martes, 7 de octubre de 2014

EPIGRAMA PARA STALIN, OSIP MANDELSHTAM




EPIGRAMA PARA STALIN

Un poema nunca estampado en papel. La desgracia le sobrevino a Mandelshtam tras leer en voz alta su poema. Se dice que lo hizo no una vez, sino en varias oportunidades. Se dice, también, que Pasternak le aconsejó que no lo hiciera, que él mismo haría como que jamás le había escuchado su epigrama. Pero al omnipresente oído del patriarca llegaron estos versos. Lo que significó la sentencia para el poeta. Nadie se atrevió a interceder por él. Y Stalin estaba, al parecer, muy deseoso de que esto sucediera, llegándoselo a recriminar a Pasternak. Quiso dar la impresión de que deseaba interceder por el poeta, pero necesitaba que “alguien” se lo pidiera. En realidad, lo que ambicionaba el “patriarca” era una pública retractación de Mandelshtam, por medio de una Oda a Stalin, hecha por encargo, cual si se tratara de Urbano pidiéndole una obra a Michelangelo. Pero tal cometido poético debía cumplirse de modo discreto, como surgido por generación espontánea. Una pequeña diferencia: luego de culminada la obra de tono laudatorio, poco habría de importar el destino del poeta. Eso, el muy ocupado Papa Stalin lo dejaría en manos del sistema y su muy aplicado y solícito funcionariado… Y, por supuesto, Mandelshtam desapareció en las fauces de la verdadera bestia blanca de Siberia, al año de haber pergeñado la Oda a Stalin... Pero nosotros preferimos concentrarnos en el breve epigrama antes que en la Oda.   
Salud!
lacl



Vivimos sin sentir el país bajo los pies,
a más de diez pasos nuestras conversas no se advierten.
Y quien se aventura a la más breve de las pláticas
ha de mencionar al caucasiano del Kremlin.
Sus dedos son grasientos, rechonchos como gusanos,
y sus palabras, precisas y tediosas, como pesas.
Sus bigotes de cucaracha ríen a carcajadas
mientras brillan y encandilan las cañas de sus botas. (*)
  
Entre una chusma de patronos de cuello fino
él juega a perdonavidas con bocetos de personas.
Uno silba, otro maúlla, aquel gime, el otro llora;
sólo él campea estentóreo y los tutea.
Entalla, como herraduras, un decreto tras otro:
en las ingles, en las frentes, en las cejas, en los ojos.
Cada ejecución es, para él, una malvada epifanía
que insufla de alegría su ampuloso torso de rufián
mientras mastica una frambuesa. (**)


(*) Caña de la bota. Parte de la bota o de la media que cubre entre la rodilla y el pie.



(**) Los dos últimos versos son prácticamente intraducibles sin faltar al sentido, por lo que nos vemos forzados a llevarlo a tres versos en nuestra versión castellana. Hay mucho de coloquial en el texto. El juego de palabras en que se apoya Mandelshtam para nombrar los ancestros de Stalin, originarios de las rústicas montañas de Osetia, luce como el intento de resaltar algo más que su campechana ignorancia; el término frambuesa aparentemente fue jerga para aludir a los bajos fondos de la sociedad del momento, mal del que la Rusia revolucionaria no estuvo exenta. 


Autógrafo del "Epigrama a Stalin" escrito supuestamente al momento del interrogatorio de Mandelstam en prisión.


Stalin, el inefable Beria y su "círculo de poder"...


Ejecución  de 22000 polacos con el visto bueno de Stalin




 Gulag





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