domingo, 31 de julio de 2011

La luna pende amarilla, cenicienta, vaga, dulce, cruel.

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La luna pende amarilla,
cenicienta, vaga, dulce,
cruel.
Dos niños de nadie juegan
al fútbol a la medianoche
(es la plaza Brion);
entre árboles asediados
por banquetas y bloques de cemento,
discuten la validez de cada gol,
mientras una bruma nauseabunda
espolvorea sus cabellos y los míos.
La luna o, mejor, el color hepático de su risueña agonía
no logra conmover cielo ni tierra.

Prosigo mi camino.

Pienso, quizás egoístamente, que hace meses no escribo un poema, pero inmediatamente surge una voz que me dice que eso importa un bledo.  ¿ Qué dilema es éste de conciliar mi mundo con el mundo ? Hace poco sí escribí un verdadero poema, sencillo y hermoso porque tan sólo era el registro de un “fresco” que observé en la calle, pero lo perdí en la calle misma, tal vez al meter la mano en el bolsillo. Así, pues, es como si no hubiera escrito nada.

Como un doble relámpago, acuden a mi memoria dos sentencias, una es de Auden y la otra de Rilke. Auden postula la incertidumbre de todo poeta, sobre si volverá a encontrar las perlas de un nuevo poema, después de haberse encontrado con aquellas que le señalaron el develamiento del último poema escrito. Rilke dice que todo poema (en realidad, toda obra de arte) ha de nacer de una profunda necesidad. Infiero de la conjugación de ambas sentencias, que poesía y poema son el padecimiento, la incertidumbre de una magia necesaria.

En mi camino pienso que había que estar allí, deberían haber estado allí, en la plaza, a medianoche; todos y cada uno de los hombres y mujeres que viven en el mundo, deberían tener un encuentro como ése, sin otra compañía que la de su yo interior, sin otros testigos que sus propios ojos:

Dos niños en un insólito campo de juego,
azuzándose con voces avejentadas.

Dos niños
corriendo bajo una luna de hiel,
con sus cabellos blancos.

Dos niños
lúdicos y endurecidos.

Hace tiempo que no escribo un poema.



Contracorrientes (sentencias en incertidumbre)  BID&CO Editor, Colección Manoa, Caracas, Noviembre de 2006.

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Amo el álbum entero, pero dejemos esta joya por los momentos... Música y poesía van de la mano en este hermoso y redondo trabajo de Pink Floyd...
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https://www.youtube.com/watch?v=ungav2gaOVw

martes, 26 de julio de 2011

GUARIDA DE LOS POETAS - Dos noticias de tono infausto.


GUARIDA DE LOS POETAS
 
Dos noticias de tono infausto nos asaltaron recién. La absurda muerte de Amy Winehouse y la hecatombe de Noruega. Eso que llaman modernidad y que unos bucaneros de escritorio pretenden vendernos como una exquisitez enclaustrada en marquesinas de neón, marca con hierro al rojo vivo, piel y psique de quien, desprevenidamente, tan sólo quisiera conformarse con vivir a sus anchas… En el fondo, lo que reclaman esos bucaneros son víctimas.

En el caso de Amy, acaso haya sido esa prensa de moler que es el mundo de hoy lo que se la llevó por delante. Quizás pudo haber tomado otros derroteros, pero el medio, que más bien semeja una máquina, condiciona a quienes toman el riesgo de mostrarse sobre sus tablados…

Lo retribuyo con un documento que lo lleva a uno a pensar en tales exabruptos… Las conmovedoras imágenes de un anciano Carl Sandburg visitando a una soledosa Marilyn Monroe, en 1961… El rostro de Marilyn es un portento pleno de significancias… hay una expresión cargada de nostalgia en esa hermosa sonrisa. Uno contempla su hermosa figura, tan admirada y anhelada como lo fue y lo sigue siendo por millares de personas y se percata inmediatamente de su desabrigo, de su desamparo, de su orfandad. Un ser acorralado. Una de las imágenes que más me han impactado es la manera en que toma la mano del poeta…Es como si por un momento hubiera conjeturado que no es imposible cierta dicha en el vivir…
Quizás al apoyarnos en una historia personal, podamos ver con algo más de claridad ese absurdo enajenamiento que a todos nos embiste. Acaso desviando la mirada hacia lo mínimo, podamos divisar qué es lo que verdaderamente solivianta el ánimo de todos…
El resto se expone por sí mismo… Emily Dickinson y Fina García Marruz expuestas en dos poemas. Por desgracia no podemos sino imaginar la voz de Emily. Y de Fina es poco lo que se puede conseguir aún por estos medios… Además, Lezama Lima y Cintio Vitier cantan sus poemas de viva voz… En el medio, la poética del ver... Las capturas fotográficas que por años colectara Edward S. Curtis de las más diversas etnias indígenas norteamericanas, desplazadas por los colonos... Y para cerrar un hermoso tema de Amy, Love is a losing game...

