viernes, 29 de agosto de 2014

Aguas memoriosas





A mi madre, María Luisa Loynaz Sucre de Contreras


A veces la soledad nos supera, a pesar de todos los amores que gravitan alrededor de nuestro cielo, como astros fugaces o cíclicas lunas, o enormes soles y galaxias que caben en la mano. Y suele suceder que la soledad despierta a la melancolía, pero siempre que abre los ojos, nos invita a contemplar con ella hacia el fondo del río rumoroso que transita en el fondo de las almas. Y, entonces, la música celeste que se suscita en ese recóndito lecho, nos acaricia las sienes por dentro. Y nuestros ojos se lavan en el alegato de las aguas memoriosas y, como los ojos de melancolía, se abren para mirar el mundo en pleno, cual dos enormes portales que se franquean para que entremos a cruzar sus horizontes.

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Mañana del 25 de Agosto, 2014
Directo sobre el teclado, va para mi cuaderno Inscripciones en el dolmen.

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