sábado, 31 de agosto de 2013

Guarida de los poetas – Soneto y canción



















Escrito en 13 y publicado en 31. 
Tú me abandonarás en primavera…

Este ha sido un año de trémolos y estremecimientos, de andar tenue, como de aleteado paso de gorrión sobre aguas encontradas.

No creo que nadie agradezca el verse en el trance de padecer un espíritu revuelto. Y, sin embargo, hemos de reconocer que es una especie de enrevesamiento del alma lo que ha signado el paso de los días, al menos, de los días de este humilde servidor. Y que esa ha sido un poco la tesitura de los tiempos, tanto del río que canta en silencio mientras nos cruza detenido, como de los tiempos que nos arroban el corazón con sus improntas celestes de lluvia desenfadada o las tardes o mañanas que repentinamente todo lo visten de gris.

Uno agradece el tostado naranja que cierta tarde se despliega como para darle un beso en pleno ombligo. Se le ilumina el fuelle que por tantas jornadas se ha visto sobrepasado por la intemperancia humana de la hora.

Pero, ¿es que puede uno vivir caminando de puntillas sobre una soga extendida en el aire, un poco al descuido, un poco bajo el disimulo, un tanto histrión y parlotero? Definitivamente puede… Cual un artista del hambre con pericias para el trapecio.

Porque la melancolía tiene tantas o más artes como la alegría para hablar, a sottovoce, lo que esta nos canta a voz en cuello. Y cuando a la alegría le han sido extirpadas las cuerdas vocales, sale al tablado la nostalgia para hacerle el quite y darle un vuelco al carro en que pretendíamos cruzar las calles como si tal cosa. Y toman turno las baladas y boleros, toman turno los callados estribillos, cantados a pleno pulmón en el sosiego de lo íngrimo. Y entonces, la callada alegría se da cuenta de que no andaba exangüe, sino que tenía que vestirse de aire para habitarnos el alma. Y da, entonces, las gracias a la maestra añoranza por haberle deletreado la mudez. Y aprende que puede vivir explayadamente en las horas afónicas, gozando de los dones impalpables.

Estas líneas vienen a propósito de tener yo el alma secuestrada. Y tal secuestro ha sido consumado, a plena luz del día, por un cruce del adiós con la alegría. Se trata de un soneto de Antonio Gala, cuyo primer verso reza: Tú me abandonarás en primavera…

Dejo acá la letra y, más abajo, la canción en la voz de Clara Montes. Es una de esas tonadas que van enroscándosele a uno, poco a poco, como una enredadera en las frondas de la respiración.

lacl, 13 de Agosto de 2013


Tú me abandonarás en primavera,
cuando sangre la dicha en los granados
y el secadero, de ojos asombrados,
presienta la cosecha venidera.

Creerá el olivo de la carretera
ya en su rama los frutos verdeados.
Verterá por maizales y sembrados
el milagro su alegre revolera.

Tú me abandonarás. Y tan labriega
clareará la tarde en el ejido,
que pensaré: Es el día lo que llega.

Tú me abandonarás sin hacer ruido,
mientras mi corazón salpica y juega
sin darse cuenta de que ya te has ido.

Antonio Gala

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