lunes, 31 de marzo de 2014

Bitácora de la embriagada vigilia.



Hago siega de algunos bocetos pergeñados en ese periodo de crispación que hemos vivido en este simulacro que llamamos patria. Otros, que ni me imaginaba haber escrito (debo haber estado hipnotizado), no los coloco aquí, por ser más extensos que estos bosquejos...
Salud,
lacl
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25 de Marzo, 2014.

"...Tengo los tiempos algo trastocados o trastrocados, como para hacerle contrapunto a esta sinfonía de la disonancia que es nuestro sainete de país. Tanto es así, que los sueños andan realengos o ariscos y no se dejan echar brida. Es natural que así sea, los sueños, tal como las ocasiones en que deciden hacer presencia, son impredecibles; pero en estos días y noches andan algo exaltados, acaso como conviene a una patria que se asemeja a un contrahecho ser. Hace poco soñé con un aquelarre gestado a orillas de la cama, estábamos invadidos por una especie de mercado persa al que poco le importaba lo que en el lecho pudiera acaecer; la presencia de Eros, Psique, Mnemosine o Morfeo muy sin cuidado les tenía y hacían muy animada vida en los contornos del lecho. 

Y algunas noches antes, ya nos había rondado otro aquelarre, pero esta vez asediando puertas y ventanas de la casa y en tono mucho más intimidante y amenazador. Una secta de brujos aviesos intentaba penetrar en la estancia y yo, que sabía de su asedio desde el fondo de mi ensueño, no lograba salir de la alucinación para despertar a los míos y protegerles. Bastaba con mi retorno a la vigilia para conjurar el peligro, eso estaba escrito en el aire. Así que lo tomé por un significativo aviso para nuestras horas de ayuno para con el descansado sueño. Creo que es la primera vez en mi vida, que mi propia voz, vociferante, me despierta, rugiendo desde el fondo de un abismo interior. Una de esas entidades intentaba penetrar en mi pecho y tomar mi corazón en prenda. Al salir del sueño desendemonié la amenaza retorciéndole la muñeca. La figura desapareció. Sospecho que no he de ser el único que tiene las horas trastocadas, casi puedo vaticinar el sopor de los trasnochos; pero también sospecho que los desvelos y ensueños tejen, a toda hora, una suerte de lienzo de acalladas voces, armando la urdimbre de lo que va a ser..."

(Nota para mi Cuaderno Elefante, adonde van destinadas mayormente mis torpezas. Los sensibles y delicados elefantes no han de tener la culpa...)
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22 de Marzo, 2014.

¿Quién iría a creer, con todo y el dislate de país -dislate de lo humano- en el que nos tocó nacer, que habríamos de llegar a ver la pústula de una enfermedad del alma que sólo se presenta en pueblos que han tocado el fondo de ríos tenebrosos? ¿Habríamos imaginado tal deterioro, tal curva hacia el abismo, medio siglo atrás? ¿Intuíamos, acaso soterradamente, que al lado de la natural concordia y buen humor del hijo de estas tierras agraciadas por madre natura, acechaba un hambriento y desnaturalizado ser, agitado por las sigilosas sombras de una disimulada perversidad? Es bochornoso tener que aceptar esa posibilidad de ser pasto, como pueblo, de la misma enfermedad que en otras regiones y tiempos se ha ensañado con el hombre; tener que dar cuenta de nuestra indefensión espiritual, del aniquilamiento del sentimiento de piedad en nuestros corazones.

Eso es lo que ha acaecido aquí, no desde hace dos décadas, con la irrupción de un caudillismo populista-justiciero y homicida, no desde hace cinco décadas y media, con la irrupción de una expoliada democracia, tampoco exenta de manchas y que bien supo acabar con las promesas; ni mucho menos, desde hace seis décadas y media, con la irrupción de una dictadura de progresista y fratricida hormigón, esto viene de raíz. Estos martirios los padecimos en los días de Miranda y Bolívar. Ellos se llevaron su parte de ignominia de mano de sus propios hermanos. Y los vivimos en los días de Simón Rodríguez, de José María Vargas y de Cecilio Acosta, pero también en los de los Guzmán, los Castro y los Gómez. Y aflora cada cierto tiempo, cual un telúrico movimiento de fondo que pretende arrasar con todo lo que se anteponga a su paso. Esto que vivimos en lo colectivo parece ser telón de fondo de una obra de larguísimo aliento, la cual no ha llegado aún al entremés. Aboguemos y oremos porque se avengan los días de los Rodríguez, Vargas y Acosta. Que en cada pecho de joven insufle la libertaria vena de la armonía. Obra gruesa, la de tener que lidiar con tanto incauto dispuesto a alzar la mano para someter al vecino.

