viernes, 5 de abril de 2013

¿ Qué lugar ha de ocupar Judas en la mesa ?



 (contemplando iconos de Andrei Rublev y otros maestros rusos)






¿ Qué lugar ha de ocupar Judas
   en la mesa, con ese mar tranquilo y gris
   en la mirada ?

¿ Qué ropaje vestirá aquel que oculta
   un botín que ya aborrece ?

La gran serpiente enroscada
en la cúpula del cielo
arroja su sombra sobre las copas
de los besos,
copas donde efímeramente se posan
nuestras huellas de adoración y de genuflexión,
de invocación y de libación

Alta y vasta es la entrada
del templo,
como el susurro de un mar
tranquilo y gris
que contempláramos
en soledad


lacl


Forma parte de un viejo cuaderno que lleva por título “Toma luz, toda la noche” (esbozado en el segundo lustro de los años 90, más o menos)




* * * * *

Remembranza.

Fue uno de esos días en que cierto sabor de incertidumbre me toma en medio de la calle. No recuerdo bien en medio de qué extraviada presteza me hallaría yo, buscando cumplir no sé qué faena, cuando mis pasos se desviaron a lo que era la biblioteca del MACSI (Museo de Arte Contemporáneo Sofía Imberg).
De pronto estaba ante el mostrador de la biblioteca y fue justo allí cuando me di cuenta de que yo andaba buscando algo.
- ¿Tiene usted en catálogo algunos libros sobre el trabajo de los pintores de íconos rusos? Me gustaría en particular ver, si lo tienen, el trabajo de un pintor llamado Andrei Rublev (también suele aparecer su nombre escrito como Rubliov).
La joven encargada me presentó unos tres libros de amplio formato. Me quedé allí toda la tarde, extasiado ante el despliegue de imágenes plenas de colorido y vuelo. Estaba secuestrado. Ante esa sensación de arrobamiento, tomé unas cuantas hojas de las que se utilizan para solicitar libros en toda biblioteca y en el dorso de una de ellas se deshilvanaron las líneas que expongo más arriba.
Había un ícono sobre los doce apóstoles en torno a Jesús durante la famosa cena, creo que no era producto de la mano de Rublev, no puedo asegurarlo a estas alturas, pero fue tal la impresión que me causó la contemplación de ese ícono y el resto de las obras, que las líneas de arriba brotaron solas, como dictadas por el ojo.

© lacl








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