viernes, 11 de abril de 2014

Volar hacia otros cielos





Pasan los días y todo se le queda en el tintero…
No es modorra ni ausentismo del alma,
sino como una expiación ingobernable
que se ha tendido cual una vasta nube
sobre el cielo que nos cubre.

Cuando el río del tiempo pasa como una tromba
nada logra sujetar de sus aguas,
pero tampoco obtiene nada de ellas cuando,
a un paso tardo y cantado, le improvisa sus señas de minuet.

Y un susurro pasa tenue, sin hacer el menor ruido,
para decirle que todo es sempiternamente pasajero, fugaz,
en el eterno ombligo del tiempo…

Cualquier estampa contemplada en la calle
rápidamente se evapora del alma,
asciende hacia otros cielos,
sin conmiseración alguna por la desgarrada memoria;
cual el hálito esbozado en el cristal de la ventana,
cuando asoma sus ojos al mundo
como buscando una esperanza,
en la creencia -candorosa todavía-
de que ese mundo es espejo de nuestra respiración.

¿Por qué -se pregunta entonces-
se perfuma de disipación
esta tibia emanación del alma,
sin nombre, ni madre conocida?

Y, de improviso, siente en la nuca
el roce de una mariposa
o el aleteo de una polilla,
despidiéndose
en el preciso instante
en que su llama del amor
crepita más ardorosamente.

(Susurrado e intentado en Febrero, pero desparramado en Abril; Abril 10, de 2014)

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lacl ©

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