sábado, 7 de febrero de 2009

Fragmentos de contracorrientes (sentencias en incertidumbre)




En nuestros días ya no podemos contar
con una representativa dosis de poetas.
Contamos con poetos,
seres vergonzosamente apenados
por la cultual reminiscencia
del silencio de la noche,
la persistencia de su luna y sus estrellas;
seres abochornados ante el frágil susurro
de una soledad no correspondida.
La civilización padece un singular extravío
y sólo puede contar con engreídos poetos
para celebrar su castración;
peritos en el arte de adorar
a un tótem de tóxicas pasiones
en eventos multitudinarios y cuidadosamente efectistas.
Poetos hombres y poetos mujeres
oficiando libaciones mórbidas,
articulando orgásmicas ecuaciones verbales
de una helada métrica sin límite,
mientras la vida canta y vibra impaciente
allá afuera.

* * *

La historia cantada por los hombres
(leyenda impuesta a golpes de martillo por quienes prevalecen),
la que las sublimes autoridades reproducen en libros y libelos
y de la que tanto se vanaglorian y hacen conjeturas
por los micrófonos ante las multitudes,
camina desahuciada sobre la memoria de hechos signados
por nombres presuntuosos, emblemas teatrales, siglas deslustradas;
emulando el tacto, donaire y elegancia
de los arabescos trazados en el aire
por las extremidades de una cucaracha
que se pasea, ociosamente,
sobre un tarro de miel que alguien
dejó abierto en la cocina.

* * *

Hablamos desde el lugar de la pose.
Ropaje:
inocente lugar que habita
una incertidumbre.
¿ El tiempo ?
Un instrumento, una herramienta administrable;
utilería mental de la que echamos mano
para olvidar que somos tan naturaleza
como el fluido canto de un río
pasando en la noche,
cuando por un azar nos vemos atrapados
en la soledad.

Hablamos desde el lugar de la pose.
Dejó de ser el círculo de lo otro,
la suspensión;
el anillo donde el ser posible
era posible.


. bid&co. editor. Caracas, 2006.



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