tsvetaeva y Boris Pasternak) o las famosas Cartas a un joven poeta, no nos ocuparemos por ahora. Tal vez, más adelante.

Salud!
lacl


Der Panther – La pantera


http://www.youtube.com/watch?v=aKubn2tOLvI

Der PantherIm Jardin des Plantes, Paris

Sein Blick ist vom Vorübergehn der Stäbe
so müd geworden, dass er nichts mehr hält.
Ihm ist, als ob es tausend Stäbe gäbe
und hinter tausend Stäben keine Welt.

Der weiche Gang geschmeidig starker Schritte,
der sich im allerkleinsten Kreise dreht,
ist wie ein Tanz von Kraft um eine Mitte,
in der betäubt ein großer Wille steht.

Nur manchmal schiebt der Vorhang der Pupille
sich lautlos auf -. Dann geht ein Bild hinein,
geht durch der Glieder angespannte Stille -
und hört im Herzen auf zu sein.



1- Versión de E. M .S Danero

La Pantera

(En el jardín de plantas, París.)

Su mirada se ha fatigado tanto
al atravesar las rejas, que ya no ve.
Le parece que son mil los barrotes
y que detrás de los mil no existe mundo alguno.

La mórbida marcha de aquellos pasos
fuertes y elásticos, en pequeños círculos
se mueve, como danza de una fuerza
alrededor de un centro en el cual aturdido se yergue

un profundo deseo. Sólo a veces quita
en silencio de la pupila el velo.-
Y una imagen la penetra, a través de sus miembros tensos,
hasta extinguirse en su corazón.


2- Versión de Jaime Ferreiro Alemparte

La Pantera


(En el “Jardin Des Plantes”, París)

Su vista está cansada del desfile
de las rejas, y ya nada retiene.
Las rejas se le hacen innumerables,
y el mundo se le acaba tras las rejas.

Blando andar de flexibles fuertes pasos,
y girar en el más pequeño círculo
como danza de una fuerza por un centro,
en que su voluntad se halla aturdida.

Sólo a veces se alza mudo el telón
de sus pupilas. Luego entra una imagen,
va por la tensa calma de sus miembros
y se extingue al llegar al corazón.


3- Versión de Enrique Sordo

La Pantera


Cansada del pasar de los barrotes
su mirada ya no retiene nada.
Es igual que si hubiera otras mil rejas,
y detrás de ellas no quedara mundo.

Su blando andar de fuertes pasos ágiles,
en círculos más cortos cada vez,
es danza de una fuerza en torno a un centro
donde, aturdido, se alza un gran deseo.

Sólo, a veces, se partan las cortinas
de la pupila, sin ruido; una imagen
cruza la tensa calma de los miembros,
y allá, en su corazón, deja de ser.


4- Versión de Federico Bermúdez Cañete

La Pantera


(París, en el jardín Des Plantes)

Su vista se ha cansado tanto de ver pasar
los barrotes, que no retiene nada.
Le parece que hubiera mil barrotes
y tras los mil barrotes ningún mundo.

El suave andar, de pasos elásticos y fuertes,
que se vuelve en el más mínimo círculo,
es cual danza de fuerza en torno a un centro,
donde aturdida está una gran voluntad.

Solo a veces se aparta, sin ruido, la cortina
de la pupila… Entonces, una imagen penetra,
atraviesa la calma en tensión de los miembros…
y deja de existir dentro del corazón.


5- Versión de Esteban Lobos Dellepiane, autor del video.

La Pantera


en el Zoológico del Jardín des Plantes, París


Su mirada se ha cansado tanto de observar
el interminable desfile de barrotes ante sí,
que ya mas nada puede retener.
Para Él, es como si mil barrotes hubieren
y tras cada uno de ellos, ningún mundo.

El hábil y ligero andar de sus firmes pasos
que en torno a pequeños círculos girando van
son como una danza de fuerza alrededor de un centro
en el que aun se yergue dormida una enorme voluntad.

Solamente a veces silenciosamente desplaza
los cortinajes que ocultan sus pupilas;
cruzando hacia su interior una imagen,
que a través de la tensa quietud de sus miembros se desliza,
para caer en su corazón, desvanecerse y morir.


6- Versión–matización de este servidor.

La Pantera


Im Jardin Des Plantes, Paris.

Su mirada, agobiada del desfile de las barras,
ya no retiene imagen alguna.
Es como si fueran miles las rejas
y detrás de ellas no hubiera ya mundo.

El tenue andar de sus pasos, elásticos
y fuertes, gira en pequeños círculos,
como danza de un ímpetu en torno a un centro
en el que, aturdido, se yergue un brío insondable.

Sólo a veces se descorre el velo
de sus pupilas, en silencio,
y una imagen sube por sus tirantes miembros,
hasta extinguirse en su corazón.
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(Nota del 17 de Septiembre de 2015: he encontrado la lectura que mencionaba en el introito)
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https://www.youtube.com/watch?v=T5xuzSjl8eU
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EL LIBRO DE HORAS

Del Libro de la Pobreza y de la Muerte

Porque, señor, las grandes ciudades
están perdidas y disueltas;
una huída antes llamas parece las más grande,
y no hay consuelo que las consuele
y su corto tiempo se escurre.

Allí viven humanos, viven mal y difícilmente
en cuartos hondos con gestos angustiosos,
más atemorizados que un rebaño
y afuera, tu tierra respira despierta,
mas ellos existen y ya no lo recuerdan.

Allí crecen los niños en alféizares
que siempre se quedan en la misma sombra,
y no saben que afuera llaman flores
para un día pleno de espacio, dicha y viento,
y tienen que ser niños y son niños tristemente.

