jueves, 29 de mayo de 2014

BAR... Voy a volar, me dije, voy a volar…

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(Bar. Título postrero y, por lo tanto, falto de importancia) 
  
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Vibra en el aire
cierta aspiración de cielo,
lo más parecido a una gratuita
y recatada gana de vivir
que le llena a uno los pulmones
con un fuelle de sabor a verde
y serpentea y transpira
por todos los poros de la piel
y hace eclosión en los omoplatos,
cual si se tratara de ramas
nacidas de rocío.  

. . . . . . . . . .

Voy a volar,
me dije,
voy a volar…

Y no sé qué irán
a pensar de eso
comensales y bebedores.
Tan sólo espero
que no haya
en el recinto
un alma muerta
con un arma cargada
bajo el cinto,
porque -estoy seguro-
no va a poder
evitar atinarme
con su insecticida,
matándole, de paso,
la posibilidad de soñar
a cada uno
de los inopinados
concurrentes.

. . . . . . . . . .

Pero,
¿por qué me atacan
este vuelo,
esta gana que
se viste de retama,
este dolor que pugna
por convertirse en goce y brisa,
este cuerpo que devino
de la nada,
para decirme que aún
tuviera fe en el hombre?

Ha debido ser el
roce de lo ausente,
que de tanto llorar
se hizo presente.

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