sábado, 7 de julio de 2007

contracorrientes, sentencias en incertidumbre





contracorrientes (sentencias en incertidumbre) fue presentado en diciembre de 2006 para el círculo de amigos más cercanos, en la Librería Lectura. Estoy altamente agradecido con Bernardo Infante por haberle dado acogida en su catálogo a este heterodoxo cuaderno de meditaciones, aforismos, vivencias y, si se quiere, algún asomo poético (entre otras menudencias), perfil que no le hace precisamente un libro que se pueda ubicar cómodamente dentro de una línea de estilo.

Mi inexperiencia, una ansiedad en mala hora acallada por mí ante la espera y ¿por qué no? acaso mi ligereza me hizo que pasara por alto la importancia del “envoltorio” en el que iría empaquetado tal cuaderno. No quiero decir con ello que repruebe el trabajo de Bernardo como editor. Sus cuidadas ediciones incitan al tiento, nos retrotraen a los días de la artesanía; y fue por ello que me atreví a tocar a su puerta después de varias décadas de rumiante especulación en torno al tema de si se justificaría el que intentase yo publicar el producto de mis rasguños sobre el papel. El asunto es que, luego de haber tentado el llamador de su puerta y de que Bernardo generosamente me invitase a pasar a esa casa que es su editorial; luego de que, leído el manuscrito, él se decidiera a la publicación de este cuaderno entre sus filas (queriendo el azar que con ese cuaderno se diera inicio a la Colección Manoa, en merecido homenaje a nuestro apreciado Eugenio Montejo, hecho que en mí no hizo sino acrecentar aún más el peso de la responsabilidad ante el compromiso de divulgar un material que, por años, quise mantener inédito), vino lo que para mí fueron largos meses de espera.

Obviamente, los intereses particulares impulsan a los seres humanos a experimentar una diferente percepción del devenir del tiempo; lo cierto es que mi percepción del tiempo se hizo larga en lo que toca a esperar ver entre mis manos una maqueta de lo que, premeditadamente, habría de ser mi primera publicación (pues, si no era viable el publicar, antes que cualquier otro esbozo mío, estas contracorrientes, entonces no tendría para mí justificación alguna el publicar ninguna otra cosa, dado que contracorrientes cumple algo así como el papel de un maestro de ceremonias entre lo que llevo escrito y ha de ocupar, así, su puesto en el preámbulo).

Y, como dije antes, por inexperiencia, reprimida ansiedad o ligereza, no tomé el debido aviso de que todo libro ha de llevar una noticia sobre el autor. A manera de perfil, yo le había enviado a Bernardo un texto absolutamente informal y, lo acepto, irresponsablemente jovial, pero con la intención de que le sirviera de guía y con miras a depurarlo juntos; después de todo, sólo una vez en la vida se publica un primer libro.

El asunto es que tal revisión no se dio. Un día Bernardo, me llamó para decirme que el libro estaba listo. Por un lado me contentó grandemente; mas, por el otro, al tener el libro entre mis manos y ver en tercera persona un extracto del perfil biográfico a que he hecho mención, me atacó una suerte de desazón (*). Lucía (y lucirá por siempre) como el comentario redactado por un presuntuoso bachiller, cuando nada podía estar más alejado de mi tesitura de espíritu.

A mi mente vino aquella frase de Nietzsche en ocasión de enjuiciar su Nacimiento de la Tragedia: “es un libro echado a perder”; claro que por una razón más grave, como lo fue lo que él consideró como el nocivo influjo de Wagner sobre su vida. Debo asentar muy claramente que en nada pretendo que se me asocie con un genio incomparable como el que habitó la humanidad de Nietzsche. Traigo a colación este episodio para narrar las dimensiones apoteósicas que en mí creó un detalle como ése, pues la nota de presentación que debía llevar la cubierta del cuaderno (la carátula de un libro viene a ser lo que el sobre es a una carta), con los brevísimos afeites fisonómicos que habrían de dar noticia del autor, era un tema para el que no había tenido yo ningún cuidado. Bien. El caso es que lo hecho, hecho está… Y que el libro salió impreso de esta manera a las manos del anónimo lector.


Mi preocupación se vio corroborada, cuando el aguzado Rafael Castillo Zapata, hizo mención del mismo señalamiento que causaba mis desvelos, durante la velada de presentación de algunos títulos del sello editorial de Bernardo (BID&CO Editor), en el marco del Salón del Libro 2007 de Caracas. Debo, por demás, agradecer los generosos comentarios que Castillo Zapata expresara con respecto a contracorrientes, luego, eso sí, de haber convocado mi sonrojo ante la curiosidad que le causaba el contraste entre las “noticias” que se dan del autor en la solapa de libro y el contenido del mismo.Todo ello, a pesar de que notara yo que nuestro presentador tuvo que apoyarse, en su alocución, en la paráfrasis de las palabras de Juan del Solar con motivo de comentar los aforismos de Lichtenberg. (**)  Honor que me hace. No ha de ser expedito el camino para hablar sobre un libro que yo mismo no puedo calificar de otro modo que como heterodoxo.

