sábado, 20 de mayo de 2017

¡Cuídate, España, de tu propia España! Cesar Vallejo.


Robert Capa, España en guerra

¡Cuídate, España, de tu propia España! Cesar Vallejo.

¡Cuídate, España, de tu propia España!
¡Cuídate de la hoz sin el martillo,
cuídate del martillo sin la hoz!
…..

En mi opinión, nuestro amado poeta no sólo nos advertía de la desunión entre partidarios de una misma causa, sino de aquellas causas que nacen ya desdibujadas, como paridas por una águila harpía...

Recuerdo que algunos críticos literarios, sesudos estructuralistas de los estudios con gríngolas, se empeñaban en "hacernos ver" que en este poema se versa es sobre la desunión de la causa marxista; pero no, señores, no, aquí de lo que se versa es de la desunión humana, del amenazante azote de la barbarie. Porque, más allá de sus esperanzas en las arenas de la ideología y la política, Vallejo fue un defensor del ser humano y un patrono del rescate de la humana sensibilidad, una condición  que choca de frente con la fría dialéctica que no pone en duda que haya que sacrificar a la parte por el todo, incluso cuando esa parte sea más representativa, cuantitativa y cualitativamente, que el supuesto todo que una minoría gobernante jura abnegadamente representar.

Verdaderamente dudo y lo diré, aquí o allá, a voz en cuello, que Vallejo pudiera refrendar lo que, años después se develara como patrón de conducta del stalinismo, esto es, la aniquilación programática de los mismísimos conciudadanos del “padre” de la nación, Iosef Stalin. El asesinato, la tortura y la cárcel como métodos continuados en desmedro de los hijos de la ancestral Rusia, habían sido practicados desde los inicios de la consolidación de Stalin en el poder.

Tal descubrimiento se lo debimos al propio Krushov y sus adláteres, quienes se impusieron desdibujar “un tanto” la endiosada imagen del asesino, al desclasificar algunos de los innumerables archivos de la policía política del imperio stalinista. Razón de que muchos propugnadores del comunismo en el mundo, se desalinearan de los totalitarismos de izquierda, pues hasta el sol de hoy no han mostrado ser otra cosa que aceitadas maquinarias para moler carne humana. Y al decir esto, no debe entenderse que seamos defensores del capitalismo salvaje. Pero es que nos parece un error que tanta gente se desgreñe por defender un mal para denigrar de otro. Vivimos en un mundo plutocrático. Las mafias gobiernan sobre los ciudadanos. Y en ello muy poco importa cuál sea el “credo” que tan inefablemente se predique. El asunto es precisamente ése, se enarbolan credos, como tótems inamovibles, y con sus decálogos se justifica la barbarie, ya sea cruda o "civilizada". 

lacl

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Dejemos completo el poema de Vallejo:

¡Cuídate, España, de tu propia España!
¡Cuídate de la hoz sin el martillo,
cuídate del martillo sin la hoz!
¡Cuídate de la víctima a pesar suyo,
del verdugo a pesar suyo
y del indiferente a pesar suyo!
¡Cuídate del que, antes de que cante el gallo,
negárate tres veces,
y del que te negó, después, tres veces!
¡Cuídate de las calaveras sin las tibias,
y de las tibias sin las calaveras!
¡Cuídate de los nuevos poderosos!
¡Cuídate del que come tus cadáveres,
del que devora muertos a tus vivos!
¡Cuídate del leal ciento por ciento!
¡Cuídate del cielo más acá del aire
y cuídate del aire más allá del cielo!
¡Cuídate de los que te aman!
¡Cuídate de tus héroes!
¡Cuídate de tus muertos!
¡Cuídate de la República!
¡Cuídate del futuro!



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Trilce, maravilloso poemario

Vallejo

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