Allí se abren doncellas como flores a lo desconocido,
y añoran la paz de su infancia;
pero no existe aquello por lo cual ardían,
y temblorosas se vuelven a cerrar.
Y en ocultos cuartos de trastienda
pasan sus días de maternidad desilusionada,
los gemidos abúlicos de las largas noches,
y años fríos sin lucha ni fuerza.
Y en completa oscuridad están los lechos mortuorios
y poco a poco van añorándolos,
y mueren lentamente; mueren como encadenadas
y se apagan como mendigas.

* * *

(Rainer Maria Rilke - Esperienza della morte) 

En vista de que los videos que pusimos originalmente fueron, desafortunadamente, dados de baja, colocamos otro con la misma banda sonora...

https://www.youtube.com/watch?v=KiLnFo4crME
http://www.youtube.com/watch?v=B9SrhUifvW0



About This Video

testo di Rainer Maria Rilke,video prodotto da nuoviautori.org, regia Andrea Galli, musica Klaus Nomi, fotografica Adina Spire, in parte originale da un concerto di Klaus Nomi (uno dei primi artisti vittima del virus HIV).



* * *


Allí viven humanos, blanca y pálidamente florecidos,
y mueren del mundo difícil, asombrados.
Y nadie ve la muerte abierta
en que se deforma la sonrisa de una delicada raza
en noches sin nombre.

Andan por ahí, degradados por el esfuerzo
de servir sin valentía a cosas sin sentido,
y sus vestidos se marchitan sobre ellos
y sus bellas manos envejecen temprano.

La multitud presiona y no piensa en ser indulgente
a pesar de ser indecisos y débiles,-
sólo perros esquivos, sin morada,
los siguen silenciosos durante un rato.

Ellos están entregados a cien torturadores
que les gritan cada vez que dan la hora,
circulan solitarios alrededor de hospitales,
y esperan angustiosos el día de su ingreso.

Allá está la muerte. No aquella cuyos saludos
los había rozado extrañamente en la infancia,
sino la pequeña muerte, como se la entiende ahí;
la suya propia cuelga verde y sin dulzor
en ellos como una fruta que no madura.

* * *

(estoy trascribiendo otros poemas, espero poder subirlos pronto)




A la derecha de la foto, Lou Andreas Salomé y Rilke, a la izquierda, el padre de Lou y un amigo, casa de verano de los Andreas, 1897.

viernes, 26 de octubre de 2007

Inciso en torno a Una carta desde Caracas, pequeña Venecia…



Inciso en torno a Una carta desde Caracas, pequeña Venecia…

La crónica que verán más abajo fue escrita en la madrugada del 25 de Octubre. No tenía en mente el publicarla en este blog. En la tarde del mismo día le di una revisión y algunos retoques con el fin de enviarla a algunas revistas virtuales de Colombia, Argentina, Canadá y Venezuela, que no sé si van a publicar. Puntualizo: no persigo afán alguno de exportar las medianías del venezolano; medianías que, a primera vista, lucen como el producto de una crisis político-social, cuando son, preponderantemente, el residuo de una bancarrota ético-espiritual. Lo que me ha animado a difundir lo que acá sucede (y mi opinión al respecto) es mi presunción de que el nuestro es un mal que aqueja a muchos otros pueblos del mundo, aunque en muchos de ellos no se haya llegado a un grado tan agudo y crítico como el que se ha alcanzado aquí. Venezuela es una olla de presión a fuego medio y permanente.

Ante tal hervor, algunos ciudadanos se han sentido responsables por el riesgo que implica un estallido social que, como todo acto de violencia, no habrá de sustentarse sobre bases razonables; mas no han conseguido la forma de abrir una válvula de escape que evite una explosión que promete ser apoteósica. Acaso sean insuficientes las voces de quienes tratan de alertar a nuestros congéneres del peligro que implica el forcejear a las orillas de un risco, tal como lo viene haciendo una parte del colectivo nacional, en su papel de actores de reparto de una comedia en la que a los actores principales se les subió el humo a la cabeza. Acaso las voces de quienes quieren evitar una hecatombe están siendo desoídas o tomadas por el grueso de la nación como unas plañideras exclamaciones de Casandra, aquella adivinadora cuya desgracia consistía en que, pudiendo ver el futuro, al predecirlo no conseguía que nadie le creyera; su más grave videncia fue la de anticipar la caída y destrucción de la ciudad de Troya.

En contraparte, quienes profesan la violencia, los apasionados de la desdicha, al decir de Cioran, no hallan la hora de que reviente el volcán, llevándose a propios y extraños. ¿Por qué escribo esto? ¿Qué me mueve a incluir este blog entre los destinatarios de la misiva? Que durante la noche del 25, al ver los noticieros, no salía yo de mi asombro, ante las manifestaciones de violencia, intolerancia y perversidad que ejercieron algunos estudiantes del Instituto Pedagógico, adeptos al gobierno, en un foro sobre la reforma constitucional que se pretendía llevar a cabo con la presencia, entre otros, del veterano y avezado Pompeyo Márquez (una de las pocas voces sensatas que quedan en el país) y el estudiante Jon Goicoechea, una de las pocas voces que claman por el libre albedrío como un derecho irrenunciable de todo individuo. Los falangistas de gobierno no se quedaron tranquilos hasta que lograron consumar su planificado acto de sabotaje, amén de romperle la nariz a Goicoechea. Pero nunca creí que vería algo como lo que vi luego: el gesto más detestable y rastrero del que tenga yo conciencia, aquel que fungió un joven de psique derrotada en su papel de falangista, el que babosa y desconsideradamente casi rozaba con su rostro el rostro de Pompeyo Márquez, mientras le recitaba estos sonsonetes: “agente de la CÍA, agente de la CÍA, agente de la CÍA…” y luego: “Intolerante! Intolerante! Intolerante!” Si ese joven desconoce la trayectoria de Pompeyo, eso ya sería una vergüenza, pero si la conoce, entonces, lo que es, es una perversidad. Así pues, me veo en la forzosa necesidad de abrirle paso a la carta que, inicialmente, no tenía como encargo la de ser depositada en el buzón de esta posada. Agrego la carta y una copia scanner de la foto a que se hace referencia. El resto de las fotos son obra de los reporteros de El Universal.