Apollinaire


La visita

http://www.youtube.com/watch?v=jiJWByhwU-Q

Son escasos los documentos que se pueden obtener de este poeta...
http://www.youtube.com/watch?v=LSbOMsrdipc


Buffalo Dusk (Copiado de un rayado LP...)

http://www.youtube.com/watch?v=jTA5vZUOAuI&feature=related


Emily Dickinson - The sky is low

http://www.youtube.com/watch?v=z8BVYbyNSIM

José Lezama Lima - Una oscura pradera me convida
http://www.youtube.com/watch?v=W4zSsArR2_Q&feature=related

Cintio Vitier - A la poesía
http://www.youtube.com/watch?v=v0GCjp41H9g

Martirio canta canción de Fina García Marruz 
http://www.youtube.com/watch?v=rvL5fPzTbmY&feature=related

Amy Winehouse - Love Is A Losing Game
http://www.youtube.com/watch?v=uIeyfM-6QTg&feature=related

viernes, 22 de julio de 2011

La oveja negra

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La oveja negra

Qué infortunio el tener que asumir, en más ocasiones de las que quisiera uno, el rol del aguafiestas. Pero lo tengo que decir: ¿desde cuándo un ajusticiamiento sumario, léase ejecución premeditada, es catalogada como un acto de justicia? Consumar una vendetta, al más claro ejemplo de las mafias, no luce como la cristalina señal de un mundo libre, culto y de adelantado humanismo, frente a la más descarnada de las barbaries.

Y sé que sobre mí lloverán, seguramente, mil calumnias e imprecaciones de los que claman: ¡ojo por ojo! Pero la justicia alojada en el plomo que cegó el pulso de Bin Laden, más que a un acto de salomónica equidad, se asemeja a un género de barbarie que cultiva la etiqueta y los buenos modales. Para nada justifico el terrorismo o la tortura, como tampoco los piadosos eufemismos con que se pretende bautizar la “solución final” de toda hecatombe, ni la pedrada que derriba del árbol a un desprevenido pájaro.

Los niños que mueren en el atentado terrorista a un autobús, no suelen ser los hijos del Presidente del Club Internacional de Torturadores. Y aunque así fuera, tampoco tendría justificación su asesinato. Mas parangonarse al que asesina apuntalándose en el odio, el fanatismo o la estupidez (tres trajes con que suele acicalarse la locura), no parece ser el más diáfano ejemplo de que el hombre asciende espiritualmente en su tránsito al mañana.

Primero Rusia, luego USA, creyeron que podrían utilizar a Bin Laden y sus hipnotizadas huestes como instrumentos de sus intereses. Erraron. Y lo hicieron de manera garrafal. Y allí parece hospedarse la razón de la premeditada muerte del caudillo del terror: en causa sumaria, antes que en el dolor por la pérdida de tantas vidas inocentes inmoladas en torres, aviones, trenes y plazas del mundo. Pero el historial beligerante de cada una de esas naciones no puede ufanarse de combatir el terrorismo y predicar el humanismo. Ambas son responsables de múltiples masacres a lo largo y ancho del orbe. Y, bien mirado, pareciera que los seres humanos asesinan más por afán de dominación o por retaliación que por ninguna otra causa.

Lo lógico hubiera sido pensar, al sorprender al terrorista tan “fuertemente” custodiado por una esposa, dos mensajeros y –presumiblemente- un hijo suyo, es que se intentaría capturarlo vivo para llevarlo a juicio, no que se le ajusticiaría. Pero semejante alternativa estaba descartada de antemano. “Quiero su cabeza”, era frase acostumbrada en los despachos emitidos por los dictadores de todas las latitudes del mundo antiguo. ¿Qué es lo que ha cambiado en esta “avanzada de progreso”? Me hago la pregunta al recordar las obras de Joseph Conrad, en las que se exponen, sin paños ni afeites, los hedores de la civilización.

Un mundo acomodado a la razón, en lo que de sentido común pueda ella tener, no evadiría el culto de la vida en el espíritu y, digámoslo claramente, no aboliría el componente de la ética en todas sus manifestaciones.

Un mundo asistido por una razón afianzada en el riego del espíritu, la piedad y la ética, hubiera sentado en el banquillo al asesino, en lugar de perpetrar una aniquilación televisada para un selecto y petitte comité.

