jueves, 27 de enero de 2011

Ya no hay más “Lectura”

 
Siempre resulta una mala nueva el que una librería a lo tradicional (esto es, una dedicada al saber, la cultura, las artes, las ciencias y el humanismo; no ese nuevo concepto de espacio donde lo que se ofrece es quincallería de ocasión, un poco más allá de los libros de autoayuda y de “filosofía” encapsulada) se vea forzada a cerrar sus puertas, pero cuando le toca a una de las decanas, es como para entristecerse. Ya no hay más “Lectura”, se acabó, c´est fini, no dio para más… Luego de casi seis décadas de librera labor, se mudó al sótano de los recuerdos, mientras que esa bóveda subterránea en la que se mercadeaba el saber se ha convertido en otra plaza despoblada, otra comarca erosionada en este fingimiento de país del que somos arte y parte... Y me atrevo a hincarme en una palabra que hoy -de manera maniquea, sensiblera y maquillada de moralina- es denostada, mal vista y ultrajada, para hacer alusión a un culto que en Lectura, como en otras ancestrales librerías de Caracas se cumplía: el del mercado del espíritu… ¡Y nadie debería taparse la nariz por haber juntado yo mercado con espíritu en una misma frase! Sólo los militantes de la inopia o de enceguecidos credos, amén de algunos pícaros y oportunistas, habrán de darse por ofendidos, el tipo de gentes a quienes les encanta ejercer la autoridad o padecerla con gozo masoquista.
Porque mercado y librería no significan “todo” lo que solían significar antaño es que estamos como estamos, sobrellevando un colectivo empobrecimiento de lengua y espíritu que, como peste, cabalga a paso de vencedores. Cuando Pound le propone a Whitman, en su poema Pacto, “que haya comercio entre nosotros”, no me parece que se estuviera refiriendo a derechos de autor o majaderías por el estilo.
¿Qué fueron los mercados, si no plaza de encuentro para los ciudadanos de toda urbe? ¿Acaso no lo siguen siendo hoy? ¿Por qué habría de ser más importante para el común mortal, el mercado petrolero o el de Wall Street que el añejo mercado de hortalizas o la vieja librería de la esquina? A mi parecer, quienes bruñen la autoridad como un reverenciado talismán, mientras se apropian de su ejercicio, son mucho más responsables del empobrecimiento de la lengua y del espíritu que el distraído hombre de a pie.
En fin. Algunos lustros atrás, me paseaba yo por las estanterías de “Lectura” y debo confesar que se me hacía agua la boca, al tanto que se me arrugaba el corazón, por no poder adquirir la ingente y variada cantidad de buenos títulos que allí concurrieron a exponer sus atavíos ante los comensales de las cifras… ¿Cuántas veces no oculté yo en algún recoveco de sus estanterías un título de precio inalcanzable, en la esperanza de poder llevármelo en una próxima visita? ¿Cuántas veces no pillé a algún otro amante de los libros concibiendo y perpetrando disimuladamente la misma treta? Quién habrá de recordarlo, no lo sé, pues a Lectura poco iban ya quienes antaño fueran sus habituales visitantes.
Walter Rodríguez, librero insignia en este sainete de país que más parece un disoluto principado, estuvo tratando de evitar el cierre que hoy se ha consumado. Pues si al principado le resulta un caso de lesa humanidad el que usted trate de mantener bien surtida su vitrina, sea de verduras, libros o enseres, ¿qué caso tiene?
La ciudad se mueve, los hábitos cambian, en tanto que encarnamos una nación de desmemoria en la que se abusa de consignas de hojalata ante las que, sin embargo, buena parte del vulgo exhibe cada vez menos conformismo.
Luis Alejandro Contreras
26/01/2011

Las fotos fueron seleccionadas de la enorme cantidad que tomara mi querido Juan Ernesto López, la noche de presentación de Contracorrientes - Sentencias en incertidumbre, el 14 de Diciembre de 2006.


Otra fuente: http://letrascontraletras.blogspot.com/2007/07/blog-post.html







viernes, 14 de enero de 2011

El Viento que penetra

.
.

El Viento que penetra


Ante el Ching 57, surgieron estas líneas…



La duda está en el aire,
pero no es el viento su vasija;
él sólo transporta, en su liviandad,
nuestras excrecencias, cenizas e impurezas.

Ciclos y círculos de apaciguada serenidad
componen los días del hombre;
mas, para él, pasan inadvertidos.

El ajetreo citadino
sofoca su respiración y
nubla su vista,
procurándole a la duda
una preeminencia que no tiene.
Y él termina convirtiéndose en
un ser malcriado, chabacano
y cruel para con los otros.

Pero a algunos pocos
les llega una agraciada hora,
la hora de detenerse.

Les llega el momento
de sentarse,
de respirar,
de cerrar los ojos,
de abrirlos,
de ver
y de olvidarse.

