domingo, 8 de julio de 2007

Ars Poética y el poema como Ars Poética - Fina García Marruz, Dylan Thomas - Pellegrini - Nietzsche




LETRAS CONTRA LETRAS
Ars Poética y el poema como Ars Poética
Pocos son los poetas que, en algún momento de su vida, no hayan dedicado unas páginas, al menos, a la expresión del Ars Poética. Algunos lo han hecho de un modo íntimo o personal -por decirlo así-, expresando sus ideas informalmente, a través de cartas o recurriendo a anotaciones de uso propio y en las que se expone su concepción de un Ars Poética que remite, primeramente, a su propia obra; ideas que, luego, voluntaria o involuntariamente se han transformado en libros; otros, con la decidida intención de plantear el tema abiertamente al público (o abiertamente al aire, pues no pretendemos afirmar que Ars Poética haya sido nunca, y menos hoy, un tema con un gran poder de convocatoria), otros -decíamos- lo han hecho por medio de ensayos e, incluso, estudios monográficos, estos últimos, afortunadamente, son los menos. Sin embargo ¿quién podría decir que no hay en cada caso, una visión implícitamente íntima y personal del arte poético?

Particularmente queremos destacar, en este número con el que damos inicio a la sección Letras Contra Letras, el aspecto visionario que reside en todo poema o, mejor, en todo verdadero poema y en ese vasto, desconocido y subyugante cuerpo de la verdadera poesía. Sabemos la gran carga subjetiva que pueden alojar expresiones como "verdadero poema" o "verdadera poesía". Es un riesgo asumido. La poesía es una forma de vida y no pretendemos que sea la única o que no comporte variantes, según aquel que la cultive. Sin querer entrar a hablar en este momento de su aspecto visionario, hay en ella un ver distinto, un distraído ver despierto, un modo de entrar en un contacto más íntimo con aquello que excede y obsesiona al simple mortal y que algunos optan por designar con palabras como realidad, naturaleza o absurda perplejidad (acepción esta última, tal vez, más apropiada para quienes tienden a ser menos asertivos). Pero más imperativo se nos hace decir ahora, que la poesía no podría manifestarse y llegar a ser esencialmente ella sin su condimento ético, amén del estético, -al cual no vacilamos en colocar en un rol secundario, subalterno-, otro riesgo asumido. Hoy queremos iniciar esta sección con un obsequio: dos breves poemas que nos hablan de un modo de asumir la poesía como forma de vida; dos poetas, dos personas quizás diametralmente distintas, pero corresponsalmente poetas: Fina García Marruz y Dylan Thomas. De ellos traemos dos breves muestras en las que el ars poética se propone como tema, es el poema.

Rescatamos un texto de Aldo Pellegrini que juzgamos sumamente pertinente para un tiempo y una civilización como ésta en la que nos ha tocado vivir, en la que el tan trajinado término “globalización” no alcanza a dar una idea justa de la alucinación que padece el grueso de la humanidad; una civilización que, con rigor, tacha al individuo en el punto más preciado de sus atributos, allí donde debería sanamente respirar su libre albedrío; una civilización (¡caramba! ¿podemos seguir denominándola así?) en la que, al decir de Robert Graves, en su prólogo a La Diosa Blanca, "...son deshonrados los principales emblemas de la poesía. En la que la serpiente, el león y el águila corresponden a la carpa del circo; el buey, el salmón y el jabalí a la fábrica de conservas; el caballo de carreras y el lebrel a las pistas de apuestas; y el bosquecillo sagrado al aserradero. En la que la luna es menospreciada como un apagado satélite de la Tierra y la mujer considerada como ‘personal auxiliar del Estado’. En la que el dinero puede comprar casi todo menos la verdad y a casi todos menos al poeta poseído por la verdad..."

Completaremos este número con una serie que hemos titulado Fragmentarias, un espacio dedicado al fragmento, provenga de quien provenga, de poetas, filósofos y novelistas; de escritores de toda tacha; de santos, mártires, reos y artistas de toda índole, siempre y cuando juzguemos pertinente su decir. En un mundo fragmentado por guerras y disputas, por la explosión de imágenes hipnóticas, por credos ciegos y golpes de pecho, es natural el cultivo de la idea fragmentaria; más que un cultivo podría ser el resultado de una imposibilidad: la del decirnos llanamente, con la serenidad que no nos brindan estos tiempos. Pero, también, puede ser el producto de una urgencia: la de aquel que no puede esperar para poner el dedo en la llaga. En todo caso será un espacio abierto a todo tipo de ideas, siempre y cuando obedezcan a la calidad de fragmento.