Un mundo ajustado a una razón, tal como acá se preconiza, habría mostrado sus credenciales, expondría sus argumentos y alegatos en contra de la barbarie, develaría esa perversión que pretende legitimar el terrorismo y justificar el pago de justos por pecadores, al ampararse tras el antifaz de los fanatismos religiosos, raciales o culturales.

Un mundo conforme al humanismo, mostraría la verdad.

Pero como las credenciales de los acusadores están tan mancilladas como las de los acusados, como no es de la abundancia del corazón que hablan sus bocas, porque silencian el precepto de que “por sus obras les conoceréis”, es que la balanza de su ciega justicia se ha inclinado por el ajuste de cuentas y no por el juicio.

“Quien a hierro mata no puede morir a sombrerazos”, me dirán los adagistas populares. Y comprendo el postulado. Pero si premeditadamente (subrayo esto) tomo el hierro del sanguinario, para sanguinariamente asesinar, ¿en qué me diferencio?

Rememoremos aquel axioma de Voltaire que reza: “La civilización no combate la barbarie. La perfecciona.” Y esa frase sí que encierra una gran verdad. La recogí en el aire. Pero ¿quién es, entonces, la oveja negra prenunciada en el título? ¿Quién más podría ser, sino un aguafiestas?

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Luis Alejandro Contreras

08/05/11












Privados de libertad – Carta de Samuel Robinson

 
Privados de libertad – Carta de Samuel Robinson

Breve nota introductoria:

Samuel Robinson suele enviarnos sus cartas desde la isla por el método tradicional, esto es, por medio de una botella lanzada al mar, pero esta vez optó por confiarse en las alas de una paloma mensajera, dado el carácter de premura de lo que deseaba comunicarnos. La comparto abiertamente.

Luis Alejandro Contreras

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“Privados de libertad”

Varios días llevo siendo víctima de la indigestión causada por una frase que, desde los eufemísticos entornos del poder, han rumiado y hecho postura unos abnegados bovinos que pastan, muy a su gusto, en los parajes de la cosa pública. Es el nuevo giro lingüístico utilizado para referirse a aquellos seres humanos que se encuentran calamitosamente jodidos, por la sencilla razón de ser prisioneros de un infernal sistema carcelario, en una leyenda que llaman Re-Bo-Venezuela. Es el giro que les mienta como “privados de libertad”.

Peor que si se tratara de forzadas y exasperantes ingestas de aceite de ricino, hoy se nos escupe esa frasecita en toda declaración pública de cuanto Mujiquita quiera hacer engominada aparición ante las cámaras. Lo más penoso es que, propios y extraños, hayan acogido la expresión para referirse a los condenados sin condena, los meros presos, sean culpables o no. Pues ese exquisito nuevo mote, creado (cabe presumir) desde ese Ministerio sin Cartera que es el Min-Po-Po-Pa-Re-La-Re (o sea, Ministerio del Poder Popular Para Retocar La Realidad), es expectorado a los cuatro vientos por las gargantas de periodistas, abogados, defensores de derechos humanos y hasta de los mismos presos y sus familiares.

Venezuela fue siempre un principado a cuyos hijos sedujo el fasto de la alta cultura y la docta elegancia, y en pos de ellas se lanzaron al ataque por vía del uso y el abuso del eufemismo y la vana redundancia. Un feudo de cartelera escolar, con poco que decir y mucho que divulgar. Un espejismo del envanecimiento. Nunca ha logrado salir de allí.

Y ahora que quienes no dormían -fantaseando con que un día se apropiarían de la cartelera, el pizarrón y las tizas- han logrado su cometido, siguen sin dormir ante el regocijo que les causa el haber tomado el control de la batuta, para dictar su insípida cátedra desde los púlpitos de una ñoñocracia.

¿Cómo es posible que, ante la escatológica miseria de nuestras cárceles, se saque tiempo para jugar con la desdicha de nuestros congéneres caídos en desgracia, cual si se tratara de un crucigrama forjado por unos perezosos que cabecean sobre un buró, en la inexpugnable torre de un castillo clausurado e inmarcesible? ¿Cómo es posible que, como sumisos labriegos de comarca, llámennos habitantes, común de la calle, seres de a pie, compremos esa expresión y la enunciemos con pomposidad para hablar del horror?

Esto es, a mi modesto parecer, un pésimo síntoma. Los que estamos“afuera” de las cárceles nos encontramos tanto o más privados de libertad que los mismos prisioneros. Los de afuera, somos los presos de una alucinación, un extravío. Por eso me he marchado a mi isla, para practicar el auto confinamiento. Me luce como una prisión menos indigna.

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Samuel Robinson, desde la isla.

27/06/11