sábado, 11 de junio de 2016

Walt Whitman, Jorge Luis Borges. Belleza y armonía.


Walt Whitman decía en uno de sus prólogos a las Hojas de hierba (*):

“…El disfrute de la belleza no es un azar desatinado…; es ineluctable como la vida…; es exacto y a plomo como la gravedad. De la vista procede otra vista y del oído procede otro oído y de la voz procede otra voz eternamente curiosos de la armonía de las cosas con el hombre…”  

Con razón Borges tanto le admirara. Una admiración sustentada en ese valor conferido a lo intasable y caro al alma: no sólo la experiencia de contemplar la belleza, sino la de su disfrute y revelación en nosotros. 

Me gustaría subrayar la palabra ‘armonía’ del retazo del viejo Walt aquí citado. Que de la vista proceda otra vista, aquella que, al contemplar, ilumina; o del oído proceda otro oído, aquel que escucha lo inaudible porque escucha con el corazón; o que de la voz surja la voz que dicta sin disimulos, pero sin aprehensiones lo que asombrosamente nos pone en comunión con el concierto de la naturaleza, eso es el verdadero hallazgo del ser: la armonía. 

Revelar belleza, diría luego Borges (lo leí en la solapa de un libro, cara revelación). Y luego agregó: pero sólo se puede revelar belleza que se siente. Y allí entra en clara comunión con el disfrute de la belleza de que hablara Whitman. Pues no hay disfrute cuando no hay sentir.

Un breve recordatorio del por qué marcha el mundo humano como marcha: hacia su destrucción.

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(*) Fue en el último de sus prólogos,1988. La traducción es de Francisco Alexander.

Breve nota para el cuaderno Inscripciones en el dolmen.

11 de junio, 2016, al clarear la mañana. 




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