Salud!
lacl
¿Revolución o re-involución? Carta desde Caracas, pequeña Venecia…

Fuera de mi país hay mucha desinformación con respecto a lo que aquí sucede. El maniqueísmo, hoy imperante en buena parte del globo terráqueo, está acabando con los lienzos de la vestimenta cultural del venezolano, ya de por sí, bastante mancillada a lo largo de centurias por la proliferación de caudillos de todo cuño, bien secundados por unos siempre puntuales doctores de levita con bolsillos de tahúr. Son en el fondo, los mismos vende-suelos de siempre, quienes medran y ascienden reptantes por las volutas del poder. Aun cuando el demagogo de la hora se disfrace de omnipresente demiurgo, de justiciero pater famili o de Santo Quijote desprendido, no logrará lavar el cerebro y, menos, el corazón de quienes sólo tienen que abrir ojos y prestar oídos para percatarse de que tienen ante sí a un títere al servicio de una mollera quebrantada. Con teteros de fanatismo no se llegará nunca a buen puerto.

Cuando yo era un muchacho padecí el hegeliano mal de sacrificar idealmente a la parte por el todo, esto es, al individuo por la masa: como si la mano derecha no fuera parte del mismo cuerpo del que lo es la mano izquierda. Marx y Engels fueron víctimas de excepción de tal padecimiento. Abogaba yo, con toda la malsana candidez de que puede engalanarse un imberbe, por un mundo más humano, en el que se diera predominancia a las tesis políticas de izquierda, sin tomar en cuenta el hecho de que, para lograr tal cometido, muy probablemente tendrían que cometerse algunas injusticias.

Pero no hubo de pasar mucho tiempo para que me percatara del engaño que encarnan las figuras políticas, no importa la toga que vistan. Todos hablan de democracia, todos juran querer el bien del prójimo, pero tóquele usted a cualquiera de estos bellos ejemplares ese sagrado recinto en el que compilan sus emolumentos y verá usted a la verdadera bestia que alienta bajo la sotana. Todos predican el amor, todos la bienaventuranza, todos elevan rezos en pro de la igualdad entre los hombres, mas ninguno duda en llevar a las mazmorras a quienes, a su juicio, han mantenido una actitud equivocada con respecto a su benefactor mensaje de esperanza. Pobres, a veces, se ven forzados a aplicar la mano dura, en bien de sus hijos. Hay sotanas cristianas y hay sotanas marxianas. Y digo esto sin entrar a tocar a fondo el tema de aquellos que son esclavos de sus propias manías, pues son los más dispuestos a derribar su casa con tal de acabar con los mosquitos.

Yo lamento que al día de hoy (y me importa un comino el nuevo milenio) millares de personas estén deseosas de dejar la piel en las aceras con tal de defender algún extremismo, pues ningún extremismo deja de ser una mentira. Y porque la mentira es la única verdad que identifica a esos políticos de oficio que suelen ser, innegablemente, los más avezados extremistas. Lo siento mucho por mis politizados amigos, sean de izquierdas o de derechas. Para mí son brazos de un mismo cuerpo. Y el corazón bombea sangre para ambas extremidades, sin discriminaciones.

Tengo amigos chavistas, algunos entrañables (por cierto, cuán descabellado me luce ese mote, jamás me imaginaría fundando una secta contrerista, por muy bellos ideales que se predicaran en su seno). Nunca pude convencer a uno de ellos, sempiterno defensor de Stalin y de Lenin, de que la “solución final” de Hitler y sus Nazis fue un crimen atroz. Pues según su inveterada opinión, los judíos no son sino usureros deseosos de extraer el hígado de quienes no honran sus deudas; así que no le pareció criminal que en la URSS se cultivara el antisemitismo, entre otras liberalidades. Que habrá gente mala entre los judíos, pues ¿a qué dudarlo, si hay gente de miserable corazón en cualquier rincón del mundo? Pero justificar el asesinato en masa por la hegeliana tesis de sacrificar a la parte por el todo, al individuo por la masa, no puede ser signo de otra cosa que no sea la más desparramada de las locuras. Así pues, lo siento por mi amigo, tengo que decirle que él no está menos loco que yo, que he defendido siempre la posibilidad de que el hombre no aliente nunca fe alguna en los gobiernos; que creo, con Thoreau, que el mejor gobierno es el que no gobierna nada; que he afirmado que los políticos son una plaga y los primeros para quienes debería crearse un sistema policial de vigilancia continua, pues no pueden quedarse solos durante tres segundos y medio sin que, de inmediato, pergeñen la tesis de una próxima canallada. Máxime si consiguen unos cuantos compañeros de marras. 
















Deseo refrendar, con una imagen fotográfica, lo dicho en ocasión de las manifestaciones estudiantiles acaecidas entre Mayo y Junio de este año*. Se trata de una expresiva imagen captada por Nicola Rocco (enmienda al texto: el viernes 02 de Noviembre, he recibido una nota de Nicola Roco, advirtiendo que la foto es obra de su amigo Marcel Cifuentes, dando pie a una interesante conversa digital) para El Universal, durante la marcha de los estudiantes universitarios a la Asamblea Nacional del día 23/10/07, en reclamo al golpe constitucional que se fragua a la vista de todos. La gráfica muestra a una señora que porta una pancarta. A su lado se encuentra un agitado joven que abuchea al estudiantado. Nótese el ex abrupto de las palabras plasmadas en el cartel: “Hijos de inmigrantes de mierda / fuera de la patria de Bolívar / Sus malditas raíces están en Europa / Basuras son”. No sé por qué tengo la impresión de que esa pancarta va dirigida, entre otros, al líder estudiantil Jon Goicoechea, pues evidente es el ascendente vasco de su apellido. Es realmente lastimoso el presenciar escenas como ésta en nuestras calles, pues el pueblo venezolano es corolario del cruce de múltiples razas. Y si nos acogiéramos a los manipulados lemas de los extremismos, todos los venezolanos tendríamos que profesar la expatriación de los restos de Bolívar al país Vasco. Un último gesto de nuestro drama histórico que estaría por cumplirse.

