jueves, 13 de agosto de 2015

Avatares, cuando la poesía te llama a capítulo…



Avatares convocan avatares. Y eso ha hecho este acrisolado poema de María Isabel Saavedra. Pues de pronto me hizo volver la vista a atrás y recoger unas palabras que se habían disipado de mi memoria. En el fondo creo que estos avatares versan de una misma pérdida.
Salud!
(lacl)


Avatares

Como un náufrago dormido
o tal vez como un salmón desatinado
Ulises desvió su curso
hasta el vértice de la primera bifurcación.
En aquél desvelamiento
Penélope --casi como si se tratara de un divino saber--
pendulaba la cabalgadura del tiempo.

© María I. Saavedra - Aquello que un día nos hizo temblar de alegría – 2015


Y aquí dejo mis avatares…

Un sinfín de avatares
me ha tocado librar
en las recientes estaciones.
A ello podría achacar
mis extravíos.
A ello, el antifaz y la máscara;
el cambio de rostro
y hasta la pérdida de cara.
No es asunto de andar
achacando culpas
a terceros ni a otredades.
Asumo mi desvarío
ante la perplejidad.
Pero, ¿qué más da,
si vivimos en un mundo
de seres humanos abolidos,
un mundo de inconfesadas
o mal disimuladas agonías?
Me regalan la náusea
y no voy a rechazarla.
Me ofrendan una aridez
que no me sacia.
Los días, con sus noches,
han pasado a ser hojas de calendario
con notas al margen de la vida
y una galería de sonrisas
que no desdibujan el estigma.
Tiendo mi mano a la cúpula celeste
y recojo galones de nada.
Y el silencio es un derroche
capaz de incordiar a aquel
a quien se lo dones.
Quédate, pues, apacible,
y no mires a los lados.
Deja que la nada y su música
colmen los ramajes de tu respiración.
Si has de andar íngrimo o incierto,
al contraste de las soledades del mundo
que sea, el nuevo vestigio,
un matrimonio consumado
ante el hallazgo de la noche.

 (© lacl, 1ro. de Noviembre, 2014, mediodía, texto al desgaire y, por supuesto, inédito.)



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