lunes, 31 de julio de 2017

Giraluna – Buena como el pan. Andrés Eloy Blanco.




Maruja flanqueada por mis primas Ingrid e Ilse Trujillo Contreras. Y a la derecha, su amiga Maritza y Yineska...


BUENA COMO EL PAN, Andres Eloy Blanco, de su libro Giraluna.

Una de las últimas veces que pudimos hablar un poco más extendidamente por teléfono, a la manera en que lo hiciéramos tantas veces en la vida, Maruja, mi madre, me refería que estaba leyendo su amada edición de Giraluna, la edición especial que sólo en un tiraje de 300 ejemplares, viera la luz en México, al lado de la de 5.000 que saliera para el público en el año de 1955. Esa tarde, ni su reciente sordera ni la deficiente calidad de las telecomunicaciones pudieron atentar contra nuestra conversa y me leyó un par de poemas de ese libro amado y reverenciado por toda la familia. Leyó divina y amorosamente, con esa concentración que a todos asombró, pues los años no parecían hacer mella sobre su delicada humanidad. Ese libro había venido con otros tantos ejemplares en el equipaje de nuestra querida abuela paterna, Berta Quintero Arvelo, quien, amiga íntima de los Blanco, había pasado una estadía de varios meses con ellos, durante el exilio de Andrés Eloy en el bello y hospitalario México. Así que quiero, como un mínimo pero hondo homenaje, dedicarle este canto de Andrés Eloy a Giraluna, pues pareciera que hubiera sido escrito para Maruja, estoy seguro que Luis Amado, su consorte y nuestro padre, así ha de haberlo pensado con el corazón, pues ése fue siempre el órgano central de toda su maquinaria pensamental…

Salud, Maruja, en el crisol del sentir.

lacl


BUENA COMO EL PAN

Buena como el pan
y te lo dijeron
como si fueran a comerte,
como si tendieran la mesa del gesto
para almorzar con tu bondad.

Entonces me oliste
a desayuno de amor;
entonces tus manos
se desmigajaron
sobre la leche de tu cuerpo
y tu cuerpo
se tostó de piedad caliente
y tu corazón
se blanqueó para hacerse corazón de mi pan.

Y ese fue el octavo Sacramento
de tu blancura en mi Verbo
de tu bondad en mi Extasis,
de tu inminente traslación a mi sangre.
Y te apuraron mis poros
con un millón de hambres y un millón de sedes.

Ahora
sudé todos los odios y el alma no me pesa
más de lo que pesara tu pan entre mis manos
-Buena como el pan- y ahora
te tomo con el hambre de un niño sin pecado.


Andrés Eloy Blanco

De su libro Giraluna
Editorial Yocoima, Venezuela – México
México, DF, 6 de Enero, 1955
Es una edición dorada, única, papel el más hermoso, prologado por, nada más y nada menos, un poema de Alfonso Reyes, una glosa de Romulo Gallegos y otras dos semblanzas, una de Manuel Altolaguirre y la otra de Pedro Sotillo. Trataré de configurar el escaner para dejar algunas imágenes de esa joya amada.





5 comentarios:

El Toro de Barro dijo...

No conocía a este autor, tan capaz de escribir un poema de amor ligero como el aire, y verdadero

Contracorriente dijo...

Sí, querido Carlos, fue un poeta muy popular en vida. Le llamaron siempre el poeta del pueblo. Su popularidad, me parece, le hizo mucho daño luego. Un hombre honrado de alma y corazón. Gran humorista y hábil, chispeante, sagaz y sarcástico en su oratoria política.

Solange Noguera dijo...

Poeta, por qué crees que le hizo daño ser llamado poeta del pueblo? En qué consistió ese daño? Preciosa esta glosa a tu madre y el poema de Andrés Eloy

Contracorriente dijo...

Hola Solange. gracias por tus palabras y la visita. Lo que quise decir es que fue tan popular, que luego, en las décadas posteriores a la del 60, se perdió el interés sobre su obra y ha dejado de leérsele. Era un poeta del que todo el mundo se sabía algunos versos... En casa era como un Dios, lo escuchábamos como si estuviéramos escuchando a un arcángel. Mi abuela materna fue gran amiga suya y de su esposa...
Un abrazo y nuevamente gracias.

Contracorriente dijo...

Quise decir mi abuela paterna, como se relata en la glosa...
Un abrazo.