Luis Alejandro Contreras

* Vientos auspiciosos, publicado en www.elmeollo.net, el 03/07/07 y en el blog www.letrascontraletras.blogspot.com, el 17/07/07).


martes, 9 de octubre de 2007

Informe del desapego


























Hoy una amiga me pregunta a qué se debe mi impuntualidad o, si se quiere, mi desapego por dejar mis huellas en esta posada, tal como estilé hacer al inicio de esta bitácora. La razón es muy sencilla. El desasosiego que acogota a este país y a sus gentes es sumamente pesado y contagioso. No es que no haya ánimo en mi espíritu o aliento en mis pulmones. Se trata de una especie de calma chicha que lejos de sobresaltar los ímpetus de vida, lo que engendra es cierta laxitud o condición de taciturnidad, difícil de digerir para cualquiera que sienta un sincero amor por este suelo y su desatendido fulgor tropical. Es como si se hubiese condensado en el aire un mosto desaborido y muy grueso de tragar o respirar para todo aquel que haya sentido algún apego por una lamentablemente extraviada idiosincrasia del venezolano; algo que, ayer no más, lucía ser prenda de buena parte de la población, del ciudadano de a pie que nuestros viejos tildaban como “hombres de bien”: ese arte nuestro para el pacto amistoso que nada tuvo que ver jamás con componendas de ningún tipo (sin dejar de reconocer que, como nación, en múltiples episodios de nuestra historia nos vimos forzados a disimular las dañosas e inevitables excepciones).

Hace algunos días he reproducido un ensayito sobre la magistral Línea de sombra de Jospeh Conrad. Hay libros correcta o bellamente escritos cuya lectura se agradece. Y hay otros que, amén de cumplir con tales condiciones, toman el lugar de piedra miliar en el camino de una vida. Dejan huellas indelebles en algunos lectores. Para este servidor, más allá de las innegables virtudes formales de una narración como La línea de sombra, la verdadera virtud de esta breve pero intensa glosa que aborda el tema de la iniciación, supone un compañero de lances y un motivador del pensamiento que se busca. Y se me figura que una buena porción de la informe masa de gentes que componen ese fingimiento de nación que unos defienden como República Bolivariana de Venezuela y otros como simplemente Venezuela, aunque no sin dejos de altanería de parte y parte, está cruzando su propia línea de sombra desde hace algunos años. No es mi pretensión el aventurarme a determinar cuándo empezó ese estado de trance que implica el cruce de la frontera que conlleva todo proceso de iniciación o el paso por una angosta vereda en un risco; senda que nadie sabe adónde nos conducirá como colectivo. Acaso venga a cuento el leer (o releer) En la prisión, el memorial de Francisco de Miranda a la Real Audiencia de Caracas, escrito en la mazmorra a que fue confinado por fuerza de la traición. Fue el texto inaugural de este blog (en julio de 2007). Invito de corazón, a quien no haya tenido la fortuna de conocer ese legado, que por favor lo lea ahora. Ese memorial* es una enseñanza del espíritu para todo hombre que pretenda contemplarse ante el espejo sin ningún tipo de afeites. Pasa uno a ser testigo de una lucha sin cuartel eternamente repetida a lo largo de la historia y en toda latitud: la del individuo encarnado de humana razón, la del ser humano individual que se reviste de sentido común versus el statu quo de una colectividad que convenientemente pacta en su perjuicio.

Y es que hay demasiada intemperancia fluyendo por los poros. Algunos semejan ser toros de lidia acicateados por lanzas y banderillas, dispuestos a embestir todo aquello que se les atraviese. Tampoco tengo la intención, por ahora, de desarrollar mis pensamientos en torno a un paisaje secuestrado por la destemplanza y una difícilmente contenida violencia que palpita en millares de pechos. Tal vez más adelante. No está en mí la decisión. Lo aseguro.

Tan sólo escribo esta nota, un poco para refrescarme y comprenderme, otro por dejar fe de ello en la entrada de esta posada y, finalmente, porque la pregunta de la Negra Maggi me ha llevado a ello. Hace algunas madrugadas, la del 05 de octubre, escribí una glosa, pero gracias a esa desidia a que impulsan los vahos que cargan nuestros aires, me descaminé de la intención inicial. Así que ahora la agrego abajo, seguida de la Guarida de los poetas.
Hasta pronto.

lacl

* http://letrascontraletras.blogspot.com/2007/07/en-la-prisin-memorial-dirigido-por-el.html

Foto: el frasco, lacl ©

Ensayar, respirar, caminar.05 de Octubre – 2007. Amanecer
lacl


Hace algunos días un amigo me ha dicho que yo, más que poeta, lo que soy es un ensayista. Antes que molestarme, me ha contentado esa aproximación. Desde niño me acompañó siempre la impresión de que todo es circunstancial, efímero y pasajero. Que en nuestras vidas todo es conato e intento. No en balde Contracorrientes abre con aquella luminosa frase que pronunciara Armando Reverón un poco antes de su fallecimiento: todo ensayo es vivir. Voy a confesar algo: recorría yo los pasillos de la Galería de Arte Nacional con motivo de un homenaje al artista. Sus escaramuzas con el barro y la luz siempre me conmovieron y tuve la fortuna de poder contemplar su mundo desde muy temprana edad. De pronto me detengo ante una vitrina que expone material bibliográfico. Uno de ellos es un reportaje-entrevista de José Ratto-Ciarlo al pintor, luego de su última y quijotesca “salida” de la clínica y los cuidados del doctor Báez Finol (si la memoria no me falla). Cuando Ratto-Ciarlo le manifiesta su asombro al contemplar toda una multiplicidad de ensayos y bocetos pictóricos (pues es testigo de un milagro de resurrección o, si lo prefieren, de un caso de endiosamiento), Reverón le espeta con ese dardo del verbo: todo ensayo es vivir. Y aquí va la confesión: tal aseveración era una ofrenda que había estado allí, brillando en un papel ya amarillento y flotando en el aire, aguardando por mí. Abrupta, violentamente me percaté de que esa frase (¿por qué no rezo u oración?), que había sido enunciada algún tiempo antes de mi venida al mundo, se había engarzado a juguetear con las horas entre los recovecos del viento, para luego sorprenderme cabalgando sobre ese potro sin vida en el que encarnan tantas humanas vicisitudes. Salí de la galería reptante y en estado de gracia,

