martes, 22 de abril de 2014

GLOSA Y POEMA - ROBERT GRAVES / THE TITLE OF POET



Es domingo por la mañana bien temprano, y necesito unos momentos de cortejada soledad, esto es, en medio del bullicio. Así que luego de dejar a Yineska en un curso de Restauración Energética, decido irme a una arepera, con mi consuetudinaria bolsa de libros. Pero tan sólo me entrego a la lectura de un libro, antes y después de un salpimentado desayuno criollo. Se trata de una bella edición de la Utopía de Tomás Moro, una edición crítica que agrega otros documentos de importancia, por darle un corpus a ese tema tan esquivo como es la encantadora ciudad (o, más apropiadamente, isla) a la que “no hay lugar”. 

Cuando me disponía a cerrar mi soledosa sesión de viandas y letras, decidí darle
una ojeada a una antología de poemas de Robert Graves. Unos minutos antes, un joven de voz un tanto desencajada había estado intentado obtener algún caudal a cambio de alguna de las estampas religiosas que acopiaba en un mazo. Es Domingo de Resurrección. Al ver que yo estaba comiendo cuando él pasó por mi lado, se aventuró con las mesas contiguas a la mía, ambas ocupadas por dos familias. En ninguna obtuvo dádivas, sino algo así como un par de férreas negativas. Merodeó por otras mesas. Nada. No es un joven con gracia en su manera de demandar ayuda, pero ¿cuántos logran serlo en medio del trance de una necesidad? Por alguna razón volvió a una de las mesas contiguas y se instaló a pedir infructuosamente. En su voz hay una junta de desesperanza con desesperación. 

Todo esto pasa mientras yo abro una página del libro de Graves y me toca un poema que reza: The title of poet. Pero no puedo leerlo. Llamo al joven y le digo que por qué no me da una estampita. No me entiende, piensa que lo he llamado sólo para darle algo de dinero y que se vaya. Pero no, le digo, es que quiero que me des esa estampita que acabo de ver en tu mano, la de José Gregorio Hernández. Como cosa increíble, habiendo metido en el mazo esa estampa, no hace más de cinco segundos, ahora no la consigue. Tranquilo -me dice- sé que tengo más de una de José Gregorio. Y sigue buscando y no aparece ninguna. Pero sale de su mano una estampa de “la última cena”. Lo tomo por señal y le digo, déjalo así compadre, dame esa. Y le di un pequeño donativo. No puedo celebrar la limosna, pero sé que el gesto dice más de la esperanza que lo que pueda hacer uno con un par de billetes. Me da las gracias y se va… Me quedo unos minutos pensando en el porqué de no haber yo interrumpido mi comida y levantado la mirada, como en el porqué de no haber intentado él abordarme en ese momento. Me dije, “nos estamos muriendo y nada nos importa”. Abro nuevamente el libro y obtengo estas palabras, de las que más abajo dejo una primera aproximación.
(lacl)

  THE TITLE OF POET

Poets are guardians
Of a shadowy island
With granges and forest
Warmed by the Moon.

Come back, child, come back!
You have been far away,
Housed among phantoms,
Reserving silence.

Whoever loves a poet
Continues whole-hearted,
Her other loves or loyalties
Distinct and clear.

She is young, he is old
And endures for her sake
Such fears of unease
As distance provokes.

Yet how can he warn her
What natural disasters
Will plague one who dares
To neglect her poet?...
For the title of poet
Comes only with death.


EL TÍTULO DE POETA

Los poetas son los guardianes
De una isla espectral
Con huertas y forestas
Cobijadas por la Luna.

¡Vuelve, niña, vuelve!
Tú has estado muy lejos,
Hospedada entre fantasmas,
Acopiando el silencio.

Quienquiera ame un poeta
Continúa, de todo corazón,
Sus otros amores o lealtades,
Señalado y claro.

Ella es joven, él ya es viejo
Y sostiene, por su bien,
Los temores de desasosiego
Que la distancia provoca.

Sin embargo, ¿cómo puede él advertirle
Qué desastres naturales
Azotarán, cual plaga, a quien se atreva
A descuidar a su poeta? ...
Porque el título de poeta
Viene sólo con la muerte.
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lacl ©

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