Luis Alejandro Contreras










NO ES POR ORGULLO, POESIA

No es por orgullo, poesía
no es por orgullo
que nunca trato de buscarte,
que no me impaciento si no me visitas,
que no me ocupo de publicar tus favores
como un mal amante los favores de su dama,
no es por orgullo,

sino porque sé bien que,
de algún modo,
tú estás en algún sitio firme
esperándonos siempre
y que todos los caminos
oscuros e inciertos
que de ti me separan
irán a dar al final a tu radiante pecho.

Fina García Marruz, Segundas Partes, tomado de Nociones Elementales y Algunas Elegías, libro publicado por Fundarte, Colección Breves, 1994.






EN MI OFICIO O ARTE SOMBRIO

En mi oficio o arte sombrío
ejercido en la noche silenciosa
cuando sólo la luna se enfurece
y los amantes yacen en el lecho
con todas sus tristezas en los brazos,
junto a la luz que canta yo trabajo,
no por ambición ni por el pan
ni por ostentación ni por el tráfico de encantos
en escenarios de marfil,
sino por ese mínimo salario
de sus más escondidos corazones.

No por el hombre altivo
que se aparta de la luna colérica
escribo yo estas páginas de efímeras espumas,
ni para los muertos encumbrados
entre sus salmos y ruiseñores,
sino para los amantes, para sus brazos
que rodean las penas de los siglos,
que no pagan con salarios ni elogios
y no hacen caso alguno de mi oficio o mi arte.


Dylan Thomas, Edición original: COLLECTED POEMS, Traducido por Elizabeth Azcona y publicado por Fabril Editora, Buenos Aires, bajo el título de POEMAS COMPLETOS, 1974.




Se llama poesía a todo aquello que cierra la puerta
a los imbéciles

La poesía tiene una puerta herméticamente cerrada para los imbéciles, abierta de par en par para los inocentes. No es una puerta cerrada con llave o con cerrojo, pero su estructura es tal que, por más esfuerzos que hagan los imbéciles, no pueden abrirla, mientras cede a la sola presencia de los inocentes. Nada hay más opuesto a la imbecilidad que la inocencia. La característica del imbécil es su aspiración sistemática a cierto orden de poder. El inocente, en cambio, se niega a ejercer el poder porque los tiene todos.
Por supuesto, es el pueblo el poseedor potencial de la suprema aptitud poética: la inocencia. Y en el pueblo, aquellos que sienten la coerción del poder como un dolor. El inocente, conscientemente o no, se mueve en un mundo de valores (el amor, en primer término), el imbécil se mueve en un mundo en el cual el único valor está dado por el ejercicio del poder.
Los imbéciles buscan el poder en cualquier forma de autoridad: el dinero en primer término, y toda la estructura del estado, desde el poder de los gobernantes hasta el microscópico, pero corrosivo y siniestro poder de los burócratas, desde el poder de la iglesia hasta el poder del periodismo, desde el poder de los banqueros hasta el poder que dan las leyes.
Como la poesía significa libertad, significa afirmación del hombre auténtico, del hombre que intenta realizarse, indudablemente, tiene prestigio ante los imbéciles. En ese mundo falsificado y artificial que ellos construyen, los imbéciles necesitan artículos de lujo: cortinas, bibelots, joyerías, y algo así como la poesía. En esa poesía que ellos usan, la palabra y la imagen se convierten en elementos decorativos, y de ese modo se destruye su poder de incandescencia. Así se crea la llamada "poesía oficial", poesía de lentejuelas, poesía que suena a hueco.
La poesía no es más que esa violenta necesidad de afirmar su ser que impulsa al hombre. Se opone a la voluntad de no ser que guía a las multitudes domesticadas, y se opone a la voluntad de ser en los otros que se manifiesta en quienes ejercen el poder.
Los imbéciles viven en un mundo artificial y falso: basados en el poder que se puede ejercer sobre otros, niegan la rotunda realidad de lo humano, a la que sustituyen por esquemas huecos. El mundo del poder es un mundo vacío de sentido, fuera de la realidad. La poesía es una mística de la realidad. El poeta busca en la palabra no un modo de expresarse sino un modo de participar en la realidad misma. Recurre a la palabra, pero busca en ella su valor originario, la magia del momento de la creación del verbo, momento en que no era un signo, sino parte de la realidad misma. El poeta mediante el verbo no expresa la realidad, sino que participa de ella.
La puerta de la poesía no tiene llave ni cerrojo: se defiende por su calidad de incandescencia. Sólo los inocentes, que tienen el hábito del fuego purificador, que tienen dedos ardientes, pueden abrir esa puerta y por ella penetran la realidad.
La poesía pretende cumplir la tarea de que este mundo no sea sólo habitable para los imbéciles.