*I*L*U*MIN*A*D*O*,

deambulando a unos tres centímetros por encima del suelo, sin que nadie lo notase. Me perdí en mis adentros, me interné en el afuera. SILENCIO. Ni una palabra, ninguna dicción. Ni siquiera una interjección. Sólo caminar y caminar. Caminar para perderme y caminar para encontrarme en el extravío de ser, al fin, nadie. Tan solo un vivir caminante.

En experiencias tan particulares o personales como la que acabo de narrar yace, creo, el germen de toda poesía. Y si la poesía ha de ser enfermedad, entonces, declaro mi contagio. Y yo, un ser tan lingüístico, detesto a los poetas lingüísticos. Aclaro: detesto a los que lo son adrede. Los que se olvidan de la comunión con el afuera, los que se olvidan del ritmo silencioso de las caravanas de hormigas, los que no se permiten sumergirse en el olvido de sí mismos y menos aún consienten recordarse; los que se niegan o se anulan en pos del virtuosismo palabrérico. Los hay y muchos.

La poesía es un estado de iluminación, no una pleamar de yoes mostrando sus imaginarios títulos, sus certificadas horas de vuelo. Parafraseando a nuestro querido Reverón -y con su venia- voy a decir que toda vida es ensayo, acercamiento, vacilación, tanteo, reconocimiento, rodeo y comunión. La poesía es un encuentro místico del que nuestros diurnos procesos de dilucidación nada saben.

Y le doy gracias a mi amigo por haberme acicateado con su aserto, pues me da ocasión para merodear sobre el tema, porque para mí toda la vida ha sido un preguntarme y repreguntarme qué sentido tiene el que me conceptúe como poeta -o como cualquier otra cosa-, siguiendo esa vacua costumbre tan del gusto de las mayorías. Toda mi vida ha sido un danzar o un pespuntear sobre la prerrogativa que los seres humanos nos tomamos para calificarnos de esto o de aquello. Y, peor aún, de un buen “esto” o un mejor “aquello”. ¿Es que nacimos con ese derecho? Me parece que solemos ser extremadamente ligeros al respecto.

Así, mis días han transcurrido entre una negación y una aseveración (pero, ¿qué vida no lo hace? el asunto quizás sea ¿qué vida lo reconoce?); y han devenido, también, sobre una constante dubitación de mi alma, un inquirir en torno a mi presencia en este insólito recinto que llamamos mundo, en tanto que contempla una contienda de tribus desorientadas que se empeñan en modelar e imponer -unas a otras- ese “su” mundo, a imagen y semejanza de una caprichosa Babel que llevan en la mente.

Y es gracias al aserto de mi amigo que voy a atreverme a develar parte de ese transcurrir. ¿Que develaré una contradicción? Pues sí. Siempre me contradigo. Pues al hacerlo alcanzo a sentirme un tanto menos lejos de mí mismo y un poco menos extraño. Y, tal y como me susurrara la voz que siempre me despierta, la que me retrotrajo a la vigilia durante una reciente madrugada, “voy a negarme, porque al aseverarme me pierdo”.


De Contracorrientes, libro del que he dado ya noticia en esta página (glosa del siete de Julio-07), insertaré acá algunas consideraciones en torno a poeta y poesía. Y de un inédito cuaderno de asomos poéticos (exceptuando algunos textos aparecidos en una publicación del CELARG y el ya expurgado Enola Gay), que lleva por nombre Toma Luz, toda la noche, insertaré el texto que sirve de preludio y que he denominado Introito antipoético.

Las imágenes precedentes: a) Reverón con sus muñecas, b) y c) la sombrilla robinsoniana de Armando Reverón, c) el teléfono de Reverón.

Deseo, antes de continuar, recomendar ampliamente la página del MOMA dedicada a Armando Reverón. El enlace es el siguiente: http://www.moma.org/exhibitions/2007/reveron/index.html


De Contracorrientes, BID&CO Editor

***

Ante todo debo decir que no me considero un poeta, al menos, no a la moderna usanza que circunscribe al poeta (o a la figura del poeta) dentro del ámbito de lo estrictamente literario. Todo lo foráneo palpita, de algún modo, en nosotros. Afuera todo un mundo nos requiere y nosotros marchamos a su son. Un poeta no es, primero, un literato o no es, primero, un ser literario. Un poeta ama las letras, ama las palabras, tanto como ama la estampa de cualquier viso de la realidad, por nimio que sea, pero no forzosamente ama la literatura a la manera en que se aman los cegados credos. En todo poeta se enuncia una dicción, pero es una dicción que va más allá de las palabras. Ellas, a su pesar, tienen que conformarse con el papel de ser vehículo de esa dicción y aquellos que rinden culto a la poesía han de conformarse con volver, una y otra vez, al concurso de aquellas, para expresar el alto y bajo relieve de la realidad, la palpable extrañeza de las cosas y seres que nos rodean, tan posibles -en su existencia- como la presencia misma de las palabras, que comienzan siendo un misterio y terminan siendo un misterio. Creo que la frase la escribió Ungaretti: un poeta es un hombre que lo siente todo. Siempre acude a mi memoria tan sencillo planteamiento, implica una revolución del pulso; también recuerdo siempre otra frase, ésta de Julio Ortega, durante una charla que se realizó en Caracas por el año 1990: “…todo poeta ha de tener poesía inédita…”, a lo que añadió: “…hay que desconfiar de los poetas que no tienen o guardan poesía inédita en un cajón o alguna gaveta de su casa…”. Qué jardín de sutilezas sugiere esta proposición.

