lunes, 14 de abril de 2014

Glosa al desgaire.



Los seres humanos forjados a la luz de los lemas de Occidente somos, al día de hoy, desequilibrio. Llevamos más de dos milenios de desequilibrio en el ombligo de nuestro logos; esto es, desde la hora en que negamos a la Diosa, desde el momento en que, altaneramente, no es que la bajamos de un pedestal, sino que la excluimos de nuestro fuero interior. 

Pecado de orgullo. Desmesura. Hybris.

Robert Graves demuestra muy claramente, cuán homosexual termina siendo el patriarcado machista que heredamos de la filosofía griega post-socrática, con todo y sus maravillosas edificaciones del pensamiento. Y es, apenas, desde el siglo pasado que se inicia una búsqueda con miras a restablecer el equilibrio en el seno de lo humano, fuese uno hombre o mujer. Una búsqueda intentada por una minoría, pero que no deja de tener enorme peso y significación. Pues, vaya paradoja, esto ha sucedido igualmente en un siglo en que (¿cuál otro, si no el XX?) como dijera una vez López Pedraza, se abrieron las puertas de una “nueva era”, con los deslumbradores destellos de la palabra “SEX”, rotulada entre doradas, gigantescas y enceguecedoras marquesinas, dando la impresión de que no había ninguna otra cosa que pudiera alimentar el fuego divino de la existencia. Conceptuaciones tales como ánimus y ánima, legadas por Jung, con el necesario equilibrio que debe prevalecer entre ellas, son indicio de lo que deseo señalar.  

Aquí lo dejo. En compensación a mi pichirrería escritural agrego un epígrafe que dice mucho, si no todo, con respecto a lo que quisiera realzar: la imposición de un des-divinizado dios fálico que ha terminado enamorándose de sí mismo, al quedarse íngrimo y solo en el altar, al querer llenar la vacante de una Eva ancestral, divina y terrestre, que jamás sintió pugna alguna entre ánima y ánimus, sino que bendijo la fusión y compenetración de los contrarios. Lo trae Margaret Murray:

“…El dios de la antigua religión se convierte en demonio de la nueva…”
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lacl ©

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Las fotos: Isadora Duncan en Grecia.
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