lunes, 19 de junio de 2017

El desvelo y la palabra. Nota del primero de junio. Paz, Nietzsche, poesía, individuo, estado…




Anoche poco pude dormir, me fui a la biblioteca y tomé dos libros al azar que también leí al azar. Y mayor coincidencia en el asunto no podía haber, un tópico. El primero que tomé fue mi añejo "El arco y la lira", de Octavio Paz. Quise leer a la ventura y venir de atrás hacia adelante, pero me quedé en los apéndices, sobre todo en el que versa sobre Poesía, Sociedad y Estado. Luego abrí a la fortuna el maravilloso libro de Nietzsche "Fragmentos póstumos sobre política" y no podía ser más ajustado a lo que expresa Paz en su apéndice, una demoledora nota sobre Hegel y su totalitaria noción de estado, anotación que me voy a tomar el trabajo de transcribir, pues al igual que algunos poetas y librepensadores, siempre he considerado que el grandilocuente "Estado" no hace más que poner la torta. Y quien paga los platos rotos es el ciudadano común...
lacl - Nota de 1ro de junio, 2017

Hoy agrego la anotación de Nietzsche y algunos fragmentos del apéndice de Paz, aunque no sin dejar de acotar, por cierto, que Bertrand Russell expresó una opinión similar a la de Nietzsche a la hora de tabular la dialéctica hegeliana que se caracterizó por justificar el sacrificio de la parte en beneficio del todo, esto es, la del individuo por la masa. 
lacl - 19 de junio, 2017

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Octavio Paz:

"...Las relaciones entre el Estado y la creación artística dependen, en cada caso, de la naturaleza de la sociedad a que ambos pertenecen. Mas en términos generales –hasta donde es posible extraer conclusiones en una esfera tan amplia y contradictoria– el examen histórico corrobora que no solamente el Estado jamás ha sido creador de un arte de veras valioso sino que cada vez que intenta convertirlo en instrumento de sus fines acaba por desnaturalizarlo y degradarlo. Así, el “arte para pocos” casi siempre es la libre respuesta de un grupo de artistas que, abierta o solapadamente, se oponen a un arte oficial o a la descomposición del lenguaje social. Góngora en España, Séneca y Lucano en Roma, Mallarmé ante los filisteos del Segundo Imperio y la Tercera República, son ejemplos de artistas que, al afirmar su soledad y rehusarse al auditorio de su época, logran una comunicación que es la más alta a que puede aspirar un creador: la de la posteridad. Gracias a ellos el lenguaje, en lugar de dispersarse en jerga o petrificarse en fórmula, se concentra y adquiere conciencia de sí mismo y de sus poderes de liberación..."

O. Paz. El arco y la lira. Fondo de Cultura Económica, México, 1956.
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Friedrich Nietzsche:

Acerca de la mitología de lo histórico, Hegel: “Lo que sucede a  un pueblo, lo que ocurre en el interior del mismo, tiene su significado esencial en la relación con el Estado: las puras particularidades de los individuos son lo más alejado de aquel tema que pertenece a la historia” *. Pero el Estado sólo es un medio para la conservación de muchos individuos: ¡cómo puede ser un fin!  La esperanza está en el hecho de que en la conservación de muchos fracasados también sean protegidos aquellos pocos en los que culmina la humanidad. De lo contrario no tiene ningún sentido mantener a tantos hombres miserables. La historia de los Estados es la historia del egoísmo de las masas y del ciego deseo de querer existir: solo por los genios se justifica hasta cierto punto esta aspiración, en tanto que puedan vivir con ella. Egoísmos particulares y colectivos están en lucha unos contra otros –un torbellino atómico de egoísmos-; quién querrá  buscar aquí una finalidad!
Gracias al genio, sin embargo, algo resulta de este torbellino de átomos, y ahora se piensa benévolamente sobre la falta de sentido de este trajín: como si un cazador ciego disparara a su alrededor cientos de veces y, finalmente, por azar, cazara un pájaro. “Sin embargo, al final, ahí tienes el resultado”, se dice él, y dispara de nuevo.


Friedrich Nietzsche, Fragmento póstumos sobre política, Editorial Trotta, Madrid, 2004



1 comentario:

Miguel Mariscal dijo...

En efecto creo que el Estado no deja de ser un ente opresor, que utiliza ( o en su caso quiere utilizar) el arte como eje de dominación ideológica. Y hace de la creación artística un tentáculo más de poder. Degrada el arte, lo monopoliza.