lunes, 12 de enero de 2015

Mi heterodoxia - Inscripciones en el dolmen

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Mi heterodoxia se impuso desde la infancia, cuando un cura y dos preocupadas señoras no lograron sacarme un solo pecado del alma... Se trataba de mi primera comunión, a la que no me consultaron si deseaba yo comparecer o si me sentía preparado para ella. Luego de un concienzudo examen de conciencia se me ocurrió el exabrupto de expresar que no tenía nada que declarar ante el párroco, ni de palabra, pensamiento u obra. El cura me devolvió del confesionario. Y una airada señora, preparadora o catequista, me decía recriminarte: ¿cómo que no tienes pecado? ¡Claro que has de tener alguno! 

No señora, le respondí, se lo juro (el simple hecho de pensar feamente acerca de alguien o con odio me parecía una cosa horrenda).

- Allí está, andas jurando en falso.

- Que no se me ocurre nada de lo que usted me pide que confiese.

Y así fuimos alargando el combate, hasta que ella me dijo: pues, entonces, invéntate algún pecado, dile al cura que has dicho una mentira, que pecaste de pensamiento, palabra y obra. Eso le dije al sacerdote, quien -satisfecho- me envió de nuevo con las preparadoras, con la tarea expiatoria de rezar arrodillado treinta padrenuestros y treinta avemarías que lavarían mi indecoroso espíritu. Y eso me marcó para toda la vida... 

Nunca me sentí mejor retratado cuando, años después, leyera yo el Demian de Hesse…

Inscripciones en el dolmen, Cuaderno de notas…
(11 / 02 / 2013)

La imagen de arriba. Nota original de la fuente: "...A boat bringing the souls over the water to Purgatory, escorted by an angel. Divina Commedia, Italy, N. (Emilia or Padua), late 14th century, London, British Library, Egerton MS 943, f 65r..."



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