lunes, 29 de junio de 2015

Una propuesta de atajo para llegarle al cosmos sumergiéndote en las aguas del mar.


(Claude Monet, Impression, soleil levant, 1872)
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Recordando algunos pasajes de mi juventud, aquellas inolvidables noches en que, puntualmente, aunque no por obligación, me entregaba a las profundidades, en la escucha de ese mar Debussyano, con la ayuda de un tocadiscos portátil que me había llevado a mi rincón, un pequeño cuarto alejado del resto de los aposentos de la morada paterna. No podría recordar la innumerable cantidad de noches en que me sumí en esa experiencia metafísica de transmigración sutil, cabalgando ligero sobre las crestas de esas olas murmurantes o entre anémonas marinas y caballitos de mar, nadando como un pez viajero.

Mi padre fue sumamente comprensivo. Sabía que yo no podía dormir como el común de las gentes. Habíamos sufrido una dolorosa pérdida familiar, ante la cual, cada quien debió transitar su propia senda para recomponer los días en medio del dolor. 


A veces, durante esas noches en que buscaba mis extáticos encuentros con otro mundo dentro de éste, y en las que este mar cobró un protagonismo inusitado, algunas lágrimas recorrían mis mejillas, pero nunca debido a una sensación de nostalgia o tristuras. Esa música prodigiosa de Debussy para nada convocaba melancolías, sino como estados de lúdica introspección matrimoniada al consuelo.
Una propuesta de atajo para llegarle al cosmos sumergiéndote en las aguas del mar.

No sabría cómo explicarlo, pero al internarme en las honduras marinas del alma, me estaba imbuyendo de insondable creación, me estaba inspirando de insondable cielo. Siempre he asociado esta música a la noche, a lo abisal, a las profundidades, como si cada vez que hubiera recorrido esas aguas en mis sueños hubiera sido sumergido en noches acuáticas. Y no creo que sea producto de un capricho personal. Creo que el arte poético de Debussy es tan esféricamente acabado, que cualquiera que se deje seducir por esas notas, debería o podría vivir una experiencia análoga a la narrada de mis años mozos.

Esta noche un azar me ha llevado al mar. Tenía hoy que salir de la ciudad, pero un imprevisto se interpuso. Me he tomado la cosa con calma. Total, mañana iré adonde está pautado. 

Pero lo lúdico y maravilloso es que, de pronto, brotó al azar este mar, esta música que jamás ha dejado de hacer eco entre mis grutas. Y me ha dado motivos para pensar, repensar, sentir y más sentir, y dejar que la vida dicte sus pautas, como es natural.

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(WilliamTurner)
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