domingo, 6 de noviembre de 2016

Cuadernillo - Las dádivas desmedidas, Jorge Manrique.





Yo siempre me he preciado de portar pequeños cuadernos en mis bolsillos, generalmente, en el bolsillo que se cobija bajo el ala izquierda de mi chaqueta. En cierta oportunidad me encontraba yo  versando y conversando con algunos amigos, amantes todos de la palabra. Salió a la mesa el asunto de nuestros amores con esos cuadernillos y aquel lejano cuadernillo, entonces joven y de hojas color verde eucalipto. Comenzamos a leer las citas allí guardadas. Esta copla de don Jorge Manrique escrita con motivo de la muerte de su padre, que toda la vida me ha parecido síntesis de la transparente poesía, tomó por sorpresa a todos los contertulios y les dejó enmudecidos. Lo que siguió fue releer esa acrisolada brevedad varias veces y dejar que su palabra a todos nos arrullara, muy por encima del bullicio de un bar de la esquina de El Conde. Recuerdo que leímos igualmente, aquel texto, para mi legendario, de Walt Whitman, el intitulado “Un millón de muertos”, colectado en sus cuadernos para el libro “Días ejemplares de América”. Pero dejemos ahora este portento, crisol, como digo, de la palabra que en breves trazos nos acuna en una ascendencia y un trascender que da nuevos y, acaso, más certeros visos al efímero soplo de la vida.  

XIX

Las dádivas desmedidas,
los edificios reales
llenos de oro,
las vajillas tan fabridas,
los enriques y reales
del tesoro;
los jaeces, los caballos
de sus gentes y atavíos
tan sobrados,
¿dónde iremos a buscallos?
¿qué fueron sino rocíos
de los prados?

De las Coplas de Jorge Manrique a la muerte de su padre.


https://www.youtube.com/watch?v=qIMEVS4d-NQ

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