viernes, 14 de enero de 2011

El Viento que penetra

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El Viento que penetra


Ante el Ching 57, surgieron estas líneas…



La duda está en el aire,
pero no es el viento su vasija;
él sólo transporta, en su liviandad,
nuestras excrecencias, cenizas e impurezas.

Ciclos y círculos de apaciguada serenidad
componen los días del hombre;
mas, para él, pasan inadvertidos.

El ajetreo citadino
sofoca su respiración y
nubla su vista,
procurándole a la duda
una preeminencia que no tiene.
Y él termina convirtiéndose en
un ser malcriado, chabacano
y cruel para con los otros.

Pero a algunos pocos
les llega una agraciada hora,
la hora de detenerse.

Les llega el momento
de sentarse,
de respirar,
de cerrar los ojos,
de abrirlos,
de ver
y de olvidarse.

Y es ésa la hora de los dones,
pues, en lo ordinario
subyace lo extraordinario,
en lo desatendido
se recrea el embelesamiento
de una rendida providencia.

Y el viento les penetra.


(cuarta versión, septiembre 18 de 2010, madrugada )

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