jueves, 22 de julio de 2010

Fábula sobre por qué poder priva sobre poesía y poetas


Fábula sobre por qué poder priva sobre poesía y poetas
 
Salud, vino y poesía -dije como para despedirme de mi amigo poeta-, sólo por contrarrestar una consigna muy de moda….
Ya sé -me dijo. Patria, socialismo o muerte. Ante este giro, parece haber tres opciones para escoger una: la menos mala es Patria.
Cierto es -le repliqué-, siempre y cuando sea para el afecto y no para el fanatismo. Desafortunadamente, casi todos los gobiernos se aprovechan de esa noción de manoseada patria para agitar las turbas y llevarlas a los mataderos. Yo no creo que haya más de diez políticos de buen corazón... el político de hoy, a mi modo de ver, debe reconquistar, primero su condición de ser humano, redimir el humanismo. Sería como una suerte de regreso al pasado, pero esta vez para recoger frutos primarios, no como hacen ciertos políticos, que van al pasado para recoger insignias de herrumbroso cobre...
Es difícil...el problema es que hay diferentes niveles de políticos. Y hay que tener cuidado con lo opuesto: son un mal necesario; como acaso lo es el pueblo para ellos: friegan a esa abstracción llamada pueblo...
Sí, estamos totalmente de acuerdo. Por eso es que no creo en la mayor parte de ellos. Creo en los pocos que se atreven a remover las propias bases de la política de hoy. Y aun de ellos hay que cuidarse! Es que vivimos en un mundo desvalorizado... Y los bienes naturales significan muy poco para el común de la gente. Por eso, mucha gente que no siente como las mayorías, optan por el aislamiento o el anonimato...
Pero no olvides que Hitler destrozó a los partidos políticos alemanes porque “eran los malos”.
El verdadero político debería ser un sabio o filósofo, un acucioso investigador. Así lo fue en la Grecia antigua y aun así distó mucho de ser una república perfecta. Yo no critico a los partidos, per se, lo que critico es la pérdida de espíritu en el hombre, en general, de aquello que los clásicos llamaron bien común… Se ha perdido sensibilidad…
Sí, lo que dices es cierto, pero hay un tono algo utópico en eso, como en todo y que siempre es bienvenido, pero el político, como casi todo, se gesta sobre la marcha de su entorno, por eso se tuerce buscando su espacio competitivo y se mueve en torno a los dividendos del poder, por eso tiene que haber un poder superior llamado pueblo y que pueda ejercer su venganza.
Sí, estamos totalmente de acuerdo. Por eso es que no creo en la mayoría de ellos, como te dije, sino en los pocos que se atreven a remover las tambaleantes bases del status.
Así es...Pericles, uno solo, Ghandi, uno solo Mandela, uno solo…
La frase que más quiero de Vallejo no es la de un poema, sino una suerte de aforismo insertado en una glosa: decía algo así como que para hacer la revolución hay que primero revolucionar la sensibilidad humana...
Vallejo: mejor imposible
Pero no perdamos de vista que Mandela no llegó solo... Gandhi menos...En la antigua Grecia sólo podían ser senadores los ancianos: 64 si mal no recuerdo...
Cierto es, pero volviendo a lo anterior, especialmente sobre Mandela y Pericles, es que teniendo ya todo en las manos, fueron capaces de ceder su puesto al futuro… aunque Pericles como que se arrepintió algo tarde.
¡Interesantísima observación! pero, bueno, suele suceder eso con el arrepentimiento, ¿no?
Debería haber una especie de bono de poder canjeable y ponderable...que se vea un plan con objetivos, incluso antes de lanzarse tras el poder. Si no cumplen, pa´fuera!
Pero si de lo que se aprovechan es de la intangibilidad del poder, ningún político (o casi ninguno) desearía eso...
En la película "El teléfono blanco" alguien dice: “y al final nos dimos cuenta de que no había fascistas en Italia” (después de que todos lo eran). ¡Hay una inercia histórica–histérica que nos dirige en masa!
Por eso es que siempre abogo por lo pequeño, el regreso al individuo, sin olvidar lo colectivo, el regreso o rescate del pasado, en lugar de vivir pensando en conquistar un imponderable futuro en el espacio, esto es, la mentira de pocos que indigesta a tantos…
Qué bueno lo que dices! Lo comparto al 100 por 100.
… y por eso llevo siempre esta pequeña Beretta en el cinturón, es práctica y útil, como el estudio del enemigo. Manos arriba, desgraciado, vas preso, por atentar contra el Estado.




