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19 de Marzo, 2014.

Lo que aquí vivimos es una experiencia "psicoto-mimética"... La alucinación como política de estado...
 
(El término "psicotomimético" fue popularizado en Venezuela por el locutor de radio Cappy Donzella, en los años setenta...)
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12 de Marzo, 2014.

Una frase de Chesterton me ha subyugado. La traduzco:

La crueldad es, quizás, el más horrible ejemplo del pecado. La crueldad intelectual es, ciertamente, el más horrible ejemplo de crueldad.

Cruelty is, perhaps, the worst kind of sin. Intellectual cruelty is certainly the worst kind of cruelty.

G. K. Chesterton
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11 de Marzo, 2014.

Me ha despertado una pesadilla, hace cuestión de un par de horas. Hace muy largo tiempo que no me sobrevenía una de estas manifestaciones de la psique, de asfixiante tono de alarma. No voy a narrar nada aquí a detalles, ha sido un asunto de seres del demonio rodeando mi casa en horas de la noche, para entrar y propagar un maleficio de inframundo, y yo sin poder salir del sueño para conjurarles el mal y proteger a los míos. Creo que me ha despertado mi ahogada voz.


De eso se trata, más o menos, la moderna lucha del individuo que, a lo largo y ancho de este hermoso mundo, forma una inmensa masa de seres, pero que desde una perspectiva inmanente, personal, se siente agobiado y aislado, en medio de una perenne lucha con un statu quo represor. Sucede en muchas esquinas del orbe. Claro, creo que, por desgracia, nuestra tierra es uno de los ombligos principales por donde están aflorando esas fuerzas “ctónicas” que amenazan con arrasar con todo. ¿Quién lo hubiera creído?

No sé si es que algo en mí había perdido un tanto la esperanza, pero es que yo mismo me sorprendí ayer al leer unas líneas esbozadas hace 7 años. Di con ellas en una especie de juego, algo que nunca había hecho, revisar las fotos y no los textos que he subido a mi blog, desde sus inicios, un divertimento por medio del cual hasta descubrí que puedo etiquetar a alguno que otro amigo...

Pero me secuestró un grupo de imágenes, las subidas junto a una carta abierta y sin destinatario definido y un inciso agregado luego a la misma. Y, al ir al texto del enlace y leer, fotos y letras me llevaron a pensar en la disyuntiva de si realmente existe el eterno retorno, de si existe un rizo del tiempo dentro del tiempo, pero también en la posibilidad de lo que pudiéramos llamar un escamoteo del tiempo o, incluso, de si cabe la posibilidad del tiempo detenido. Pues tal me ha parecido la celada de hallarme parado, detenido en el mismo punto de hace 7 años. Y constatar nuevamente que las fuerzas sombrías, las cuales yacen en el fondo de la psique (¿a qué dudarlo? existen y son tanto o más peligrosas que 100 bombas de neutrón) ya no diría que parecen intentar, sino que de hecho, intentan -con todas sus fuerzas- arrastrar a las fuerzas vivas de la humanidad hacia un completo desastre.

Son alarmas que se disparan en el seno de toda psique. Incluso en las de quienes se hallan poseídos por esta enfermedad de alma que les impulsa a lanzarse al precipicio, pero llevándose a todos con ellos. No sabemos lo que sucederá, en nuestro entorno más cercano y en el que se manifiesta en otras esferas del orbe, pero al menos hay que intentar pasar una palabra de apremio a todo vecino. Un apremio que clama por llevar solaz a los desesperados, tanto para los que -cual los aterradores “orcos” del “Señor de los anillos”- sólo saben que deben acabar con todo de una vez, como para los que, deseando conciliar su río interior con el solaz que es connatural a la dulzura del mundo, no saben cómo lidiar con este desatado arrebato que clama por la autodestrucción. Nosotros no es que sepamos cómo, pero intuimos que una palabra de aliento puede ayudar más que cualquier arma.

