miércoles, 11 de mayo de 2016

(Un trazo añejo, sin fecha, de aquel lapso de soledad y búsqueda, cuando “in il mezzo del camin” me hallé en mi propia selva oscura…)

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Debo reconocer que me he quedado solo
o que me estoy quedando solo.
No me refiero a quedar solo
de soledad interior pues,
nunca se está solo de soledad interior
y a ella siempre la tuve
con más gusto que pesar:
un murmullo cruzando lejanamente
los cielos de un niño herido
por el arrobamiento del ver sencillo,
la singular extrañeza de estar vivo,
el sentir de la vida recorriéndome
al unísono que a árboles, montes y pájaros;
plácidamente herido por el teatro de la noche.
Añoro la acometida de esas armas,
que no se han quedado atrás
porque no haya quien las vele;
que no han perdido su fulgor
aun cuando no haya quien las porte
en sus blasones.
Pero, definitivamente, debo reconocer
que me estoy quedando solo.
Solo de amigos,
solo de arrobamiento
y estupidez compartida,
solo, en medio de una niñez
que no fue postulada
por el mazo de un presente
disfrazado de porvenir.
No es queja.
Todo lo que digo, lo digo porque siento
como un tenue sabor a desencanto,
pero es un estoico desencanto.

Respirar honda y calmadamente.
Mirar el río de la gente.
Mirar como pasa todo por un lado
y sigue su marcha.
Acomodarme al pulso que, impertérrito,
me sigue recorriendo.
Tomar tiempo para todo.
Y esperar que la vida vuelva a sacudirme.

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(Un trazo añejo, sin fecha, de aquel lapso de soledad y búsqueda, cuando “in il mezzo del camin” me hallé en mi propia selva oscura…)



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Bach: Air, Orchestral Suites No. 3 in D major, BWV 1068

https://www.youtube.com/watch?v=GkWjO8ZJcpc

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