Deseaba yo, pues, escribir desde diciembre pasado algunas apreciaciones en torno a este preocupante detalle.

Por no prevenir demasiado al lector en torno a contracorrientes y contra la muy respetable opinión de Bernardo, yo había decidido expurgarle un prólogo que hacía las veces de una profesión de fe. No es que me disgustara ese texto, aun aceptando que tuvo su génesis (hace unos quince años) un poco por el acicate de un par de desventurados comentarios en torno a la originalidad que “debería” caracterizar a toda obra. Como si los vasos comunicantes no estuviesen por siempre fluyendo y compartiendo sus líquidos desde el pasado hacia el futuro y desde el futuro hacia el pasado. El tiempo es maleable y los sueños también. ¿Por qué no habrían de serlo igualmente nuestras obsesiones, nuestras ansias de vivir, nuestra sensibilidad, nuestras percepciones, nuestra expresión? Así pues, dado que pienso que el expurgado prólogo en algo puede contribuir a ofrecer un esbozo algo más cabal de la inveteradamente subjetiva fisonomía de un espíritu, me decido ahora -a título post mortem y por este medio- a publicarlo, de seguidas a estas glosas.

Luis Alejandro Contreras




(*) El texto que se presenta como datos personales en este blog es el que abría la noticia bibliográfica objeto de estas apostillas, pero ese fragmento fue "podado" del corpus que se dispuso en la solapa del libro.



(**) Georg Christoph Lichtenberg, Aforismos. Juan del Solar, 1990.



Nueva adición al texto (año 2012). Hay edición reciente de los “Aforismos” con la nota introductoria de Lichtenberg, en Edhasa, España, 2008.


* * * * * * *

Caro lector: no he pretendido, en modo alguno, “ejercer” aquí una variante de crítica intelectual ni, mucho menos, una rara especie de exégesis poética. Son apenas cinco o seis imágenes obsesivas que se repiten incesantemente, cambiando el color y corte de sus trajes. No es un libro de hallazgos, en el sentido de superación personal, tan en boga en nuestros días; si -hoy por hoy- todavía puede tener algún valor la palabra de un hombre, la confesión, la declaración sincera, puedo decirte que esta colecta de dicciones y contradicciones no ha tenido, en su gestación y orquestación, ninguna intencionalidad dirigida. Si ha de tener alguna, quizás sea la de cierto culto maniático por la poda de las ideas, lo que se traduce en una poda de las palabras (siempre me he encontrado incómodo entre jardines edulcoradamente adornados, me siento como un perfecto farsante). El azar se roba el papel del más terrible seductor; así que siento más bien a este libro, como una reunión -acaso un diálogo- de sorprendimientos (espero sea dispensado por el trance de tener que apelar a palabra inexistente, mas no lo puedo expresar de otra manera); sorprendimiento de la imagen subrepticia, la idea que se impone a fogonazos; sorprendimiento del sueño en la vigilia y de la imago que sale a flote engarzada entre las redes del sueño. Sorprendimiento de un lenguaje que quiere crecer a su capricho, a pesar de unas bien afiladas tijeras. Obviamente, hay en él algo de pensamiento -perogrulladas, tal vez, acaso haya que volver a ellas- pero, ni lo guardo bajo custodia ni lo creo de mi exclusividad, por fortuna. Si tuviera que decir algo, en mi descargo, para complacer o soliviantar el ánimo de los practicantes de la crítica con lupa, los cazadores de analogías, les diría -a riesgo de parecer altaneramente afirmativo- que tengo la certeza de la existencia de coordenadas, correspondencias del espíritu y del pensamiento en la memoria y el olvido; correspondencias del sentido, es decir, del pensamiento vivido, vibrado y de la vida padecida en el alma; correspondencias del instinto bruto, sabiamente animal y del humano sentimiento. Sostengo que tales correspondencias no podrán nunca obedecer a un acto de voluntad individual y que, además, no puede uno decidir alistarse en tales o cuales coordenadas. Se nace siendo instrumento y aunque somos, también, melodía, ni somos el solista, ni el director del coro. Tampoco pongo en duda la existencia de la voz que nos habla quedamente desde el otro lado del frágil espejo que somos; la voz cuyo influjo Robert Graves atribuyó a una Diosa Blanca. Acaso, de este libro, mía sea tan sólo la letra. Pero ya basta. Más no te puedo apuntar, porque ello sería transgredir lo azaroso de su decir.
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© Luis Alejandro Contreras. Contracorrientes (sentencias en incertidumbre), bid & co editor c. a., Colección Manoa, Caracas, 2006 .
Algunas panorámicas de la noche del bautizo (14-12-06). En la Librería Lectura. ¿Quién más podía oficiar de padrino, como no fuera mi compadre Mario Amengual?
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NOTA DEL 1ro. DE OCTUBRE DE 2015: Agregamos la carátula de la reimpresión realizada en Noviembre de 2013, y que, por desgracia, la editorial BID & CO no tratara como tal, corregida y aumentada, si tomamos en cuenta que en la reedición se incluyó el prólogo reproducido en esta glosa. Ni siquiera tuvieron la decencia de colocar al año 2013 en la ficha bibliográfica de la reedición. Se limitaron a colocar de nuevo el
año 2006 como "año de publicación". Una comodidad puedo llamarlo yo. Otros lo denominarían de un modo mucho menos complaciente. En fin, pamplinas como ésas son los asuntos que menos me interesan.
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Fragmentos

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: no olvidar nunca que

la palabra es sólo una de las vías

por donde el hombre puede entrar en contacto

con la poesía.



