lunes, 8 de julio de 2013

Marginalia



Marginalia



Sé lo que es la vida
en el exilio
porque he vivido
exiliado en mi país.
Conozco la patria chica
de los despatriados,
porque fue la única
que me abrió los brazos
y brindó su asilo.
Compadezco
a los desterrados,
a los perseguidos,
a los refugiados;
pero, en el fondo,
les admiro en algo
su suerte.

Nada hay como vivir en el exilio,
aun pisando tu tierra.

Te verás forzado a tomar
por derroteros y atajos,
a construir tu casa
en un abismo sin suelo,
entre los linderos de la memoria
y el corazón.

Jamás beberás -y por tu bien-
en la copa de los agremiados.

Pero, como toda condena
tiene su expiación,
te verás impelido a entablar
coloquio con el viento,
a sacarle luces al color de las orugas,
a llevar secretas bitácoras
de las caravanas de hormigas.
Te verás obligado
a discurrir con tu sombra,
a beberte el murmullo de sus oscuras luces,
y un sabor a cicuta y uva,
a belladona y ambrosía,
inundará el paladar de tu alma.

Marginalia se llamará tu casa,
tu casa sin cimientos,
en la que, a medianoche,
plantarás tus amapolas;
y en la que por las madrugadas,
sigilosamente observarás
el coqueteo de los nardos
bajo la luz de la luna.

Pero tu condena será
vivir en el misterio.

Y nadie, excepto tú,
tendrá acceso a Marginalia;
nadie excepto tú,
podrá dar cuenta y coordenadas
de tu país, tu utopía, tu silencio
y tu Paraíso perdido,
la patria chica de los despatriados.


(Inédito, forma parte de un cuaderno de bolsillo al 
que le puse un título casual: Bitácora acuariana)



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