***

La luna pende amarilla,
cenicienta, vaga, dulce,
cruel.

Dos niños de nadie juegan
al fútbol a la medianoche
(es la plaza Brion);
entre árboles asediados
por banquetas y bloques de cemento,
discuten la validez de cada gol,
mientras una bruma nauseabunda
espolvorea sus cabellos y los míos.

La luna o, mejor, el color hepático de su risueña agonía
no logra conmover cielo ni tierra.


Prosigo mi camino.


Pienso, quizás egoístamente, que hace meses no escribo un poema, pero inmediatamente surge una voz que me dice que eso importa un bledo. ¿ Qué dilema es éste de conciliar mi mundo con el mundo ? Hace poco sí escribí un verdadero poema, sencillo y hermoso porque tan sólo era el registro de un “fresco” que observé en la calle, pero lo perdí en la calle misma, tal vez al meter la mano en el bolsillo. Así, pues, es como si no hubiera escrito nada. Como un doble relámpago, acuden a mi memoria dos sentencias, una es de Auden y la otra de Rilke. Auden postula la incertidumbre de todo poeta, sobre si volverá a encontrar las perlas de un nuevo poema, después de haberse encontrado con aquellas que le señalaron el develamiento del último poema escrito. Rilke dice que todo poema (en realidad, toda obra de arte) ha de nacer de una profunda necesidad. Infiero de la conjugación de ambas sentencias, que poesía y poema son el padecimiento, la incertidumbre de una magia necesaria.

En mi camino pienso que había que estar allí,
deberían haber estado allí, en la plaza, a medianoche;
todos y cada uno de los hombres y mujeres que viven en el mundo,
deberían tener un encuentro como ése, sin otra compañía
que la de su yo interior, sin otros testigos que sus propios ojos:

Dos niños en un insólito campo de juego,
azuzándose con voces avejentadas.

Dos niños
corriendo bajo una luna de hiel,
con sus cabellos blancos.

Dos niños
lúdicos y endurecidos.


Hace tiempo que no escribo un poema.

***

Mucha de la poesía
que se capta, se vive o se siente,
de algún modo viaja ya
implícita en la mirada
del contemplador.

De algún modo hizo morada
en los ojos de quien
se asoma al mundo

* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *



De Toma Luz, toda la noche
Introito antipoético



Yo soy poeta.

Me importa un comino todo lo demás.

Soy un poeta solitario.

He tenido que aceptarlo, a mi pesar
y a pesar de los demás.
Soy un miserable poeta, un maldito;
no un poeta maldito,
ni alguien que añora ampararse
bajo la figura romanticona, mítica o Narcisa
de alguien juega a ser el poeta
o el elegido,
sino un hombre como cualquiera,
que padece el arrobamiento
del extraño mundo que inventaron
otros hombres como yo;
un hombre que tan solo querría vivir
cantando a cántaros, hacia sus adentros,
buscando, sin prisas, armonizar con la voz
que brota del fondo de sí mismo
y desde más allá;
esa voz arcaica y lejana que se solaza y se besa
con cada esquina del cielo
y nos canta los padeceres
y el ritmo de un mundo
que, en fin de cuentas, no fue inventado
por hombre alguno.

Yo soy poeta.

He tenido que admitirlo.

No soy un buen poeta o un mal poeta,
no es eso lo que busco o me desvela
-ni literaria ni estilísticamente hablando-
pues, no se elige ser poeta;
sólo soy un hombre que vive en secreto,
delirando a sottovoce,
a espaldas del organigrama de vida que predica
el invento de mundo en que existo.

Soy poeta
a pesar de mis intentos sobrehumanos
-como los de un tozudo Sísifo-
por acoplarme a la miseria de orden
que se me exige exhibir como las plumas de un Pavo Real,
para luego poder demostrar en el circo
que cumplo con las metas
de un arduo oficio sin sentido
que no genera bien a nadie;
ocupación más absurda aún
que el pírrico esfuerzo de un Sísifo.

Soy poeta a pesar de mí mismo,
un hombre que vive en la noche,
sigilosamente contemplando
las visitas de la luna desde su cama
o devanando, en la barra de un bar
y ante la vista de cualquiera,
el hilo con el que habrá de coser las telas
de la angustia y la serena esperanza.

Yo soy poeta.
Nunca se lo dije a nadie,
ni tampoco se lo he aceptado a nadie,
porque la poesía, su descubrimiento,
es, acaso, lo único sagrado
que haya vivido en mi vida,
amén de los naturales dones
que nos sirve la vida misma.
Porque la poesía, su revelación,
está en la vida misma: tan cercana,
tan a flor de piel, tan parecida al asombro
y tan pocas veces convocada;
qué perogrullada decir esto, pero es así,
ella es la única religión
que no clama por golpes de pecho,
mi único culto posible,
tan vivido y padecido, como para andar por allí
mancillándolo con reiterativas y egóticas arengas,
que no son sino una grosera e imperdonable
falta de respeto hacia la madre de todas las cosas
y hacia nosotros mismos, sus engreídos bastardos.

Pero hoy me encuentro agotado
de tanta doble mentira
y de trajear, por tanto tiempo
tan solemne vestimenta.
Y hoy quiero decir
(confesar, sería la palabra justa),
por una vez,
que soy poeta,
muy a mi pesar
y a pesar de los demás.
Y que hoy estoy más huérfano que nunca.


Caracas, a pleno sol del seis de diciembre de 1996.