* * * * *



¿ No hay cierto aroma de antigüedad calcinada

en el polen de la palabra volver ?



* * * * *



Descreo de la primera frase,

el primer gesto.

Descreo de los gestos interinos,

las frases intermedias,

las sentencias.

Y no puedo ser más

que un aburrido sentencioso.

Y adoro las palabras,

pero tengo que descreer de ellas

si me percato de que olvido fácilmente

que ellas están, también, para la dicción

de aquello acerca de lo que no creo.



* * * * *

¿ Cuánto mide un kilo ?
¿ Cuánto pesa un metro ?

Los fanáticos caracterizan sus angustias
y a eso luego llaman arte, amor, filosofía...

¿ Y qué es un metro sino cien pedacitos de nada ?


* * * * *

Que el enamorarse es crear una religión cuyo dios es falible es una frase irrefutable de Borges y, a la vez, sorprendente pues, a pesar de la incontenible avanzada de inhumanismo presente, confiere al ser humano el privilegio de exhibir un don para la creación y, más aún, para la devoción.
Desgraciadamente, demasiado pronto nos advierte sobre la futilidad de crear devociones a nuestra imagen y semejanza.

* * * * *

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P. S. Anexo del 30 de Enero de 2016
A tantos años de distancia agrego algunos párrafos del libro, que aparecen al comienzo de la segunda parte.




1995-2005

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Hoy por hoy no quedan muchos literatos, en el sentido vocacionalmente académico, humanista y críptico que antiguamente comportaba el término.  Se han multiplicado los profesionales de la escritura, gentes que no gozan de la intimidad con el lápiz. A la mayoría de estos escritores del presente, se los distingue con facilidad porque les seduce grandemente el vodeville.

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Gran parte de nuestros escritores -me refiero especialmente a los ‘éditos’, dado que los inéditos serán (o seremos, a qué ocultarlo) siempre un misterio-, dan muestras de adolecer de una carencia de períodos de crisalidación,  en el más estricto sentido zoológico de la palabra, como lapso de lento cambio, de transformación interna, estadio ninfal de completo reposo y ayunamiento, y en el que el retiro y la soledad fungen de tegumento.

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Mi casa huele a atún recién cocido,
tus ojos a llovizna recién caída.
¿ Quién podría pretender
que debemos entendernos ?

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Las angulosidades del cuerpo femenino
se corresponden con la esencia del alma femenina.
¿ Por qué tantas mujeres de hoy hablan dodecaedros ?

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Hombre o mujer, niño o anciano.
Todo ser humano tiene un punto de equilibrio
como lo tiene toda cosa viva.
Tal, el vuelo de una mariposa, el canto de una ballena.
Toda cosa inerte tiene un punto de equilibrio
(sea el brillo de un perdido broche
o el imprevisto halo de un guijarro)
pues, lo inerte no está muerto y eso lo sabe todo niño
que no haya sido castrado al nacer.
Todas las cosas, animadas o inanimadas,
tienen un centro en el cual oscila la balanza.
Y la balanza es sólo una.  Sal solo a la noche,
tomando cuidado de dejar colgados en casa los pensamientos,
tal como dejarías en el armario un viejo y raído saco.
Observa los campos celestes, sus cuerpos vibrando equidistantes,
reconociendo una piedra entre tus manos.
¿ Tendrás el coraje de afirmar que vivimos sólo para vivir “mejor” ?
¿ o que debemos echarnos encima el jornal para que otros, ni más ni menos
ciertos, ni más ni menos dueños que nosotros de una efímera verdad,
nos den su aprobación ?
¿ Tendrás el valor de decir que es más importante
pagar la cuenta de la luz o del teléfono que dialogar con el cielo?
El cielo eres tú mismo o, al menos, eres su reflejo.
Y todas las cosas gozan de un punto de equilibrio.
Aún cuando nos empeñemos en danzar, aparentemente,
fuera del círculo de sus dominios.



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Nota del 04 de Febrero de 2016: Uno o dos meses antes de la presentación inicial del libro (que tuvo lugar el 14 de Diciembre de 2006) elaboramos, por nuestra cuenta, unas etiquetas, y le hicimos la solicitud a la editorial para que la misma fuera colocada en la contra carátula del libro, pero nunca se las agregaron a esa edición de 2006. Los pocos ejemplares que muestran esa etiqueta en la contra carátula, la tienen porque fueron colocadas allí por un servidor.  




















1 comentario:

mario dijo...

Del carajo mi pana. Sobre todo la foto desde La Pastora.