lunes, 28 de septiembre de 2015

Algo de la luna



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Me he caído de la cama y le he tomado algunas fotos con el celular, antes de despedirse. Anoche, cuando ya decía adiós el eclipse, me fui a acostar porque estaba cansado. Y de pronto fui despertado ante la mágica aparición de eso que llaman un ovni. Duró varios minutos merodeando nuestros cielos. La mayor parte del tiempo emitía una luz roja. Pero un par de veces comenzó a brillar -por un instante- una intensa luz plateada, para pasar de inmediato a otra, igualmente intensa, de tono verdoso. No fui el único que lo vio. En todo caso, poco me interesa convencer a nadie de la veracidad de lo observado.

Una lástima que no dispusiera de las cámaras de mejor resolución, a una porque no le consigo las baterías adecuadas y a la otra porque, luego de andar varios meses perdida (apareció en el fondo de un sillón) no le consigo el cargador… No soy el mejor ejemplo de buen orden…

Esta madrugada, al volver a despertarme, noté que el resplandor de la luna era muy vivo. Así que decidí levantarme para contemplarla. Impresionante sello de plata que ya amenazaba ocultarse tras las montañas. Y con la misma camarita del celular le hice varias tomas.

Agrego unas palabras que anoche merodeaban en torno mío mientras contemplaba un eclipse que en lugar de eclipsarme me reveló. Fueron escritas antes de que clareara el día. Y más abajo agrego algunos otros bocetos inspirados a la sombra de la luna, en distintas fechas.
(lacl)
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(eclipse 27 09 2015) 

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Algo de la luna


Sombra de mi sombra
veo asombrado mi silueta
pespuntar en la cara de la luna,
que se sonroja al vernos frente a frente.
Nunca pensé que iba a darte un beso así,
le dije, en plena boca.

(28  09  2015, amanecer.)

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La luna y los frutos taciturnos
aprovechan el desacato de los relojes
para embelesarse sin vergüenza alguna,
mientras la ciudad desarma sus carriles
y los últimos de los descaminados vuelven
corriendo hasta sus lechos para sofocar un canto
que no se decide a desnudarse

(17 de marzo, 2013.)

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 A Yineska
A Mery

Los árboles veneran a la luna.
Desde lo más hondo de su callada inquietud,
desde el trasfondo de esa vida que se cumple en apacible fruición, 
elevan el sabor de la tierra en sus cantos de fervor.
Nadie (o casi nadie) coloca su oído en el tronco de un árbol.
Si por las noches lo hicieran
sabrían del rumor que,
entre sombras y abanicos de luz,
laboriosamente construyen hoja y flor,
al hacerse eco del murmullo del humus,
trepando desde sus raíces
para –ahogadamente- gritarle
sus amores al ombligo de Selene.

(23 de Enero, 2015)
(Enmienda 11 de Mayo, 2015)

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Lanzo mis cenizas
a la orilla
de una veta
esquiva
Toda veta es una luna
herida

[ contracorrientes (sentencias en incertidumbre), bid&co editor]

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Una sombra aguarda por mí en el reverso de la luna

[ contracorrientes (sentencias en incertidumbre), bid&co editor]

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La luna pende amarilla,
cenicienta, vaga, dulce,
cruel.
Dos niños de nadie juegan
al fútbol a la medianoche
(es la plaza Brion);
entre árboles asediados
por banquetas y bloques de cemento,
discuten la validez de cada gol,
mientras una bruma nauseabunda
espolvorea sus cabellos y los míos.
La luna o, mejor, el color hepático de su risueña agonía
no logra conmover cielo ni tierra.

Prosigo mi camino.

Pienso, quizás egoístamente, que hace meses no escribo un poema, pero inmediatamente surge una voz que me dice que eso importa un bledo.
¿ Qué dilema es éste de conciliar mi mundo con el mundo ? Hace poco sí escribí un verdadero poema, sencillo y hermoso porque tan sólo era el registro de un “fresco” que observé en la calle, pero lo perdí en la calle misma, tal vez al meter la mano en el bolsillo. Así, pues, es como si no hubiera escrito nada. Como un doble relámpago, acuden a mi memoria dos  sentencias, una es de Auden y la otra de Rilke. Auden postula la incertidumbre de todo poeta, sobre si volverá a encontrar las perlas de un nuevo poema, después de haberse encontrado con aquellas que le
señalaron el develamiento del último poema escrito. Rilke dice que todo poema (en realidad, toda obra de arte) ha de nacer de una profunda necesidad. Infiero de la conjugación de ambas sentencias, que poesía y poema son el padecimiento, la incertidumbre de una magia necesaria.

En mi camino pienso que había que estar allí, deberían haber estado allí, en la plaza, a medianoche; todos y cada uno de los hombres y mujeres que viven en el mundo, deberían tener un encuentro como ése, sin otra compañía que la de su yo interior, sin otros testigos que sus propios ojos:

Dos niños en un insólito campo de juego,
azuzándose con voces avejentadas.
Dos niños
corriendo bajo una luna de hiel,
con sus cabellos blancos.
Dos niños
lúdicos y endurecidos.

Hace tiempo que no escribo un poema.

[ contracorrientes (sentencias en incertidumbre), bid&co editor]
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(amanecer, 28 09 2015)




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