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El autor de esta charada se hace llamar Perico de los Palotes y dice vivir Chipre, aunque afirma que siempre se da un par de anuales escapadas al parisino Crazy Horse.
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Todas las reproducciones pertenecen al archivo de John Heartfield (quien tuvo la honra de hacerse llamar Helmut Herzfeld, mientras estuvo conviviendo muy amigablemente con Monsieur Hitler y su comitiva, en su Alemania natal).

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El lenguaje del poder...


El lenguaje del poder

Esta nota breve la envió mi compadre a un cerrado círculo de contactos. Pero no he podido evitar la tentación de publicarla acá, seguida de mi lacónica o lacedemónica respuesta…
lacl

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Amigas y amigos, lo que les estoy enviando no pretende ser un artículo; apenas es una especie de nota a pie de página en medio de tanto desbarajuste y tanta falsía.
Saludos,
Mario

El lenguaje del poder

Mario Amengual

Se trata de llover sobre mojado, pero vale la pena la insistencia. Quien ejerce el poder, en cualquiera de sus formas, defiende una parcela que no quiere abandonar, se aferra a un espejismo redituable, y por eso las palabras se le descomponen en la boca, se vuelven mentirosas y ocultan y disfrazan los hechos. Si es un ministro, un poderoso ministro (y poderoso caballero es don dinero), dirá, por ejemplo, “alimentos no conformes”, porque alimentos dañados o podridos o descompuestos es demasiado real para quien predica, aunque no la ejerza, una ética justiciera. Tal vez si hubiera dicho que esos alimentos se echaron a perder, honraría a cabalidad el habla venezolana, aunque los responsables de que se echaran a perder esos alimentos sigan gozando de impunidad. Pero el súper ministro prefirió “alimentos no conformes”, y por eso salta de inmediato la pregunta: ¿no conformes con qué o con quién? Eso no lo explicó el ministro.

Una copartidaria suya, presidenta de la Asamblea Nacional, para defenderlo, con su habitual voz destemplada y argumentos y culpables rebuscados, se refiere a cámaras oportunas de un canal de televisión enemigo filmando cada “container”. ¿Y dónde habrá dejado tan comprometida revolucionaria el modesto sustantivo contenedor, en vez de nombrar a tal embalaje con una palabra del idioma del odioso imperio?

De ambas declaraciones podemos armar (valga este verbo en días de repetidos discursos belicistas) la siguiente frase: Los alimentos no conformes en los containers.

Ese es el lenguaje el poder: eufemismos, subterfugios y desprecio por la lengua materna.

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Nota de respuesta a la glosa de Mario

Gracias por la reflexión, Mario. Me induces a un breve contrapunto sobre una misma melodía. Ése es el problema, vivimos aherrojados, engatillados, acorralados y sentenciados por el lenguaje del poder y sus cultos deificadores, desde un sempiterno y siempre redivivo César, hasta los últimos de sus secretarios y mujiquitas, que bien conocen el uso de la lengua para el lustrado de botas y volutas palaciegas. La sorna concedida por el poder de la lengua traiciona, sin atenuantes, las falencias de una barbarie civilizada y su lenguaje del poder, pero en un mundo dominado por el obscurantismo, ello de poco vale a causas justas. ¿Quién ha de extrañarse? Esto ha sido así a lo largo de la historia, acá y allá. El poder de la lengua ha de ser acallado por la bárbara mediocridad y su postizo lenguaje del poder, ambos sustentados en el culto y gusto por las cofradías, las sectas, los clanes, el gremialismo de la estupidez. La Bárbara mediocridad no sabe comportarse de otro modo que con gestos a la usanza del afamado Alejandro, cuando “desafió y resolvió” el nudo gordiano. No hay que olvidar la leyenda que nos presenta a un Alejandro durmiendo siempre con una espada y unos versos de la Ilíada Homérica bajo sus almohadas. Lo hacía por culto a Marte y Aquiles o por egótica avidez (acaso sea lo mismo), mas no por admiración del humilde poder de la lengua, pues la espada siempre habló bien a quien no sabe más que balbucir vacuas ocurrencias o a quien poco importan las “nimiedades” del resto de los hombres.

Pero, ¿quién sabe? A lo mejor es que esos alimentos a que haces referencia en tu glosa, eran genuinamente revolucionarios y no estaban conformes ni satisfechos con el grado de fermentación de la re-in-volución bonita. ¡Vaya espíritu de sacrificio!

Un abrazo.
Luis Alejandro