Y es ésa la hora de los dones,
pues, en lo ordinario
subyace lo extraordinario,
en lo desatendido
se recrea el embelesamiento
de una rendida providencia.

Y el viento les penetra.


(cuarta versión, septiembre 18 de 2010, madrugada )

jueves, 13 de enero de 2011

Tao Te Ching, I 11 de enero, 4 am.


Tao Te Ching, I
11 de enero, 4 am.

Esta madrugada me asaltó, en el entresueño, la primera frase del Tao, evidentemente, una nota al margen venida desde las sombras para acodar mi anterior nota. Es la frase que reza:

...El Tao que puede ser expresado no es el Tao eterno...

Muchas traducciones del Tao-Te-Ching adolecen precisamente de esa fisura, quieren expresar lo inexpresable. Y colocan nominaciones tales como Sentido o Caos, donde lo que debe leerse es TAO…

El Tao incita a ir más allá de las trampas del lenguaje que, bien mirado, funge (no pocas veces al día) como una máscara del yo. Sólo por tejer sus bordes en torno a tales trampas es que, para mí, este libro -esencialmente poético- nunca ha dejado de ser de cabecera…


Tao Te Ching, Ediciones Morata, Madrid, 1980. Versión de Caridad Díaz-Faes sobre la inglesa de Ch´u Ta Kao.

Tao Te Ching, LXXIX 10 de Enero, amanecer...




Tao Te Ching, LXXIX
10 de Enero, amanecer...



Ayer he reencontrado mi traducción preferida del Tao Te Ching (*) y la primera página que abrí, reza así:

A un gran odio ha de corresponderse con amor.
De otro modo, aunque el odio cese, siempre dejará huella.
¿Puede terminar esto felizmente?
Por ello el Sabio prefiere el lado izquierdo (**) en un acuerdo
y no le preocupa lo que hagan los demás.
El virtuoso acude al acuerdo.
El rencoroso a la exacción.
El Tao del cielo no tiene preferencias.
Se mantiene siempre al lado de quien obra bien.

(*) A pesar de ser una traducción de la versión inglesa de Ch´u Ta-Kao. Tao Te Ching, Ediciones Morata, Madrid, 1980.
(**) Antiguamente la derecha era el sitio de honor. El Sabio se mantiene a la izquierda porque no desea preferencia.
.

miércoles, 12 de enero de 2011

Un maestro de la narración oral, Spencer Holst


El asesino de Papá Noel

Hubo una vez una persona que terminó con las guerras para siempre, al asesinar a 42 Papás Noel. Todo empezó unos diez días antes de Navidad, cuando un Papá Noel del Ejército de Salvación fue asesinado en un barrio. Un diario de la mañana traía la noticia, pero al día siguiente otros cinco Papás Noel fueron asesinados y el hecho apareció en la primera plana de todos los diarios del país. Cuatro de ellos fueron asesinados mientras recolectaban fondos para el Ejército de Salvación, y el quinto fue apuñalado en la sección Juguetería de Gimbel‟s. ¡La gente se sintió ultrajada! ¡Cómo se indignaron! Pensaban qué monstruo, qué engendro debía ser ese tipo, quiero decir, arruinarles la Navidad a los chicos asesinando a Papá Noel. No se preocupaban por las vidas verdaderas de los hombres asesinados, tan sólo era el efecto que causaría a los chicos lo que molestaba a todos.

De manera que al día siguiente la ciudad estaba llena de policía metropolitana y estadual, agentes del FBI y hasta algunos funcionarios de Inteligencia de la Marina, agentes del Tesoro y funcionarios del Departamento de Justicia, todos los cuales encontraron pretextos para intervenir en el caso: y otros diez Papás Noel fueron muertos y no se atrapó al esquivo asesino.

Así que aquella noche todos los Papás Noel que estaban trabajando, convocaron a una reunión secreta para decidir qué hacer. Se daban cuenta de sus responsabilidades para con los chicos pero, por el otro lado, les parecía una especie de locura salir a la calle y ser atacados por este maníaco. De modo que un hombre, que era valiente y no tenía a nadie que dependiera de él, se ofreció para salir al otro día, disfrazado y con una fuerte guardia armada. Pero le cortaron la garganta en su cama, aquella noche. Así que al otro día no había Papás Noel en la ciudad. Y la gente estaba algo así como irritable y nerviosa, y los chicos lloraban, y no parecía Navidad sin los Papás Noel.