Foto: Dragón, lacl ©




* * * * * * * * * * * * * * *
Guarida de los poetas
Como dijéramos en la primera tirada de Guarida de los poetas, es ésta una madriguera para el brindis, para un franco homenaje a la poesía, en todas sus manifestaciones. La poesía vibra en todo lugar y en todo ser, pero no siempre el ojo está dispuesto a percibir sus visos; no siempre el oído está dispuesto a dejarse ganar por el olvido y a entregarse al canto que palpita en todas las caras del mundo. La poesía brota en todas partes y es base de todo asomo del arte. Es por ello que incluimos en esta edición de la Guarida, una confluencia de expresiones en los que la poesía es tronco, tallo, rama y flor.

A la salud de usted, posible, hipotético lector…

lacl



la poesía y la mirada: HENRI CARTIER BRESSON. Siempre habrá un lugar, una utopía o una hora en los que sobren las palabras...
- poesía es dicción, Sylvia Plath lee su 'Fever 103'



la poesía, la memoria, el cine.
Obra maestra, guía del alma, El espejo, de Tarkovsky, incluye algunos poemas de su padre, aunque en este film puede sentirse la poesía respirando al lado de uno. La primera vez que fui testigo de este memorial (tendría yo unos 23 años) recuerdo que dejé mis manos impresas en el respaldar de la butaca delantera, tal fue el estado de turbación vivencial en que me postraban sus imágenes, estaba yo en medio de una fiesta del espíritu, tocado de un don celeste, vibrando en cada poro de mi ser. Cuando salimos de aquella gratamente recordada sala de ensayo que se llamaba La Pirámide, me encontraba en un estado de exaltación que, tanto mi compañera como unos amigos que nos habían acompañado a ver la cinta, no alcanzaban a comprender. Ellos se habían aburrido de lo lindo. Mi asombro no fue menor al de ellos. Tan sólo diré algo más en torno a El Espejo. Todas las veces que he sido su testigo me ha quedado el sabor de que el film-poema culmina donde comienza la Divina Comedia de Dante, internando el ojo del espectador hacia el núcleo de una selva oscura. Otro pensamiento me suscita: que así como el árbol, en veces, no nos deja ver el bosque, el bosque de nuestra psique, en veces, no nos permite ver el árbol.


NOTA: En vista de que estos clips han sido removidos, agrego un enlace en el que puede verse el film completo:

 https://www.youtube.com/watch?v=tpaA5PG2rkY&t=508s




poesía y canción - Joan Manuel Serrat - Tributo a Antonio Machado. Poeta y poesía como fuentes de inspiración.

la mirada, la voz del outsider, Charles Bukowski



- música, color, videncia: el secuestro (raptus) de la poesía. Don McLean, tributo a Vincent Van Gogh - más abajo se incluye la hermosa letra de esta canción...

Starry starry night
Paint your palette blue and grey
Look out on a summer's day
with eyes that know the darkness in my soul
Shadows on the hills
Sketch the trees and the daffodils
Catch the breeze and the winter chills
in colors on the snowy linen land
Now I understand
what you tried to say to me
How you suffered for your sanity
How you tried to set them free
They would not listen they did not know how
Perhaps they'll listen now
Starry starry night
Flaming flowers that brightly blaze
Swirling clouds in violet haze reflect in
Vincent's eyes of china blue
Colors changing hue
Morning fields of amber grain
Weathered faces lined in pain
are soothed beneath the artist's loving hand
And now I understand
what you tried to say to me
How you suffered for your sanity
How you tried to set them free
They would not listen they did not know how
Perhaps they'll listen now
For they could not love you
Still your love was true
And when no hope was left in sight on that
starry starry night
You took your life as lovers often do
But I could have told you - Vincent
this world was never meant for one
as beautiful as you
Starry starry night
Portraits hung in empty halls
Frameless heads on nameless walls
with eyes that watch the world and can't forget
Like the stranger that you've met
The ragged men in ragged clothes
The silver thorn of bloddy rose
lie crushed and broken on the virgin snow
And now I think I know
what you tried to say to me
How you suffered for your sanity
How you tried to set them free
They would not listen
they're not listening still
Perhaps they never will....

jueves, 4 de octubre de 2007

La línea de sombra, derrotero de un rito Notas sobre un relato de Joseph Conrad

Letras contra Letras
La línea de sombra, derrotero de un rito
Notas sobre un relato de Joseph Conrad
 

Luis Alejandro Contreras

Si bien es cierto que La línea de sombra es una narración que muestra, sin excesivos ambages y en una diáfana “línea” de desarrollo, cuál es la intención primordial de su asunto (que no es otro que la experiencia de migración de un estado vivencial a otro en el ser humano —aun cuando la modestia de Conrad le haga acotar que se trata de la experiencia de un individuo “en un estado particular”—, tampoco deja de ser cierto que esta breve obra resulta ser un complejo enjambre de reminiscencias que se extienden mucho más allá de la mera proposición o enunciado de su asunto (el mismo Conrad admite, en la nota que precede al relato, que “...es, no obstante su brevedad, una obra bastante compleja...”).

La verdadera riqueza de La línea de sombra descansa en lo que “se dice” por intermedio de las reminiscencias del verbo. Pero hagamos un alto en este punto y démosle un vistazo al paisaje para, luego volver con nuevos bríos a la avenida principal. El verbo tiene un sentido. Y hay un sentido en el que todos, mal que bien, nos podemos emplazar, bien sea para encontrarnos, bien para desencontrarnos. Pero el verbo también es sentido; experiencia vivida revelada en la palabra. Y de la conjunción del verbo con el verbo surge una recreación del sentido de la vida. Se produce un acercamiento entre nuestro íntimo presente y la imagen que albergamos de nuestros soledosos e individuados pasos por el mundo en el camino hacia la muerte. Y este sentido de nuestro paso por el mundo se hace arte en la palabra, a merced de la palabra misma. Espero no será difícil advertir la enorme distancia que media entre ese sentido de la vida de que hablo y las nociones del “sentido de la vida” que enarbolan ciertas posturas moralistas o filosofantes, en las que el afán de querer explicar absolutamente todo revela una intensa sed de manipular conciencias.

