miércoles, 1 de octubre de 2014

Un par de pinceladas...



Un par de pinceladas que le escribiera a mi hijo Sebastián en Diciembre pasado y las cuales se quedaron a modo de borrador, desde esas fechas, en los archivos de mi blog. Las comparto ahora.

Igualmente habíamos dejado en el borrador de Noviembre de 2013, una publicación con algunas fotos de la presentación de los libros: El abismo de los cocuyos, de Mario Amengual, Días de Bruma (Apuntes y fragmentos de vida, amor y muerte de un amanuense griego al servicio del Imperio) [lacl] y la reimpresión de contracorrientes (sentencias en incertidumbre) [lacl]. Ello acaeció la noche del 26 de Noviembre de 2013, pero habíamos dejado en el tintero estos registros.
Ambos eventos nos movieron el alma a fines del año pasado: el periplo de mi hijo buscando afinar sus manos, plexo, pecho y oídos en otras tierras para seguir incursionando en la música, y la presentación de estos títulos, de la mano de un ser tan querido como Mario -un hermano-, por el compromiso que implica ese lance, tanto para él como para este servidor.
Nos cupo la fortuna de que Rafael Cadenas, un hombre al que admiramos y queremos -y aquí admirar no tiene otra connotación que la del querer que se profesa a quienes nos han servido como ejemplo de integridad- se tomara el tiempo de leer nuestros avatares para versar sobre ellos esa noche. Todo ello, aunado a unas no planificadas palabras introductorias de Sael Ibáñez, un ser a quien nos liga ese mismo tipo de afecto que no necesita persignarse cada día. 

Bueno, por ahora, sólo dejaremos las pinceladas que la irrupción de algo así como un deslumbramiento nos legara durante los primeros días de diciembre pasado, en forma de palabras que nacieron claramente para alabar a un ser de luz, no puedo evitar decirlo, aunque pudiera lucir como una fatigosa inmodestia. Pero he de aclarar que su luz es luz pausada, interior, recogida; no luz aspaventosa, ni brillo que busca adornarse. En realidad, más que para honrarle, esas palabras nacieron como una bendición. ¿Qué otra cosa podría querer hacer un padre?



A Sebastián

Hoy andaba por la calle, pensando,
¿se puede llorar de alegría?
¿puede nuestro corazón andar
entre apretado y expandido,
sentir que se sale por la boca,
aunque se case con el plexo?
¿o que navegue por el aire
mientras divagas por el suelo?


Se puede.

Hoy los astros me han bajado
por el cielo de los pensamientos.
Mi mollera estaba abierta de par en par.
Y me he detenido en la calle a llorar y a reír
como un río creciente,
como un niño con sombra de río.
No estoy loco, y poco me ha importado
lo que pensaran los asombrados transeúntes.

.
05 /12 /2013.-


A Sebastián

Todo sana y todo se serena.
Cruzas el río y eres otro,
siendo el mismo.
Como bien dijera Heráclito,
no te bañas dos veces
en las mismas aguas,
y, sin embargo, sigues vadeando
el mismo río.
Todo pasa y todo es.
Tu esencia abierta está
y en abrazada comunión
con el cosmos.
Una luz baja del aire
y baña tu aura.
Eres uno con el cielo.
Y te iluminas,
cual una mariposa,
danzando con el viento.

.
07 /12 /2013.-





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