Pero al día siguiente, una volátil mujercita de Hollywood, una actriz que buscaba publicidad, salió vestida de Mamá Noel. Y la gente y sus chicos se agolparon en torno de ella, ya que era lo más aproximado a Papá Noel que andaba por la calle, y consiguió un montón de publicidad, y no la mataron. De modo que al día siguiente varias otras mujeres prominentes salieron todas vestidas de Mamá Noel, con el pelo empolvado de blanco y polleras coloradas y almohadones en sus vientres y sombreros de Papá Noel, y tampoco a ellas las mataron. Decidieron que a lo mejor el maníaco había dejado de actuar, así que mandaron a la calle a un Papá Noel como globo de ensayo, pero una hora después su cuerpo era conducido en una ambulancia al Bellevue Hospital, con tres balas alojadas en él.

Así que la Navidad de ese año transcurrió con Mamás Noel. Y el año siguiente empezó a ocurrir otra vez lo mismo, de modo que de inmediato mandaron a las mujeres otra vez a la calle. Al año siguiente pasó la misma cosa; y el siguiente, y el siguiente: y año tras año, este paciente y esquivo maníaco mataba a cualquier varón vestido de Papá Noel, hasta que finalmente en los diarios, en la publicidad y en las mentes humanas, Papá Noel retrocedió hacia el fondo y Mamá Noel se convirtió en la figura principal.

Quiero decir que Papá Noel todavía estaba allí. Hacía los juguetes en el Polo Norte y se ocupaba de los elfos, pero era Mamá Noel la que viajaba en el trinco tirado por los renos y se deslizaba por la chimenea y repartía los regalos y encabezaba el desfile de Navidad cada año. Y lo divertido era que a las mujeres parecía gustarles realmente ser Mamá Noel. Nadie tuvo que pagarles y se convirtió en una moda tal que las calles, en época de Navidad, estaban colmadas de Mamás Noel. Y a medida que el tiempo pasó, ellas empezaron a hacer pequeñas alteraciones en el traje tradicional, cambiando primero el matiz de rojo, y experimentando después con colores completamente distintos, hasta que al fin cada traje fue único y fantástico, hermosamente coloreado, bellísimo. Se convirtió en un verdadero honor el encabezar el desfile de Navidad. ¡Y a los chicos les encantó! ¡La Navidad nunca había sido así antes, con todas estas Mamás Noel y toda la excitación! Pero estos chicos, esta nueva generación de chicos que creció creyendo en Mamá Noel, eran algo así como distintos. Porque, fíjense, para los chicos muy pequeños Papá Noel es un dios. Y para la época en que dejan de creer en Papá Noel, empiezan a ir a la Escuela Dominical y aprenden acerca de un nuevo Dios. Y este nuevo Dios no les hace regalos. Es un poco rudo. Pero toda la vida anhelan a su antiguo dios de la infancia, a su dios Papá Noel.

Observen sus oraciones, lo que dicen: dame lo que deseo. Pero esta nueva generación de chicos que crecieron creyendo en Mamá Noel, parecía tener una actitud distinta hacia las mujeres. Empezaron a elegir mujeres para el Congreso y eligieron a una mujer presidente y mujeres alcaldes, hasta que muy pronto el país entero estuvo gobernado por mujeres. A ellas les preocupaban sobre todo cosas como la comida, y hubo mucha discusión en el Congreso acerca de varios regímenes, y bien pronto hasta los más pobres tuvieron mucho que comer; y estaban interesadas en las casas, y pronto ya no hubo escasez de viviendas. Pero había una cosa que no apoyarían. No pensaban hacerlo. Quiero decir, ¿qué posible razón política haría que estas mujeres mandaran a sus hombres a ser matados? ¡Era ridículo! De modo que con su poder político y su poder financiero y el prestigio de los Estados Unidos, obligaron y animaron a otros países a permitir que mandaran las mujeres. Así la guerra terminó para siempre. Los hombres siguieron haciendo lo que siempre habían hecho. Trabajaban en fábricas, y estudiaban matemática superior, y apostaban a caballos, y repartían el hielo, y discutían de filosofía. Pero estas discusiones sobre filosofía no ocasionaban que la gente se muriera de hambre y se matara entre sí. Y muy pronto, en todo el mundo, nadie estaba hambriento, todos tenían lindas casas, ya no había guerra, la gente empezó a ser feliz. Saben, cuando uno se detiene a pensar en ello, había ocurrido una revolución mundial. Y 42 Papás Noel no es mucha gente muerta para una revolución mundial.

Pero el asesino o, en realidad, el santo a quien la humanidad tanto le debía, el que planeó y ejecutó esta revolución casi incruenta, nunca fue atrapado y crucificado. Siguió viviendo. No, nadie descubrió nunca la identidad de este santo: es decir —ah—, salvo yo. Yo sé quién es el santo. Oh, no tengo ninguna prueba, pero es precisamente por eso que estoy tan seguro de que lo sé. Porque hay una sola persona capaz de esto, hay una sola persona con el genio, la osadía, la imaginación, el valor, el amor a la gente, la avidez por la sangre y la paciencia requeridos para llevar a cabo esta, la mayor de todas las acciones. Esa persona es mi hermanita.