Retornando a la avenida principal, al postular que la riqueza de La línea de sombra deviene de las reminiscencias del verbo, hemos querido decir que nos parece imposible leer esta obra sin que se produzcan resonancias en nuestra interioridad; resonancias que, obviamente, nos dicen mucho más que las externas peripecias de un joven marino recientemente nombrado capitán. Hay un tono arquetípico evidente en la obra. En la primera página del relato nos lo advierte Conrad, cuando al referirse a su vivencia —puesto que se trata de una confesión, no hay que olvidarlo—, la adjetiva como universal; claro está, salvando las distancias que median de individuo a individuo. Y todas las metáforas, imágenes y símbolos e, inclusive, los diversos planos de acontecimientos del relato (que no tienen otra finalidad que la de ser metáforas, imágenes y símbolos), contribuyen a labrar el tono arquetípico de lo que se nos narra.

Particularmente, se nos representa este relato como la descripción, el itinerario de un rito de iniciación. La iniciación del joven que ha de tomar el mando de su propio yo. Y, quizás, esto no signifique mucho dentro del marco de la naturaleza, excepto para nosotros mismos. Es el paso inevitable que todo joven ha de dar, sea cual sea la vida que viva. A menos que decida quedarse en el umbral.

“...Pero, tan pronto comprendí que en aquel viejo y estéril universo, objeto de mi descontento, existía algo así como un mando que tomar, recobré mis facultades locomotivas...”, dice el joven capitán.

Es el inexorable camino de la existencia. No hay otro. Tarde o temprano debemos enfrentarnos al hecho de tomar nuestro propio derrotero. No podemos negarlo. Debemos ir hacia él. O él vendrá hacia nosotros. Y vaya usted a saber lo que resulte en cada caso. Se manifiesta como una imperiosa necesidad de cambio, una urgencia de librar esa línea de sombra que se abre ante nuestro horizonte. E implica una transformación.

La aparición y la figura del capitán Giles puede parangonarse a la de un chamán, un iniciador. Recordemos que la primera impresión que produce en el joven es la de un sacristán; un hombre de quien se pueden esperar prudentes consejos. Es, además, un perito, un “conocedor”. Sin embargo, es más que consejo lo que le ofrece al joven. Lo prepara. Le abre las puertas del camino a seguir y lo conmina a adentrarse en él. Y más no puede hacer. El joven ha de aventurarse en la soledad de la experiencia. Debe pasar por el trance que entraña el tomar las riendas del sí mismo.

Pues bien, es aquí donde la gran virtud creadora de un escritor llamado Conrad hace su aparición y comienza a hacer de las suyas. Porque todos los sucesos del relato, bien sean intrínsecos o extrínsecos a la persona de este joven capitán, se nos revelan en una suerte de consubstanciación. Y no todos los hombres (para no decir muy pocos) han sido obsequiados con ese don de la palabra que nos puede despertar las resonancias de las experiencias. Esta consubstanciación es un tono permanente del relato. Nos encontramos con todo un cúmulo de analogías entre ese camino de penetración en la búsqueda de sí mismo que debe emprender nuestro joven personaje, y el camino que —a brazo partido— debe abrirse en el mundo exterior. En este sentido, podemos decir que el barco del que toma posesión es una imagen de su propio yo. Y para llegar a “aquel barco desconocido” debe aventurarse por una región de “tierras anfractuosas”. Este paso por regiones anfractuosas es una imagen del camino tortuoso de toda iniciación.

¿Y no hay, también, una analogía entre la posesión del barco y la posesión del sí mismo cuando, al hacerle entrega de su nombramiento, el capitán Ellis le dice al novel capitán: “Ya es usted dueño de sí mismo”?

Uno de los pasajes que nos despiertan más vívidamente esas reminiscencias del verbo a que hacemos alusión al inicio de este escrito, es aquel en que el joven capitán ha de afrontar, junto a su tripulación, el acaecimiento de una larga calma chicha, impidiendo la partida de su barco a otros derroteros; este pasaje que no es sino una representación del trance por el que ha de pasar todo iniciado. No nos es posible medir la longitud o el espesor de esa línea de sombra. En todo caso, no es tan corta o tan delgada como para que el cruzarla no nos genere conmociones.

Las imágenes con que nos obsequia Conrad tienen la cualidad del susurro. Aquí va otra, que citamos por puro gusto:

“...El chasquido de nuestras amarras al caer al agua transformó por completo mis sentimientos. Era como el alivio imperfecto de un hombre que sale de una pesadilla...”.

Esto lo dice nuestro personaje luego de desprenderse del puerto plagado de peste, tras una larga espera. Es la imagen de un joven ansioso por iniciarse; la imagen del momento en que nos desprendemos del último puerto de la juventud, para iniciarnos, por nuestros propios pasos, en el océano de la vida.

En suma, cuando Conrad nos habla del alma del mando, se refiere no sólo al desempeño del hombre entre los hombres, sino al mando y desempeño del hombre sobre sí mismo.

Si no tenemos mando sobre el barco que somos, si andamos a la deriva, si no sabemos vérnoslas con el velamen de nuestra interioridad, ¿cómo podemos manifestarnos ante los hombres? ¿y cómo pretender el mando de nada de lo que se nos da en la vida?


Publicado previamente en Letralia, Nº 143 - 19 de junio de 2006
http://www.letralia.com/143/articulo07.htm

En forma impresa fue publicado originalmente en la Revista "Papel abierto", de Barquisimeto, Edo Lara, Venezuela, pero he perdido temporalmente esa revista y no puedo dejar los datos de la revista por los momentos.