jueves, 6 de septiembre de 2012

La Ofelia de Ramos Sucre con glosa de silueta...

 
Tiempo atrás solía mi blog alimentar a mi silueta. Pero de un tiempo a esta hora he de dar cuenta que se ha venido operando un flujo en contrario de corriente. Y es la silueta la que se ha sublevado, acaso, por una sencilla razón: porque aunque, intuyo, no busca púlpito ni -mucho menos- destellos, de algún modo se ha enterado de que lo que añora son pechos con oreja.


Bueno, ¿qué le podemos pedir a una silueta? Todo yo no es más que sombra. Si notaran alguna destemplanza de entonación, tómese en cuenta que quien habla es sólo eso, un contorno, llámesele lago, retrato, dibujo, incluso persona, pero con entregado corazón…

(lacl)
(The shadow)







Ramos Sucre. OFELIA - El cielo de esmalte, 1929.





La bruja adereza el veneno de la fiebre soñolienta. Requiere los nenúfares y lentejas del agua.

Desde el cielo de colores sordos, el aquilón de carrillos inflados, imagen de un dibujo holandés, arroja su brisa letal.

Una canturía lenta, insipiente, erige de la tierra la zarza de las espinas y demanda la presencia de un lagarto famélico. El monje de la zozobra avista su efigie en la frente de una calavera de risa desdentada.

Sobre las ruinas, ocultas bajo las redes y lazos de una vid silvestre, la forma aérea de una virgen florecida en un siglo ideal suprime el sortilegio y sosiega el ambiente con sus alas de fantasma.

Y la secunda el ruiseñor, poeta del amor inconsolable.

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