lunes, 8 de mayo de 2017

Memoranda. Año 2003, tómese nota… Carta a un amigo que se siente entre dos corrientes...









Gracias por tus escritos, X. Sabes que los aprecio, como la más fiel expresión de tu amistad, siempre sincera.

¿ Tendré que afirmarte que comparto tu opinión en lo que respecta al manido uso de términos como "pueblo", "soberano", "hermanos", "compatriotas" ? Creo que no, pues bien me conoces. Y es cierto que estamos en medio de una era de clonaciones, una era de replicantes en lo que toca al medio social -bien sea en lo político o en lo económico, ambas esferas bien impregnadas con aires de farandulismo-; faltaría que en el futuro se diagnostiquen y realicen clonaciones de espíritu y de sensibilidad, pues de conductas basadas en sofismas intelectuales ya no faltan.

Por invocación de contrarios, ello equivale a decir que vivimos a la sombra de una era de ausencias, un oscurantismo sobre ese valor primordial que es el regalo de vivir, tan llanamente como eso. Por ello es que hablo hoy de los bolsillos rotos de toda ideología, que al uso de hoy más sirven éstas para esgrimir medias verdades -y conste que nada tengo contra el uso de las ideas, lo cual, pienso e ideo, es cosa muy distinta-. En suma, vivimos una era de ausencia de la sensatez que brinda el que seamos únicos e irrepetibles y, en cierto sentido, un regalo para la vida misma. Pero ello no obsta como para que olvidemos nuestras calidades de seres vivos y humanos. Probablemente a más de uno no nos guste que nos cataloguen de "pueblo", pues ello atenta, en cierta forma, contra esa unicidad milagrosa de estar vivos. Acaso seamos una minoría quienes aboguemos por aquello que Rilke llamaba "lo pequeño" o "lo sencillo", en sus famosas cartas a un joven poeta. Pero ello tampoco obsta como para que no podamos rebelarnos, aunque sea por medio de la palabra, ante el hecho de estar sumidos en medio de una civilización de clones. Yo estoy seguro de que, tanto tú como yo y como tantos otros que conocemos y otros que jamás conoceremos, nos rehusaremos a aceptar esas migajas que nos regala la vida moderna. Pero no por ello tenemos que quedarnos callados o decir que el hombre no tiene remedio. ¿ Recuerdas el poema de Vallejo ? ¿ el que reza "un hombre pasa con un pan al hombro" ? De eso se trata a mi modo de ver y creo que enlaza con lo que me expresas en tu nota. ¿ Habremos de claudicar por ello ? ¿ Rendirnos ante la evidente fuerza del distintivo de la plutocracia que todos llevamos -aun a nuestro pesar- en las solapas algunos o debajo de ellas otros ?


Es cierto, el común de los seres humanos basa su vida en la miseria humana, siempre y cuando sea la ajena, pero no podemos argüir que ese modus vivendi prive sobre la raza humana (mucho menos en nosotros) y que no podamos levantar nuestras mediatizadas voces para mostrar el camelo que ese modus esconde bajo bellas fachadas. Tienes razón sobre las mentiras que se crean sobre nociones como "pueblo", pero es de acotar que esas mentiras son forjadas, una y otra vez, por ideologías o, si lo prefieres, pseudo-ideologías, es decir, no es el sentido común el que priva, esa noción realmente democrática de la vida y tan des-comunizada hoy en día. Y si no es él el que priva, ello es el resultado de que sean los fanatismos disfrazados de verdades absolutas (como lo son casi todas las ideologías cuando son llevadas a la práctica) quienes impongan una "razón" de vida o una "verdad" que todos debemos acatar, so pena de tener que bebernos la cicuta de la burla o, incluso, la del ostracismo u otra de peores consecuencias, por el simple hecho de ir a contracorriente o contra toda corriente que intente hacer de esas "razones" y "verdades" estatuas ecuestres, en el fondo, pasajeras como una nube.

Tanto tú como yo, como muchos otros que acusan la presencia de los aires de esta locura que se transmuta en injusticia, debemos levantar nuestras voces para señalar la manchas que llevamos en la piel y las que llevamos en el corazón, a costa -inclusive- de lo más preciado que tenemos, eso pequeño y sencillo que conforma el regalo primordial antes citado.

Utopía -el país o mundo amable que se esconde en esa palabra y que, presiento, muchos humanistas han tratado de esquivar-, estará presente por siempre en un mundo de clones basados en medias verdades, cuyas identidades estarán (también, por siempre) basadas en que se acomodan bien para algunos en desmedro de otros, premisas de falsedad que no hacen más que poner un grano de arena a esa gran mentira bajo la que se ocultan los aprovechadores de turno. Será, entonces, el ser humano quien deba velar y abogar por un mejor vivir, por la democracia de lo pequeño y lo sencillo y porque el pan del espíritu y de la sensibilidad hacia los demás sea llevado por todos y para todos en nuestros hombros.

Tu amigo y hermano,
Luis Alejandro

Caracas, 08 de Enero de 2003


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