martes, 15 de abril de 2014

GUARIDA DE LOS POETAS / CESAR VALLEJO



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Vallejo, el hombre en la víscera, víscera la letra, la palabra.


Por las noches ha vuelto Vallejo. Tiempo ha que no lo hacía... Literalmente, quiero decir. Leí varias veces y en voz alta, varios cantos de los suyos. El XLI (41) de su Trilce. Aquel que reza: "Se huele a garantía" Pero, por sobre todo, sus poemas humanos: "Hoy me gusta a vida mucho menos", su "Me viene a veces una gana ubérrima, política". No ha de ser casualidad. Y me había prometido hacer una selección suya por el mero y necesario gusto de compartir su voz. Vallejo toca la fibra sensible para versar sobre esa enfermedad de la que nadie habla: la parálisis del corazón...

Vallejo fue, en mis años mozos -y lo seguirá siendo-, el detonante o el disparador de mi esperanza. Cómo es que esto vino a ser así, cuando es un hombre que teje sobre el dolor y que no intenta insuflarnos del goce whitmaniano? No lo sé. Lo que sí sé es que su palabra y sus considerandos nos rescatan.

Dejo aquí en ofrenda ese XLI, que a pesar de lo cifrado (como todo Trilce) tanto nos revela el diario devenir de nuestra pervertida cotidianidad… Pero también dejamos otros de los poemas que nos han venido a rescatar en estas noches pasadas, amén de una lectura de su "Me viene a veces una gana ubérrima, política", que no lo desmerece. Esa lectura nos recuerda un poco la voz de Eugenio Montejo al leer. Pero no sabemos quién es la persona que lee esa gana…
 
Salud!
lacl

P. S. Marzo 16, 2016. Me informan que la voz de quien lee es la del poeta César Calvo.  
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La Muerte de rodillas mana
su sangre blanca que no es sangre.
Se huele a garantía.
Pero ya me quiero reír.

Murmúrase algo por allí. Callan.
Alguien silba valor de lado,
y hasta se contaría en par
veintitrés costillas que se echan de menos
entre sí, a ambos costados; se contaría
en par también, toda la fila
de trapecios escoltas.

En tanto; el redoblante policial
(otra vez me quiero reír)
se desquita y nos tunde a palos,
dale y dale,
de membrana a membrana,
tas
con
tas.

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Me viene, hay días, una gana ubérrima, política,

https://www.youtube.com/watch?v=kEAfIHiuGLE



ME VIENE, HAY DÍAS, UNA GANA UBÉRRIMA...

Me viene, hay días, una gana ubérrima, política,
de querer, de besar al cariño en sus dos rostros,
y me viene de lejos un querer
demostrativo, otro querer amar, de grado o fuerza,
al que me odia, al que rasga su papel, al muchachito,
a la que llora por el que lloraba,
al rey del vino, al esclavo del agua,
al que ocultóse en su ira,
al que suda, al que pasa, al que sacude su persona en mi alma.
Y quiero, por lo tanto, acomodarle
al que me habla, su trenza; sus cabellos, al soldado;
su luz, al grande; su grandeza, al chico.
Quiero planchar directamente
un pañuelo al que no puede llorar
y, cuando estoy triste o me duele la dicha,
remendar a los niños y a los genios.

Quiero ayudar al bueno a ser su poquillo de malo
y me urge estar sentado
a la diestra del zurdo, y responder al mudo,
tratando de serle útil en
lo que puedo, y también quiero muchísimo
lavarle al cojo el pie,
y ayudarle a dormir al tuerto próximo.

¡Ah querer, éste, el mío, éste, el mundial,
interhumano y parroquial, provecto!
Me viene a pelo
desde el cimiento, desde la ingle pública,
y, viniendo de lejos, da ganas de besarle
la bufanda al cantor,
y al que sufre, besarle en su sartén,
al sordo, en su rumor craneano, impávido;
al que me da lo que olvidé en mi seno,
en su Dante, en su Chaplin, en sus hombros.

Quiero, para terminar,
cuando estoy al borde célebre de la violencia
o lleno de pecho el corazón, querría
ayudar a reír al que sonríe,
ponerle un pajarillo al malvado en plena nuca,
cuidar a los enfermos enfadándolos,
comprarle al vendedor,
ayudar a matar al matador —cosa terrible—
y quisiera yo ser bueno conmigo
en todo.

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HOY ME GUSTA LA VIDA MUCHO MENOS...

Hoy me gusta la vida mucho menos,
pero siempre me gusta vivir: ya lo decía.
Casi toqué la parte de mi todo y me contuve
con un tiro en la lengua detrás de mi palabra.

Hoy me palpo el mentón en retirada
y en estos momentáneos pantalones yo me digo:
¡Tánta vida y jamás!
¡Tántos años y siempre mis semanas!...
Mis padres enterrados con su piedra
y su triste estirón que no ha acabado;
de cuerpo entero hermanos, mis hermanos,
y, en fin, mi ser parado y en chaleco.

Me gusta la vida enormemente
pero, desde luego,
con mi muerte querida y mi café
y viendo los castaños frondosos de París
y diciendo:
Es un ojo éste, aquél; una frente ésta, aquélla... Y repitiendo:
¡Tánta vida y jamás me falla la tonada!
¡Tántos años y siempre, siempre, siempre!

Dije chaleco, dije
todo, parte, ansia, dije casi, por no llorar.
Que es verdad que sufrí en aquel hospital que queda al lado
y está bien y está mal haber mirado
de abajo para arriba mi organismo.

Me gustará vivir siempre, así fuese de barriga,
porque, como iba diciendo y lo repito,
¡tánta vida y jamás! ¡Y tántos años,
y siempre, mucho siempre, siempre, siempre!




Deshojación sagrada  

Luna!  Corona de una testa inmensa,
que te vas deshojando en sombras gualdas!
Roja corona de un Jesús que piensa
trágicamente dulce de esmeraldas!

Luna!  Alocado corazón celeste
¿por qué bogas así, dentro la copa
llena de vino azul, hacia el oeste,
cual derrotada y dolorida popa?

Luna! Y a fuerza de volar en vano,
te holocaustas en ópalos dispersos:
tú eres tal vez mi corazón gitano
que vaga en el azul llorando versos!...
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