Pido disculpas por haber apelado a una palabra de poco uso en la diaria conversa, pero es que no he hallado otra voz más apropiada que la palabra “ctónica” para pintar el cuadro.

Tomo una breve descripción del término para redondear el sentido de lo que les deseo comunicar:

“…En mitología y religión, y en particular en la griega, el término ctónico (del griego antiguo χθόνιος khthónios, ‘perteneciente a la tierra’, ‘de tierra’) designa o hace referencia a los dioses o espíritus del inframundo, por oposición a las deidades celestes. A veces también se los denomina telúricos (del latín tellus).

La palabra griega χθών khthn es una de las varias que se usan para ‘tierra’ y se refiere típicamente al interior del suelo más que a la superficie de la tierra (como hace γαιη gaie o γη o γε ge) o a la tierra como territorio (como hace χώρα khora). Evoca al mismo tiempo la abundancia y la tumba…”


P. S. Le glosa a que se hace referencia en la presente, puede leerse en: 


http://letrascontraletras.blogspot.com/2007/10/inciso-en-torno-una-carta-desde-caracas.html
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10 de Marzo, 2014.

El hombre no ha aprendido a vivir sin miedo a vivir libremente.
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26 de febrero, 2014.

Cuando la mentira se convierte en Credo, comienzan a rodar cabezas.

Apotegmas contra la peste, Anselmo di Testarutto, Turín, 1935.

(no poseo imágenes de mi ancestro)
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23 de febrero, 2014.

Releyendo DUELO DE ARRABAL, de José Antonio Ramos Sucre.

Le decía una vez a un amigo, que ya no nos quedan muchos recovecos de regalada paz en el mundo; que el orbe se ha vuelto pequeño en virtud del empequeñecimiento del ser humano, pues testificamos el contagio de esa enfermedad cuyo síntoma cardinal es el regodeo en el sufrimiento ajeno...

Claro que no todo está perdido. La humanidad avanza silenciosa y soterradamente en lo sensible, a la par que lo hace airada y estruendosamente en lo nefasto y epidérmico. Lo visible o, mejor, lo patente, es lo que una jauría de hienas, sin sentido de manada, proyecta a los aires con venas henchidas… Y que me perdonen las hienas, pero ellas saben que salen ganando en la comparación.

Pero por debajo, en el río subterráneo de las almas, persiste un canto de veracidad, aquel que no persigue convencer a nadie con sus pausas y silencios, con sus armonías que se sellan en el pulso compartido, con sus envites y convites al solaz que da el buen vino que se brinda en los escondrijos de la compasión.

José Antonio Ramos Sucre no tuvo alternativas, creo yo, y sólo pudo bordar en torno al corazón, apoyándose en una gigantesca hipérbole. Hay ciertas soledades que viven como en el destierro, y cuyo recogimiento no atina a solazarse en los amorosos brillos del espejo de las almas… 

Supo además, José Antonio, que la piedad había sido domeñada y reducida a respirar en catacumbas. No fue un pesimista, tal como se ha pretendido etiquetar modernamente al tipo de poeta que señala los lunares de la humanidad: ése al que se tacha de desadaptado porque no comprende hacia dónde debe enrumbar sus pasos, para ponerse al ritmo del “humano progreso”. Antes, fue un visionario cabal a quien le lastimaban las desatinos de la vida, tal como fueron edificados por los suyos. 

Su vida fue en algo similar al gesto de quien, por virtud, rechaza la copa de aguamiel…

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14 de febrero, 2014
 
Esta mañana, al abrir un tomo con los poemas de Cesar Vallejo...
Va dedicado a los jóvenes que presienten que "algo huele a podrido en el Reino de Dinamarca".

XLI

La Muerte de rodillas mana
su sangre blanca que no es sangre.
Se huele a garantía.
Pero ya me quiero reír.

Murmúrase algo por allí. Callan.
Alguien silba valor de lado,
y hasta se contaría en par
veintitrés costillas que se echan de menos
entre sí, a ambos costados; se contaría
en par también, toda la fila
de trapecios escoltas.

En tanto, el redoblante policial
(otra vez me quiero reír)
se desquita y nos tunde a palos,
dale y dale,
de membrana a membrana,
tas
con
tas.

(Cesar Vallejo, de su poemario Trilce.)
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13 de febrero, 2014

Luego de mirar la luna,
mi sombra conmigo,
volvió a casa.

(Ryokan, poeta y monje zen)

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