jueves, 5 de noviembre de 2015

Hoy, en el centro de una borrasca de luces... VERANO, 27 de marzo de 2008.



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(Boceto escrito en la parte interior de la contracarátula de mi vieja edición de "Días ejemplares de América", de Walt Whitman)

VERANO, 27 de marzo de 2008.

Hoy, en el centro de una borrasca de luces,
pleno día,
estuve tentado de escribir un poema.

Los poemas no son obra de la decisión,
sino fruto de la conjunción, de la tentación,
del fortuito hallazgo de un vislumbre
que nos asalta la piel,
resplandece los colores,
vigoriza la visión.

Lluvia de hojas.
A centenares, grandes y secas.

Estaba yo imbuido en mis humanas correrías.
Cabeza gacha, aire melancólico
y espectral silencio dibujado en el rostro,
de cara al afuera,
esto es, a los míos y a los extraños.

De pronto, las hojas comenzaron a llover,
el cielo se nublaba, el sol perdía calor,
el día anochecía y las hojas seguían cayendo
a estentóreos goterones.

Hojas de jabillos, acacias, apamates.
Hojas amarillas de un extinto marzo.
Hojas avisando que algo andaba exhausto.
Hojas golpeando, como un látigo,
sobre el metal ardiente de mi precario techo.

La ciudad estaba muerta.

Quise dar fe de ello en un poema.

Pero no habría tiempo.

Un policía me conminó
a poner el auto en marcha.

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