Aldo Pellegrini, Artículo publicado originalmente en el No. 9 de la revista Poesía de Buenos Aires, 1.961, y luego reproducido en el libro: Para Contribuir a la Confusión General, Edit. Leviatán, Buenos Aires.
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Fragmentarias...

No podemos saber si este manojo de ironías (si exceptuamos, tal vez, el tercer y quinto pensamientos) deben la luz a Federico Nietzsche o a una traviesa mano, agrupadas en un polémico libro titulado Mi Hermana y Yo, del cual hay fuentes que niegan su autenticidad. Al decir de un buen amigo, conocedor de la obra de Nietzsche, este libro es lo que él llama un panfleto. Y acá lo dejamos por el asombro y la curiosidad que nos causa. Asombro por el arrojo de que alguien haya acometido una empresa como esa de hacerse pasar por el gran pensador alemán. Y curiosidad, porque me encantaría encontrar los rastros reales del origen de esta publicación. Con todo, fue publicado en español por Edaf en España y por Santiago Rueda en Argentina. lacl

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Al hombre vulgar le gustaría creer que vive por un solo designio, y esta expresión es definida por su ignorancia de sí mismo y de los fines a que está destinado. ¿Qué es, pues, este gran designio por el cual vive? ¿Una mujer? ¿Hijos? ¿La extensión de esta resbaladiza democracia de la cual tanto se habla? Para ensayar la validez de estos valores, querido ciudadano, párese bajo cualquier árbol sano, repítase estas cosas y fíjese si las ramas no se ríen de usted y de su designio en eterna burla.

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He amado a Sócrates con un afecto que no sentí por ningún ser humano en la historia. Le he perdonado, incluso, su único gran pecado: la transformación de la razón en una fuerza tiránica.

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Si nunca habéis caminado a solas con vosotros mismos por un sendero de la montaña mientras el sol se levanta lentamente sobre los bosques de otro horizonte, no habéis hallado aún una escena apropiada para vuestro renacimiento como alma individual.

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Durante uno de nuestros paseos, Lavizky me preguntó cuál de mis libros me gustaba más. Le contesté que no estaba seguro pero debía ser alguno de los que aún no escribí. Siento tal benevolencia por todas las cosas del mundo que todavía no han nacido.

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¿Qué es lo que distingue a un hombre como rico o lo hunde como pobre? Su capacidad o su inhabilidad para dar cuanto posee, sin perder la sensación de seguridad.

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En muchos sentidos, Kant fue el creador del mundo moderno -¡y qué mundo exclusivista!-, en el que sólo pueden existir las cosas que han sido concebidas en términos de sentido humano y experiencia. En este mundo la mente humana es el dictador supremo y sólo las cosas que están preparadas (y dispuestas) a sujetarse a su regla pueden formar parte del reino de la existencia.

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Hay gente en este mundo que ha sido amamantada tan enteramente de preciosas ilusiones que piensan que sólo les queda una cosa útil para emplear sus energías remanentes, y ella es achicarse a la vista del público en un acto de suicidio moral. Sin embargo, ¿dónde está el deshollinador que no fuese un gran primer ministro? ¿Dónde el rey que, compelido por las circunstancias históricas, no llegara a ser un gran lustrabotas?

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